FANDOM


18 LOS JINETES DEL TERROR.jpg


PERSONAJESEditar

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar

  • Calcuta, India
  • Monte Rojo, India
  • Zarebo, India
  • Monte Karfum, India

Calcuta es obviamente un sitio real de la India, pero los otros sitios mencionados en la aventura son ficticios. Hay cierta confusión en términos geográficos a medida que la aventura avanza: inicialmente se identifica a Calcuta como la ciudad de origen de Fako y de los Jinetes del Terror, pero más tarde ese sitio se convierte en Bombay.

ARGUMENTOEditar

Durante una visita a Calcuta, en la India, Kalimán y Solín visitan el templo de Karabaum dedicado a la diosa Kali, pues al otro día se cumple el séptimo año con siete meses y siete días desde que Kalimán jurara por última vez su devoción a la diosa y en su condición de séptimo descendiente de la dinastía de Kali debe renovar sus votos. Allí se entrevistan con un santón que se muestra muy emocionado al reconocer a Kalimán. Mientras tanto, en el exterior, un grupo de malhechores liderados por un hombre llamado Jalfo merodea alrededor del templo y planea robar una valiosa estatua de la diosa Kali del templo en cuanto el santón se quede solo. La presencia de Kalimán y Solín allí y más tarde la de un grupo de monjes que acuden a orar impiden el robo pues los ladrones no quieren actuar en medio de tantos testigos.

Temprano al otro día los malhechores entran al templo, asesinan al santón poniéndole una máscara de plástico en forma de calavera que le impide respirar y roban la estatua de Kali pocos minutos antes de que Kalimán llegue. Un grupo de seis hombres, los llamados Caballeros de Kali, esperan en un recinto contiguo para presenciar la renovación de votos de Kalimán, pero cuando salen lo descubren junto al cadáver del santón y asumen que él fue su asesino. Los caballeros son guerreros experimentados e intentan atrapar a Kalimán, quien escapa con Solín por un balcón del templo. Sin embargo es alcanzado en la cabeza por un bastón que lanza uno de los caballeros, y atontado y arrastrando a Solín consigo cae a un río que corre al lado del edificio. La corriente los arrastra lejos del sitio del ataque, y los caballeros, ahora convertidos en los Vengadores de Kali, juran no descansar hasta encontrar a Kalimán, a quien ahora consideran un ladrón y asesino, y llevarlo a la justicia.

En las afueras de la ciudad Kalimán y Solín salen del río heridos y maltrechos. Kalimán tiene una especial afinidad con la diosa Kali, y por medio de la clarividencia descubre el sitio donde Jalfo y sus secuaces tienen guardada su estatua: una cueva en las afueras de la ciudad. Cuando intentan acercarse al sitio un vigía de los ladrones los descubre y da la voz de alarma, y poco después el grupo entero de malhechores se pone máscaras en la cara que simulan calaveras y se lanza contra ellos. Convertidos en espectros vivientes llamados los Jinetes del Terror, los malhechores atacan brutalmente y terminan empujando a Kalimán y a Solín a un acantilado por el que los hacen despeñar. Los atacantes creen que sus víctimas mueren estrelladas contra las rocas del fondo del acantilado, pero Kalimán y Solín logran aferrarse a una planta que crece en el barranco y salvarse así de caer hacia sus muertes. Pocos minutos después escalan el acantilado y descubren el sitio donde los Jinetes del Terror estuvieron escondidos, y aunque ya ellos partieron Kalimán se da cuenta de que la estatua de Kali estuvo ahí hasta pocos minutos antes. Busca huellas de la huída de sus atacantes pero no las encuentra, así que decide regresar a la ciudad.

Mientras tanto en un bazar de un barrio musulmán de Calcuta una hermosa jovencita llamada Yadira informa a su padre Fako que en todos los periódicos de la ciudad se informa que la estatua de la diosa Kali ha sido robada y que los Vengadores de Kali buscan al presunto autor del robo, un hombre llamado Kalimán. Fako se sobresalta al escuchar ese nombre, pues Kalimán es un antiguo amigo suyo; está sorprendido de saberlo en la ciudad y más aún de verlo involucrado en un crimen. Para sorpresa de Fako y de Yadira pocos minutos después Kalimán y Solín se presentan ante ellos pidiendo refugio ante la persecución de los Vengadores. En los ojos de Fako y Yadira Kalimán lee sorpresa y desconfianza, pero aún así Fako termina accediendo a la petición de Kalimán, quien creyéndose a salvo procede a intentar encontrar a los verdaderos ladrones de la estatua.

En lo alto del monte Karfum, no lejos de Calcuta, existe un templo dedicado a la diosa Kali en el que se guardan cuantiosos tesoros recopilados por devotos a través de los siglos. Están protegidos por siete puertas que esconden muchísimos peligros, y las llaves de cada puerta han sido confiadas a siete monjes que las han cuidado con sus vidas a través de generaciones enteras. Según la leyenda, un día en el futuro las puertas del templo de Kali serán abiertas y los tesoros serán repartidos entre los fieles necesitados, pero hasta ese momento los tesoros deberán permanecer guardados. El interés de los Jinetes del Terror en Kali le hace pensar a Kalimán que los malhechores están planeando asaltar ese templo milenario, así que decide dirigirse a una ermita en la montaña donde habita el monje que cuida la primera llave del templo para advertirle del peligro en el que se encuentra y protegerlo si es necesario. Cuando Kalimán y Solín se alejan, Yadira propone a Fako denunciar a Kalimán a los Vengadores de Kali. Fako se opone, diciendo que confía en la inocencia de Kalimán.

Kalimán tiene razón, Jalfo y los Jinetes del Terror están interesados en el tesoro del templo de Kali y se dirigen al Monte Rojo, el sitio donde está la ermita del monje custodio de la primera llave. Llegan allí antes que Kalimán, y obligan al anciano a entregarles la llave antes de asesesinarlo cruelmente. Minutos después Kalimán y Solín llegan al lugar, pero para entonces los Jinetes del Terror han escapado y Kalimán solo encuentra el cadáver del monje asesinado. Justo entonces los Vengadores de Kali irrumpen en la escena y descubren por segunda vez a Kalimán al lado de un santón muerto recientemente, lo que confirma sus sospechas de que él es el autor de los crímenes. Kalimán, quien respeta profundamente a los Vengadores de Kali, se rehusa a luchar contra ellos, así que por medio de hipnotismo colectivo los hace creer que escapa volando. Los Vengadores parten en persecución de su imagen y Kalimán decide regresar a Calcuta donde piensa confrontar a Fako: solo él o Yadira sabían hacia dónde iban él y Solín, y alguno de los dos tiene que haberlos denunciado ante sus perseguidores.

En el bazar de Fako Yadira mira por la ventana y ve regresar a los Vengadores, quienes dicen haber encontrado a Kalimán pero luego haber perdido su rastro. Esto inquieta a Fako, quien efectivamente traicionó la confianza de Kalimán y lo denunció, ahora sabe que Kalimán regresará a pedir explicaciones que no puede ofrecer. Se dirige hacia la trastienda del almacén y allí se revela como un malhechor: tiene escondida la estatua de la diosa Kali robada el día anterior y recibe amigablemente a Jalfo y sus secuaces, quienes han venido a pedirle el pago por el robo de la estatua y a informarle que se han apoderado de la primera llave del templo de Kali. Temiendo las repercuciones de su traición a Kalimán, Fako asesina a uno de sus criados y viste su cadáver con sus propias ropas, decapitándolo después: quiere fingir haber sido asesinado y escapa junto a Jalfo y los Jinetes del Terror llevándose consigo los dos objetos robados. Yadira no sabe nada de lo que ocurre, y cuando Kalimán llega al almacén la muchacha se sorprende grandemente al encontrar en la trastienda lo que parece ser el cadáver decapitado de su padre. Mientras Yadira llora amargamente, Kalimán se lanza a las calles de Calcuta en busca de los asesinos y cae en una emboscada preparada por los Jinetes del Terror. Los Vengadores de Kali escuchan la conmoción de la pelea entre Kalimán y los malhechores desde varias calles más lejos. Su llegada salva a Kalimán de morir asesinado por sus atacantes, quienes al ver llegar a los Vengadores intentan escapar mientras que Kalimán se esconde entre las callejuelas de la ciudad. Los Vengadores se lanzan en persecución de los Jinetes del Terror, quienes terminan lanzándoles una bomba que encabritan sus caballos. La persecución cesa, pero los Vengadores de Kali asumen que los Jinetes del Terror son cómplices de Kalimán y juran capturarlos también a ellos.

Kalimán regresa al almacén de Fako, donde Solín espera angustiado y Yadira llora la muerte de su padre. Kalimán interroga a la muchacha y descubre que Fako le había prohibido entrar a la trastienda, y examinando con detenimiento una mesa de allí descubre que la estatua de Kali estuvo ahí hasta poco tiempo antes. Kalimán le promete a Yadira encontrar a los asesinos de su padre y descubrir la verdad acerca de lo que ocurre, y la muchacha, ya más calmada, le ofrece refugio por esa noche en su casa antes de salir a buscar a un grupo de embalsamadores para que se hagan cargo del cadáver de Fako. Sin embargo Yadira en realidad está furiosa contra Kalimán y vuelve a denunciarlo a los Vengadores de Kali, quienes pronto acuden al bazar, lo rodean e intentan hacer salir a Kalimán por medio de teas encendidas que lanzan por las ventanas y que pronto producen un incendio. Sin embargo Kalimán conoce bien el almacén de Fako y sabe que tiene un sótano, así que decide esconderse allí. El incendio consume por completo la casa de Yadira, quien así se da cuenta que delatar a Kalimán a los Vengadores fue un error. Cuando el incendio se ha apagado los Vengadores dan por muerto a Kalimán y se alejan, y Kalimán y Solín emergen de los escombros de la casa. Al otro día Yadira lidera la cremación de su padre y esparce sus cenizas sobre el río Ganges. Kalimán la vigila desde cerca, y en un momento oportuno se dirige a ella y la confronta preguntándole por qué lo traicionó. Inicialmente Yadira piensa que se trata de un espectro que ha regresado del más allá, pero Kalimán la besa y ella termina convenciéndose de que Kalimán sobrevivió el incendio. Eventualmente Kalimán la convence de sus buenas intenciones y Yadira acepta su ayuda; ahora se convertirá en su aliada para encontrar y capturar a los asesinos de su padre.

Kalimán decide comprar comida y caballos en un mercado de Calcuta antes de dirigirse al sitio donde habita el monje custodio de la segunda llave del templo de Kali. Jalfo también merodea por el mercado, lo reconoce y hace que un mercader lo delate a los Vengadores de Kali. Luego procede a enviar un mensaje a los Jinetes del Terror por medio de un halcón amaestrado; los asesinos ya están apostados cerca de la ermita del segundo monje y solo esperan la orden de su jefe para atacar. El halcón, un animal llamado Chiquito, obviamente es mucho más rápido que Kalimán y sus amigos, quienes nunca tienen ninguna oportunidad de salvar al segundo monje: cuando llegan a su ermita el anciano ya ha sido asesinado y la segunda llave ha sido robada. Sin embargo los Jinetes del Terror acechan en las cercanías y causan un derrumbe en un lugar estratégico que amenaza sepultar a Kalimán, Solín y Yadira. El derrumbe detiene a Kalimán y a sus amigos por algunos minutos, y aunque eventualmente logran salir de debajo de las rocas para entonces los Vengadores de Kali, quienes venían siguiendo sus huellas, han llegado al lugar y los Jinetes del Terror han escapado. Kalimán logra burlar a los Vengadores enterrándose en la arena y haciéndoles creer que huyen en sus caballos, pero al hacer esto pierde su medio de transporte. Mientras tanto, desde una montaña cercana Jalfo, quien para entonces se ha reunido con sus secuaces, vigila los acontecimientos y descubre que Kalimán está vivo y que los Vengadores se alejan. Furioso decide entonces ordenar a los Jinetes del Terror atacar a Kalimán directamente, pero éste se ha dado cuenta del peligro y se ha escondido mientras sus atacantes atacan inutilmente a morros de piedra que simulan sus cuerpos. Los Jinetes del Terror no logran encontrar a Kalimán y a sus amigos, así que deciden dirigirse hacia donde habita el monje custodio de la tercera llave.

A marchas forzadas Kalimán y sus amigos siguen las huellas de los Jinetes del Terror y pronto descubren su destino. Mientras tanto, Chiquito, el halcón, lleva un mensaje a Jalfo: Fako, su jefe, quiere verlo en su refugio en las montañas. Cuando Jalfo se entrevista con él Fako se entera de que su hija está con Kalimán y le ordena a Jalfo esperar a que Kalimán llegue a la ermita del tercer monje: allí atacarán al grupo entero y acabarán con Kalimán de una vez por todas. A causa de esta decisión, Kalimán y sus amigos llegan antes que los Jinetes del Terror a la ermita del tercer monje. Kalimán habla con él y alcanza a advertirle del peligro que corre, y el monje le entrega la tercera llave aceptando su protección. Kalimán tiene un poco de tiempo para prepararles una trampa a los Jinetes del Terror, quienes algunos minutos más tarde se lanzan contra ellos. Kalimán se ha disfrazado con las ropas del tercer monje, y cuando Jalfo intenta atacarlo Kalimán lo captura utilizando un dardo somnífero. Sin embargo al mismo tiempo los Jinetes del Terror logran capturar a Yadira, y viendo que no conseguirán robar la tercera llave se lanzan a la fuga sin que ni Kalimán ni sus amigos logren impedirlo. Yadira es llevada ante la presencia de Fako, y así se entera de que su padre no solamente está vivo, sino que además es quien ha desencadenado la serie de asesinatos y robos que sacude la región. Fako le ordena entonces a su hija asesinar a Kalimán y apoderarse de la tercera llave, y muy a su pesar Yadira termina obedeciendo pues no se siente capaz de contravenir órdenes directas de su padre. En cuanto a Jalfo, Fako decide asesinarlo antes de que pueda hablar con Kalimán y delatarlo a él mismo y a sus cómplices.

Seis horas después Jalfo despierta de los efectos del dardo somnífero, pero cuando Kalimán se dispone a interrogarlo el halcón Chiquito se lanza contra él y le destroza la cara con garras que Fako ha cubierto de veneno. Jalfo muere en medio de fuertes dolores, y el halcón logra escapar sin que Kalimán pueda impedirlo. Poco después Yadira llega a la ermita diciendo que logró escapar de sus captores, y en un descuido de Kalimán lo apuñala, le arrebata la tercera llave y huye en un caballo de vuelta hacia el escondite de Fako. Solín y el tercer monje la miran horrorizados, y mientras la muchacha huye los dos intentan ayudar a Kalimán. Los conocimientos médicos del tercer monje son escasos, pero aún así tiene hierbas medicinales que usa para contener la hemorragia de la herida de Kalimán, quien toda la noche se debate entre la vida y la muerte.

Mientras tanto Fako y los Jinetes del Terror levantan su campamento y se dirigen al sitio donde habita el cuarto monje custodio. Chiquito es esta vez el encargado de asesinarlo, y mientras tanto los Jinetes del Terror se apoderan de la cuarta llave. Yadira, llena de remordimientos por haber asesinado a Kalimán asiste a la cadena de crímenes de su padre, quien dice ser el escogido de Kali para abrir el templo y apoderarse de los tesoros que se guardan ahí. Yadira obviamente no le cree y se muestra cada vez más descontenta de lo que sucede.

Kalimán termina por recuperarse de sus heridas, pero cuando está haciendo una serie de ejercicios de meditación para restablecerse completamente los Vengadores de Kali llegan a la ermita del tercer monje. Kalimán decide no intentar escapar esta vez, y aunque el monje intenta convencerlos que Kalimán no es un criminal y que lo ayudó a sobrevivir el ataque de los verdaderos malhechores, ellos no le creen, dicen que Kalimán es muy astuto y ha logrado engañarlo. Los Vengadores de Kali dictan sentencia de muerte: amarrarán a Kalimán de una soga en un acantilado, donde permanecerá colgado de las manos hasta que muera de hambre y sed. Ni Kalimán mismo ni el monje están dispuestos a hacer nada por oponerse a los designios de los Vengadores, a quienes consideran representantes de la diosa Kali, y así la sentencia se cumple y Kalimán es colgado en el acantilado. Una vez que los Vengadores se alejan en persecución de los Jinetes del Terror, Solín intenta rescatar a Kalimán, pero es detenido tanto por Kalimán mismo como por el monje: esperarán a ver lo que sucederá pues confían que la diosa Kali no permitirá que una injusticia se haga en su nombre.

Fako y los Jinetes del Terror, cansados tras muchos días de batallas y asesinatos, se dirigen hacia el pueblo de Zarebo, hacia un suntuoso palacio en donde vive Zulma, la Dama de las Serpientes, una misteriosa mujer que ha manipulado a Fako para que obtenga las llaves del templo de Kali para ella a cambio de su amor. Los habitantes del pueblo afirman que Zulma es una hechicera porque además de tener poderes de clarividencia posee un extraño magnetismo para dominar serpientes venenosas, quienes son sus más fieles servidoras y defienden todos los rincones de su magnífica mansión. Fako presenta a Yadira a Zulma, y desde el primer instante nace una profunda antipatía entre las dos mujeres, entre otras cosas porque Fako afirma que se casará con Zulma. Pocos minutos después de que Yadira es conducida a sus habitaciones se escucha un grito angustiado. Fako acude presuroso a ver lo que sucede y descubre a su hija siendo amenazada por una gigantesca cobra. Zulma, llena de desprecio por Yadira a causa de su reacción recoge la cobra sin ningún miedo y le explica que serpientes vigilan en todas las habitaciones de la casa; ésta en particular se llama Perla, y es su cobra consentida. La noche transcurre sin ningún otro incidente, y al otro día Fako y sus secuaces parten en busca del quinto monje custodio de las llaves del templo de Kali. Yadira lo ve partir y decide escapar tanto de su padre como de Zulma. Mientras busca la salida de la mansión descubre algo sorprendente: Zulma se besa apasionadamente con un hombre joven y apuesto que pronto descubre se llama Radamés, y comenta con él que sus sentimientos hacia Fako son completamente fingidos: sólo lo utiliza para obtener las siete llaves del templo de Kali, y una vez las tenga en su poder mandará a asesinar a Fako, a quien considera un viejo despreciable. Yadira, atónita ante estas palabras intenta alejarse y más tarde informar a Fako de la traición de Zulma, pero intentando huir hacer un ruido y se delata, y los guardias de la mansión terminan capturándola. Zulma sabe que la chiquilla se ha enterado de sus planes, así que decide asesinarla y ordena a un criado que la decapite en el jardín.

Kalimán permanece colgado en el acantilado durante casi dos días y medio, al cabo de los cuales empieza a devariar a causa de la falta de agua y comida. Sin embargo Solín y el monje no han perdido su tiempo, y durante esos dos días construyen una armazón de ramas y hojas secas en la base del acantilado, cuya misión es salvar la vida de Kalimán cuando su soga termine por trozarse y él caiga al vacío. Esto no tarda en ocurrir, y la construcción de Solín y el monje salva la vida de Kalimán. De nuevo libre y sin haber faltado a los preceptos de la diosa Kali, Kalimán se despide del tercer monje y se lanza en persecución de los Jinetes del Terror.

Yadira es conducida por quien será su verdugo a los jardines de la mansión para allí ser decapitada. En un último intento por salvar su vida la chiquilla intenta sobornar al criado para que la deje escapar a cambio de todas las joyas que posee. Para su sorpresa el criado accede, y luego de dejar escapar a Yadira hace una cabeza de arcilla que coloca en una estaca frente a la ventana de su señora, con lo que Zulma queda convencida de que Yadira ha muerto. La muchacha se interna por los jardines de la mansión intentando encontrar una salida, pero es descubierta por Radamés, quien la reconoce inmediatamente. Sin embargo Radamés es un hombre muy soez, y cautivado por la belleza de la muchacha decide no matarla y en vez de eso convertirla en una de las esclavas de su harem.

Cuando Fako y sus secuaces llegan a la ermita del quinto monje, descubren con sorpresa que los Vengadores de Kali están ahí dispuestos a protegerlo. Lleno de furia Fako decide atacarlos a todos por sorpresa y cae de pronto al mando de los Jinetes del Terror sobre unos Vengadores que no tienen tiempo de defenderse. Cinco de ellos, además del monje custodio, son asesinados por los Jinetes del Terror, quienes sabiendo su obra consumada regresan a Zarebo. El sexto vengador queda muy mal herido, pero aún vive cuando algunas horas más tarde Kalimán y Solín llegan al lugar. El vengador no logra reconocer a Kalimán pues fue enceguecido en la batalla, pero consiente en revelarle lo que pasó. Todavía cree que los Jinetes del Terror son cómplices de Kalimán, y una vez termina su relato decide regresar a Calcuta para decirles a todos que Kalimán murió como un criminal, y que sus cómplices acabaron con los venerados Vengadores de Kali. Ante esta injusticia Kalimán jura hacer lo posible por limpiar su nombre y capturar a los culpables de los asesinatos.

Los Jinetes del Terror regresan a Zarebo y Fako le entrega la quinta llave a Zulma esperando ser recompensado con una noche de amor. No obtiene lo que desea, Zulma se muestra reacia a sus caricias y le informa que sólo lo dejará acercársele cuando haya conseguido todas las llaves del templo. Luego, muy desenfadadamente le informa al anciano que su hija Yadira murió esa tarde atacada por una de sus serpientes. Fako se entristece muchísimo, y los remordimientos lo invaden respecto de haber llevado a Yadira a la presencia de Zulma. Al otro día, triste y decepcionado, sale en compañía de los Jinetes del Terror a buscar la sexta llave.

Siguiendo las huellas de los Jinetes del Terror, Kalimán y Solín llegan a una zona selvática en las inmediaciones de Zarebo. Radamés ha organizado una cacería buscando un tigre para adornar su salón principal, pero su elefante se encabrita ante sus malos tratos de su amo y lo tumba al suelo. Radamés furioso ordena la muerte del animal, pero los esfuerzos de sus sirvientes para cumplir la orden solo logran enfurecer más al elefante, quien se lanza contra ellos y mata a varios. No muy lejos de ahí, Kalimán escucha el fragor de la lucha y logra intervenir en el momento justo en que Radamés mismo va a ser aplastado por el elefante. Utilizando el lenguaje de las fieras, Kalimán logra calmar el animal, y Radamés, agradecido, le ofrece a Kalimán concederle lo que pida. Kalimán aboga por la vida del elefante, y así el animal es dejado en libertad; nunca olvidará la intervención de Kalimán a su favor. Radamés queda muy impresionado con la fuerza y decisión de Kalimán, y decide intentar esclavizarlo, por lo que lo invita esa noche a su mansión. Kalimán acepta encantado: habiendo descubierto que los Jinetes del Terror están en Zarebo sospecha que Radamés puede estar relacionado con ellos.

Radamés habita en el mismo palacio que Zulma, aunque en una sección diferente, y esa noche, después de que Kalimán y Solín han sido bañados y acicalados por un grupo de esclavas son invitados a una recepción que Radamés prepara en el salón principal de su palacio en su honor. Como atracción principal hace traer a un grupo de esclavas de su harem para que bailen para sus invitados, entre ellas a Yadira. Kalimán y ella se reconocen inmediatamente, y Yadira no sale de su asombro al descubrir que Kalimán, a quien creía haber matado, sigue vivo. En cuanto a Kalimán, la presencia de Yadira entre las esclavas le confirma que Radamés está muy involucrado con los Jinetes del Terror, y Kalimán se hace el propósito de hablar con la muchacha a la primera oportunidad.

Radamés ha ordenado poner un potente narcótico en la bebida de Kalimán, pero éste logra olfatearlo y evita ser drogado. Kalimán intenta averiguar más acerca de su anfitrión, mostrándose por ejemplo interesado en la esclava Yadira (le pregunta a Radamés dónde la compró y quién es su padre), y diciéndole que él mismo es un peregrino que se dirige al monte Karfum, al templo de Kali. Luego comenta acerca de la serie de robos y asesinatos cometidos por los Jinetes del Terror en esos días, y estudia la reacción de Radamés a esto. Sorprendido, Radamés constata que el narcótico parece no hacer efecto sobre Kalimán, y cuando éste comenta que cualquiera que intente apoderarse de los tesoros de la diosa Kali en el monte Karfum será maldecido por la diosa, Radamés se muestra muy sorprendido, esto es algo que Zulma no le ha dicho. Al final de la velada y ante el hecho de que Kalimán no ha sido víctima del narcótico Radamés opta por hacerlos conducir a él y a Solín a sus habitaciones, pero aposta un guardia en su puerta. Luego se dirige a la sección del palacio donde habita Zulma para informarla de lo que ocurre, Kalimán parece saber demasiado acerca de los Jinetes del Terror y podría ser peligroso para ambos.

Kalimán no tiene ninguna intención de dejarse encerrar por Radamés, y empeñado en hablar con Yadira y acompañado por Solín salta desde la ventana de su habitación hasta los jardines de la mansión. Cuando encuentran el harem, entran sin ser vistos y pronto descubren a Yadira. La muchacha, muy emocionada, alcanza a decir que los Jinetes del Terror efectivamente tienen su escondite allí, pero antes de que pueda revelar que Fako está vivo y es su jefe, el resto de las mujeres del harem se despierta y salen a inspeccionar lo que sucede. De pronto Kalimán y Solín se ven el centro de un nutrido grupo de mujeres que comentan emocionadas acerca de la presencia de un hombre entre ellas. La conmoción es escuchada por los guardias del harem, y aunque Kalimán intenta escapar, Solín es capturado, y para evitar que el niño sea muerto Kalimán no tiene más remedio que entregarse. Cuando Radamés se entera condena a Kalimán a muerte; al amanecer será ejecutado junto a Solín en los jardines. Fako y los Jinetes del Terror mientras tanto obtienen la sexta llave del templo de Kali sin mayores dificultades.

Al otro día Kalimán y Solín son llevados al jardín de la mansión para ser ejecutados, pero antes de que sean muertos Zulma interviene y atraída por la gallardía de Kalimán decide salvarle la vida y convertirlo en un guardaespaldas en su propio palacio; a Solín le permite venir con él. Radamés no está en absoluto de acuerdo con la decisión de Zulma, pero como siempre termina por plegarse a sus deseos. Zulma le indica a Kalimán sus obligaciones y lo instala en una alcoba muy cerca de la de ella misma, a todas luces está interesada en probar el amor de Kalimán. Cuando se quedan solos, Kalimán y Solín pronto descubren que todas las salidas de la mansión sea por puertas o por ventanas están vigiladas por grupos de serpientes; Zulma les permite moverse libremente solo dentro de la mansión. Esto no arredra a Kalimán, quien aprovecha la oportunidad para investigar el interior de la casa. En una habitación apartada descubre la estatua robada de la diosa Kali, y así confirma sus sospechas: se encuentra en la guarida de los Jinetes del Terror.

Kalimán escucha entonces la voz de Zulma que lo llama, y presurosos él y Solín acuden a su encuentro. La Dama de las Serpientes se encuentra divirtiéndose junto a Radamés, y pide a Kalimán hacerle una demostración de su fuerza física. En vez de eso Kalimán prefiere hacerse pasar por un mago poderoso, y por medio de hipnotismo colectivo less hace creer a ella y a Radamés que Solín vuela por los aires, que la copa de Radamés se convierte en una paloma, etc. Zulma se muestra muy halagada ante la demostración, pero Radamés insiste en enfrentar a Kalimán contra uno de sus mejores guerreros, un mongol de fuerza descomunal a quien Kalimán vence fácilmente.

En ese momento Fako y sus hombres regresan al palacio, y Zulma le pide a Radamés dejarla sola y a Kalimán retirarse a sus propias habitaciones. Sin embargo Radamés está preocupado de que Zulma pueda estar enamorándose de Kalimán, así que decide intentar asesinarlo. Con esto en mente llama al mismo mongol con el que su rival luchara minutos antes y le ordena subir por el exterior de la mansión hasta la ventana de Kalimán y desde allí matarlo lanzándole un puñal a la espalda. Ajeno a todo esto, Kalimán decide continuar la conversación que tuvo que interrumpir con Yadira, y como no puede salir de sus habitaciones decide comunicarse con ella telepáticamente. El experimento tiene éxito, y Yadira, todavía encerrada en el harem escucha la voz de Kalimán en su cerebro. Le revela que su padre Fako está vivo, pero en ese momento el experimento es interrumpido abruptamente por el grito del criado mongol de Radamés, quien en la ventana de Kalimán acaba de ser mordido por una serpiente venenosa. El criado se desploma hasta el suelo muchos metros más abajo, y allí muere a los pies de Radamés. Kalimán se percata de lo que ha sucedido, pero decide no hacer nada al respecto. En ese momento tampoco puede reestablecer la comunicación mental con Yadira porque fatigaría a la muchacha, así que decide retirarse a dormir.

En medio de la noche Zulma se acerca sigilosa a la cama de Kalimán y lo despierta con su voz seductora. Lo informa de que lo necesita para una misión secreta: deberá utilizar su poderosa magia para atemorizar a Fako y luego matarlo. Dejando a Solín dormido en la habitación y vigilado por la cobra Perla, Kalimán es llevado hasta otro salón donde Fako espera aburrido. Kalimán, cubriéndose su rostro, lo identifica inmediatamente, y luego procede a leerle su pasado y su futuro en sus manos, lo que no le es difícil dado que sabe mucho del pasado de quien anteriormente fuera su amigo. Luego se lleva a Fako al exterior de la mansión, hacia los jardines, ostenciblemente a cumplir las órdenes de Zulma, matarlo. Allí, en privado, Kalimán se despoja de su disfraz y le informa a Fako lo que está pasando, en particular que su hija Yadira está viva y cautiva en el harem de Radamés, y que Zulma le ha dado órdenes a él mismo de asesinarlo. Con esto Fako descubre que ha sido manipulado por la astuta mujer, y fuera de sí de ira regresa a la habitación de Zulma para matarla.

Zulma, mientras tanto, ha mandado llamar a Radamés para informarle que ya tienen la sexta llave y que Fako está siendo asesinado en esos momentos; ellos mismos, Zulma y Radamés, tendrán que intentar apoderarse de la séptima llave por sus propios medios. Justo entonces Fako llega a la habitación de su amante y Radamés apenas tiene tiempo de esconderse detrás de una cortina. Fako, fuera de sí, confronta a Zulma exigiéndole que ponga en libertad a su hija Yadira, quien según dice está en el harem de Radamés. Esta información sorprende genuinamente a Zulma, pero antes de que pueda reaccionar, un Fako que ha perdido todos los estribos le da una cachetada que la lanza al suelo. Zulma reacciona atónita y furiosa, y Fako le revela que Kalimán le ha revelado su traición tanto en relación con Radamés como el hecho que ordenó hacerlo matar. Se dispone a asesinar a la mujer, cuando desde las sombras Radamés se decide a intervenir y le lanza al anciano un puñal que le atraviesa la espalda. Fako muere a los pies de Zulma y su verdadero amante, Radamés.

Kalimán mientras tanto decide entrar de nuevo al harem y liberar a Yadira: ahora ya sabe que Fako, Zulma y Radamés son los líderes de los Jinetes del Terror y considera que ha llegado el momento de poner a salvo a sus amigos. En ese momento escucha un grito desde su propia habitación: Solín está siendo amenazado por Perla, la cobra, ya que Zulma está furiosa de que Kalimán la haya traicionado y no se detendrá ante nada hasta encontrar a su antiguo sirviente. Kalimán se lanza a través de los jardines de vuelta a sus habitaciones, pero no logra salvar a Solín de ser mordido por Perla. Kalimán intenta salvar al niño de morir succionando el veneno de la herida de su brazo, pero Radamés acecha entre las sombras y le asesta un golpe a Kalimán en la cabeza que lo hace perder el sentido. Solín, en shock, también ha perdido el sentido. Zulma decide matarlos a ambos, y hace arrojar sus cuerpos a un foso lleno de serpientes venenosas.

La séptima llave se encuentra en un monasterio no lejos del monte Karfum, el sitio donde se encuentra el templo de Kali. Zulma y Radamés deciden dirigirse hacia allí al otro día, y ordenan a sus sirvientes preparar una gigantesca comitiva que partirá al amanecer. Radamés insiste en llevar algunas de las esclavas de su harem consigo según él para que ayuden en los quehaceres diarios, y aunque Zulma sospecha la verdadera razón de la insistencia de Radamés termina aceptando su petición prefiriendo tener a su amante ocupado. Lo que Zulma ignora es que entre las esclavas de Radamés está Yadira, quien ha sido informada de la muerte de Fako, y triste y abatida por no haber tenido noticias de Kalimán se resiste a ir en el viaje. Otra de las esclavas del harem, una muchacha llamada Jazmín escucha la conversación entre Yadira y Radamés y le ofrece a la muchacha tomar su lugar en la comitiva, a lo que Yadira accede encantada. Zulma mientras tanto asume el control de los Jinetes del Terror y al amanecer se pone en marcha hacia el norte. Radamés intenta llevar consigo a Chiquito, el halcón de Fako, pero el ave lo desconoce y lo ataca ferozmente como si supiera que él es el asesino de su amo, luego escapa volando.

En el fondo del fozo de las serpientes Kalimán utiliza un extraño canto para dominar a cientos de serpientes que los amenazan a él y a Solín. Los animales terminan yéndose, y Kalimán tiene buen cuidado de investigar por donde huyen. Descubre así una serie de huecos naturales en las paredes del fozo que decide horadar con las manos hasta formar túneles por los que él y Solín pueden escapar. Eventualmente encuentra una cueva natural, pero intentando buscar una salida Kalimán se encuentra cada vez con más serpientes hasta que descubre a su líder, la Reina Cobra, una serpiente de tamaño gigantesco. Intenta dialogar con ella usando el lenguaje de las fieras, pero al final solo puede imponerse luchando con ella en un combate mano a mano. Vencida, la serpiente le indica el camino para salir de las grutas.

En el exterior, Kalimán descubre a un sepulturero dando sepultura al cadáver de Fako, y así se entera de que Zulma y Radamés partieron hacia el norte. Antes de partir en su persecución decide liberar a Yadira del harem de Radamés, algo que consigue fácilmente ya que ante la partida de sus amos los guardias del harem han descuidado sus funciones. Se disfraza de mercader ciego de vinos, y ante una muy escasa vigilancia saca a Yadira del harem escondida en una tinaja de arcilla. Luego, Kalimán, Solín y Yadira se lanzan en persecución de la comitiva de sus adversarios.

Zulma y Radamés llegan a los linderos de una selva que deberán atravesar para llegar al monte Karfum, y mientras Radamés se entretiene en capturar a un tigre que planea usar para atacar el monasterio de la séptima llave, Zulma utiliza sus dotes de clarividencia para investigar si Kalimán murió en el foso de las serpientes. Mucha es su sorpresa cuando lee en su bola de cristal que Kalimán y Solín están vivos y que vienen tras ellos acompañados de la chiquilla que ella mandara asesinar, Yadira. Zulma no se explica cómo la hija de Fako puede estar viva, y cuando Radamés regresa lo interroga al respecto. Radamés insiste que Yadira está muerta y rompe la esfera de cristal de Zulma, pero luego, intranquilo, manda a llevar a Yadira a su presencia suponiéndola entre las mujeres de su harem que lo acompañan. Cuando descubre que Jazmín ha tomado el lugar de Yadira monta en cólera y le da una paliza a la desafortunada muchacha, y luego ordena a uno de sus guardias que regrese a Zarebo y mate allí a la verdadera Yadira. Luego se retira a descansar en su tienda de campaña, pero de repente es atacado por Chiquito, el halcón de Fako, quien ha estado siguiendo la comitiva y no olvida que Radamés mató a su amo. El ataque es devastador, y Chiquito logra vaciarle un ojo a Radamés antes de tener que huir. Radamés, furioso y con la cara destrozada tiene que ponerse un parche sobre el ojo izquierdo, y cuando Zulma lo ve comenta que ya no es tan atractivo como era antes, ahora ella está encaprichada con Kalimán.

Lejos de ahí, Kalimán, Solín y Yadira entran a una zona pantanosa. El caballo de Yadira tropieza y ella cae en un pantano en el que amenaza hundirse, y cuando Kalimán se apea a ayudarla un extraño hombrecillo jorobado y vestido de harapos sale de la espesura y salta sobre Solín llevándoselo prisionero. Kalimán tiene que salvar a Yadira y así pierde un tiempo precioso que el hombrecillo usa para perderse entre la espesura. De entre la maleza Kalimán escucha su risa y sus alardes, dice llamarse Yago, el "Rey de los Pantanos", y ha secuestrado a Solín porque según dice necesita esclavos que le ayuden en sus quehaceres cotidianos. Corriendo velozmente lleva a Solín a un sitio en lo más profundo de los pantanos donde lo pone a trabajar dándole vueltas a un molino vigilado por un perro bravo que llama Lobo. Kalimán y Yadira se internan por los pantanos siguiendo las huellas de Yago, pero pronto anochece y a Kalimán se le hace imposible seguir las huellas del hombrecillo. Al otro día Kalimán logra localizar a Solín utilizando sus poderes mentales, y se comunica con el niño telepáticamente diciéndole que va en camino, aún si la travesía de los pantanos está llena de peligros. Primero Kalimán y Yadira tienen que enfrentar algo que Yago llama la "Peste Negra", un enjambre de murciélagos que intentan chupar su sangre y que Kalimán logra ahuyentar por medio del fuego. Luego, viendo que Kalimán se acerca más y más a su refugio Yago decide atacarlo directamente, esta vez ayudado por Lobo. El perro se lanza contra Kalimán, pero es vencido fácilmente con un dardo somnífero, y Yago, furioso, cree que Kalimán ha matado a su compañero y decide a su vez matarlo a él. Para llegar al refugio de Yago hay que cruzar sobre un puente colgante, y cuando Kalimán y Yadira intentan hacerlo Yago destroza el puente. Yadira logra asirse a una cuerda y queda colgada del lado del abismo donde está Yago, ante lo que el hombrecillo empieza a cortar la cuerda que la sostiene. Kalimán cae mucho más abajo, pero sobrevive el golpe y trepa rápidamente por el risco para rescatar a Yadira y llegar a donde está Yago, quien cuando descubre que no ha detenido a Kalimán huye hacia su campamento para utilizar a Solín como escudo. Kalimán y Yadira lo siguen fácilmente, y Kalimán rescata a Solín utilizando la ventriloquía e hipnotizando a Yago, quien cree que Kalimán se multiplica, su sable vuela por los aires, etc. Kalimán logra capturar a Yago y lo cuelga de sus ropas de un árbol, y mientras el hombrecillo se debate inútilmente, él, Solín y Yadira se dan un festín con su comida. Kalimán amenaza con dejar colgado al hombrecillo para que "reflexione acerca de sus actos", pero él, asustado, le regala a Solín lo que dice es un amuleto mágico, el colmillo de un tigre negro, a cambio de su libertad. Eventualmente Kalimán se apiada de él y lo baja del árbol, informándole además que su perro Lobo pronto recuperará el sentido. Luego, Kalimán, Solín y Yadira prosiguen su camino.

Al otro día la comitiva de Zulma y Radamés llega a las inmediaciones del monte Karfum, pero inicialmente no consiguen que los monjes del monasterio de la séptima llave les abran las puertas: saben que las otras seis llaves han sido robadas por un grupo de asesinos y están en un estado de alerta máxima. El monasterio está rodeado por altas murallas, y si los monjes lo defienden, los Jinetes del Terror nunca podrán atravesar sus defensas. Radamés decide utilizar un truco para introducirse en el monasterio, y después de mantenerlo en ayuno por varios días encierra a Shimba, el tigre que capturara días antes en la selva en una palangana. Luego se acerca al monasterio y le dice a los monjes guardianes que es un mercader, y que aún si los monjes no pueden darle hospitalidad ese día les deja la palangana como regalo. Cuando Radamés y sus hombres se alejan, los monjes abren las puertas del monasterio y recogen la palangana. Cuando la abren el tigre salta de ella y empieza a atacar a los monjes indiscriminadamente. Radamés y los Jinetes del Terror esperan en las cercanías, y cuando oyen los gritos de los monjes se lanzan al ataque. Ocupados en sobrevivir el ataque del tigre, los monjes descuidan la defensa de las murallas, y un grupo de Jinetes del Terror logra escalarlas y abrir el portón principal del monasterio desde dentro. Los Jinetes del Terror entran entonces en masa y hacen una masacre. El abad del monasterio, el monje encargado de la séptima llave, escucha la conmoción y es informado de que las defensas del monasterio han sido penetradas. Decide sacar la llave de su escondite y llevársela consigo a un laberinto de túneles que existe debajo del monasterio donde los malhechores nunca la encontrarán.

Kalimán y sus amigos mientras tanto atraviesan por una zona de la selva llena de plantas que emiten un aroma fortísimo y adormecedor. Solín y Yadira pierden el sentido, y Kalimán está a punto de hacerlo también cuando descubre a un grupo de hombres ataviados con pieles de tigre que los atacan. Intenta defenderse, pero adormecido como está es presa fácil de sus agresores, y los hombres-tigre terminan por hacerlo caer a un río; a Solín y a Yadira se los llevan prisioneros. Varias horas después Kalimán recupera el sentido y regresa al lugar donde fue atacado para buscar el rastro de sus compañeros, quienes han sido capturados por los hombres-tigre para ser devorados. Cuando los hombres-tigre se disponen a asesinar a Solín descubren en su cuello el amuleto de colmillo de tigre negro que le regalara Yago. Su actitud para con el niño cambia entonces inmediatamente, y desde ese momento adoran a Solín como un dios. El muchacho ordena inmediatamente que Yadira sea liberada pero logra hacer poco más: los hombres-tigre insisten en que beba un misterioso brebaje, y con eso Solín pierde su voluntad y se convierte en cuerpo y alma en el rey de sus captores. Ordena que Yadira sea recapturada y encerrada en una cueva, y horas más tarde, cuando Kalimán descubre por fin la aldea de sus atacantes, ordena que él sea capturado también.

Al día siguiente Kalimán y Yadira son llevados ante Solín, quien decide arrancarles el corazón y devorarlos. Para entonces Kalimán ha roto sus ataduras, y antes de que Solín pueda atacarlo le lanza un dardo somnífero. Los hombres-tigre, sorprendidos y furiosos al ver a su rey aparentemente muerto se lanzan contra Kalimán, pero éste logra hipnotizarlos y hacerlos creer que la estatua de un tigre que veneran se lanza contra ellos. En la confusión recoge a Solín y junto a Yadira huye a través de la selva. Los hombres-tigre pronto descubren el engaño y se lanzan en su persecución, y siendo ágiles y muy rápidos pronto les dan alcance. Kalimán no tiene más remedio entonces que enfrentarse a sus agresores en una feroz lucha en la que lleva las de perder, pero cuando está a punto de ser vencido recibe ayuda de un aliado inesperado. El elefante de Radamés, a quien salvara la vida días antes está en esos parajes y viendo que Kalimán está en peligro se lanza en su ayuda, y ante la furia desencadenada del elefante los hombres-tigre se dan a la fuga. Luego, Kalimán y sus amigos montan sobre el lomo del elefante y se alejan rápidamente. Los hombres-tigre sin embargo no están dispuestos a perder a su rey, y se lanzan en su persecución.

Horas más tarde, ya cerca al monte Karfum, Solín despierta ya recuperado de los efectos del brebaje. A la vera del camino Kalimán descubre un halcón herido con una flecha que le atravesó el ala y se apea para ayudarlo. Un sirviente de Radamés pronto lo descubre: el halcón es Chiquito, quien por fin ha sido abatido. Kalimán desarma fácilmente al sirviente y se da a la tarea de curar a Chiquito, quien agradecido se convierte en su aliado, aunque el sirviente logra huir. Cuando se acercan más al monasterio, uno de los guardias de Radamés reconoce tanto a Kalimán como a Yadira, y desde la espesura dispara sobre ellos. Kalimán cae herido en la cabeza desde lo alto del elefante hasta el suelo, pero Chiquito se lanza al ataque y le destroza la cara al francotirador con sus garras cubiertas de veneno. El agresor muere y Kalimán recupera el sentido; la bala sólo le rozó la cabeza.

Zulma y Radamés están mientras tanto ocupados en torturar a los monjes del monasterio de Karfum para lograr que revelen el escondite de su abad y con eso el sitio donde está la séptima llave. Perla, la serpiente de Zulma, mata a muchos de ellos, pero ninguno de los monjes habla. Radamés ha pasado dos días completos explorando los laberintos que existen bajo el monasterio, y sus hombres han sido diezmados por múltiples trampas que hay allí. El monje de la séptima llave mientras tanto se ha escondido en el sitio más recóndito de los laberintos, pero poco a poco empieza a debilitarse, ya que no tiene manera de comer ni de beber. Es entonces cuando el sirviente de Radamés que flechara a Chiquito regresa al monasterio e informa a Zulma que Kalimán está vivo y viene en camino. La noticia alegra a la mujer, quien decide utilizar a Kalimán para encontrar la séptima llave. Pero primero tiene que capturarlo, y cuando Radamés regresa de su búsqueda infructuosa por el laberinto entre los dos preparan un ardid para lograr eso.

Llegando al monasterio de Karfum, Kalimán deja a Solín y a Yadira a cargo del elefante y el halcón, y de un salto prodigioso escala los muros del monasterio y se descuelga hasta el otro lado para investigar. Los Jinetes del Terror esperando su llegada se han disfrazado de monjes, y solo en lo más profundo del monasterio Kalimán descubre que quienes lo guían son los feroces asesinos. En la corta batalla que sobreviene Kalimán termina siendo apresado. Sin embargo la lucha ha sido observada desde el aire por Chiquito, quien inmediatamente regresa a avisar a Solín y a Yadira. Los vuelos frenéticos del halcón indican a Solín que algo malo ha sucedido, y con Yadira decide intervenir para salvar a Kalimán.

Zulma y Radamés atan a Kalimán a un poste en el patio del monasterio, y en un momento de descuido de Radamés Zulma le confiesa a Kalimán que se siente atraída por él, si él quiere ella traicionará a su cómplice y entre los dos podrán apoderarse de los tesoros del templo. Kalimán rehusa la oferta, y Zulma lo amenaza de muerte si no acepta internarse en los laberintos del monasterio para encontrar la séptima llave. Kalimán se rehusa de nuevo, y Zulma, furiosa, ordena a Perla que lo ataque. Kalimán responde hipnotizando la cobra, que cae a los pies de Zulma como fulminada por un rayo. La mujer, fuera de sí, le da una cachetada a Kalimán y se lo entrega a Radamés, a quien Kalimán informa que su cómplice ha tratado de traicionarlo. Radamés no le cree e intenta obligar a Kalimán a cooperar por medio del dolor. Nada funciona, y Radamés cada vez más frustrado decide sacarle un ojo a su enemigo con su daga. En ese momento, Chiquito, que ha estado observando todo desde el aire ataca de nuevo a Radamés y le arrebata su daga. Esto da a Kalimán unos minutos de respiro, y es entonces cuando Solín y Yadira inician su ataque a bordo del elefante a una de las puertas del monasterio. La puerta cede con facilidad, y el elefante se introduce en el patio donde Kalimán está prisionero. Kalimán aprovecha la confusión para romper sus ataduras y lanzarse contra Radamés, mientras que Solín y Yadira bajan del elefante, a quien Solín ordena escapar por donde vino. Kalimán está a punto de hacerse dueño de la situación cuando Solín es capturado por Zulma, quien le ordena liberar a Radamés so pena de matar al niño. Kalimán tiene que obedecer, y así él, Solín y Yadira son recapturados y encerrados en una jaula junto a la de Shimba, el tigre de Radamés.

Teniendo a Solín y Yadira en su poder, Zulma tiene una manera de obligar a Kalimán ir a buscar la séptima llave: si no lo hace sus amigos morirán devorados por el tigre. Con esto Kalimán accede a internarse por los laberintos, y por medio de percepción extrasensorial pronto descubre el lugar en el que se halla el séptimo monje, quien para entonces está a punto de morir de sed. Cuando Kalimán llega junto a él, el monje muere, y Kalimán tiene que arrancar de sus manos rígidas la séptima llave. Luego sale del laberinto, pero cuando Zulma y Radamés lo ven llegar abren la puerta que separa la jaula de Shimba de la de Yadira y Solín, de todas maneras pensaban traicionar a Kalimán y ordenar a los Jinetes del Terror arrebatarle la llave. Kalimán responde lanzando un dardo somnífero contra el tigre, quien se desploma como muerto. Luego ataca a los hombres de Radamés, pero una vez que se le acaban los dardos no tiene otra opción que enfrentarse a ellos mano a mano. Los Jinetes del Terror se añaden a la lucha y Kalimán cae vencido por la superioridad numérica. Los Jinetes utilizan entonces en él uno de sus métodos favoritos de asesinato: le ponen una máscara de plástico sobre el rostro que no lo deja respirar, y luego de arrebatarle la séptima llave lo golpean salvajemente. Kalimán cae a tierra, su rostro cubierto por la máscara de plástico en forma de calavera, y para engañar a Zulma y Radamés que no piensan irse hasta verlo muerto decide efectuar un experimento de actus mortis. Los malhechores, convencidos de que han ganado la partida deciden entonces incendiar el monasterio y dirigirse al templo de Kali dejando a Solín y a Yadira en la jaula del tigre; pronto serán pasto de las llamas.

Kalimán suspende el actus mortis cuando sus enemigos se han ido, y con sus últimas fuerzas corta la máscara con su daga, lo que le permite respirar. Sin embargo está muy debilitado, pasarán algunos minutos antes de que pueda recuperarse completamente. Desafortunadamente no tiene ese tiempo: el incendio causado por Radamés y Zulma ha destruido el monasterio, que se derrumba sobre Kalimán en medio de un gan estruendo. Desde su jaula Solín y Yadira miran horrorizados como Kalimán queda aprisionado por una enorme loza que lo aprisiona, y que en su estado de debilidad en ese momento no logra levantar. Chiquito interviene entonces de nuevo y vuela a buscar al elefante amigo, quien regresa y libera primero a Solín y Yadira de su jaula y luego a a Kalimán de los escombros que lo aprisionan. Una vez han recuperado sus fuerzas Solín y Yadira encuentran un cuenco en el que poner a hervir agua, y así disuelven el pegamento de la máscara de Kalimán, quien por fin logra despegársela. En ese momento Shimba se recupera de los efectos del dardo somnífero, pero aún estando muy hambriento se espanta con los últimos rescoldos del incendio y huye hacia la selva. Kalimán pasa algunas horas sepultando los cadáveres de los muchos monjes asesinados en el monasterio y luego inicia el camino hacia el templo de Kali. El elefante amigo es dejado en libertad y regresa a la selva, pero Chiquito prefiere seguir acompañándolos.

Zulma, Radamés y su comitiva llegan a un poblado en la base del monte Karfum donde Radamés decide hacerse pasar por el elegido de la diosa Kali para lograr que el patriarca de la aldea le muestre el camino hacia el templo. El patriarca accede, pero lo guía hasta un barranco gigantesco que separa el poblado del templo diciendo que según la leyenda un haz de luz aparecerá y formará un puente sobre el barranco cuando el elegido se aproxime. Radamés, furioso, decide hacer asesinar al patriarca para hacer creer a la población del pueblo que Kali está furiosa por que no lo han ayudado. La encargada del asesinato es Perla, la serpiente de Zulma, y el patriarca muere envenenado. Luego Radamés se autoproclama líder del pueblo, y como elegido ordena a la población del poblado construir un puente de madera a través del barranco por el que Zulma y los Jinetes del Terror puedan atravesar. La tarea les lleva a los infelices pobladores varios días y muchas muertes, pero eventualmente construyen el puente y Zulma y sus secuaces logran llegar a las puertas del templo de Kali.

Radamés abre la puerta principal del templo con la primera llave. Al otro lado de la puerta descubre un perro furioso que inicialmente está amarrado con una cadena pero que eventualmente logra zafarse y salta sobre un Jinete del Terror destrozándole la garganta. Radamés y el resto de los asesinos se toman un minuto en reaccionar, pero eventualmente atraviesan el perro de un lanzaso. Luego buscando la segunda puerta se internan por el interior del templo que resulta ser un laberinto de túneles y patios. Un misterioso personaje vigila escondido entre los recovecos del templo, un hombre con cuatro brazos que se llama a sí mismo el Hijo de Kali y que está empeñado en impedir el avance de los intrusos, por ejemplo lanzándoles una enorme roca que cae entre los Jinetes del Terror. Eventualmente encuentran la segunda puerta, pero cuando Zulma empieza a girar la llave en la cerradura se percata de que un polvillo cae de lo alto. Sospechando una trampa ordena a uno de sus criados que abra la puerta en su lugar, y en cuanto lo hace muchas toneladas de piedra y rocas caen sobre él sepultándolo. La puerta abre el paso a un paso en desnivel, y los malhechores tienen que bajar por una larga escalera de cuerda hasta un jardín situado muchos metros más abajo. Zulma es la primera en bajar seguida de Radamés y de los Jinetes del Terror, y cuando llegan abajo encuentran un extraño jardín lleno de árboles retorcidos que recuerdan a seres humanos. Cuando los últimos miembros de la comitiva empiezan a bajar por la escalera, el Hijo de Kali se acerca a la segunda puerta y corta las cuerdas de la escala, con lo que varios de los sirvientes de Zulma se precipitan al vacío, hacia sus muertes. Con este accidente Zulma se percata de que están siendo atacados.

Kalimán decide averiguar si sus enemigos ya llegaron al templo, y hablando el lenguaje de las fieras ordena a Chiquito volar hasta allí y buscarlos desde el aire. El halcón obedece, y Kalimán se entera exactamente de cual es la posición de sus enemigos. Cuando él y sus amigos llegan al poblado en la base del monte Karfum son recibidos de mala manera por la población, que piensa que ellos son cómplices de los malhechores que los esclavizaran días atrás. Kalimán pronto descubre el puente que atraviesa el barranco, pero se da cuenta que está vigilado por un destacamento de Jinetes del Terror así que decide evitar el puente y cruzar el barranco por el fondo. A pesar de eso, él y sus amigos son descubiertos por el Hijo de Kali, quien furioso de que más forasteros se dispongan a entrar al templo causa un gigantesco derrumbe. Kalimán, Solín y Yadira logran refugiarse tras una roca saliente, pero quedan enterrados bajo toneladas de escombros. Kalimán examina cuidadosamente el sitio en el que están y descubre que bajo sus pies se abre una gigantesca caverna, y no teniendo otra alternativa baja con sus amigos a explorarla. La caverna resulta ser gigantesca, y Kalimán y sus amigos pronto llegan a un sitio que Kalimán calcula está exactamente debajo del umbral del templo. Allí Solín encuentra una espada enterrada en el suelo, y cuando la desentierra cae por un agujero hasta el panteón del templo de Kali, un sitio donde yacen las tumbas de guerreros mongoles que en siglos pasados dominaron las tierras del norte de la India. Entre los sarcófagos Solín encuentra ropa que puede vestir en reemplazo de la que le razgaron los hombres-tigre. Kalimán pronto encuentra la salida del panteón, y por una escalinata empieza a ascender, aunque sin estar seguro a dónde llegará. En lo alto de la escalera son atacados por un grupo de gatos furiosos, y junto a sus amigos Kalimán solo puede escapar subiendo por una reja metálica. Para evitar quedar atrapado Kalimán golpea el techo del recinto con un golpe de karate y logra hacer un agujero por el que él y sus amigos logran escapar. Salen al exterior, aparentemente están en el techo de una de las edificaciones menores del templo de Kali, pero el techo sobre el que caminan no soporta su peso y empieza a desmoronarse. Kalimán logra saltar llevando a Yadira a un edificio vecino, y eventualmente Solín hace lo mismo; del otro lado es ayudado por Kalimán a terminar de alcanzar un sitio seguro.

Para entonces está anocheciendo, pero Zulma no tiene intenciones de detenerse en su búsqueda de la tercera puerta. El Hijo de Kali, que conoce los recovecos del templo a la perfección, se retira a orar a Kali, y de repente un viento helado se cierne sobre todo el monasterio en una magnitud que impide a los intrusos avanzar. El Hijo de Kali saca una flauta y empieza a tocar una extraña melodía, y en medio de la tempestad Zulma y Radamés empiezan a escuchar los gritos desesperados de varios de sus cómplices. La oscuridad es total y nadie puede hacer más que guarecerse de la tormenta así que no saben qué está pasando. De repente un árbol se mueve y aprisiona a Zulma, quien inmediatamente es rescatada por Radamés. Cuidándose bien de no acercarse a los árboles, Zulma y Radamés esperan aterrorizados a que la tormenta amaine, y al amanecer descubren con sorpresa que tres de sus hombres han muerto estrangulados por ramas de árboles del jardín embrujado. Zulma decide enviar a uno de los Jinetes del Terror de vuelta a la entrada del templo: deberá traer consigo refuerzos y dejar solo a dos guardias cuidando la cabecera del puente, todos los demás hombres deberán reunirse con ellos. El Hijo de Kali vigila todos sus movimientos, y cuando los refuerzos pedidos por Zulma han cruzado el puente que conecta el templo con el poblado baja hasta los pilares que lo sostienen y lo derrumba, con lo que todos los intrusos que han entrado al templo de Kali quedan atrapados. Radamés encuentra la tercera puerta, y ya teniendo experiencia de lo que sucedió las veces anteriores ordena a uno de sus hombres abrirla. En el momento en el que la puerta se abre, tres flechas salen disparadas del otro lado que dan de lleno en el pecho del Jinete del Terror que abrió la puerta. Muere en el acto, y Zulma y Radamés pronto descubre que las flechas fueron disparadas por estatuas con dispositivos especiales preparadas cientos de años antes. Habiendo perdido un hombre más Radamés, bastante asustado, propone esperar la llegada de los refuerzos.

Kalimán, Solín y Yadira llegan a la segunda puerta, donde los hombres de Zulma han amarrado cuerdas nuevas que permiten bajar al nivel inferior, al jardín de los árboles vivientes. Una vez allí descubren los cadáveres de los hombres de Zulma estrangulados por las ramas de los árboles, y poco después se dan cuenta que refuerzos se dirigen hacia donde está la mujer, más allá de la tercera puerta. Kalimán decide esconderse entre la vegetación y seguir a los cómplices de Zulma, así él mismo no tiene que buscar la puerta. Sin embargo antes de que pueda hacerlo son atacados por los árboles vivientes, y sobreviene una lucha feroz en la que Kalimán termina arrancando de cuajo varios árboles que prueban tener en ellos sangre humana. Para entonces los hombres de Zulma se han alejado, y Kalimán y sus amigos se lanzan en su persecución.

Zulma y Radamés mientras tanto son sorprendidos mientras esperan por centenares de tarántulas asesinas que cobran la vida de dos Jinetes del Terror más. Perla logra proteger a su señora y se da un festín con las tarántulas, mientras que el resto de los hombres se defiende como puede. Están a punto de ser abrumados por las tarántulas cuando los refuerzos pedidos por Zulma llegan y les ayudan en la batalla, con esto las tarántulas son vencidas. Después del ataque Radamés tiene una crisis de nervios e insiste en regresar, no soporta tantos peligros y teme morir en la empresa. Zulma prueba ser mucho más fuerte que su compañero, y es ella quien insta a los hombres a continuar: no se arredrará y continuará adelante aún si la mayoría de sus serpientes escaparon durante el ataque de las tarántulas, sólo Perla sigue con ella. Radamés termina siendo convencido por Zulma, quien lo tilda de cobarde y el grupo inicia la búsqueda de la cuarta puerta.

Al mismo tiempo, un grupo de hombres-tigre llega al poblado a los pies del monte Karfum. Han estado siguiendo a Kalimán, pues aún consideran a Solín su rey y no se detendrán ante nada por rescatarlo. Después de cruzar el fondo del barranco a los pies del puente destruído, los hombres-tigre asesinan a los dos guardias dejados por Zulma a la entrada del templo y entran al lugar. Mientras tanto, el Hijo de Kali pone una trampa a Chiquito y captura al halcón, con lo que Kalimán pierde su habilidad de monitorear el avance de sus enemigos. Por otro lado encuentra un barril con alimentos que según dice son ofrendas a los espíritus de monjes sepultados en el templo, y así él, Solín y Yadira tienen oportunidad de comer.

Radamés encuentra la cuarta puerta tras una tupida enredadera. Nadie se muestra dispuesto a abrirla teniendo en cuenta lo que ocurrió en las ocasiones anteriores, así que Zulma le arranca las llaves a Radamés y abre ella misma la puerta. No sucede nada, al otro lado simplemente hay un patio y un altar a la diosa Kali adornado con joyas. Radamés lleno de avaricia corre a robar las joyas, pero pronto descubre que el patio es en realidad un pantano movedizo donde empieza a hundirse. Zulma está dispuesta a dejarlo morir ahí, pero varios de los hombres de Radamés insisten en ayudar a su amo y el hombre es rescatado.

Kalimán y sus amigos llegan al salón de las tarántulas, donde descubren los cadáveres de varios Jinetes del Terror más. De repente Solín escucha un aleteo, e investigando por su cuenta descubre una jaula donde Chiquito está preso. Se acerca para liberarlo, pero entonces es capturado fácilmente por el Hijo de Kali, quien se lo lleva prisionero. Kalimán y Yadira pronto se dan cuenta de la desaparición de Solín y siguen las huellas del Hijo de Kali hasta un sótano donde encuentran a Solín amarrado del techo por las manos y a Chiquito en su jaula. Cuando Kalimán y Yadira se acercan, el Hijo de Kali se lanza contra ellos tildándolos de sacrílegos. Kalimán intenta razonar con el personaje, pero él no quiere escuchar razones y ataca a Kalimán ferozmente. El hecho de que su adversario tiene cuatro brazos dificulta muchísimo la defensa a Kalimán, y así el Hijo de Kali termina por imponerse asestando un fuerte golpe con una piedra a la cabeza de Kalimán. Luego huye hacia la salida del sótano y activa un mecanismo que destruye la escalera de acceso, con lo que Kalimán y sus amigos quedan atrapados. Kalimán, sin embargo, no está dispuesto a permanecer mucho tiempo prisionero en el sótano, y se da a la tarea de reconstruir la escalera por la que llegaron. Eventualmente lo logra, pero ha gastado un tiempo que tanto el grupo de Zulma como el de los hombres-tigre utilizan para avanzar.

Zulma, Radamés y sus hombres cruzan el pantano frente a la cuarta puerta colocando troncos sobre la arena y avanzando sobre ellos. En su búsqueda de la quinta puerta descubren una fuente, pero Zulma sospecha de que se trata de una nueva trampa y ordena a uno de sus hombres que beba primero. Efectivamente el agua está envenenada y el hombre cae muerto en el acto. Luego, Zulma se percata de que están siendo seguidos, y aparentando descansar ordena a Perla buscar a quien los sigue, que no resulta ser otro que el Hijo de Kali. Los Jinetes del Terror sobrevivientes capturan al extraño personaje y le ordenan guiarlos hasta la quinta puerta, que encuentran fácilmente. Al otro lado hay un salón de cuyo techo penden centenares de campanas amarradas a un mecanismo que se suelta si alguien pisa una cuerda en el suelo. Zulma obliga al Hijo de Kali a explicarle el mecanismo de la trampa, y con esto su grupo puede evadirla y continuar sin peligro.

Cuando Kalimán y sus amigos emergen del sótano son atacados por los hombres-tigre, quienes los han alcanzado. Kalimán no está interesado en enfrentarse con ellos y corre hasta la cuarta puerta, y después de que Solín, Yadira y Chiquito la han cruzado intenta cerrarla, aunque al no tener la llave no puede trancarla. Luego los tres amigos cruzan sobre los troncos que colocara el grupo de Zulma, pero una vez están al otro lado del pantano movedizo Kalimán retira los troncos. Los hombres-tigre consiguen abrir la puerta, pero al intentar seguir a Kalimán uno de ellos se hunde en el pantano. Kalimán les grita ordenándoles regresar a su aldea, Solín nunca será su rey, pero los hombres-tigre se niegan a obedecer. Ante esto Kalimán, Solín y Yadira simplemente siguen su camino. Eventualmente llegan a la quinta puerta, y Yadira activa accidentalmente el mecanismo que pone a tañer a las campanas. El ruido que los centenares de campanas producen es ensordecedor, y Solín y Yadira pronto pierden el sentido. Kalimán sobrevive desactivando por medio de control mental su sentido del oído, y así logra descubrir la salida del recinto y ayudar a sus amigos.

Zulma y Radamés escuchan el tañer de las campanas y se sorprenden de que alguien además de ellos esté en el templo. El Hijo de Kali comenta que seguramente quienes activaron la trampa son el hombre de blanco y el muchacho, un comentario que a Zulma y Radamés los sorprende muchísimo porque hacían muerto a Kalimán. Sin embargo el Hijo de Kali afirma que no podrán escapar del templo de las campanas, y Zulma y Radamés optan por proseguir su camino en vez de dar vuelta atrás a rematar a Kalimán. El Hijo de Kali les muestra la localización de la sexta puerta, y cuando la abren él es el primero en cruzar. Al otro lado de la puerta solo hay un jardín y otra fuente de agua envenenada, pero a medida que el grupo se interna en el jardín empiezan a escuchar el zumbido de insectos que cada vez se hace más intenso. Se trata de un enjambre de millones de avispas venenosas, que inmisericordemente se lanzan contra Zulma, Radamés y los Jinetes del Terror que aún están vivos. En la confusion que sobreviene el Hijo de Kali, quien por alguna razón no es atacado por las avispas, rompe sus ligaduras y se lanza a la fuga, pero es descubierto por Radamés, quien furioso le lanza su sable a la espalda. El Hijo de Kali es herido gravemente pero no muere y consigue escapar. Los únicos miembros de la comitiva de Zulma que sobreviven el ataque de las avispas son ella misma y Radamés, quienes buscaron refugio dentro de la fuente de agua envenenada, y Perla, quien logro enterrarse en un lugar inaccesible. Todos los otros sirvientes y guerreros de Zulma y Radamés mueren durante el ataque.

Chiquito mientras tanto ha localizado a los malhechores desde el aire y guía a Kalimán hasta dónde están los cadáveres de los muchos miembros de la expedición de Zulma que han perecido, pero no encuentra ni a Zulma ni a Radamés. Los insectos no descubren a Kalimán y a sus amigos, quienes deciden esperar a que caiga la noche para continuar su camino pues entonces no serán atacados por las feroces avispas. Al anochecer escuchan un gemido y encuentran al Hijo de Kali herido gravemente, y Kalimán procede a curarlo. Cuando Kalimán lo informa de que él es el séptimo hombre de la dinastía de Kali, el Hijo de Kali se sorprende grandemente y se da cuenta de que solo Zulma y Radamés son los malhechores, no él. Poco después Kalimán deja al Hijo de Kali para que se recupere de sus heridas y se lanza a la búsqueda de sus enemigos.

Zulma y Radamés salen de la fuente y pronto los descubren, decidiendo capturar a Solín y a Yadira para dominar a Kalimán. En esto tienen éxito, y Kalimán es obligado por los dos malhechores a abrir la séptima y última puerta del templo. Para la sorpresa de Zulma y Radamés una pesada plancha de acero impide el acceso al salón central del templo. Puede ser levantada por medio de una manivela, pero se necesitan al menos 20 hombres fuertes para lograrlo. Zulma no se amedrenta ante el obstáculo y ordena a Kalimán levantar la plancha de acero so pena de matar a Solín. Kalimán accede, y logra levantar él solo la pesada puerta de acero. Zulma, Radamés y sus prisioneros cruzan por fin el umbral de la séptima puerta y descubren sorprendidos los muchos tesoros del templo de Kali.

Mientras tanto el Hijo de Kali, ya más recuperado de su herida, descubre sorprendido que los hombres-tigre han cruzado la cuarta, quinta y sexta puerta. También ellos son intrusos, y él no está dispuesto a tolerarlos allí, así que armado con un arco y flechas y desde un sitio inexpugnable se da a la tarea de flechear uno por uno a todos ellos. Sin embargo un hombre-tigre logra sobrevivir la matanza y llega hasta el sitio donde el Hijo de Kali observa la masacre, y después de lanzarse sobre él lo destroza con sus garras. El Hijo de Kali queda moribundo después del ataque, mientras el hombre-tigre cruza el umbral de la séptima puerta.

En el interior del salón central del templo de Kali los tesoros que Zulma y Radamés descubren son incalculables. Cegados por la ambición los dos personajes se dan a la tarea de recoger el mayor número de joyas posibles mientras Kalimán los observa desdeñoso. Lo obligan a guiarlos hasta el santuario del templo, un sitio donde se encuentra una gigantesca estatua de oro macizo de la diosa Kali con un rubí incrustado en su frente que simboliza el tercer ojo. Una vez lo hace Radamés decide matar de una vez por todas a Kalimán: si hace el menor movimiento para defenderse de su puñal, Perla atacará a sus amigos. Kalimán cruza los brazos y se dispone a hipnotizar a Radamés cuando Chiquito, quien vigila desde el aire vuelve a intervenir. Primero amaga a Radamés, quien aterrorizado intenta defenderse del ave que tanto daño le ha causado, pero después Chiquito cambia de objetivo y se lanza contra Perla, a la que destroza a picotazos. Kalimán intenta atacar entonces a Radamés, pero ese es el momento que el último de los hombres-tigre escoge para lanzarse contra él. Radamés se vuelve contra Kalimán, y le clava su puñal en la espalda causándole una herida que aunque no es grave sí lo debilita lo suficiente para dificultar su lucha contra el hombre-tigre, y luego trepa sobre la estatua de oro de Kali intentando apoderarse del gigantesco rubí que adorna su frente. Mientras tanto Zulma ha llenado un saco de valiosísimas joyas y se dispone a salir del templo llevándoselas. Solín y Yadira, en medio de la confusión se libran el uno al otro de sus ataduras dispuestos a ayudar a Kalimán, pero él saca fuerzas de la flaqueza y logra lanzar al hombre-tigre contra una pared, dejándolo sin sentido.

Kalimán se incorpora y advierte por última vez a los dos malhechores que cesen en sus intenciones, o despertarán la ira de Kali quien los destruirá. Ninguno de los dos le hace caso, y Kalimán grita el nombre de Kali que resuena por todo el templo. Los ojos de la estatua de oro se abren en ese momento, y sus seis brazos cobran vida. Al mismo tiempo, las joyas del interior del saco que Zulma intenta robar se convierten en serpientes que atacan a la mujer. Zulma muere envenenada por la mordedura de decenas de serpientes que se lanzan sobre ella, mientras Radamés es destrozado por los brazos de la estatua de Kali. El hombre-tigre presencia todo esto y huye aterrorizado pasando junto al Hijo de Kali, quien moribundo llega hasta la manivela que controla la pesada puerta de metal que cierra el recinto: piensa dejarla caer y encerrar a todos los intrusos en el interior del salón central para que mueran de hambre y sed. Kalimán logra percatarse de sus intenciones y corre hacia la puerta seguido por Solín y Yadira. Logra atajar la puerta y dar tiempo a sus amigos de salir. Para entonces el Hijo de Kali ha muerto, y su cadáver queda junto a la manivela que acciona la pesada puerta. Mientras se alejan hacia el exterior, Solín se pregunta si lo que vió ocurrió en realidad o si fue un caso de hipnotismo colectivo. Yadira opina que las conciencias de los criminales fueron las que los hicieron ver lo que vieron, mientras Kalimán asegura que nadie puede afirmar una cosa u otra, pues nadie está en capacidad de descifrar los misterios de la diosa Kali.

EPISODIOSEditar

  • 378-416 en México (1973)
  • 368-406 en Colombia (1983)
  • 001-034 en México (reimpresión, 1998)

CREADORESEditar

  • Original de
    • Rafael Navarro Huerta
    • Modesto Vázquez González
  • Guionista
    • Héctor González Dueñas (Víctor Fox)
  • Dibujo
    • Cristóbal Velázquez (Crisvel)

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar