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14 LOS MUÑECOS INFERNALES


PERSONAJESEditar

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar

  • Bombay, India
  • Karachi, Pakistán
  • Montañas del Valle Negro, India
  • Leprosario de Juzkel, India

Mientras que Bombay y Karachi son ciudades reales en la India y Pakistán respectivamente, las montañas del Valle Negro y el leprosario de Juzkel son lugares ficticios.

ARGUMENTOEditar

En las afueras de la ciudad de Bombay, India, un grupo de hombres se reúne en un antiguo cementerio. Su jefe, un hombre rudo y carismático llamado Bengala, proclama que ha llegado el momento de que los muertos salgan de sus tumbas para hacer justicia y castigar a los malvados: la secta de los tajusis, los hombres-tigre, revivirá, hombres que en vida fueron asesinos inmisericordes que utilizaban garras de tigre para destrozar a sus víctimas. Uno de los miembros del grupo, un viejo brujo llamado Zarjo hace sonar dos tambores y decenas de sombras aparecen de entre las cuevas del cementerio: los tajusis efectivamente han vuelto a la vida. Bengala conduce a sus "muñecos infernales" a la mansión de un hombre rico y poderoso de Bombay, un rajá llamado Jazkil que disfruta repartiendo parte de su riqueza entre los pobres y allí causan una masacre. Los guardias de Jazkil intentan detenerlos pero los tajusis son muertos en vida inmunes a las balas; asesinan a todos los habitantes de la mansión incluyendo a Jazkil mismo, roban todas sus riquezas y luego regresan al cementerio abandonado donde Bengala y Zarjo los esperan.

Al mismo tiempo, a cientos de kilómetros al norte de ahí, en Pakistán, Kalimán visita a un antiguo amigo suyo en la ciudad de Karachi. El rajá Bijapur es como su hermano Jazkil un hombre rico y bondadoso que ha invitado a Kalimán y a Solín a una cacería de tigres. Kalimán sólo acepta tomar parte en la partida de caza porque el rajá le promete que no piensa matar a algún tigre que caze sino capturarlo vivo para tenerlo como adorno en los jardines de su palacio. Los guías de la comitiva localizan un hermoso tigre macho y pronto lo cercan, pero cuando desde su elefante Bijapur intenta obligar al animal a entrar a una jaula, éste se rebela y dando un salto prodigioso hace caer al rajá a tierra. Sus sirvientes se disponen a disparar contra el animal para salvar a su amo pero Kalimán interviene, y hablando el lenguaje de las fieras convence al tigre de que vaya voluntariamente con ellos, en la mansión de Bijapur vivirá tranquilo y tendrá siempre buena comida. Para la sorpresa de todos el animal se deja conducir mansamente a la ciudad. Cuando llegan a la mansión, el gran visir de Bijapur decide enjaular al tigre considerándolo peligroso. Kalimán se opone vivamente a eso, hizo un pacto con el tigre y piensa respetarlo. Ante la intervención de Bijapur mismo el visir no tiene otra alternativa que ceder, pero en su fuero interno piensa que dejar un animal salvaje libre en los jardines del palacio es un gigantesco error. Además se preocupa de estar perdiendo influencia para con el rajá, y debido a esto le toma una gran antipatía a Kalimán.

Esa noche una triste noticia llega a manos de Bijapur: su hermano Jazkil ha sido asesinado en el lejano Bombay. La noticia informa que los pobladores del palacio fueron asesinados por tigres, pero también se menciona que las joyas del palacio fueron robadas, lo que hace sospechar a Kalimán de que delincuentes y no animales son los causantes de la tragedia. Interrogando a Bijapur acerca de posibles enemigos de Jazkil, Kalimán se entera de que el rajá era un hombre bueno y generoso. Según Bijapur solamente tenía un enemigo, un hombre llamado Bengala, un antiguo jefe de guardias de su palacio que utilizaba su cargo para robar joyas. Al ser descubierto mató a tres de sus propios guardias y luego se dio a la fuga, aunque fue capturado. Las autoridades lo condenaron a la horca, pero Jazkil le conmutó la pena de muerte por el exilio. Sin embargo Bengala lejos de estar agradecido juró que mataría a Jazkil y a toda su parentela. Ante esta información Kalimán convence a Bijapur de viajar a Bombay inmediatamente para empezar a investigar el asesinato.

Bijapur nunca llega a efectuar ese viaje: esa misma noche Bengala y sus hombres llegan a Karachi a bordo de un barco carguero llevando con ellos los sarcófagos de los hombres-tigre; Bengala ha decidido continuar cobrando su venganza y ha decidido que Bijapur, como su hermano Jazkil, tiene que morir. El ataque se lleva a cabo esa misma noche; los tajusis son revividos por medio de un extraño brebaje proporcionado por Zarjo, quien se ha quedado en Bombay, y Bengala les ordena atacar la mansión de Bijapur inmisericordemente. Kalimán se despierta con los gritos de la horrorizada servidumbre, pero antes de lograr intervenir y de enterarse de la identidad de los agresores es atacado a traición por uno de los hombres de Bengala, quien logra dejarlo sin sentido. Mientras tanto Bengala mismo sube hasta las habitaciones de Bijapur y allí asesina al rajá simulando las huellas del ataque de un tigre en su garganta. Para cuando el visir de Bijapur llega al lugar de los hechos, los asesinos han escapado llevándose un cuantioso botín en joyas. Solo entonces Kalimán recupera el sentido, y junto al visir descubre el cadáver de su amigo. Horrorizado, Kalimán jura ante el cadaver de su amigo Bijapur capturar a los culpables de su muerte, mientras el visir, furioso, culpa al tigre que deambula en los jardines de la mansión de la masacre e insiste en castigar al animal rehusándose a oir explicaciones. Kalimán defiende al animal, y el visir, cada vez más furioso decide encarcelarlos a todos: culpa a Kalimán por haber traído al tigre al palacio, y considerándolo el culpable de la muerte de Bijapur decide ahorcarlos a él y a Solín al amanecer; el tigre será acribillado a balazos.

Para evitar causar más violencia Kalimán consiente en ser encarcelado en una de las catacumbas del palacio de Bijapur, y durante la noche da instrucciones tanto a Solín como al tigre acerca del modo en el que deberán comportarse al otro día. Al amanecer los prisioneros son conducidos al exterior, donde un cadalso ha sido construido en los patios del palacio. Justo en el momento en el que Kalimán va a ser ahorcado el tigre entra en acción derribando a sus atacantes mientras que Solín monta a sus espaldas. Al mismo tiempo Kalimán rompe sus ataduras, y luego de atacar a los hombres del visir de Bijapur monta sobre el caballo de un guardia y escapa hacia el exterior del palacio seguido muy de cerca de Solín y el tigre. En su huida llegan hasta un templo en ruinas donde Bengala y sus secuaces pasaron la noche anterior, y allí Kalimán descubre una joya de su amigo Bijapur y rastros de un tipo de tierra que solo existe en las inmediaciones de Bombay; con ésto Kalimán deduce que los asesinos de Bijapur son los mismos hombres que asesinaron a Jazkil. Además Kalimán descubre restos de una tela que se utiliza para embalsamar cadáveres, algo que en ese momento no se puede explicar. Los guardias del visir lo siguen de cerca, y así Kalimán y sus amigos no se pueden quedar demasiado tiempo en el templo abandonado y huyen hacia la selva donde Kalimán se despide de su amigo tigre, quien desaparece en la espesura. Eventualmente Kalimán y Solín logran despistar completamente a sus perseguidores, y deciden esperar a la noche para ir al puerto de Karachi para continuar sus investigaciones.

Mientras tanto Bengala y sus secuaces han regresado al barco que los trajo de Bombay y se han dado a la fuga, aunque una hermosa y misteriosa mujer que sorprendida reconoce a Bengala los ha visto partir. Esa noche Kalimán y Solín llegan a los muelles e inician su investigación. Inicialmente nadie les da razón de lo que buscan, pero Nidia, la muchacha que viera partir a Bengala, se entera de sus actividades y decide ayudarlos. Un grupo de policías aliados al visir de Bijapur descubre a Kalimán y a Solín, pero pronto pierden de nuevo su rastro cuando Nidia los ayuda a esconderse en un sótano. Allí Kalimán y Nidia logran hablar, y Nidia revela que sabe que Kalimán es inocente del crimen que se le imputa, pues ella conoce al verdadero asesino, un hombre llamado Bengala a quien vio huir esa misma mañana hacia Bombay. Esto interesa vivamente a Kalimán, quien por segunda vez escucha el nombre del misterioso personaje. Nidia revela entonces que es la hija de Zarjo, un sabio de sabiduría inagotable que domina todos los secretos de la magia hindú. Según ella Bengala supo ganarse la confianza de su padre y se enteró de muchos de los secretos de la magia de Zarjo, pero eventualmente la mandó a secuestrar a ella, Nidia, para tener un arma con la cual amenazar al brujo si este llega a rebelarse. Zarjo, quien nunca ha dejado de confiar en Bengala no sabe que su hija fue secuestrada, y la hace internada en un convento en Delhi recomendado por su cómplice purgando penitencia para expiar los pecados de brujería de su padre. Por su parte Kalimán informa a Nidia de su juramento de capturar a los culpables del asesinato de Bijapur, y cuando Nidia se ofrece a ayudar a encontrar a Bengala, Kalimán acepta la proposición. Luego le entrega algún dinero a la muchacha, quien lo usa para comprar pasaje para los tres en un barco que zarpará esa misma noche de Karachi a Bombay.

Mientras tanto Bengala y sus hombres desembarcan en Bombay y se dirigen a su escondite, el cementerio de Pojala en las afueras de la ciudad, donde Zarjo sale a su encuentro. Mientras los sarcófagos de los tajusis son regresados al cementerio, Bengala comenta con Zarjo los pormenores del ataque. Cuando le muestra el botín obtenido el brujo le pregunta cuándo empezará a repartir las riquezas adquiridas entre los pobres como le prometió. Bengala responde que lo hará cuando hayan obtenido una gran fortuna en joyas, pero en su fuero interno piensa traicionar al brujo y escapar con el botín en joyas a la primera oportunidad. Al otro día Zarjo revive de nuevo a los tajusis, quienes atacan por tercera vez, esta vez la mansión de un rico comerciante de Bombay. Ninguno de los habitantes de la casa sobrevive el ataque.

El capitán del barco pakistaní en el que Kalimán y sus amigos viajan resulta ser un contrabandista rudo y ambicioso, y cuando descubre la esmeralda en el turbante de Kalimán decide apoderarse de ella a toda costa. Además se interesa por Nidia, una mujer a la que encuentra muy atrayente. Durante los primeros tres días de la travesía se abstiene de hacer nada en contra de los viajeros con el objeto de ganar su confianza. Kalimán utiliza ese tiempo para conversar largamente con Nidia. Entre otras cosas le pregunta si su padre Zarjo conoce los secretos de la magia hindú para revivir cadáveres. Nidia no sabe contestar su pregunta con certeza, aunque asegura que los conocimientos de Zarjo son muy vastos. Kalimán comenta entonces acerca de la existencia de los tajusis, los hombres-tigre, una secta de asesinos muertos por las autoridades indias cientos de años atrás y sepultada en las afueras de Bombay que utilizaban ganchos de acero semejantes a garras de tigre para cometer sus asesinatos; si Bengala de alguna manera ha logrado obligar a Zarjo a revivirlos se explicarían las huellas en los cadáveres encontrados en los palacios de Jazkil y Bijapur.

La noche del tercer día de travesía, el capitán pakistaní y un grupo de sus hombres se introducen en el camarote de Nidia y la sacan por la fuerza. Los gritos de la muchacha despiertan a Kalimán, quien duerme en un camarote cercano, pero cuando se dispone a ayudarla es atacado por un segundo grupo de marinos que espera apostado cerca. En la refriega Kalimán es golpeado salvajemente por un nutrido grupo de marineros quienes le arrancan el turbante de su cabeza y lo tiran por la borda, atontado por numerosos golpes. El impacto con el agua lo hace reaccionar, y casi por reflejo se agarra de una cuerda que pende desde la cubierta del barco; agarrado de ahí Kalimán logra recuperarse de los golpes y evita ser abandonado en alta mar. Solín mientras tanto también es hecho prisionero, y mientras la hermosa Nidia es llevada a rastras al camarote del capitán el niño también es lanzado al mar. Kalimán se da cuenta de lo que sucede y logra rescatar a Solín, quien agarrado a los hombros de su amigo logra continuar el viaje por varias horas más. Eventualmente el capitán pakistaní decide que ha llegado la hora de violar a Nidia, y se encierra con ella en su camarote. Para entonces Kalimán y Solín han logrado trepar por la cuerda hasta cubierta, y Solín golpea en la puerta del camarote del capitán justo cuando éste empieza a desvestir a su prisionera. El capitán, muy molesto por la interrupción abre la puerta y sorprendido descubre de quien se trata. Corre tras el niño con intención de capturarlo, pero Kalimán espera cerca, captura al capitán y se encierra con él, Solín y Nidia en su camarote, donde da una paliza al traicionero capitán y recupera su esmeralda. Los cuatro pasan ahí el resto de la travesía sin que la tripulación se percate, y cuando el barco llega a Bombay Kalimán sale del camarote tranquilamente acompañado por Solín y Nidia. La tripulación, estupefacta, cree que se las está viendo con un fantasma y no acierta a atacar a Kalimán, quien junto a sus amigos logra desembarcar sin incidentes. Cuando la tripulación sale de su sorpresa y examina el camarote, descubre al capitán pakistaní colgado de una pierna de una viga del techo. Para entonces Kalimán y sus amigos se han perdido por los muelles.

Deciden alojarse en un hotel de la ciudad, pero allí uno de los cómplices de Bengala reconoce a Nidia como la hija del brujo Zarjo y alcanza a escuchar los planes de Kalimán de visitar el cementerio de Pojala esa misma noche. Con esta información el cómplice corre a la guarida de Bengala, y allí le informa a su jefe lo que escuchó. Bengala no se explica quién puede ser el extraño extranjero que se interesa por él, pero sabiendo que Nidia vendrá esa noche decide alejar a Zarjo del cementerio. Esa noche, mientras Bengala y Zarjo visitan un templo de los alrededores, Kalimán, Solín y Nidia llegan al cementerio de Pojala, donde Kalimán puede comprobar que la arcilla adherida a la venda mortuoria que encontró en Karachi proviene de ahí. Eventualmente son descubiertos por los hombres de Bengala, quienes les cierran el paso al interior del cementerio y los obligan a regresar sobre sus pasos. Kalimán sin embargo no está dispuesto a dejarse ahuyentar tan fácilmente y por medio de un truco de ventriloquía aparta a los guardias de la entrada a las catacumbas que contienen los sarcófagos de los guerreros tajusis. Junto a Solín y Nidia se adentra en ellas, y Solín pronto descubre sarcófagos que no están cubiertos de polvo. Kalimán decide abrir uno de ellos, y en su interior descubre un guerrero tajusi momificado, llevando aún garras de tigre en sus manos. Para la sorpresa de todos Solín descubre huellas de sangre fresca en sus garras, con lo que compruebas sus sospechas de que estos son los asesinos.

Sin embargo los hombres de Bengala los han descubierto, y uno de ellos secuestra a Nidia y se la lleva por un túnel secreto. Kalimán se da cuenta de la maniobra pero no alcanza a impedirla. Intenta por todos los medios abrir la entrada al túnel secreto pero no lo consigue, así que decide investigar más a fondo las cuevas para intentar rescatar a la muchacha. Una de las cuevas contiguas al salón de los sarcófagos resulta ser una trampa, y cuando Kalimán y Solín intentan examinarla se produce un gigantesco derrumbe que aparentemente aplasta a Kalimán, aunque no a Solín.

Cuando Bengala y Zarjo regresan, Bengala es informado del secuestro de Nidia pero impide por todos los medios que el brujo se entere. Más tarde visita a Nidia en una celda oculta en lo más profundo de las catacumbas, y por una indiscreción se entera de que ella y Kalimán han descubierto su identidad como el autor de los asesinatos tanto en Bombay como en Karachi. Bengala decide entonces eliminar a la muchacha, pero sabe que Zarjo ha puesto un embrujo sobre ella para enterarse si muere. Por esta razón, Bengala decide preservar la vida de la muchacha pero enviarla a un sitio del que nunca pueda escapar, el leprosario de Juzkel. Esa misma noche Nidia es sacada de su celda en el cementerio, y amarrada de pies y manos es conducida por dos de los hombres de Bengala hacia el leprosario.

Luego de muchas horas sin sentido Kalimán recupera el conocimiento y logra desenterrarse del sitio donde quedara atrapado. Luego consigue mover muchas toneladas de roca usando cálculos matemáticos y una vara de madera como palanca, y así él y Solín logran escapar de las catacumbas del cementerio. Sin embargo para entonces Bengala y sus hombres han escapado llevándose los sarcófagos de los tajusis: Bengala no quiere correr ningún riesgo de ser descubierto, y no sabiendo si Kalimán informó a alguien más de la localización de su escondite decide huir junto a Zarjo y a todos sus hombres a las montañas del Valle Negro, algo más lejos de Bombay. Kalimán y Solín revisan conciensudamente las catacumbas, obviamente sin encontrar a nadie. Sin embargo sí descubren que los ataúdes de los tajusis que habían visto antes han desaparecido, y en un lugar recóndito Kalimán encuentra restos de las vestiduras de Nidia, con lo que se entera de que la muchacha estuvo ahí. En las afueras del cementerio Kalimán descubre huellas frescas de los caballos de los asesinos, y asumiendo que Nidia va con ellos se lanza en su persecución.

Bengala no sabe que es perseguido, y en el camino decide atacar el palacio del hombre más rico de la comarca por la que transitan, el rajá Bayán. Al caer la tarde establece un campamento cerca de la mansión del rajá, y esa noche Zarjo vuelve a revivir a los tajusis y los lanza en su misión de destrucción. Bengala esta vez insiste en que Zarjo vaya con ellos a la mansión; no quiere dejarlo solo en el campamento. Lo que ambos ignoran es que Kalimán y Solín han caminado a marchas forzadas desde que salieron del cementerio de Pojala, y aunque no llegan a tiempo para impedir el asesinato del rajá Bayán y el robo de todas sus pertenencias, sí localizan el sitio donde Bengala estableció su campamento. Solamente un guardia se ha quedado vigilando, y así Kalimán no tiene problemas en desarmarlo y obligarlo a delatar a sus cómplices enterándose así de que Bengala y sus cómplices han ido a atacar la mansión de Bayán y de que Nidia ha sido enviada al leprosario de Juzkel. Kalimán hipnotiza al solitario guardia para que no sea echado de menos cuando los asesinos regresen, y luego se esconde con Solín en los alrededores para esperar a Bengala. Antes del amanecer Bengala, sus hombres y los cadáveres tajusis regresan al campamento, y Kalimán y Solín tienen por primera vez la ocasión de ver a los "muñecos infernales", quienes luego de haber cumplido su misión regresan a sus sarcófagos. Kalimán se lanza entonces al ataque, y por medio de sus dardos somníferos va dejando uno a uno a los hombres de Bengala fuera de combate. Zarjo se da cuenta de que todos los hombres están cayendo como moscas, y preocupado porque piensa que los dioses están insatisfechos con sus acciones decide escapar. Mientras tanto Kalimán confronta a Bengala, quien para entonces se ha quedado solo. Sobreviene una breve pelea mano a mano en la que Kalimán vence a su enemigo fácilmente, y así teniendo a Bengala prisionero envía a Solín a la mansión de Bayán para que traiga a los guardias de la mansión: los asesinos de su amo han sido capturados. Solín obedece la orden sin inconvenientes, y poco después Bengala, sus hombres y los cadáveres de los tajusis son llevados a la mansión de Bayán y puestos a buen recaudo. Zarjo, sin embargo, logra escapar.

Al otro día Bengala y sus hombres son enjuiciados por los sucesores de Bayán y son condenados a morir al cabo de diez días. Bengala, furioso, no cesa de culpar a Kalimán de su captura y jura que se vengará, aún si tiene que regresar de la muerte para hacerlo. Mientras tanto, Kalimán sella con clavos los sarcófagos de los tajusis y les recomienda a los guardias de Bayán que los quemen lo más rápido posible. Sin embargo él no puede quedarse a presenciar la muerte de Bengala o la incineración de los tajusis; está preocupado por la suerte de Nidia y quiere rescatarla del leprosario de Juzkel lo más rápidamente posible. Luego piensa buscar también a Zarjo, pues lo considera tan culpable de lo ocurrido como el mismo Bengala.

Mientras tanto Nidia ha llegado a Juzkel, donde sus acompañantes la entregan al guardián del leprosario, un gigante llamado Karlo al que sobornan para que acepte la muchacha aún si ella no está enferma. Karlo acepta sin reparos emocionado de obtener además del dinero del soborno a una hermosa mujer para convertirla en su esclava. Días después también Kalimán y Solín llegan al leprosario, y para lograr entrar Kalimán tiene que hipnotizar a Karlo y hacerle creer que él mismo es un leproso y que Solín es su hijo y lazarillo. En el interior del leprosario Kalimán se lleva una sorpresa: los enfermos son obligados por una serie de capataces a trabajar en una mina de diamantes para desquitar el precio de su alimentación. Inicialmente Kalimán consiente a trabajar como esclavo, pero esa misma noche se escabulle junto a Solín entre las sombras buscando el paradero de Nidia. Eventualmente la encuentra: está en una mísera choza de madera rodeada por un grupo de capataces que la obligan a bailar para ellos. Kalimán decide rescatar a Nidia de sus captores, y para esto lanza una tea encendida contra la cabaña, la cual instantáneamente arde como yesca. Los capataces huyen despavoridos, y Kalimán logra rescatar a la muchacha de entre las llamas. Luego, Kalimán, Solín y Nidia aprovechan la confusión para escalar la montaña que rodea el leprosario, pero para entonces los capataces han salido de su sorpresa y buscan afanosamente a los fugitivos. Logran encontrarlos, y Kalimán se sorprende al descubrir que están en capacidad de disparar con ametralladoras contra ellos. En ese momento él, Solín y Nidia están expuestos a las balas en los riscos de la montaña, así que para salvar la vida de sus amigos Kalimán decide rendirse y regresar al leprosario, donde es golpeado salvajemente por los guardias, quienes descubren que no está leproso y lo llevan a él y a Solín a una celda especial de castigo. Nidia vuelve a quedar en poder de los capataces.

Al mismo tiempo el brujo Zarjo se introduce en el palacio del rajá Bayán con intenciones de liberar a Bengala utilizando la fuerza y poder de los hombres-tigre. Sin ser visto llega al sitio donde están guardados los cadáveres de los tajusis, y protegido por las sombras de la noche desclava las tapas de sus ataúdes y vierte algo de su poción mágica en sus labios. Más tarde en la noche se instala en los sótanos del palacio y hace sonar un tambor hecho con un cráneo humano. Los guardias de Bayán también escuchan el tambor, pero no le dan mayor importancia y piensan que se trata de un músico ambulante que se ha introducido en el palacio. Pronto tienen tiempo de pagar caro su error: al sonido del tambor los tajusis despiertan y destrozan las tapas de sus ataúdes lanzándose luego por los pasillos del palacio y matando a un sinnúmero de guardias que no tienen manera de detenerlos. Eventualmente llegan hasta las celdas donde Bengala está encarcelado, y doblando con sus manos los barrotes logran rescatar a su jefe. Luego, Bengala, Zarjo y los hombres-tigre huyen hacia el exterior del palacio habiendo cumplido su misión. La mansión de Bayán arde en llamas.

Bengala, Zarjo y los hombres-tigre llegan al escondite en el Valle Negro que originalmente querían utilizar: un antiguo templo donde hombres-tigre fueron incinerados muchos años atrás por las autoridades indias. Bengala le dice al brujo que se enteró en prisión que Kalimán había secuestrado a su hija, Nidia, del convento en Delhi y la había llevado prisionera al leprosario de Juzkel para allí venderla como esclava, todo esto con el objeto de forzar al brujo a rendirse. Zarjo monta en furia, y por medio de una bola de cristal descubre que Bengala tiene razón: su hija es prisionera en el leprosario de Juzkel. Quiere partir inmediatamente hacia el leprosario para rescatar a su hija, pero Bengala lo convence de que tendrán que esperar: todas las riquezas que habían acumulado en sus robos anteriores fue decomisada cuando los capturaron, y ahora deberán iniciar una nueva ola de atracos y asesinatos para acumular el suficiente dinero para comprar la libertad de Nidia. Esa misma noche los cadáveres de los tajusis son revividos de nuevo y lanzados al ataque, esta vez contra una caravana de mercaderes que se dirige a Bombay en la que va uno de los jueces que condenó a Bengala a muerte. Con su muerte el criminal empieza a cobrar venganza.

Kalimán y Solín pasan ocho días en una celda en la que reciben solamente un mínimo absoluto de alimentos. Al final del octavo día, cuando sus captores consideran que han sido debilitados lo suficiente son encadenados y llevados al exterior, donde Kalimán tiene ocasión de conocer al jefe de la mina, un hombre llamado Jufé que esclaviza tanto a leprosos como a hombres sanos para enriquecerse con su trabajo. Además comprueba que Nidia sigue con vida, aunque ha sido convertida en una esclava. Kalimán, cada vez más enfurecido con lo que ve decide no intentar escapar inmediatamente sino destruir la mina de diamantes de Jufé y liberar a todos los esclavos primero. Es llevado junto a Solín a lo más profundo de la mina donde un capataz particularmente cruel llamado Golo se hace cargo de él, y solo consiente a trabajar porque estudia los pormenores del modo de operación de la mina y quiere idear un plan para escapar y salvar a todos los esclavos. Mientras tanto Jufé se percata de la existencia de Nidia, una esclava a la considera excepcionalmente bella. Intenta violarla, pero Nidia, furiosa, le araña la cara, por lo que Jufé decide castigarla y le amarra pies y manos a estacas en el suelo, dejándola así expuesta al sol y al agua.

Bengala sigue obsesionado con la idea de vengarse de Kalimán así que accede por fin a acompañar al brujo Zarjo al leprosario de Juzkel: si Nidia no ha sido rescatada, es porque Kalimán o está ya allí o pronto llegará, Bengala sabe que Kalimán no abandonará a la muchacha a su suerte. Sin embargo decide no llevar consigo los cadáveres de los tajusis considerando que la magia de Zarjo será muy suficiente para vencer a Kalimán, si llega a encontrarlo. Él y Zarjo necesitan dos días de cabalgata para llegar al leprosario, donde inicialmente intentan hacerse pasar por parientes de leprosos que habitan allí. Karlo, el guardián de la entrada del leprosario, les impide el paso, así que Zarjo le entrega lo que dice es un regalo, en realidad un paquete del que saltan dos serpientes venenosas que se enredan en sus manos. Aterrorizado, Karlo se distrae por un momento y Bengala aprovecha para clavarle al guardia un puñal en la espalda, dejando libre el camino de entrada al leprosario.

Bengala resulta ser un viejo conocido de Jufé, y luego de dejar a Zarjo ostensiblemente vigilando afuera de su cabaña se entrevista él, sólo. Le dice que busca a Kalimán para matarlo, y Jufé, quien solo quiere alejar a Bengala del lugar para que no se entere de que se trata de una mina de diamantes, le revela que lo tiene prisionero y accede a entregárselo. En cuanto a Nidia, Bengala le pide a Jufé que le mienta a Zarjo, la esconda y la mantenga prisionera, por ningún motivo quiere que Zarjo se entreviste con ella y descubra así que fué traicionado. Jufé accede a todas las peticiones de Bengala, y mientras recibe a Zarjo en su cabaña ordena a uno de sus hombres que desate a Nidia de su tormento y se la lleve a una celda oculta. Luego le dice a Zarjo que Nidia en efecto fue llevada por Kalimán al leprosario, pero que venía muy debilitada por las golpizas que le había dado Kalimán así que murió poco tiempo después de haber llegado. Esto enfurece aún más a Zarjo, quien jura hacer pagar a Kalimán por el asesinato de su hija.

Mientras tanto Kalimán lleva a cabo su plan para escapar. Hace como si acabara de encontrar una esmeralda, en realidad la esmeralda de su turbante, un hecho sorprendente teniendo en cuenta que se encuentran en una mina de diamantes. Golo, el capataz, mira la joya con codicia y se la arranca a Kalimán de las manos, y mientras que les explica a los otros capataces lo que ha sucedido, Kalimán, Solín y el resto de los esclavos de la mina se cubren de barro y se esconden entre las sombras de los socavones. Los capataces de pronto se ven solos y creyendo que los esclavos han escapado se lanzan a una persecución infructuosa, ya que en realidad los prisioneros van tras ellos, no adelante. Cuando llega a la boca de la mina Kalimán se lanza sobre uno de los pocos guardias que aún vigila y este alcanza a hacer un disparo antes de caer desmayado. Golo y el resto de los capataces lo escuchan y regresan sobre sus pasos, pero para entonces los prisioneros han escapado y se han escondido entre la vegetación. Eventualmente Golo y los capataces entran de nuevo a la mina, pero Kalimán causa un derrumbe que tapa la única salida y los deja encerrados: si quieren escapar tendrán que escarbar para salvarse. Luego, Kalimán y su ejército de prisioneros entran a otros tiros de la mina, y uno a uno van acabando con los capataces, dejándolos vivos pero encerrados en diferentes socavones. Cuando no queda ya ningún guardia activo, Kalimán les muestra la salida a los prisioneros y les sugiere a los enfermos que se dirijan a otro leprosario más al sur, donde serán tratados con la consideración que se merecen. En cuanto a los prisioneros que no están enfermos, Kalimán les devuelve la libertad.

Cuando Jufé intenta llamar a uno de sus guardias para que busque a Kalimán para entregárselo a Bengala descubre que el leprosario está abandonado. Kalimán vigila desde lo alto de un risco y se lanza contra él, golpeándolo ferozmente y haciéndolo perder el sentido. Bengala y Zarjo sin embargo vigilan desde la cabaña, y al descubrir a Kalimán se lanzan al ataque. Bengala dispara sorpresivamente contra Kalimán, quien no puede evitar que una bala le roze la cabeza y lo haga perder el sentido. Solín, sorprendido de ver vivo a Bengala es presa fácil de él, y para cuando Kalimán recupera el conocimiento ya ambos han sido capturados. Jufé vuelve en sí y decide asesinar a Kalimán ahí mismo, pero Bengala y Zarjo se lo impiden: ambos odian vehementemente a Kalimán y quieren someterlo a crueles tormentos antes de asesinarlo. Jufé accede a sus deseos, y mientras que Benjala y Zarjo cuelgan a Kalimán y a Solín de las manos de lo alto de un árbol, Jufé se da a la tarea de liberar a sus capataces de los socavones de la mina.

Zarjo, obsesionado por causar el mayor dolor posible a Kalimán se aleja para preparar sus embrujos. Mientras tanto Bengala se entrevista con Jufé: le parece extraño que un simple leprosario tenga tantos guardias y capataces, y además conoce a su "amigo" desde tiempo atrás y sabe que no es el tipo de persona para manejar un sitio así. Jufé se molesta cada vez más con las preguntas de Bengala, y una vez se queda solo les ordena a sus capataces estar preparados para asesinar a Bengala y Zarjo, sabe que ya la curiosidad de Bengala ha sido picada, y que el malhechor no descansará hasta descubrir su secreto.

Kalimán, colgado del árbol, intenta convencer a Zarjo de que Nidia está viva, prisionera no lejos de ahí, pero el brujo se rehusa escuchar. Luego tira un extraño brebaje sobre la cara de Kalimán, una poción hecha con las hierbas más peligrosas de la India con las que Zarjo piensa enloquecer a su enemigo y plegarlo a su voluntad. Kalimán conoce el brebaje, y durante sus últimos instantes de lucidez enfoca su mente en un mantra, "paz y amor", con el que espera sobreponerse a sus efectos. Kalimán experimenta entonces una horrible pesadilla presagio de la locura, y aunque termina por desfallecer en ningún momento es vencido por los efectos del brebaje. Cuando recupera el conocimiento, Zarjo y Bengala regresan para enterarse del resultado del embrujo y se sorprenden grandemente al descubrir que Kalimán conserva plenamente su lucidez mental. Para entonces Bengala quiere acabar de una vez por todas con Kalimán, pero Zarjo insiste en intentar otro embrujo y quema hierba de mandrágora bajo sus pies. El humo de esa planta tiene la cualidad de enloquecer a quien lo respira, así que Kalimán tiene que contener la respiración por largos minutos. Sin embargo sabe que no resistirá esta situación mucho tiempo y decide utilizar la vanidad del brujo para vencerlo: por medio del hipnotismo colectivo les hace creer a Bengala, Zarjo y aún al mismo Solín que la mandrágora lo ha convertido primero en perro y después en serpiente. Zarjo, quien en realidad no comprende cómo pueden haberse dado las transformaciones, se convence a sí mismo que sus dos embrujos son más poderosos de lo que él mismo cree y convencido de que Kalimán es ahora un animal decide dejarlo colgado por varias horas más aullando tristemente, al amanecer él y Bengala lo ajusticiarán.

La intención de Kalimán era solo que los dos hombres se alejaran, y ante la sorpresa de Solín revela que nunca ha sido transformado. Luego, balanceando su cuerpo fuertemente logra trozar la rama del árbol de la que pende y cae a tierra, liberándose de su tormento. Desata entonces a Solín, y luego los dos corren en dirección al centro del leprosario para iniciar el contraataque. Al llegar allí descubren a Jufé, quien por casualidad revela el escondite de Nidia mientras habla con sus hombres. Kalimán se percata entonces de los planes del malhechor: está colocando a sus hombres alrededor de su propia cabaña, el sitio donde se alojan Zarjo y Bengala, con la intención de tenderles a sus "amigos" una emboscada y capturarlos.

Kalimán decide precipitar la confrontación entre Bengala, Zarjo y Jufé, y para eso se escabulle sin ser visto hasta una ventana de la cabaña de donde están Zarjo y Bengala, y utilizando una vara larga hace caer al suelo un adorno colocado sobre el sitio en el que Jufé guarda sus diamantes. Esto atrae la atención de Bengala, quien pronto descubre un baúl lleno de fabulosos tesoros en diamantes. Su codicia y la de Zarjo se despiertan inmediatamente, y los dos hombres deciden robar la riqueza de su anfitrión. Para esto Zarjo produce un brebaje adormecedor que procede a distribuir entre los hombres de Jufé apostados alrededor de la cabaña. Jufé había indicado a sus hombres no mostrar inicialmente hostilidad abierta contra sus huéspedes, así que aunque sorprendidos por la repentina generosidad del brujo, Golo y sus hombres terminan bebiendo el licor que les ofrece y poco después caen sin sentido.

Jufé descubre mientras tanto que Kalimán ha escapado, y alarmado regresa a la cabaña sin percatarse de que sus hombres han sido eliminados. Cuando llega es atacado por Bengala, quien le revela que ha descubierto su secreto y se lanza contra él, apuñalándolo en el estómago y matándolo. Bengala y Zarjo se apoderan de los diamantes y se disponen a escapar, pero Kalimán logra taponar con un derrumbe el túnel de entrada al leprosario. Montados en dos caballos, Bengala y Zarjo terminan separándose, cada uno buscando una salida del leprosario por su cuenta. Kalimán decide perseguir a Bengala, a quien considera más peligroso, y el malhechor, sabiendo a Zarjo lejos, decide utilizar a Nidia como escudo y se dirige a todo galope al sitio en la mina donde sabe está oculta la muchacha. Kalimán lo persigue, pero Bengala en vez de entrar al túnel donde está la muchacha descubre una barra de dinamita que enciende y lanza contra su celda. Kalimán no tiene más remedio que entrar a la mina y lanzar la dinamita hacia afuera antes de que estalle, pero la explosión causa un derrumbe de poca monta que a pesar de todo los atrapa a él y a Nidia en el socavón de la mina. Durante ese tiempo Bengala logra escapar.

Solín, mientras tanto, observa los acontecimientos desde lo alto de un risco, pero no se percata de que Zarjo ha desmontado de su caballo y ha lanzado contra él. El brujo logra hacerlo su prisionero, y mientras Kalimán libera a Nidia y consigue salir de la mina, Bengala y Zarjo vuelven a juntarse y encuentran un camino por entre los riscos por donde escapar del leprosario, llevándose al niño prisionero y dirigiéndose hacia el refugio donde tienen escondidos los cadáveres de los tajusis en las montañas del Valle Negro. Kalimán y Nidia siguen su rastro, pero por no tener caballos terminan rezagándose. Luego de un día de marchas forzadas Kalimán decide que no puede obligar a Nidia a seguirlo tan rápidamente como él quisiera, así que renta espacio en una embarcación de pescadores que se dirige por vía fluvial al Valle Negro. Desde la embarcación entra en contacto telepático con Solín, quien para entonces ya ha llegado al refugio de los criminales y puede informarlo de la localización del lugar donde está prisionero. Sin embargo Zarjo se percata de que Solín ha entrado en un trance telepático, y dándole una cachetada interrumpe su conversación con Kalimán. Los criminales insisten entonces en saber qué es lo que hacía, y amenazado por Zarjo el niño el niño no tiene más remedio que confesar la verdad.

Bengala no quiere correr más riesgos ahora que es dueño de un gigantesco botín en diamantes, así que decide abandonar su refugio y regresar a Bombay, donde piensa utilizar su dinero para cambiar de identidad e instalarse como un rico señor en la ciudad. Zarjo acepta el plan a regañadientes, aunque insiste en recordarle a Bengala su promesa de repartir cualquier dinero obtenido entre los pobres. Para cuando Kalimán llega días después al refugio de los criminales en el Valle Negro, Bengala y Zarjo ya han llevado a muchos tajusis y a Solín a Bombay, manteniendo al niño inconciente por medio de un brebaje para impedir que vuelva a valerse de la telepatía para comunicarse con Kalimán. Allí Bengala adopta la identidad de Jubá Bazam, un rico señor iraní que viene a instalarse en tierras de la India. Para su sorpresa descubre que el palacio del rajá Jazkil, uno de los hombres que asesinara semanas atrás está en venta, y así termina ocupando el mismo palacio donde alguna vez fuera jefe de guardias.

Kalimán intenta varias veces ponerse en contacto telepático con Solín pero nunca logra su objetivo, y aunque huellas en el Valle Negro le indican que los criminales huyeron en dirección a Bombay, una vez llega a la ciudad les pierde la pista completamente. Zarjo es quien termina revelándole su nuevo escondite: obsesionado por vengar la supuesta muerte de Nidia da un extraño brebaje a Solín con el que se apodera de su voluntad. Luego ordena al niño hacer contacto telepático con Kalimán y decirle dónde está prisionero: Zarjo quiere atraer a Kalimán a su escondite para por fin destruirlo. Bengala no sabe nada de esto, y pasa su tiempo comprando esclavas para que lo diviertan y acicalando su nuevo palacio.

Mientras tanto las varias conversaciones que Nidia sostiene con Kalimán le dejan muy en claro a la muchacha que Kalimán no piensa hacer una excepción con respecto al eventual castigo del brujo Zarjo: lo considera tan culpable como Bengala mismo de las atrocidades que se han cometido y no vacilará en entregarlo a la policía. Sin embargo esto no es lo que Nidia quiere: ama profundamente a su padre y decide hacer lo posible por salvarlo de la furia justiciera de Kalimán. Una vez Kalimán localiza el palacio indicado telepáticamente por Solín se dedica a investigar y averigua que el lugar fue adquirido por un potentado iraní llamado Jubá Bazam. Este apodo nunca engaña a Kalimán, quien asume correctamente que se trata en realidad del mismo Bengala. Su plan es introducirse al palacio en secreto, pero antes de hacer esto decide poner a salvo a Nidia y la lleva a un convento de la ciudad donde le pide esperar a que él haya capturado a los criminales antes de ponerse en contacto con su padre. Nidia accede a quedarse en el convento, pero su plan es escapar de ahí e intentar avisar a Zarjo de los planes de Kalimán para evitar que su padre sea capturado.

Kalimán entra al palacio de Bengala confundido entre una tropa de fakires, luchadores y bailarines que han sido contratados para divertir al supuesto Jubá Bazam. Luego de una serie de proezas en las que Kalimán se esfuerza en llamar la atención de Bengala, Kalimán descubre que su enemigo no tiene ninguna intención de aceptar que alguno de los saltimbanquis se acerque a su persona, y mucho menos está dispuesto a contratarlos y alojarlos en su palacio. La intención de Kalimán era precisamente esa, y para lograr quedarse en el palacio decide provocar la ira de Bengala y desde muchos metros de distancia lanza una pesada espada hacia él que termina clavándose en el centro de su silla. Esto efectivamente enfurece a Bengala, quien piensa que ha sido la víctima de un intento de asesinato y ordena a sus hombres capturar al agresor y llevarlo a los sótanos del palacio. Zarjo también ha presenciado las varias proezas de Kalimán, y aunque no puede estar seguro de su identidad debido a la gran distancia que lo separa de su enemigo, sí sospecha que el supuesto mago que los ha estado divirtiendo y que ha realizado el atentado puede ser Kalimán. Preocupado le informa a Bengala sus sospechas, y el criminal decide visitar a su prisionero en las celdas del palacio para comprobar de una vez por todas su identidad. Sin embargo Kalimán no quiere ser reconocido, y cuando ve venir a Bengala y a Zarjo cambia sus facciones y adopta la cara de un desconocido. Los criminales no llegan a reconocerlo, y Bengala le informa al prisionero que ha sido condenado a muerte y la sentencia no se ha llevado a cabo solamente porque él está ideando la manera más dolorosa de asesinarlo. Kalimán aparentemente acata la decisión de Bengala, pero no puede evitar divertirse a costa de sus enemigos diciéndoles que los reconoce, que los vió hace pocos días en el leprosario de Juzkel donde un hombre llamado Jufé fue asesinado y una gran fortuna en joyas fue robada. Esto pone fuera de sí a Bengala porque se siente descubierto, y decide asesinar a su prisionero lo más pronto posible, aunque de una manera que sea un ejemplo para cualquier otra persona que intente asesinarlo.

Esa noche Kalimán zafa uno de los barrotes de su mohosa prisión y se interna por los pasadizos del palacio en busca de Solín. Utilizando símbolos mágicos, Zarjo, quien lo ha estado esperando descubre su presencia en las cercanías aunque no logra localizarlo. Convencido de que Kalimán está usando su poder mental para localizar a Solín, el brujo lleva al niño a un salón que contiene un pozo en el que nadan feroces cocodrilos. Luego tapa la boca del pozo con maderos podridos y pone a Solín en un sitio estratégico que obliga a Kalimán a cruzar sobre los maderos si quiere acercársele. Kalimán, ansioso por rescatar a su amigo cae en la trampa del brujo y tiene que enfrentarse a varios cocodrilos hambrientos que se lanzan sobre él. Logra vencerlos y salir del pozo, pero para entonces ya Zarjo, convencido de que Kalimán ha muerto, se ha llevado a Solín. Kalimán regresa entonces a su celda decidido a continuar más tarde la búsqueda de su amigo, y Zarjo le informa a Bengala que por fin ha acabado con Kalimán.

Inquieta por no recibir noticias de Kalimán y preocupada por la suerte de su padre, Nidia decide escapar del convento donde ha sido recluída e ir al palacio de Bengala a buscar a Zarjo. Sin medir riesgos se interna por los jardines del palacio, pero es capturada por un guardia y llevada a presencia de Bengala, quien la reconoce inmediatamente pero atraído por su belleza decide no matarla sino desfigurarla y hacerla parte de su harem, al menos temporalmente. La muchacha se debate ferozmente mientras es llevada a los sótanos del palacio, y Kalimán escucha sus gritos desde su prisión. Sorprendido al reconocer su voz, Kalimán vuelve a escapar y libera a la muchacha atacando a sus guardias con dardos somníferos. Cuando quedan solos, Kalimán interroga a Nidia acerca de las razones que la llevaron a salir del convento, pero una vez se entera de ellas insiste en que hablar con Zarjo es peligroso, pues también él se ha convertido en un criminal. Sin embargo no les va a ser posible salir del palacio pues la vigilancia es estricta, así que para esconder a Nidia Kalimán decide llevarla a un sitio en el que los guardias de Bengala nunca pensarán buscarla: el harem del supuesto Jubá Bazam. Sin embargo Nidia sigue sin estar dispuesta a dejar capturar a su padre, aún si tiene que contravenir las órdenes de Kalimán intentará hablar con él.

Zarjo, convencido de que Kalimán ha muerto decide acabar de una vez con Solín y lo lleva a un cadalso instalado en el patio del palacio donde le pone una soga al cuello; el niño, parado en un banquillo, sólo permanecerá con vida el tiempo que consiga mantenerse de pie sobre el banquillo, cuando se le terminen las fuerzas caerá y morirá ahorcado. Inicialmente mantenerse inmóvil no representa un gran problema para Solín, pues se encuentra drogado, pero eventualmente el efecto del brebaje cesa y el niño, ya despierto, se da cuenta de su situación.

Mientras tanto Bengala decide visitar a Nidia para observar su mutilación, pero cuando llega a la sala de tormentos descubre que la muchacha ha escapado y ordena que sea buscada por todo el palacio. Los guardias empiezan un registro sistemático del edificio, y Kalimán descubre que le es muy difícil regresar a su celda. Poco después Zarjo descubre que el mago árabe que agredió a Bengala ha escapado, y empieza a sospechar que se puede haber tratado de Kalimán a pesar de todo. Para averiguar de una vez por todas si Kalimán está vivo o no recurre a sus horóscopos mágicos, y así se entera de que Kalimán vive. Nidia por su parte decide utilizar la ayuda de un guardia para informarle a Zarjo que está escondida en el harem del palacio, y después de sobornar a un eunuco con un valioso anillo le pide que le entrege uno de sus aretes al brujo sabiendo que él lo reconocerá.

Kalimán decide esconderse en la habitación de Bengala, y allí se deja ver por una fracción de segundo por su enemigo antes de escapar por una ventana. Bengala queda muy inquieto: aunque no puede estar muy seguro le parece haber visto a Kalimán acechándolo en su habitación. Cuando Zarjo se presenta ante él y le informa que Kalimán escapó con vida del fozo de los cocodrilos, Bengala monta en cólera y hace capturar al brujo para azotarlo en castigo a su ineptitud. El brujo, sorprendido y furioso se debate fieramente, y cuando los guardias lo llevan a un calabozo para cumplir las órdenes de Bengala son descubiertos por Kalimán, quien ha escuchado los gritos del anciano. El suplicio se lleva a cabo sin que Kalimán intervenga. Solo cuando los guardias, cansados, deciden alejarse, Kalimán se presenta ante Zarjo y le revela que su hija vive y está escondida en el harem del palacio, y que Bengala siempre le ha mentido acerca de ella. Zarjo aún se resiste a creerle a Kalimán, pero cuando éste le pregunta por el paradero de Solín, Zarjo no tiene problema en decírselo a cambio de que lo libere de su tormento: ahora no descansará hasta vengarse de Bengala. Mientras Kalimán sale corriendo a liberar a su amigo de su tormento, el guardia eunuco que enviara Nidia llega donde está el brujo y le entrega el arete, y así Zarjo se entera sin ninguna duda que Kalimán no le mintió.

Kalimán se lanza por los corredores del palacio esperando llegar a tiempo para salvar a Solín, y en su carrera es descubierto por la guardia de Bengala que se lanza tras él. Desde una ventana en el segundo piso del palacio Kalimán alcanza a descubrir a Solín haciendo esfuerzos desesperados por no carse del banquillo en el que está parado en el cadalso del centro del patio, pero cuando se dispone a llegar hasta él Bengala, quien esperaba la llegada de Kalimán escondido entre los arbustos del jardín, sale de su escondite y tumba de una patada el banquillo donde está parado Solín. El niño pierde pie y queda colgado del cuello. Kalimán sabe que nunca llegará hasta él a tiempo para salvarlo de morir, y atacando a la guardia que lo persigue se hace con uno de sus arcos. Desde la ventana apunta contra la soga de la que pende Solín y logra trozarla de un flechazo. El niño cae al suelo y Kalimán corre hacia él mientras Bengala llama a toda su guardia para que lo proteja y capture a su enemigo. Un nutrido grupo de guardias se acercan a Kalimán y Solín, y Kalimán decide utilizar un truco de hipnotismo para escapar: hace creer que las armas de sus atacantes se convierten en serpientes, y durante la confusión escapa con Solín hacia la base de una de las torres del palacio, aunque uno de los guardias logra herirlo con una flecha en un hombro. Bengala es testigo de lo que ocurre desde un balcón y azuza a sus guardias para que persigan a Kalimán, quien no tiene más remedio que trepar hasta lo más alto de la torre. Desde allí impide que los hombres de Bengala puedan subir lanzándoles pesados bloques de piedra, pero eventualmente Bengala decide prender fuego a la escalera de acceso a la torre: Kalimán no tendrá más remedio que o rendirse o quedar atrapado en lo alto de la torre sin posibilidad de escapar.

Zarjo, mientras tanto, en vez de liberar a su hija del harem decide dirigirse al sitio donde están escondidos los cadáveres de los tajusis y los revive utilizando sus ritos de magia negra, ordenándoles luego prender fuego al palacio y acabar con los hombres de Bengala. La hecatombe en su palacio obliga a Bengala a abandonar la persecución de Kalimán, y mientras sus hombres se enfrentan a los cadáveres vivientes, él mismo se adentra por los pasillos del palacio para intentar rescatar su tesoro en diamantes. Las llamas llegan aún hasta el harem, y mientras los guardias eunucos huyen aterrorizados, las esclavas de Bengala, Nidia entre ellas, se lanzan a la fuga. Kalimán aprovecha la confusión para bajar de la torre por el exterior, llevando a Solín en sus espaldas y aprovechando las grietas entre las piedras como puntos de apoyo. Cuando llega a la base de la torre deja a Solín a salvo y entra al palacio intentando rescatar a Nidia.

Zarjo conoce el sitio donde Bengala guarda sus diamantes, y sabiendo que su antiguo cómplice se dirigirá allí antes de escapar lo espera rodeado de cadáveres tajusis. Bengala logra burlar a los cadáveres el tiempo suficiente para rescatar sus diamantes, pero antes de poder escapar tiene que enfrentarse a ellos. Conociendo sus debilidades logra atraparlos entre pesados cortinajes, y mientras los tajusis se debaten intentando escapar, él mismo se lanza contra Zarjo y le asesta un golpe de espada que lo deja muy malherido. Luego sale a los pasillos del palacio, y allí se encuentra con Nidia, quien se entera de boca de él de que Zarjo yace moribundo en sus habitaciones. Mientras Bengala sale por fin al exterior, Nidia se lanza en busca de su padre, pero antes de que pueda llegar con él se encuentra con Kalimán quien le promete rescatar a Zarjo, ella misma deberá reunirse con Solín. Kalimán logra efectivamente llegar a la habitación de Bengala, que arde en llamas, y rescata de allí al brujo moribundo. Los cadáveres de los tajusis no consiguen escapar y son destruidos allí, entre las llamas. Cuando Kalimán sale al exterior llevando a Zarjo en sus brazos, Nidia corre hacia él emocionada. Solín se queda más atrás, y sorpresivamente Bengala aparece montado en un caballo, se lanza sobre él, lo captura y se lo lleva prisionero sin que Kalimán pueda impedirlo.

Kalimán decide salvar la vida de Zarjo antes de lanzarse en persecución de Solín y Bengala, pues sabe que el criminal intentará utilizar al niño como escudo y no lo matará inicialmente. En eso no se equivoca: Bengala escapa hacia una zona boscosa lejos de Bombay donde le dice a Solín habita una peligrosa secta de estranguladores. Se detienen en un claro, y mientras Bengala ordena a Solín quedarse quieto, él mismo escoge un árbol bajo el cual esconder su fortuna en diamantes sin darse cuenta que Solín desobedece sus órdenes y camina tras él enterándose exactamente del sitio del escondite. A pesar de tener una oportunidad de escapar, Solín decide no hacerlo: se encuentra en medio de un extenso bosque lleno de bandoleros y de animales salvajes, y además prefiere averiguar más acerca de los planes de Bengala.

Horas más tarde, en otra parte del bosque, Bengala y Solín son atacados por un grupo de bandoleros que Bengala identifica inmediatamente como los estranguladores. Diciendo que conoce a Gurka, el jefe de la banda, y que le quiere proponer un negocio Bengala consigue que él y Solín sean llevados ante él. Gurka resulta residir en un campamento en medio del bosque, y maldice furioso a sus subalternos por haber llevado a extraños ante él que puedan revelar el emplazamiento del campamento. Sin embargo acepta escuchar a Bengala, quien le dice que Solín es el hijo de un príncipe con el que él, Bengala, está enemistado. Le quiere entregar al niño para que Gurka pida un rescate a su padre por él, todo eso a cambio de su propia libertad. Para convencer a Gurka de sus palabras, Bengala saca un diamante de entre sus ropas y le dice que el padre de Solín pagará mucho más por su libertad. La codicia de Gurka se enciende y decide hacerle caso a Bengala, aunque en vez de dejarlo escapar lo ata junto a Solín a un poste en el centro del campamento. Luego decide mandar un mensajero con una prenda del niño hacia el palacio de Jazkil, Bengala le ha dicho dónde vio por última vez a Kalimán, y si está siguiéndolo el mensajero se encontrará con él en el camino.

Mientras tanto Kalimán salva la vida de Zarjo utilizando secretos de medicina tibetanos y cauterizando su herida con un sable al rojo vivo. El brujo, lejos de alegrarse de encontrar por fin a su hija Nidia solamente piensa en vengarse de Bengala, y esa sed de venganza acelera su recuperación. Al amanecer del día siguiente el mensajero de Gurka llega a las ruinas del palacio de Jazkil, donde no tiene problema en localizar a Kalimán y le entrega un mensaje de Gurka: si no le entrega al mensajero la esmeralda de su turbante, el niño será asesinado. Kalimán sabe que se trata de una trampa y que Gurka intentará asesinar a Solín de todas maneras, pero aún así le entrega al bandolero su esmeralda esperando seguirlo cuando se dirija a su campamento. Tiene poco tiempo para despedirse de Nidia, a la que encarga de cuidar de la vida de Zarjo y llevarlo a un hospital lo más rápidamente posible, y luego se aleja siguiendo la pista del bandolero. Poco después Zarjo recupera el sentido, pero en vez de obedecer las recomendaciones de Kalimán decide volver al cementerio de las montañas del Valle Negro donde quedan algunos de los cadáveres tajusis que no fueron llevados a Bombay que el brujo sabe podrá revivir. Bengala nunca se librará de su furia.

El mensajero de Gurka regresa al campamento de los estranguladores, aunque no se percata de que es perseguido por un Kalimán que logra seguirle el paso al caballo del malhechor. Cuando entrega la esmeralda a Gurka, éste decide acribillar a flechazos tanto a Solín como a Bengala, nunca pensó en dejarlos vivos para que revelen la localización de su campamento, pero antes de que los malhechores puedan cumplir sus órdenes uno a uno van cayendo fulminados: están siendo atacados por los dardos somníferos de Kalimán. Gurka, convencido de que se las está viendo con un poderoso brujo inicialmente acata las órdenes de Kalimán y libera a Solín, pero Bengala lo convence de que si Kalimán lo captura él y sus hombres serán entregados a las autoridades. Cuando Kalimán le ordena que le devuelva su esmeralda, Gurka se rehusa: él y sus hombres están dispuestos a pelear por la valiosa joya, aún contra un brujo tan poderoso como Kalimán. Reconociendo que la situación se deteriora e intentando prevenir un derramamiento de sangre inútil Kalimán conduce a Gurka y sus hombres a un claro cercano donde por medio del hipnotismo les hace creer que una saliente rocosa contiene centenares de piedras preciosas. Gurka se sorprende de no haber reconocido las joyas antes, pero aún así deja caer la esmeralda de Kalimán al suelo y se da a la tarea de arrancar las joyas de la piedra. La mayoría de sus hombres hacen lo mismo. Bengala decide entonces que es el momento de escapar, y mientras Kalimán, Gurka y sus hombres están entretenidos soborna al guardián que lo vigila con otro diamante que guarda en sus vestiduras y logra escapar.

Kalimán y Solín también logran escabullirse de entre los hombres de Gurka sin ser detenidos, y cuando descubren que Bengala ha escapado Solín le revela a Kalimán que él conoce el sitio donde el malhechor ha escondido su tesoro en diamantes; seguramente Bengala se dirigirá hacia allí. Sin embargo el malhechor les ha tomado ventaja y logra desenterrar su botín antes de que sus perseguidores lo alcancen, y aún tiene tiempo de prepararles una trampa. Una vez Kalimán y Solín llegan por fin al lugar, Bengala hace caer una roca gigantesca desde lo alto de un risco sobre Solín. Kalimán se interpone y la roca termina dando de lleno sobre él aprisionándo sus piernas y haciéndolo perder el sentido. Bengala, convencido de que por fin ha logrado acabar con su enemigo, se aleja triunfante.

Zarjo y Nidia han llegado mientras tanto al cementerio de las montañas del Valle Negro, y el brujo decide utilizar su magia para atraer a Bengala hacia allí: quiere tenerlo cerca para llevar a cabo su venganza, aún ante las vehementes protestas de Nidia quien sólo quiere terminar con la espiral de violencia en la que están involucrados y regresar a la ciudad. Desoyendo a su hija y por medio de un extraño sortilegio utilizando una esfera de cristal Zarjo proyecta su voz hasta el sitio donde se encuentra su antiguo cómplice y apoderándose de su voluntad lo obliga a dirigirse al cementerio. Solín mientras tanto ha logrado retirar la gigantesca roca de sobre las piernas de Kalimán utilizando la ayuda de su caballo, y Kalimán recupera el sentido sin haber recibido daños mayores; luego los dos continúan la persecución de Bengala, y se sorprenden bastante cuando descubren su súbito cambio de dirección. A pesar de eso continúan persiguiéndolo.

Cuando Bengala llega al cementerio del Valle Negro, Zarjo ha revivido los cadáveres tajusis que quedaban allí y lo espera para asesinarlo. Bengala entra hipnotizado al interior del cementerio, donde los hombres-tigre se lanzan contra él y amenazan destrozarlo. Nidia sin embargo se rehusa a ser cómplice en un asesinato como ese y rompe la esfera de cristal que mantiene a Bengala hipnotizado, con lo que el criminal recupera su lucidez. Zarjo, enfurecido contra su hija, la golpea ferozmente. Sin embargo el brujo pronto descubre que prefiere tener a Bengala en sus cinco sentidos porque ahora quiere torturarlo antes de asesinarlo. Durante todo el resto de la noche Zarjo tortura a Bengala utilizando todos los trucos que conoce aunque sin matarlo. Nidia, entre las sombras, lo mira horrorizada, y cuando Zarjo se distrae para tomar un leño ardiente de su hoguera y quemar los ojos de Bengala, la muchacha se acerca al malhechor y corta sus ataduras, instándolo a que escape. Sin embargo Bengala no la obedece, le arrebata el puñal con el que cortó sus ligaduras y se lanza contra Zarjo apuñalándolo por la espalda. Luego corre hacia la salida del cementerio y escapa hacia el exterior.

Zarjo, herido de muerte, utiliza sus últimas fuerzas para revivir por última vez los cadáveres de los tajusis y les ordena perseguir a Bengala hasta matarlo. Kalimán llega poco tiempo después al cementerio, y cuando se entera de la situación le ruega encarecidamente a Zarjo que le revele el secreto para hacer que los cadáveres de los tajusis regresen a sus tumbas; si no son detenidos, los tajusis continuarán sembrando el terror y la muerte aún después de que Bengala sea asesinado. Pero Zarjo se rehusa a cooperar con Kalimán y muere en los brazos de su hija maldiciendo a Bengala. Kalimán y Solín deciden seguir las huellas de Bengala y sus implacables perseguidores, mientras Nidia llora por el alma de su padre muerto.

Los tajusis no le dan tregua a Bengala: aunque más lentos que él lo persiguen de una manera implacable y el malhechor no consigue evadirlos por más de que se esfuerza desesperadamente. Por varias semanas los cadáveres de los tajusis persiguen a Bengala por pueblos y ciudades, sin darle tregua al malhechor y sembrando el terror a su paso. Kalimán y Solín les siguen la pista, pero siempre llegan demasiado tarde a los lugares donde han sido cometidos horribles asesinatos. Eventualmente Kalimán encuentra a Bengala, y el asesino, desesperado, le pide ayuda encarecidamente. Kalimán accede a dársela, aunque insiste en que será su prisionero si los tajusis llegan a ser derrotados. Bengala accede, y Kalimán le planta la cara a los cadáveres vivientes con intenciones de vencer o morir peleando. Sin embargo cuando Bengala descubre que los tajusis están siendo detenidos momentáneamente por Kalimán decide intentar escapar de nuevo. Los tajusis se separan inmediatamente de Kalimán y continúan la persecución de su presa. Bengala, desesperado corre con todas sus fuerzas sin una dirección definida termina cayendo en un pantano de arenas movedizas donde se hunde inexorablemente. Los cadáveres vivientes se lanzan tras él, siguiendo a su presa aún hacia allí, y también ellos terminan hundiéndose en el pantano, de donde no regresan jamás.

Una vez la amenaza de los hombres-tigre ha terminado, Kalimán y Solín regresan al Valle Negro donde Nidia ha dado sepultura a su padre. Luego se despiden de la muchacha y retoman su camino hacia nuevas aventuras.

CREADORESEditar

  • Original de
    • Rafael Navarro Huerta
    • Modesto Vásquez González
  • Guionista
    • Héctor González Dueñas (Víctor Fox)
  • Dibujo
    • Cristóbal Velásquez (Crisvel)

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