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10 LOS SAMURAIS MESAJEROS DE LA MUERTE.jpg


PERSONAJESEditar

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar

  • Tokio, Japón
  • Yokohama, Japón
  • archipiélago de Okifuma, Japón

Tokio y Yokohama son sitios reales en Japón, aunque en Yokohama no existe un Palacio Imperial. El archipiélago de Okifuma es ficticio.

ARGUMENTOEditar

Un viejo amigo de Kalimán, el profesor Yamashi lo invita a él y a Solín a su mansión en las afueras de Tokio. Allí conocen a otros dos invitados: la estadounidense Diana Morris y el ruso Iván Rostov, quienes son reconocidos inmediatamente por Kalimán como espías de sus respectivos gobiernos. El profesor Yamashi lleva a sus invitados a los laboratorios que existen bajo la casa y les muestra su invento, el Casco de Control Cerebral; quiere que el aparato sea usado con fines benéficos, por ejemplo para lavar el cerebro de criminales y ayudar a locos incurables. Morris y Rostov ofrecen muchísimo dinero por el casco a nombre de sus respectivos gobiernos, pero Yamashi rehusa sus ofertas e informa a sus invitados que al otro día entregará el casco al gobierno japonés para que lo use en la curación de criminales y enfermos mentales. Kalimán le pregunta si alguien más sabe de la existencia del invento, y Yamashi le responde que un gran científico, el Doctor Kiro, trabajó con él en sus laboratorios, pero lamentablemente tuvo que echarlo porque era demasiado ambicioso. Kalimán le pide a su amigo que tenga cuidado esa noche, y junto a Morris y Rostov regresa a su hotel.

El Doctor Kiro, un hombrecillo minúsculo y altamente inteligente, se dedica a dirigir el entrenamiento de una de las estrellas nacionales japonesas de sumo, un gigantesco luchador llamado Jato de muchísima fuerza pero pocas luces y aún menos fundamentos morales. En el campeonato nacional de sumo Jato es coronado campeón, y agradecido desarrolla una obediencia ciega hacia el Doctor Kiro. Todo esto ha sido planeado con antelación por el genial hombrecillo, quien no quiere otra cosa que apoderarse del Casco de Control Cerebral. Convence a Jato de que lo acompañe a la mansión de Yamashi, y una vez allí le ordena que destroze la puerta, mate a todo el personal de servicio y robe el Casco de Control Cerebral. El profesor Yamashi, horrorizado, presencia la escena, pero antes de que pueda dar la alarma es apuñalado por Kiro, quien oculta en su bastoncillo un filoso estilete. Herido de muerte, Yamashi logra arrastrarse hasta un teléfono y llamar a Kalimán para pedir ayuda. Luego escribe una K de Kiro con su propia sangre y muere.

Cuando Kalimán llega poco después a la mansión de Yamashi ya es demasiado tarde, los criminales han huido y su amigo ha muerto. En la escena del crimen está el jefe de la policía de Tokio, el inspector Osaki. Kalimán le informa a Osaki acerca de la reunión a la que asistió el día anterior y le revela la existencia del Casco de Control Cerebral. La caja de caudales de Yamashi está destrozada, y el Casco de Control Cerebral ha desaparecido. Rostov y Morris también son interrogados por la policía, pero ambos pueden demostrar que estaban lejos del lugar de los hechos esa noche. Sin embargo cada uno sospecha del otro y de Kalimán.

En su propia mansión el Doctor Kiro experimenta mientras tanto el uso del casco en un chimpancé. Bajo los efectos del invento el animal desarrolla una fuerza descomunal y logra romper sus ligaduras de cuero. Esto le da a Kiro la idea de utilizar el casco para formar un ejército invencible con el que pueda enriquecerse y eventualmente acumular poder.

Kalimán inicia sus investigaciones yendo a visitar al Doctor Kiro y al luchador Jato en sus camerinos después de una presentación de lucha sumo. Tiene una entrevista con el Doctor Kiro en la que el hombrecillo demuestra estar enterado de la muerte de Yamashi antes de que la noticia se publique en los periódicos; Kalimán sospecha cada vez más de su culpabilidad y decide seguirlo a la salida del estadio de sumo para averiguar dónde vive. La mansión del Doctor Kiro está protegida por una valla electrificada, cámaras de televisión y un sinnúmero de dispositivos de seguridad, y esa noche Kalimán y Solín no logran entrar.

Cuando regresan a sus habitaciones en su hotel, Kalimán descubre que han sido requisadas cuidadosamente. Detrás de una cortina encuentra a Diana Morris, quien le dice que tenía que cerciorarse de que él, Kalimán, no tenía el invento. Luego la mujer le advierte que hará todo lo posible por apoderarse del invento, y sale de la habitación. Kiro, mientras tanto, ordena a Jato buscar 10 a 12 jóvenes fuertes de entre sus admiradores para ostensiblemente empezar a entrenarlos; la verdad es que quiere someterlos a la acción del Casco de Control Cerebral y convertirlos en samurais que solo obedezcan su mandato. Simulando una revisión médica, Kiro somete a los atletas a la acción del Casco de Control Cerebral, y los jóvenes quedan completamente bajo su dominio.

Kalimán y Solín logran entrar a la mansión de Kiro escondidos dentro de una furgoneta de alimentos y presencian una sesión de entrenamiento de los samurais. Luego de dormir a una manada de perros guardianes con dardoas somníferos son descubiertos por Kiro y Jato, y Kalimán es obligado a pelear contra uno de los samurais. Sale vencedor del encuentro, pero descubre que los samurais tienen una fuerza absolutamente descomunal. Luego es obligado por Kiro a abandonar la casa. En el hotel, tanto Iván Rostov como Diana Morris le ofrecen a Kalimán dinero por que los ayude a obtener el Casco de Control Cerebral. Ante la negativa de Kalimán, ambos espías deciden vigilarlo estrechamente.

Mientras tanto, Kiro, Jato y los samurais cometen su primer gran asalto, un robo a gran escala al Banco Internacional de Tokio en el que muchas personas son asesinadas. Kalimán lee la noticia en los periódicos al otro día y decide visitar de nuevo al Doctor Kiro. Antes de llegar a la mansión le da instrucciones a Solín: deberá quedarse afuera, y si Kalimán no regresa antes de una hora deberá ponerse en contacto con la policía. Kalimán toca la puerta de la mansión y se abre paso hacia adentro. Pronto el Doctor Kiro y Jato salen a su encuentro, y Kiro amablemente le muestra lo que él dice son sus laboratorios y le presenta a una serie de mujeres que dice son presidiarias reformadas que dice van a hacer una danza en su honor. Luego lo invita a tomar el té, pero pone un narcótico en la bebida de Kalimán que lo hace perder el sentido. Las danzarinas resultan ser robots construidos por el genio del Doctor Kiro. Están a punto de matar a Kalimán cuando Kiro es obligado a suspender la ejecución: la policía ha llegado con una orden de allanamiento. Solín, preocupado por la ausencia de Kalimán por más de una hora ha seguido las órdenes de su maestro y ha llamado al inspector Osaki, a quien logra convencer que deben revisar la mansión de Kiro. Sin embargo, la policía no encuentra nada en su investigación, los criminales han escondido a Kalimán en una serie de túneles secretos que existen bajo la casa y que contienen entre otras cosas los verdaderos laboratorios de Kiro; los del piso superior son solo pantalla para ocultar el verdadero propósito de sus experimentos de cibernética.

Sin pruebas el inspector Osaki tiene que irse, pero Solín decide quedarse vigilando la entrada de la mansión. Los criminales meten a Kalimán a un saco y luego a una furgoneta. Cuando ésta pasa frente a la verja de la casa. Solín logra saltar y aferrarse a la parte de atrás de ella. Son llevados a los muelles, donde Jato tira el cuerpo inerte de Kalimán al mar. Una vez que Jato de ha ido Solín se lanza tras Kalimán para tratar de abrir el saco donde su amigo permanece sin sentido, pero no tiene éxito. El agua hace por fin reaccionar a Kalimán quien logra desembarazarse de sus ataduras y del saco donde está aprisionado, y luego nada a la superficie.

Kalimán y Solín deciden regresar a la mansión de Kiro y descubren que una furgoneta que lleva a los samurais sale en ese momento de la mansión. Deciden seguirla, y pronto se ven en medio de un asalto de los samurais a una de las joyerías más importantes del Japón. Kalimán confronta a los samurais ante la furia de Jato, quien vigila desde cerca, y en medio de la pelea logra clavar un dardo somnífero en la frente de uno de los samurais. Sabiendo que el asalto ha fracasado, Jato llama a los samurais restantes y logra escapar; Kalimán se queda vigilando a su prisionero y esperando al inspector Osaki. El samurai capturado es llevado a la jefatura de policía donde es sometido a exámenes médicos, Kalimán explica que en seis horas despertará. Osaki, teniendo ahora un testigo, decide arrestar a Kiro y a Jato, y en un descuido informa a Kiro que el samurai despertará en seis horas. El hombrecillo ha logrado introducir un aparato a su celda en prisión con el que puede enviar mensajes ultrasónicos a sus samurais, y cuando el plazo de seis horas se cumple ordena al samurai capturado hacerse harakiri con un bisturí que encuentra. El único testigo contra Kiro ha fallecido, y Osaki tiene que dejar ir al hombrecillo.

Kiro decide tomar la ofensiva y envía uno de sus robots, una geisha llamada Mikai que contiene una bomba en su interior a las habitaciones de hotel de Kalimán, pero él pronto se da cuenta de la situación y tira al robot por la ventana antes de que estalle. Iván Rostov observa todo el episodio y descubre a Jato vigilando afuera del hotel. No habiendo encontrado ninguna huella del casco en las habitaciones de Kalimán y extrañado de que Jato haya atentado contra su vida, decide explorar la posibilidad de que Kalimán haya dicho la verdad y sea Kiro quien robó el casco de la casa de Yamashi. Sin que Jato se dé cuenta, Rostov entra detrás de él a la mansión del Doctor Kiro. Allí descubre los pasadizos secretos bajo la mansión, y en el laboratorio "verdadero" del Doctor Kiro encuentra el casco de control cerebral. Intenta robarlo, pero el casco está protegido por un sistema eléctrico que lo hace perder el sentido y ser capturado por el Doctor Kiro y Jato.

Kiro decide utilizar a Iván Rostov para atrapar a Kalimán, y a cambio de su vida le ordena volver a secuestrar a Solín. Rostov tiene éxito, y en consecuencia Kalimán se entrega al Doctor Kiro para salvar a su amigo. En los sótanos secretos de la mansión del hombrecillo, Solín cuelga de un cable metálico, Kiro amenaza con electrocutar al niño si Kalimán no se rinde. Kalimán hipnotiza entonces a Kiro y a Jato, y les hace creer que se ha multiplicado. Aprovechando el desconcierto libera a Solín y roba el casco de control cerebral. Llevando el casco consigo, Kalimán y Solín suben a la furgoneta de Kiro y salen de la mansión. Rostov se había quedado fuera de la mansión vigilando y los ve salir. El Doctor Kiro y Jato pronto se libran del dominio hipnótico de Kalimán y se lanzan en su persecución. Kalimán entrega el casco a Solín y lo deja en una esquina de Tokio dándole instrucciones que lleve el casco al inspector Osaki, él mismo quiere usar el vehículo en el que va para desviar la atención de sus perseguidores. Eventualmente Kiro y Jato logran alcanzar la furgoneta donde va Kalimán, le disparan a las llantas y la hacen estrellar. Kalimán intenta escapar a pie hacia los muelles, pero es descubierto. Kiro le dispara y lo hiere en un brazo, y luego Jato consigue vencerlo. Kiro vuelve a hacerlo prisionero, pero no encuentra ni a Solín ni al casco. Kiro y Jato cuelgan a Kalimán de los pies en uno de los sótanos de la mansión.

Iván Rostov mientras tanto le quita el casco a Solín, y a su regreso al hotel el niño se encuentra con Diana Morris y la informa de lo sucedido. La mujer llama por teléfono al Doctor Kiro para decirle que Iván tiene el invento. Poco después Jato llega a la habitación de hotel de Rostov, lo tira contra una pared varias veces quebrándole todos los huesos y matándolo, y recupera el casco. Sin embargo, Diana Morris vigila desde el corredor y pone una bomba de gas narcotizante en el ascensor que va a usar Jato. El plan da resultado, el gigante pierde el sentido y Diana Morris obtiene el casco.

Balanceando su cuerpo Kalimán logra aflojar la argolla que sostiene la cadena de la que cuelga del techo. Cae al suelo y rompe sus ataduras, y luego avanza por los corredores de la mansión intentando escapar. Diana Morris decide salvar la vida de Kalimán y llama por teléfono al Doctor Kiro ofreciéndole el casco por la vida de Kalimán. Kiro acepta, pero en realidad piensa tenderle una trampa a la mujer. Morris tampoco piensa cumplir el trato, piensa entregarle a Kiro un casco falso. Kalimán escucha la conversación de Kiro por teléfono, y observa como el hombrecillo prepara un robot con sus facciones en el que coloca una bomba. Kiro y Jato se dirigen al lugar de la cita, y Kalimán va con ellos agarrado de la parte de atrás de su vehículo. Kiro tira lo que parece ser Kalimán entre la maleza, y Diana Morris y Solín le entregan lo que parece ser el Casco de Control Cerebral. Kiro se aleja antes de examinar con cuidado el objeto que se le ha sido entregado, y Diana Morris y Solín se aproximan al robot, pero el verdadero Kalimán impide que lo toquen. Desde lejos lanza una piedra al robot que estalla en mil pedazos.

Kalimán le agradece a Diana Morris el haberse expuesto para salvar su vida y le pregunta donde está el casco verdadero. Diana Morris se lo enseña, lo lleva en la cajuela de su carro. Sin embargo no está dispuesta a entregárselo a Kalimán, y en un momento de descuido les dispara con una pistola de gas narcotizante a Kalimán y a Solín. Los dos pierden el sentido y Diana Morris va a su hotel a recoger su equipaje y a escapar con el valioso invento hacia los Estados Unidos.

En su mansión el Doctor Kiro descubre el engaño y decide acabar con Diana Morris y escapar de Tokio. Primero ordena a los samurais que destruyan su mansión completamente, incluyendo los laboratorios de los sótanos, las danzarinas de la muerte y cualquier cosa que pueda servir de pista a la policía. Luego ordena cargar sus tesoros en una furgoneta que es conducida hacia los muelles, y mientras tanto los samurais se dirigen al hotel de Diana Morris a recuperar el casco. Llegando al hotel, los samurais masacran recepcionistas y empleados, y pronto llegan a la habitación de Morris. La espía ha escuchado la conmoción y escapa por la escalera de incendios en el exterior del edificio. Luego monta en su pequeño automóvil y se dispone a escapar cuando Jato la descubre y la apresa. El Doctor Kiro revisa el equipaje de la mujer y encuentra el casco, luego escapa hacia los muelles llevándose a Diana Morris prisionera.

Kalimán y Solín despiertan del gas adormecedor y regresan a su hotel, donde Kalimán se extrae del brazo la bala que le disparara Kiro. El inspector Osaki lo visita y le informa que la mansión del Doctor Kiro ha sido destruída y que tanto Diana Morris como el Doctor Kiro y Jato han desaparecido, la policía ha perdido su pista completamente. Kalimán decide hacer un experimento de desdoblamiento corporal para buscar a Kiro usando su forma astral. Después de un cierto tiempo de búsqueda Kalimán encuentra a los malhechores e informa a Osaki que escapan en un barco llamado Asaulá. Kalimán, Solín y Osaki se lanzan en persecución del Asaulá en una lancha policial y pronto le dan alcance. Le ordenan al Asaulá detenerse, pero Kiro no está dispuesto a obedecer. El barco Asaulá resulta ser un barco de guerra camuflado como pesquero, y a una orden del Doctor Kiro dispara un cañonazo contra la lancha de la policía, que vuela en mil pedazos. Desde el Asaulá disparan contra los policías sobrevivientes que tratan de salvarse aferrándose a los restos del naufragio. Muchos policías mueren de esta manera, incluyendo el inspector Osaki. Por el contrario, cuando Kiro descubre a Kalimán y Solín flotando en el agua ordena capturarlos, quiere darles una muerte lenta para vengarse de todo el daño que le han causado. Con una red de pesca los sacan del agua y los encierran en la bodega del Asaulá. Allí pronto descubren a una compañera de prisión, la espía Diana Morris.

El barco sigue navegando el resto de la noche, y al amanecer Kiro decide hablar con sus prisioneros. Cuando el hombrecillo abre la escotilla, Kalimán salta a cubierta y se lanza al mar. El Asaulá para motores e intenta encontrarlo, pero Kalimán es hábil para esconderse. Desde debajo del agua manda un mensaje en código morse a Solín dándole ánimos. El Asulá no encuentra a Kalimán, y creyéndolo muerto reanuda el viaje, pero Kalimán se aferra al ancla del barco y prosigue su viaje ahí.

Cuando el Asaulá llega a Yokohama, Kalimán salta a tierra y Kiro narcotiza a sus dos prisioneros y desembarca como todo un personaje. Kalimán se esconde en una de las cajas que contienen los tesoros del hombrecillo y es llevado junto con la carga al nuevo escondite del Doctor Kiro, un castillo medieval en las afueras de la ciudad habitado por una aliada suya, la llamada princesa Susuki. Diana Morris y Solín son llevados a los calabozos, y Kalimán le avisa a Solín telepáticamente que está cerca y que pronto lo rescatará.Susuki prepara una ceremonia de haka-muti, un rito diseñado para asustar a la nobleza de Oshima y obligarla a pagar tributo. Esa noche, Kiro le regala a Susuki sus dos prisioneros, y durante la ceremonia de haka-muti la mujer hace creer a Diana y a Solín así como a los nobles de Oshima que ha convertido a los dos prisioneros en alimañas: a Diana en una serpiente, y a Solín en una gigantesca araña.

Mientras tanto, Kiro y Jato piensan efectuar un nuevo asalto, esta vez al museo Nakamura en Yokohama. Vuelven a someter a los samurais a la acción del Casco de Control Cerebral, pero a la salida del laboratorio Kalimán lanza un dardo somnífero contra un samurai y toma su puesto. Cuando el grupo de asaltantes llega al museo, Kalimán prende las luces y activa las alarmas desde dentro. Las puertas del museo se cierran, dejándolos a todos atrapados, y los samurais solo logran escapar tumbando la puerta del museo pocos minutos antes de que llegue la policía. Kalimán huye con ellos y regresa al castillo de Susuki. Allí se despoja de las ropas de samurai y decide buscar el casco y a sus amigos. Pronto encuentra el casco en el nuevo laboratorio de Kiro, pero decide dejarlo ahí por el momento, antes de huir tiene que rescatar a sus amigos. Cuando los encuentra convertidos en alimañas les muestra que todo ha sido un truco de Susuki: en realidad están enfundados en disfraces plásticos que Kalimán pronto destruye, Susuki los había hecho creer en la transformación por medio de la hipnosis. Lleva a Solín y Diana Morris al laboratorio de Kiro y los encarga de vigilar el casco; él mismo quiere atrapar a los malhechores.

Esa noche Kalimán se presenta como si fuera un espectro en la habitación de Jato y Susuki descubre la huída de Diana Morris y Solín. Cuando Jato le informa al Doctor Kiro que vio vivo a Kalimán, el hombrecillo empieza a sospechar que su enemigo no murió en alta mar sino que está entre ellos. Es entonces cuando Kalimán se presenta ante los malhechores, y Kiro y Jato, furiosos, se lanzan en su persecución. Susuki, más precavida, se queda atrás. Kalimán corre por los pasadizos del castillo que ya ha tenido ocasión de investigar y hace caer a Jato en un profundo foso. Luego alza en vilo al Doctor Kiro y lo lanza tras su secuaz.

Mientras tanto, Diana Morris decide robar el casco y huir por su cuenta del castillo. Solín intenta seguirla, pero la espía pronto se le escabulle; el niño decide entonces buscar a Kalimán para decirle lo sucedido. Cuando Solín encuentra a Kalimán, este lo deja vigilando el foso donde están Kiro y Jato y se lanza en persecución de Diana Morris. Sin embargo es Susuki quien descubre primero a la espía, y para detenerla le lanza un puñal que le atraviesa la espalda. Kalimán encuentra a las dos mujeres, pero cuando se dispone a ayudar a Morris Susuki hace caer a la espía por una trampilla que abre a sus pies. Kalimán se torna contra la geisha, pero Susuki conoce todos los escondites de su propio castillo y logra escabullírsele.

El Doctor Kiro y Jato intentan por todos los medios escapar del foso en el que están. Inicialmente Jato intenta lanzar al Doctor Kiro hasta el borde del foso, pero Solín impide que el hombrecillo logre salir pisándole los dedos y haciéndolo caer nuevamente. El Doctor Kiro recuerda entonces que lleva consigo el radiotransmisor con el que puede llamar a los samurais, y les ordena rescatarlo. Cuando Kalimán regresa encuentra a Solín en el fondo del foso, y a Kiro y a Jato arengando a los samurais para que lo ataquen. Kalimán es vencido ante el ataque feroz de los samurais. Kiro, furioso, lo quiere matar ahí mismo, pero Susuki pide a Kalimán para someterlo a sus propios experimentos. Kiro accede, y Kalimán es llevado con Solín a la cámara de los tormentos.

Jato y Susuki llevan a Kalimán y Solín a un calabozo en lo alto de un torreón del castillo donde atan a Kalimán a un potro y a Solín a una viga de madera entornada en el suelo. El Doctor Kiro, mientras tanto, decide salvar la vida de Diana Morris, pues quiere someterla a la acción del casco. La operación de Diana Morris es un éxito, y la mujer es llevada a una de las habitaciones del castillo para que se recupere. Las cadenas que atan a Kalimán al potro son extremadamente fuertes, pero por medio del rayo mental logra liberar a Solín, quien se escabulle por la ventana y se esconde en la cornisa del edificio. Kiro, Jato y Susuki regresan al torreón donde está Kalimán para torturarlo, descubren la huida de Solín y empiezan a buscar al niño por todos los rincones del castillo. El tormento de Kalimán en el potro es brutal, pero Kiro impide que Jato le arranque los brazos a su prisionero, prefiere que éste sufra más antes de morir. Deciden irse a dormir y dejar a Kalimán estirado en el potro, pero antes de irse cierran la ventana por la que escapó Solín; el niño está atrapado en la cornisa del edificio. Cerca de donde está Solín hay una segunda torre del castillo con una ventana abierta, pero para llegar allí Solín tiene que saltar. Logra dar el salto, y así se interna por los corredores del castillo, quiere regresar a la habitación donde está Kalimán para liberarlo. En su búsqueda descubre la habitación donde Diana Morris se recupera de la operación. Sin embargo no puede liberarla, pues ella convalece aún y no puede ponerse en pie.

Solín continúa buscando el calabozo de Kalimán, y eventualmente lo encuentra, pero cerrado con cerrojo. Decide entonces comunicarse telepáticamente con su amigo, quien le dice que debe buscar la habitación de Jato y quitarle a él la llave del calabozo cuando duerma. Solín obedece, y encuentra la llave sin despertar al gigantesco luchador. Regresa al lado de Kalimán e intenta liberar a su amigo tratando de accionar el potro, pero no lo logra. Tratando de utilizar una barra metálica como palanca, Solín hace un ruido y Jato se despierta, va al calabozo de Kalimán y encuentra allí al niño. Jato ataca a Solín y lo lanza contra una pared. Kalimán, mientras tanto, logra romper las cadenas que atan sus brazos al potro, pero no las de sus pies. Jato lo ataca y Kalimán pierde el conocimiento. Mientras tanto Solín vuelve a escapar.

Siguiendo órdenes del Doctor Kiro, Jato lleva al inconsciente Kalimán a los jardines del castillo y lo ata a una gigantesca campana; Susuki quiere atacar directamente el cerebro de Kalimán usando el ruido como arma. Cuando Kalimán empieza a recobrar el conocimiento hacen sonar la campana, y el ruido atormenta a Kalimán, quien pronto vuelve a quedar desmayado. Luego, los tres criminales van a la habitación de Diana Morris y la someten a la acción del casco de control cerebral; la espía queda convertida en una autómata al servicio del Doctor Kiro.

Mientras los criminales están ocupados con Morris, Solín se acerca al inconsciente Kalimán, pero la campana donde está atado cuelga demasiado alto para que Solín pueda alcanzarla. Solín pasa media hora sentado a los pies de Kalimán, hasta que este recobra el sentido y le indica dónde está la escalera. Solín trepa al lado de Kalimán, pero no puede liberarlo de sus grilletes. Kalimán le dice que huya del castillo y avise a la policía. Además le pide que saque la cerbatana de dardos somníferos de su casaca y la lleve como arma si es detenido por alguno de los criminales.

Ellos, satisfechos con su trabajo, se dirigen al Salón Escarlata del castillo, donde deciden tomar una taza de té. Desde las sombras, Solín decide atacarlos con los dardos somníferos en vez de huir del castillo. El primero en caer es el Doctor Kiro, quien pierde el conocimiento sentado ante la mesa del té. Susuki logra incorporarse, pero también ella es alcanzada por un dardo somnífero y cae sin sentido. Jato tarda unos instantes en darse cuenta de lo que sucede, pero pronto descubre a Solín entre las sombras y se lanza contra él. El niño, asustado, erra el tiro del tercer dardo somnífero, y Jato logra llegar hasta muy cerca de él, pero Solín logra lanzarle otro dardo que también lo derrumba. Los tres criminales quedan a merced del niño.

Solín ha gastado todos los dardos somníferos y ahora está desarmado si algún guardia del castillo intenta detenerlo. En vez de avisar a la policía, Solín decide pedirle ayuda a Diana Morris para bajar a Kalimán de la campana, sin saber que ella es ahora aliada del Doctor Kiro. La encuentra en sus habitaciones, pero cuando la mujer se entera que Solín es un enemigo del Doctor Kiro ataca al niño con su puñal y lo hace tropezar y caer dos pisos al jardín del castillo, donde pierde el sentido estre la maleza. Diana Morris, impávida, vuelve a sentarse ante su ventana a esperar.

Seis horas después, Kiro, Jato y Susuki despiertan de la acción de los dardos. Corren al jardín a ver si Kalimán ha escapado, pero él sigue ahí atado, y Jato procede a una nueva sesión de tormento en la campana durante la cual Kalimán vuelve a perder el sentido. Kiro, Jato, Diana Morris y los samurais salen del castillo a llevar a cabo un nuevo asalto, esta vez al Banco de Yokohama. Solín recupera el sentido y los descubre, y decide colgarse de la parte trasera del vehículo en el que van para salir del castillo. Van primero a la casa de Tasino Tane, el gerente del Banco de Yokohama. Diana Morris obtiene acceso a su casa, y sacando una pistola de un cofrecillo que Kiro le entregara obliga a Tane a acompañarlos. Solín presencia el secuestro, escondido en la parte trasera del vehículo. Cuando llegan a la ciudad, Solín se suelta del carro y corre a la jefatura de policía a avisar que se va a efectuar el robo a un banco. La policía no lo toma en serio y lo hace esperar un largo rato.

Llegando al Banco de Yokohama, Tane es obligado a abrir la caja de caudales, y los samurais entran en acción, robando y matando a todo el personal. Luego Tane es golpeado brutalmente por Jato, y los criminales regresan al castillo cargados de nuevos tesoros. Cuando el inspector de policía de Yokohama, el inspector Tamato, se entera del robo, hace pasar por fin a Solín, quien le dice todo lo que sabe. Sin embargo la historia es muy inverosímil, y Tamato no le cree al niño hasta que su historia es corroborada por Tane, quien muere después de hablar con el inspector. Frustrado después de la larga espera y pensando que nadie le cree, Solín decide regresar por su cuenta al castillo; el inspector Tamato ha perdido a una fuente de información preciosa.

Mientras tanto, Susuki se acerca a la campana donde está atado Kalimán, y creyendo que su fuerza mental está disminuida por efecto del tormento, lo ataca con una feroz andanada mental. La princesa Susuki resulta tener poderes mentales comparables a los de Kalimán, y la lucha astral en la que se enfrascan los dos es feroz. Sin embargo, la fuerza mental de Kalimán termina por imponerse, y Susuki pierde el dominio de si misma y se convierte en la esclava de Kalimán. Lo primero que él ordena es que lo baje de la campana; luego se esconde a esperar a que los criminales regresen.

Cuando los criminales regresan al castillo, Kalimán pone un fuerte narcótico en la bebida de los samurais, luego pone fuera de combate a los guardias en el castillo de Susuki. Jato descubre la desaparición de Kalimán, quien se presenta ante los criminales. Susuki se pone de su lado y mantiene a raya al Doctor Kiro, mientras Kalimán se enfrenta a Jato en un feroz combate del que sale vencedor. Kalimán y Susuki llevan a Kiro y a Jato a un calabozo, Susuki se queda vigilando. Luego, Kalimán se dirige a los laboratorios de Kiro a buscar el Casco de Control Cerebral, y cuando lo encuentra lo modifica y lo esconde. Kiro intenta llamar con su radiotransmisor a los samurais para que lo rescaten, pero es inútil, ellos ya han sido neutralizados por Kalimán.

Solín regresa entonces al castillo y pronto encuentra con Kalimán, quien le dice que ha escondido el Casco de Control Cerebral. Kiro, mientras tanto, decide jugarse su última carta, y por medio del radiotransmisor ultrasónico se comunica con Diana Morris, a la que ordena matar a Kalimán. La mujer todavía tiene en su poder la pistola con la que amenazó a Tasino Tane, y cuando ve a Kalimán le dispara a traición. Kalimán, herido en la cabeza, cae por una ventana al foso del castillo, mientras Diana Morris captura a Solín. Susuki recobra el dominio sobre si misma cuando Kalimán pierde el conocimiento, y cuando se da cuenta de la situación libera a Kiro y Jato. Los criminales se encuentran con Diana Morris y Solín y se aprestan a asesinar al niño, pero Solín les dice que Kalimán escondió el Casco de Control Cerebral, y que si quieren recuperarlo le van a tener que salvar la vida. Muy a su pesar, Kiro decide rescatar a Kalimán; cuando Kalimán recupera el sentido se encuentra atado a una silla metálica. Kiro amenaza de muerte a Solín, y Kalimán revela el sitio donde escondió el casco.

Kiro decide entonces que es tiempo de utilizar el Casco de Control Cerebral en Kalimán, quiere poder contar con sus poderes mentales para efectuar robos futuros. En particular quiere asaltar el Palacio Imperial de Yokohama, donde se guardan según él los tesoros más valiosos de la nación japonesa. Ante la desesperación de Solín, Kalimán es sometido a la acción del casco. Para poner a prueba la lealtad de Kalimán, Kiro le ordena golpear a Solín, y él lo hace sin titubear. Solín pierde el sentido ante el ataque y es encerrado en un calabozo.

Mientras tanto, en la jefatura de policía de Yokohama, el inspector Tamato regaña a sus subalternos por no haber hecho caso del muchacho que les quiso advertir que un robo al Banco de Yokohama era inminente. Hace que sus policías hagan memoria de exactamente qué fue lo que les dijo el niño, y entre todos deducen que el sitio donde se esconden los ladrones es el castillo de la princesa Susuki. Tamato ordena un allanamiento al castillo de la mujer, pero cuando la policía llega y revisa la propiedad no encuentra nada sospechoso. Mientras tanto, Solín despierta en su calabozo y descubre una piedra floja en una de las paredes, escapa por ahí y espía una conversación entre Susuki y Diana Morris en la que la geisha revela que Kiro va a atacar el Palacio Imperial de Yokohama. Decide escapar del castillo y dar parte a la policía, encuentra un caballo y montado en él salta por encima del foso, burla a los guardias de Susuki y se encamina a la ciudad. En la jefatura de policía se entrevista con Tamato, quien esta vez sí le hace caso y organiza un operativo policial para capturar a los criminales.

Kiro, Jato, Kalimán y los samurais llegan al Palacio Imperial de Yokohama, donde se confunden con una peregrinación de monjes budistas; Kalimán lleva consigo dos barriles de pólvora que Kiro dice son fuegos artificiales para usar en la celebración. Mientras los monjes budistas celebran sus ritos, Kiro, Jato, Kalimán y los samurais logran entrar al recinto interior del palacio, una zona prohibida para los peregrinos. Llegan hasta el umbral de la puerta donde se guardan los tesoros, y Kiro enciende las mechas de los barriles de pólvora que lleva Kalimán, ordenándole a su esclavo que lleve a cabo un atentado suicida. En el último momento Kalimán se da vuelta y lanza la pólvora contra los samurais y hacia el sitio donde están Kiro y Jato: cuando tuvo el Casco de Control Cerebral en sus manos, Kalimán descompuso el invento, y así cuando fue sometido a su acción no sufrió ningún efecto; el ataque a Solín fue una treta para hacer creer a los criminales que estaba bajo su dominio. El caos en el palacio es completo, y mientras los peregrinos huyen, Kalimán se lanza contra Jato y los samurais, quienes aturdidos por la explosión no pueden ofrecer resistencia. La policía, Tamato y Solín llegan, y Jato y los samurais son capturados. El Doctor Kiro, sin embargo, logra escabullirse entre los monjes budistas, quienes ofendidos bloquean el paso de Kalimán. Kiro descubre que Solín espera en un carro de policía, lo atrapa y escapa en su vehículo hacia el castillo de Susuki. Kalimán se escabulle de entre los monjes budistas y salta sobre el techo del carro de Kiro, pero el hombrecillo logra hacer una serie de giros cerrados que tiran a Kalimán al pavimento. Así logra llegar a salvo al castillo de su cómplice.

El efecto del casco en Diana Morris empieza a mermar, y Kiro no puede volver a esclavizarla, pues Kalimán descompuso el invento. En consecuencia, Diana Morris y Solín son encarcelados juntos. Kalimán llega a pie al castillo, derribando a muchos guardias que intentan atajarlo. Encuentra a Kiro y a Susuki en uno de los salones y se lanza tras ellos, pero los criminales lo guían hacia una trampa. De pronto, Kalimán se ve encerrado en una pieza metálica donde descubre a Diana Morris y Solín colgando del techo de una argolla. El piso de la habitación va abriéndose, dejando al descubierto un tanque de agua lleno de pirañas. Antes de que el piso de la habitación desaparezca completamente, Kalimán salta hasta la cuerda de donde penden sus amigos, y llevándolos consigo escapa de la habitación por el techo.

Kalimán no tiene intenciones de dejar escapar a Kiro y Susuki, e inicia una feroz persecución por todos los rincones del castillo. Kiro utiliza varios de sus robots para burlar a Kalimán y así lo distrae, logrando llegar hasta su vehículo. Sin embargo, tiene que dejar atrás todos los tesoros robados hasta el momento, le explica a Susuki que en los sótanos del castillo estarán seguros. Kalimán se dispone a seguirlo, pero es impedido por cientos de monjes budistas que le cierran el paso, todavía lo consideran responsable del atentado al Palacio Imperial y no tienen intenciones de dejarlo escapar. Los llevan a él, a Solín y a Diana Morris prisioneros a un templo budista cercano, y Kalimán sólo puede escapar haciendo un acto de hipnotismo colectivo en el que les hace creer a sus captores que Buda mismo les ordena que los dejen en libertad.

Mientras tanto Jato dobla los barrotes de la celda donde está prisionero y escapa de su prisión. Por casualidad, Kiro lo encuentra en su camino de huida y logra recogerlo y llevarlo con él. Van al Asaulá, el barco en el que llegaron a Yokohama, y desde allí Kiro, por medio de su radiotransmisor portátil, les ordena a los samurais que escapen de prisión y vayan hacia él. Los samurais hacen una masacre en la jefatura de policía y guiados por la voz de Kiro llegan a los muelles de Yokohama, donde también se embarcan en el Asaulá. Sin embargo Kalimán los ha visto, y se dispone a ir tras ellos cuando es atacado por un grupo de marinos en el muelle que son aliados del Doctor Kiro. Acaba venciendo en la pelea, pero mientras tanto el Asaulá logra zarpar.

Kalimán sigue al Asaulá en un bote de remos, y lo ve anclar frente a un pequeño islote no lejos de Yokohama. Jato y Susuki solo ven una isla completamente pelada, sin rastros de vegetación, no se explican qué quiere hacer Kiro ahí. El Doctor Kiro los lleva a lo más hondo del barco, donde descubren un modernísimo submarino enano. En él, Kiro, Jato, Susuki y los samurais entran a un refugio subterráneo que Kiro ha labrado en la roca del islote-peñón.

Kalimán deja a Solín y a Diana Morris en el bote de remos y se lanza al agua a investigar más de cerca el barco sospechoso. Estando en el agua, oye el ruido de los motores del minisubmarino, se sumerge y descubre que el vehículo de Kiro entra al islote peñón por una compuerta submarina. Regresa a la superficie y habla con Solín y Diana Morris; ellos dos deberán regresar remando a Yokohama donde Solín deberá ponerse en contacto con el inspector Tamato y darle la localización del refugio de Kiro.

Kalimán nada hacia el islote-peñón, se acomoda entre las piedras cerca de la playa, y realiza el experimento de actus mortis. Uno de los guardias del islote lo descubre y lo lleva al interior del refugio. Kiro, Jato y Susuki se muestran muy sorprendidos al tener frente a ellos el cadáver de Kalimán, no se explican cómo ha podido llegar ahí. Kiro quiere hacerle una trepanación al cadáver para estudiar su cerebro y hace llevar el supuesto cadáver a su laboratorio. Sin embargo, antes de encargarse de Kalimán debe someter de nuevo a los samurais a la acción del Casco de Control Cerebral, que ya ha reparado.

Cuando Kiro, Jato y Susuki se alejan, Kalimán suspende el ejercicio de actus mortis, ataca a uno de los guardias de Kiro y lo pone sobre la mesa donde él estaba, cubriéndolo con una sábana. Luego se interna en el refugio y escucha a Kiro decir que a partir de ahora se dedicarán a asaltar barcos. Cuando los malhechores regresan ahora sí a practicar una autopsia sobre el cadáver de Kalimán descubren su fuga, y Kiro, sabiéndose engañado, inicia una búsqueda de Kalimán intensísima por todo el refugio. Kalimán se esconde entre las vigas del techo, y así recorre todo el refugio. Eventualmente encuentra el muelle donde está anclado el minisubmarino, y tiene oportunidad de destruir sus controles.

Mientras tanto, un helicóptero de la policía en el que viaja Tamato recoge a Diana Morris y Solín de las aguas del Pacífico, no han tenido fuerzas suficientes para llegar a Yokohama. Solín le explica a Tamato dónde está el paradero de Kiro, y el policía manda a llamar una flotilla de barcos de la marina japonesa para que investiguen más de cerca el interior del islote-peñón. Además ordena hacer una requisa del barco Asaulá, pero en esta no encuentra nada sospechoso.

Kiro y Jato deciden torpedear un barco turístico, un grupo de hombres rana de Kiro se encargará después de recoger los tesoros que se puedan obtener. Kalimán lo escucha todo, pues está escondido encima de ellos, sentado en una viga en el techo. Sin embargo uno de los guardias de Kiro lo descubre, lo golpea en la cabeza y lo tira desde lo alto a los pies de Kiro y Jato. Kiro decide matar de una vez por todas a Kalimán, lo amarra a un torpedo, y lo dispara hacia el barco de turistas. El golpazo que se da Kalimán cuando entra en el agua hubiera sido suficiente para destrozar a cualquier hombre, pero el efecto en Kalimán es que recobra el sentido. Pronto se da cuenta de su situación, y haciendo un esfuerzo rompe las cadenas que lo atan. Luego desvía el torpedo, y no solo logra que éste no le dé al barco de turistas sino que lo gira 180 grados. El torpedo da de lleno en el arsenal del islote peñón, destruyéndolo. Cuando el barco de turistas reporta la explosión a Yokohama, la capitanía de puerto decide enviar un guardacostas a investigar. En él viajan Solín, Diana Morris y el inspector Tamato.

Kalimán decide apoderarse del Asaulá y a nado se dirige hacia él, pero la tripulación del barco lo descubre y empieza a dispararle. Kiro, furioso, envía un escuadrón de hombres-rana para que acaben con su enemigo, y bajo el agua sobreviene una feroz lucha entre Kalimán y esos hombres-rana. Kalimán sale vencedor, y nada hacia el islote-peñón. En ese momento el guardacostas en el que viajan Diana Morris, Tamato y Solín avista al Asaulá, y el Doctor Kiro ordena hundirlo. El Asaulá le dispara al barco guardacostas varios torpedos, pero no logra hundirlo. El guardacostas contraataca y da de lleno en el Asaulá, que estalla en mil pedazos. Kiro, furioso, activa una serie de minas submarinas que rodean el islote; el barco guardacostas no puede acercarse más.

Desde su refugio Kiro ordena a los samurais subir a la superficie del islote por una puerta secreta y atacar a Kalimán. Sobreviene una lucha feroz entre Kalimán y todos los samurais, y sorprendentemente Kalimán resulta vencedor. Luego, Kalimán localiza los conductos de ventilación del refugio subterráneo y cierra la válvula; poco después los cómplices de Kiro empiezan a sentir la angustia de la asfixia.

Kiro, Jato y Susuki deciden escapar del refugio en el minisubmarino, pero cuando la princesa lo va a abordar es atacada a traición por Kiro, quien le atraviesa la espalda con su estilete; dice que en el submarino no hay espacio para ella. Sin embargo, cuando Kiro y Jato intentan manipular los controles del submarino descubren que estos fueron destruídos por Kalimán, huir del islote peñón es ahora imposible.

Kalimán entra al refugio por donde salieron los samurais y se dirige al muelle del submarino, donde encuentra a Kiro y a Jato. Mientras Kiro corre intentando esconderse, Jato se lanza sobre Kalimán, pero este se agacha y Jato cae al agua. Un grupo de tiburones nada alrededor del minisubmarino, y el gigantesco luchador muere devorado por ellos. Kalimán corre tras Kiro y lo encuentra en uno de los salones del refugio. El hombrecillo se sabe perdido, y antes que entregarse a las autoridades decide suicidarse; desenfunda su estilete y se atraviesa el vientre haciéndose el hara-kiri.

Tiempo después Kalimán aborda el guardacostas japonés y se encuentra con Solín y Diana Morris. En el camino de regreso a Tokio, Kaliimán le pregunta a Diana Morris si aún quiere entregarle el Casco de Control Cerebral al gobierno de los Estados Unidos. Ella dice que no, que lo mejor es destruir el casco. Kalimán sonríe, y tira el casco al mar.

EPISODIOSEditar

  • 147-180 en México (1968)
  • 137-170 en Colombia (1978)
  • 107-117 en México (reedición Lo Mejor de Kalimán en Kalicolor, 1990, inconclusa)

CREADORESEditar

  • Original de
    • Rafael Cutberto Navarro Huerta
    • Modesto Vázquez González
  • Guionista:
    • Clemente Uribe Ugarte
  • Adaptación a Historieta
    • Héctor González Dueñas (Víctor Fox)
  • Dibujo
    • Cristóbal Velázquez (Crisvel)

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