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Kaliman, el hombre increible

Los Hijos del Sol: la Radionovela

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R19 LOS HIJOS DEL SOL


PERSONAJESEditar sección

  • Narrador (Isidro Olace)

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar sección

  • Monasterio de Lanzang-Dung, Tíbet
  • Bogotá, Colombia
  • Lima, Perú
  • Cuzco, Perú
  • Monte Makalu, Tíbet y Nepal
  • Machu-Pichu, Perú
  • Sabah, Borneo, Malasia
  • Shalka, Borneo, Malasia
  • Pago-Pago, Samoa
  • Lago Titicaca, Perú y Bolivia
  • Cocoimá, Bolivia
  • Puno, Perú
  • Cancaicú, Bolivia

El monasterio de Lanzang-Dung, Shalka, Cancaicú y Cocoimá son sitios ficticios, todos los demás son reales.

ARGUMENTOEditar sección

En el monasterio tibetano de Lanzang-Dung un maestro lama, Sang-Yu, le anuncia a su discípulo, el joven chela Luagu que esa noche tendrán un visitante, un hombre llamado Kalimán. Está en lo cierto, porque en ese momento Kalimán y Solín se dirigen al monasterio en medio de una terrible nevada que les dificulta el camino. Una avalancha cae sobre ellos sepultándolos, y en el monasterio, Sang-Yu lo percibe por medio de percepción extrasensorial. El viejo maestro hace sonar una campanita, y a muchos kilómetros, bajo la nieve, Kalimán la escucha y recupera el conocimiento. Logra desenterrarse, y a pocos metros encuentra el cuerpo inconsciente de Solín, a quien pronto revive. Enfrentando la terrible tormenta Kalimán llega esa noche a Lanzang-Dung guiado siempre por el sonido de la campanita, y allí Sang-Yu, Luagu y muchos otros maestros lamas y aprendices los reciben emocionados.

La austeridad del monasterio y la frugalidad de los alimentos que les son ofrecidos sorprenden a Solín, quién además está pasando frío y se siente mal a causa de la gran altura en la que se encuentran. Kalimán le recomienda hacer ejercicios de concentración mental, y luego de un baño tibetano en agua helada el niño empieza a sentirse mejor. Lanzang-Dung es uno de los monasterios en los que Kalimán pasó muchos años de su niñez y adolescencia, en consecuencia lo conoce bien y puede servir de guía a Solín. Después de una cena frugal y silenciosa, Kalimán y Solín visitan a Sang-Yu en su celda, y allí Kalimán le revela el motivo de su visita al monasterio. Años antes, en las ruinas de la antigua ciudad inca de Machu-Pichu encontró una antigua inscripción acerca de misteriosos seres, los Hijos del Sol: "Partieron en sus carros de fuego remontando el vuelo hasta el padre sol. Retornarán por sendero conocido en la noche del mañana." Por varios años Kalimán no supo qué pensar acerca de esto, pero desde un tiempo atrás ha empezado a sentir cambios en las fuerzas del universo que lo rodean y a advertir extrañas fuerzas astrales que gravitan sobre él. Esto lo preocupa sobremanera, y recordando la leyenda inca y rumores que escuchara en el monasterio de Lanzang-Dung cuando era aprendiz decide regresar al monasterio y consultar algunos de los viejos libros guardados allí para intentar esclarecer el misterio de los llamados Hijos del Sol.

Sang-Yu sabía desde algún tiempo atrás que Kalimán vendría a consultar los libros del monasterio y se los tiene preparados, y así mientras Solín se duerme profundamente, Kalimán pasa varias horas dedicado a la lectura. En su primera sesión de estudio Kalimán descubre dos cosas importantes: que existe efectivamente información acerca de los misteriosos Hijos del Sol en el monasterio de Lanzang-Dung guardada celosamente en libros milenarios depositados en las catacumbas del monasterio, y que sólo alguien que posea el nivel máximo de sabiduría entre los lamas tibetanos, el Tercer Ojo, tiene posibilidades de leer esos libros sin enloquecer en consecuencia a su contenido. Al otro día Kalimán discute acerca de esto con Sang-Yu y otro antiguo maestro suyo, un viejo lama llamado Wang-Samao. Sang-Yu se muestra partidario de que Kalimán intente recobrar la máxima sabiduría que le da el Tercer Ojo, pero Wang-Samao se muestra más prudente: existe la posibilidad de que el contacto con el mundo exterior haya "contaminado" a Kalimán y le haya quitado la presencia de espíritu que es necesaria para obtener esa sabiduría. La única persona que puede decidir eso es Kalimán mismo, y así los dos maestros lamas le recomiendan un período de meditación profunda.

Solín se despierta abruptamente sintiendo una vara de bambú que le oprime el estómago, y cuando abre los ojos descubre a Luagu que lo mira divertido. El joven chela no está muy impresionado con el estómago de Solín, lo considera blando como el de una mujer. Solín se siente insultado ante este comentario y se lo hace saber a Luagu, quien sonríe y le pide que lo siga; Kalimán está haciendo un ejercicio físico y medio monasterio lo está mirando. Luagu sale corriendo a gran velocidad y Solín tiene mucha dificultad en alcanzarlo, por lo que ahora Luagu le pone un nuevo apodo: "Tortuga". Solín se enfada cada vez más con su anfitrión. En el patio del monasterio Kalimán hace sus ejercicios físicos rodeado por un nutrido grupo de lamas y chelas que lo observan interesados. Uno de los maestros le hace una prueba: deberá levantar un caballo del suelo y lanzarlo lo más lejos posible. Kalimán está acostumbrado a ese tipo de pruebas, pues las hacía con regularidad en sus años de estudiante, le pide a Solín que monte al caballo y luego los levanta a ambos y los lanza a más de diez metros de distancia. La muchedumbre estalla en gritos de admiración, todos están muy impresionados por la fuerza física de Kalimán.

Luagu reta a Solín a una pelea utilizando varas de bambú, y Solín acepta, todavía enfadado por lo que ocurrió por la mañana. Luagu prueba ser muchísimo más hábil que Solín en el manejo de las varas de bambú y le da una paliza al niño que éste tardará mucho tiempo en olvidar. Cuando Kalimán encuentra a su amigo adolorido y amoratado por los golpes le pregunta qué quiere hacer al respecto. Solín responde que quiere la revancha, y Kalimán procede a instruírlo en el arte del manejo de las varas de bambú. Sang-Yu y Wang-Samao observan la sesión de entrenamiento desde un balcón y comentan con beneplácito acerca de la amistad que une a Kalimán con su amigo y acerca de la velocidad y agilidad de Solín, quien parece aprender rápido.

Esa noche Kalimán se encierra en una celda monástica para meditar acerca de si se siente digno de recibir de nuevo el Tercer Ojo. Solín dedica el día a practicar el arte de la lucha con varas de bambú, pero al atardecer hace un movimiento brusco y golpea de lleno al maestro Sang-Yu, quien ha venido a observarlo. Inicialmente Sang-Yu se muestra severo con Solín pues ya es tarde para estar practicando en el patio del monasterio, pero eventualmente y para la sorpresa infinita de Solín decide instruírlo él mismo en el arte de la pelea con varas de bambú. Sang-Yu es mucho más ágil de lo que aparenta, y los dos pasan un par de horas muy amenas ejercitándose. Luego Sang-Yu lleva a Solín a la celda donde Kalimán pasaba tantos años de su juventud, y deja que Solín pase allí la noche.

Kalimán sólo emergerá de su meditación al atardecer del día siguiente, y Solín, apesadumbrado, se sienta al lado de una fuente a esperar el pasar de las horas. Luagu se acerca a él por la espalda y con la vara de bambú lo empuja a la fuente. Solín, empapado y furioso, le hace frente a su rival y termina tirándolo también a él al agua. Luagu también se enfada y decide darle a Solín otra paliza con las varas de bambú. Organiza otro combate, y Solín accede encantado y termina por derrotar a Luagu utilizando los conocimientos que le enseñaran Kalimán y Sang-Yu. Al final del combate Solín se muestra muy caballeroso con Luagu, y el joven chela le extiende su mano en señal de amistad: ha aprendido a respetar a Solín. Sang-Yu y Wang-Samao observan el combate desde las sombras, y los dos hombres comentan acerca de la facilidad con la que Solín ha aprendido a manejar las varas de bambú, consideran a Solín un digno discípulo de Kalimán.

Wang-Samao se acerca a Solín y le ofrece mostrarle el monasterio, y Solín acepta encantado. En su caminata por los patios, Solín descubre a un grupo de chelas entrenándose para caminar en zancos. La actividad le llama la atención, y decide que una vez Kalimán emerja de su meditación le preguntará si puede aprender esto.

Al atardecer Kalimán sale de su celda, pero no ha llegado a ninguna conclusión acerca del enigma que lo inquieta, necesitará más días de intensa concentración para tomar una decisión. Sin embargo decide pasar el día siguiente junto a Solín y le muestra algunas de las actividades de los jóvenes monjes, por ejemplo la manera como aprenden textos antiguos usando técnicas de hipnosis. Además le da a Solín algunas explicaciones más acerca del motivo que lo trajo al Tíbet. Le dice que en siglos pasados, varias de las culturas de la tierra, entre ellas la egipcia, la griega, la china y la inca mencionan en sus escritos a hombres anormalmente altos y delgados, los Hijos del Sol, quienes les enseñaron muchos secretos. Todas las culturas coinciden en que esos misteriosos seres abandonaron la tierra "en sus carros de fuego", y todas ellas coinciden también en que regresarán en el futuro. Kalimán ha estado presenciando cambios importantes en las fuerzas cósmicas del universo y por eso sospecha que el momento del regreso de los Hijos del Sol puede estar cerca.

La segunda sesión de meditación de Kalimán se llevará a cabo en las catacumbas de Lanzang-Dung, un laberinto de pasadizos y túneles raramente visitados que contiene muchos libros llenos de sabiduría. Pero inicialmente Kalimán no está allí para leer sino para enfrentarse al aire enrarecido que reina en las catacumbas y lograr un estado de intensa concentración mental que le permita tomar una decisión: ¿debe o no intentar obtener de nuevo el Tercer Ojo?

En el exterior, Solín se siente muy solo, y viéndolo así Sang-Yu le pide a Luagu que vaya con él y le ofrezca enseñarle a caminar en zancos. Inicialmente Solín está tan triste que no quiere hacer nada, pero Luagu lo insulta a propósito y Solín, con el amor propio herido, decide acceder. Aprender a caminar en zancos no es cosa fácil, pero para el final del segundo día ya Solín ha aprendido lo suficiente como para salir a dar un paseo por los alrededores del monasterio junto a sus nuevos amigos, Luagu y otro joven chela llamado Manga-Suá. Durante el paseo, Solín tropieza y cae de sus zancos cuando intenta atravesar un riachuelo de agua helada, y para su sorpresa encuentra el cuerpo destrozado de un pastor tibetano. Luagu y Manga-Suá reconocen el tipo de heridas en el cadáver: fueron producidas por shetas, abominables hombres de las nieves, seres violentos y fuertes que en raras ocasiones se tornan en predadores de seres humanos. Sintiéndose en peligro ante la posibilidad de que un sheta esté todavía por los alrededores, los tres amigos atan el cadáver a los zancos de Solín y lo llevan arrastrado hasta el monasterio. Al otro día un monje de un monasterio vecino llega medio muerto a la puerta de Lanzang-Dung, también él ha sido atacado por un sheta, y Sang-Yu no puede hacer nada para impedir su muerte. Ante los numerosos incidentes de ataques de shetas, Sang-Yu y Wang-Samao no tienen otra alternativa que prohibirles a los chelas y a Solín más salidas al exterior del monasterio. Sorprendentemente esto no afecta en absoluto el ánimo de Solín, quien poco a poco se ha integrado al grupo de chelas y comparte con ellos juegos, sesiones de estudio y entrenamientos en diferentes tipos de lucha como judo, karate, etc.

Kalimán permanece ocho días y siete noches encerrado en las catacumbas del monasterio, y cuando finalmente emerge les dice a Sang-Yu y a Wang-Samao que descubrir el sitio y el momento exacto en el que los Hijos del Sol regresarán a la Tierra es un asunto extremadamente importante para el futuro de la humanidad, y que alguien tiene que obtener el Tercer Ojo para poder leer en los libros que contienen esa información, ese es el motivo por el que fueron escritos. Él mismo está dispuesto a hacerlo, y falsos sentimientos de modestia e inseguridad no deben amedrentarlo en su misión. Sang-Yu y Wang-Samao se muestran de acuerdo con la decisión de Kalimán; de hecho ya sabían que él era digno de volver a poseer el Tercer Ojo, pero era necesario que Kalimán se convenciera a sí mismo. A pesar de todo hay un problema: la trepanación de la frente de Kalimán debe llevarse a cabo bajo signos astrológicos muy determinados, y el próximo momento propicio será en dos días; normalmente la preparación mental para obtener el Tercer Ojo se tarda cuatro. Kalimán sin embargo decide acelerar el proceso de preparación, los cambios en las fuerzas astrales que percibe sobre él lo preocupan y no quiere esperar los 63 días que faltan para que los signos astrales vuelvan a ser favorables.

Kalimán no puede embarcarse directamente en otros dos días de ayuno sin haber recuperado fuerzas, y así al otro día sugiere a Solín dar un paseo por los alrededores del monasterio. En medio de la niebla son descubiertos por un sheta, que furioso amenaza con atacarlos. Kalimán no puede hacer ningún acto de violencia en ese momento o echaría a perder la posibilidad de obtener el Tercer Ojo. Inicialmente intenta atajar el sheta con palabras, pero solo la voz de Sang-Yu convence a la bestia de retirarse sin pelear.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de ahí, en Bogotá, Colombia, Oscar Capac, un famoso antropólogo y arqueólogo peruano estudia en su laboratorio fotografías de una antigua inscripción inca en Machu-Pichu y las compara con una de las pocas fotografías que existen de un pectoral inca de mediana importancia que se exhibe en el Museo del Oro de Bogotá. La fotografía está borrosa, y según él, la inscripción contiene indicios importantes acerca del sitio y el momento exacto en el que los antiguos dioses incas, los Hijos del Sol, regresarán a la Tierra. Su hija, una hermosa astrónoma llamada Estela Capac está con él, y ensimismada observa el firmamento por un telescopio; ella como Kalimán ha detectado importantes cambios en la configuración de los astros que no se puede explicar. Al otro día Capac y su hija visitan el Museo del Oro, y allí descubren que el pectoral inca ha desaparecido de su sitio. Deciden interrogar al director del museo acerca de ésto, y éste les dice que sólo el día anterior el pectoral todavía estaba allí, en los últimos dos días ha ocurrido un robo. Ante la insistencia de Capac el director del museo busca en sus archivos más fotografías del pectoral, una pieza relativamente menor de la colección del museo, pero descubre que también esas fotografías fueron robadas, ahora no queda ninguna fotografía de ese pectoral en particular. Muy extrañado el director del museo decide dar parte a la policía y les pide a Oscar y Estela Capac no abandonar Colombia en los próximos días por si se les tiene que solicitar una declaración.

Kalimán vuelve a encerrarse para meditar, esta vez en lo alto de uno de los torreones del monasterio en preparación para someterse a la operación que se necesita para volver a obtener el Tercer Ojo. Sang-Yu y Wang-Samao mientras tanto le proponen a Solín aprender a volar en unas cometas gigantescas, una de las especialidades del monasterio de Lanzang-Dung. Sin embargo, cuando Solín se eleva a muchos metros del suelo el viento arrecia y la cuerda que ata la cometa al suelo amenaza con romperse. Luagu y Manga-Suá son los primeros en percatarse, y cuando empiezan a bajar lentamente a Solín el niño se percata también de lo que sucede: está en peligro de muerte, porque si la cuerda llega a romperse, el viento se lo llevará muy lejos y seguramente se matará cayendo a algún abismo en las montañas. Ante esta situación Solín se desata de sus amarras, y justo cuando la cuerda se rompe y la cometa empieza a elevarse, Solín cae a tierra, afortunadamente en un morro de nieve que amortigua su caída. Con esto salva su vida, y Sang-Yu y Wang -Samao vuelven a comentar acerca de lo recursivo que es el niño.

Desde semanas atrás Oscar Capac y su hija han planeado un viaje a Bolivia, al lago Titicaca, donde saben han ocurrido misteriosas muertes masivas de animales acuáticos que creen pueden estar relacionadas con los Hijos del Sol. Sin embargo después de enterarse del robo del pectoral inca el profesor le pide a su hija Estela que no lo acompañe, se da cuenta de que la situación se está haciendo cada vez más peligrosa y cree que si a él le ocurre algo, alguien tiene que quedar disponible para alertar a las autoridades de lo que ocurre. Momentos antes de salir para el aeropuerto el profesor Capac recibe una llamada telefónica del policía Antonio Monteros en la que lo cita para el otro día en la jefatura. Capac acepta, pero una vez cuelga el auricular decide proseguir su viaje, no piensa cancelar su viaje por dar declaraciones a la policía que no llevarán a nada, él está convencido que el pectoral fue robado por seres extraterrestres, emisarios de los Hijos del Sol. Cuando al otro día Capac no se presenta en la jefatura de policía, el director del museo visita a Estela Capac en su laboratorio para enterarse de lo que sucedió, y al saber que el profesor partió hacia Bolivia lo acusa a él y a Estela de ser los autores del robo; ahora los denunciará a la policía. Esa tarde Monteros hace una visita a Estela Capac en su laboratorio y le informa que considera la desaparición de su padre como un acto altamente sospechoso, ella y su padre se han convertido en los principales sospechosos de haber cometido el robo. Estela niega vehementemente que esto sea cierto, y Monteros termina por confesarle que no tiene pruebas contra ellos, pues no se han encontrado huellas digitales en las vitrinas del museo. Además le explica que Capac nunca llegó a La Paz, la policía boliviana no tiene ningún dato acerca de la entrada del profesor al país. Esto desconcierta a Estela, quien no se explica qué le puede haber ocurrido a su padre, y muy preocupada reserva un asiento en el próximo vuelo a Bolivia. Esto es exactamente lo que Monteros ha estado esperando, piensa que Estela lo llevará con Capac y decide seguir a la mujer.

Al día siguiente el avión sale sin contratiempos de Bogotá, pero durante el vuelo Estela decide permanecer 24 horas en Lima, donde el vuelo hace escala, pues quiere cerciorarse de que su padre no se quedó allí en lugar de seguir hacia Bolivia. El inspector Monteros también desembarca del avión, ahora completamente convencido de que sus sospechas son ciertas. Estela Capac se aloja en un hotel del centro de Lima, pero en medio de la noche un extraño individuo se introduce su habitación y la secuestra. Monteros se percata de lo que sucede y se lanza en persecución del secuestrador, quien ha abordado un automóvil y se aleja por las calles de la ciudad. Monteros logra perseguirlos en un taxi, pero de repente el secuestrador, un extraño hombre calvo, muy alto, de tez pálida y ojos fulgurantemente verdes saca una extraña arma y dispara contra el taxi del policía que estalla en llamas. Monteros y el chofer del taxi mueren inmediatamente en la conflagración. Estela Capac mira horrorizada, y su secuestrador le inyecta un tranquilizante y se la lleva al Cuzco prometiéndole que pronto se reunirá con su padre.

En Lanzang-Dung Kalimán termina su preparación en la tarde del segundo día, y después de una corta entrevista con Solín desciende al Salón de la Oración a meditar junto a Sang-Yu y Wang-Samao por toda la noche. Al amanecer vuelve a encontrarse con Solín quien ha esperado escondido en los pasillos del monasterio para ver pasar a su amigo y termina acompañándolo a tomar una taza de té, el único alimento que le es permitido antes de someterse a la operación. Eventualmente, sin embargo, Kalimán y Solín deben separarse, y Kalimán es conducido por un grupo de monjes lamas al segundo piso del monasterio donde esperan los médicos. La operación se lleva a cabo sin incidentes: sin utilizar ningún tipo de anestesia los médicos le horadan a Kalimán el hueso frontal con un martillo metálico haciéndole una incisión en forma de U que llega hasta su cerebro. Después de la operación le vendan la cabeza, y Kalimán debe permanecer siete días más en recuperación durante los cuales Solín permanece ocupado con Luagu, Manga-Suá y el resto de los aprendices chelas, quienes le enseñan difíciles ejercicios físicos, artes marciales, etc.

Al final del séptimo día Kalimán emerge de su meditación y se encuentra con Solín, informándole que va a volver a ir a las catacumbas del monasterio para leer por fin en los libros que revelan los secretos de los Hijos del Sol. Solín está triste de tener que separarse de su maestro de nuevo, pero ante su sorpresa Kalimán le permite acompañarlo. El aire de las catacumbas está muy enrarecido y Solín inicialmente tiene problemas para respirar, pero Kalimán le enseña técnicas de meditación y de control corporal que le ayudan al niño a sobreponerse a las dificultades. Los túneles prueban ser extensos laberintos en los que Solín descubre esqueletos humanos de desafortunados monjes o chelas que se perdieron sin poder encontrar una salida. Eventualmente la lámpara de yesca que llevan amenaza con extinguirse, y como Kalimán sabe que si esto ocurre Solín se asustará, opta por hipnotizarlo. Cuando la lámpara se extingue, Kalimán continúa su camino en la más completa oscuridad guiado por la sabiduría del Tercer Ojo y siempre seguido por un Solín que tranquilo camina tras él guiado por el poder mental de Kalimán. Llegan hasta un recinto donde símbolos en las paredes lanzan fulgores iridiscentes, resultan ser profecías acerca del futuro, y muchas de ellas ya se han cumplido. Ahí Kalimán encuentra la profecía que leyera tantos años antes en Machu-Pichu, la misma que iniciara la aventura, y además descubre que los Hijos del Sol no son visitantes benévolos, sino que su retorno a la Tierra estará ligado a una serie de importantes cataclismos que afectarán muy seriamente el destino de la humanidad. Empieza entonces a estudiar los libros que encuentra allí usando el fulgor que emana de las paredes, pero descubre que en el libro crucial que revela cuándo, cómo y dónde regresarán los Hijos del Sol faltan las tres últimas páginas. Habiendo obtenido toda la información que buscaba, Kalimán y Solín empiezan el largo camino de retorno a la superficie. Eventualmente a Solín le fallan las fuerzas a pesar de estar hipnotizado, y Kalimán termina sacándolo en brazos de las catacumbas de Lanzang-Dung.

Cuando regresa a la superficie, Kalimán se entrevista con Sang-Yu y Wang-Samao, quienes usando datos de sus propias bibliotecas logran dar a Kalimán más datos acerca de lo que ocurrió con las tres páginas faltantes del libro sabio: han sido razgadas para que puedan ser protegidas por tres hombres buenos que viven en "las tres puntas de la estrella de oriente". Esos tres sitios son el monte Makalu en la frontera entre el Tíbet y Nepal, un pequeño poblado en Malasia, en la costa norte de la isla de Borneo, y Machu-Pichu, en el Perú. Kalimán sabe que el tiempo apremia, y decide abandonar Lanzang-Dung lo más rápidamente posible para entrevistarse con los tres guardianes de las páginas del libro sagrado. Sin embargo antes de partir pregunta a los dos maestros su opinión acerca de si debe renunciar o no a la máxima sabiduría del Tercer Ojo. Como ocurriera tantos años antes, los maestros son de la opinión de que no es conveniennte tener el Tercer Ojo fuera de las tierras del Tíbet. Kalimán está de acuerdo con ellos, y esa noche se encierra en meditación para borrar de su frente el Tercer Ojo; una cintilla roja en su frente le cubrirá la cicatriz temporalmente. Temprano en la mañana del próximo día él y Solín se despiden de los monjes, los chelas y los médicos del monasterio tibetano de Lanzang-Dung, e inician su camino hacia el sur, hacia el monte Makalu.

Kalimán y Solín se tardan dos días en llegar a la base del monte Makalu cabalgando sobre caballos que compraran en una aldea tibetana. Kalimán percibe por medio de percepción extrasensorial la localización de la choza del monje al que buscan, pero cuando llegan allí descubren que el hombre ha sido asesinado. Su cadáver está aún allí, y después de examinarlo Kalimán deduce que el asesinato ocurrió pocas horas antes. La primera hoja del libro sabio ha desaparecido, y examinando los alrededores de la choza Kalimán descubre huellas de pisadas que fulguran extrañamente en la nieve. Kalimán deduce que los asesinos han de ser los Hijos del Sol, y después de prender fuego a la cabaña del monte Makalu muy preocupado empieza un viaje a marchas forzadas hacia el sitio donde espera encontrar al segundo monje, la costa de la isla de Borneo. Días después Kalimán y Solín llegan a un pequeño puerto fluvial en la frontera del Tíbet con la India y descubren sorprendidos que el maestro Sang-Yu está ahí, con ellos en espíritu; realiza un viaje astral desde el lejano Lanzang-Dung. El maestro sabe lo que ha ocurrido, y no quería dejar de despedirse de Kalimán y Solín cuando ellos abandonan el Tíbet en su camino hacia el sur.

Estela Capac permanece secuestrada por más de 7 días, al cabo de los cuales su secuestrador le informa que es tiempo de llevarla a presencia de su padre. Cuando sale del cuarto en el que ha estado encerrada descubre que se trata de una habitación de hotel en una zona turística del Cuzco, pero su secuestrador la mantiene amenazada con su extraña arma y ella no puede pedir ayuda a ningún transeúnte. Además Estela sabe que cooperar será la única manera de encontrar a su padre, así que accede a subir a un automóvil negro donde encuentra a otros dos seres absolutamente idénticos al primero. Estela Capac es llevada a la base de la montaña donde está Machu-Pichu, y solo al caer la noche se le ordena iniciar el ascenso hacia las ruinas, pues los extraños seres no quieren ser descubiertos por guardias o turistas. Muy cerca de la ciudad inca Estela Capac se detiene agotada, y los seres que la acompañan accionan un extraño dispositivo que proyecta una imagen sobre la oscuridad del abismo: Oscar Capac, quien aparentemente sigue vivo. Los secuestradores no hacen ningún esfuerzo en ocultar su identidad, y Estela Capac, estupefacta, poco a poco se da cuenta de que se las está viendo con seres extraterrestres, los emisarios de los Hijos del Sol. Es informada de que el profesor Capac no será asesinado: por el hecho de haber descubierto sus planes de invasión él ha demostrado ser altamente inteligente, y los extraterrestres han decidido utilizarlo para investigar en su cerebro los cambios que han ocurrido en la raza humana desde su partida muchos siglos atrás. Poco después un platillo volador desciende cerca del sitio donde se encuentran, y un cuarto emisario desciende e informa a los otros tres que le ha arrebatado la primera hoja de un antiguo libro tibetano a un monje del monte Makalu en el lejano Tíbet. Luego los cuatro seres se suben al platillo y desaparecen en la noche dejando a Estela Capac allí, extenuada y a punto de sucumbir por la impresión de lo que ha presenciado.

Estela Capac despierta siete días más tarde en un hospital del Cuzco: fue encontrada sin sentido y extremadamente débil por un grupo de montañistas luego de dos días a la intemperie, después de los que fue llevada a un hospital donde ha estado en cuidados intensivos por cinco días más. El doctor Robelo Mendoza es su médico, y ante sus preguntas Estela responde que fue atacada por un grupo de extraterrestres. El doctor Mendoza la mira preocupado, aunque no la contradice, y Estela se percata de que no le creerá su relato. Mendoza está cada vez más preocupado con el estado físico y mental de la muchacha, hay signos de radioactividad en su piel que pueden ser muy perjudiciales para su salud, y ante el extraño relato que le hizo decide dar parte a la policía. El comandante Eduardo Ramírez acude al sanatorio a petición de Mendoza, pero cuando intenta entrevistarse con Estela descubre que la muchacha ha escapado.

Kalimán y Solín llegan a la isla de Borneo a bordo de un avión que los deja en el aeropuerto internacional de la ciudad de Sabah. Allí contratan a un taxi para que los lleve 200 kilómetros hacia el oriente, a un pequeño poblado costero llamado Shalka, pero el taxista les informa que en esa zona de la isla sólo reina la muerte y la desolación, un huracán golpeó la zona dos días atrás y es muy posible que partes de la carretera que lleva allí hayan sido destruídas. Kalimán insiste en intentar el viaje y le paga al taxista mucho dinero. El trayecto hasta Shalka ocurre sin incidentes, y aunque por doquier hay signos de destrucción la carretera continúa abierta. Kalimán guía al taxista hasta la base de una montaña cubierta de vegetación tropical, y le explica que el hombre al que busca está en alguna parte de esa montaña, el taxista deberá esperarlos a él y a Solín por algunas horas. Con esto los dos amigos emprenden el ascenso a la montaña, pero cuando llegan al sitio exacto donde debería estar el guardián de la segunda hoja del libro sagrado se encuentran en un sitio vacío y pedregoso. De repente Kalimán observa a un hombre alto, calvo y delgado vestido con un traje negro aproximarse a ellos. Inicialmente Kalimán no sabe de quién se trata, pero después de una corta conversación descubre que se trata de un emisario de los Hijos del Sol, quien le muestra a Kalimán el cadáver del monje enterrado entre las piedras y le advierte que se aleje de la investigación, los Hijos del Sol están predestinados a dominar la raza humana. Kalimán, furioso por el asesinato y por la amenaza, se lanza contra el extraño ser, pero un campo de fuerza protege al misterioso personaje y Kalimán es repelido y lanzado varios metros hacia atrás. Luego, el emisario se convierte en un haz de luz y desaparece entre la vegetación. Después de desenterrar y cremar el cuerpo del monje Solín descubre huellas fluorescentes similares a las que vieran en el monte Makalu. Luego descienden la montaña hasta el sitio donde los espera el taxista, y allí descubren a los aldeanos de Shalka mirando aterrados a un platillo volador que se aleja hacia oriente, hacia mar abierto. Kalimán deduce que su destino es Suramérica, y muy preocupado aborda el taxi que lo llevará de nuevo a Sabah.

Mientras tanto, en una cueva de los Andes peruanos Oscar Capac recupera el sentido luego de haber permanecido sin sentido por varias semanas. Como lo suponía Estela fue secuestrado en el aeropuerto de Lima durante su viaje de Colombia a Bolivia y fue llevado inmediatamente a ese escondite de los emisarios de los Hijos del Sol. Una vez se da cuenta de su situación, Capac descubre que está siendo vigilado por los extraños seres de tez pálida y cráneo rasurado que lo secuestraron, quienes no hacen ningún intento por esconder su condición de extraterrestres y comentan acerca de un encuentro con un extraño hombre que los persigue, Kalimán, en la costa de la isla de Borneo. Mientras Capac escucha la conversación, los emisarios de los Hijos del Sol deciden que Kalimán deberá ser eliminado, pues sabe demasiado acerca de ellos.

Kalimán y Solín abordan en Malasia un avión que los llevará hasta el Perú en un largo vuelo que hará escala en Pago-Pago, en las islas Samoa. Allí un hombre extraño, vestido de negro y exactamente idéntico al que se enfrentó con Kalimán en Borneo sube al avión y es descubierto inmediatamente por Kalimán y Solín, quienes deciden vigilarlo muy estrechamente. Varias horas más tarde, mientras vuelan sobre el Pacífico, el hombre de negro se para de su asiento y se dirige hacia el baño, pero permanece allí por más de veinte minutos. Kalimán y Solín sospechan que algo anda mal y deciden intervenir, y Kalimán fuerza la cerradura de la puerta del baño. Para su sorpresa descubre que el extraño hombre ha desaparecido, pero su fino oído escucha el sonido de un reloj que resulta ser una bomba que estallará en pocos momentos y que Kalimán logra desactivar justo a tiempo. El emisario, descorporizado y convertido en un haz de luz, abandona el avión en pleno vuelo, regresa a su refugio en los Andes e informa a sus compañeros que su plan fracasó debido a la astucia de Kalimán. Esto interesa vivamente a sus compañeros, quienes poco a poco descubren que se las están viendo con un ser excepcional. Deciden no asesinarlo sino capturarlo como hicieron con Capac y someterlo a sus experimentos. Oscar Capac escucha de nuevo la conversación, pero se siente impotente para hacer algo al respecto. Cuando los emisarios parten hacia Lima a esperar la llegada del avión de Kalimán, Capac descubre un leve fulgor en una de las paredes de la cueva, y pensando que quizá podrá escapar se da a la tarea de agrandar un agujero por el que entra un haz de luz.

El avión de Kalimán y Solín aterriza sin incidentes en Lima, y en el aeropuerto Solín descubre asombrado que dos de los extraños seres los vigilan. En la sala de equipajes Kalimán intenta atacarlos, pero cuando lo intenta descubre que se han convertido en haces de luz y han desaparecido. Esa misma tarde Kalimán alquila una avioneta para viajar al Cuzco y desde ahí a Machu-Pichu, pero en el trayecto se ve envuelto en una súbita ventisca que amenaza estrellar su avioneta contra los picos andinos. De pronto se escucha la voz de uno de los emisarios de los Hijos del Sol que parece surgir del vacío y que le informa a Kalimán que está siendo vigilado; esta es su última oportunidad para desistir de su investigación y regresar a Lima, si no será asesinado. Kalimán decide ignorar la amenaza, y tan súbitamente como apareció la ventisca se desvanece y Kalimán y Solín llegan a su objetivo, el aeropuerto del Cuzco.

Cuando los emisarios regresan a su guarida en los Andes descubren el orificio que Capac ha estado intentando agrandar. Con una mueca de desprecio uno de ellos apunta su arma contra la pared en la que Oscar Capac ha estado trabajando y hace un hueco de tamaño suficiente como para que Capac se asome al exterior. El profesor descubre entonces que la pared que intentaba horadar está cortada a filo y solo conduce a un abismo por el que le será imposible escapar; lo único que ha logrado es que ahora aunque la cueva está más iluminada está conectada directamente con el exterior, así que entra un viento helado que le cala todos los huesos al prisionero.

Estela Capac, delirante y en un estado de extrema debilidad se dirige de vuelta hacia Machu-Pichu, donde espera encontrar a su padre. Los habitantes del Cuzco, extrañados por la actitud de la mujer y preocupados por su estado de salud ponen al doctor Mendoza sobre su pista, y éste termina encontrando a Estela entre un grupo de turistas en Machu-Pichu. Aunque la mujer grita desesperada como si la estuvieran secuestrando el doctor vuelve a llevarla al hospital. El incidente causa un gran revuelo entre los habitantes del poblado, y cuando Kalimán y Solín aterrizan en el Cuzco pronto se enteran de que una mujer que está internada en el hospital de la ciudad asegura haber sido secuestrada por extraterrestres. Esto interesa vivamente a Kalimán, quien decide dirigirse al hospital y entrevistarse con ella. A su llegada al hospital habla primero con el doctor Mendoza, a quien convence de que lo deje visitar la paciente. Durante su conversación con él, Kalimán se entera de los pormenores de las circunstancias por las que Estela Capac está allí. La paciente en ese momento está sedada y no puede hablar con Kalimán, pero aún así éste descubre huellas de radiación nuclear en sus brazos. Intrigado, Kalimán pospone su viaje a Machu-Pichu para entrevistarse con Estela al otro día. Mendoza a su vez decide informar al inspector Ramírez de la visita de Kalimán, y el policía, enterado del robo del pectoral inca del Museo de Oro de Bogotá empieza a sospechar que Kalimán pudiera ser un criminal.

Esa noche dos emisarios de los Hijos del Sol convertidos en haces de luz se introducen en las habitaciones de Estela Capac en el hospital y la amenazan para que no vuelva a mencionarlos. Considerando demasiado peligroso que ella llegue a hablar le colocan un bloqueo mental con el que la mujer queda imposibilitada de revelar cualquier cosa referente a ellos. Luego regresan a su cueva en los Andes y se llevan al profesor Capac a bordo de uno de sus platillos voladores a un destino desconocido.

Al otro día Kalimán y Solín descubren que todas las entradas al hospital están vigiladas por policías armados. Kalimán no tiene ningún interés en hablar con la policía y así decide introducirse al hospital subrepticiamente, para lo que aparta a uno de los policías de su puesto haciendo uso de un truco de ventriloquía. Una vez en el hospital entra a las habitaciones de Estela Capac, a quien encuentra despierta aunque de ningún modo dispuesta a hablar con él. Eventualmente Kalimán se percata de que la mujer tiene un bloqueo mental que le impide hablar acerca de los Hijos del Sol, y por medio de la hipnosis se lo quita. Hipnotizada, ella le relata entonces a Kalimán todo lo que sabe acerca de los Hijos del Sol, sus investigaciones con su padre acerca de ellos, el secuestro del profesor Capac y todo lo que le sucedió en sus días de cautiverio en poder de los extraños seres. Cuando ha terminado Kalimán le devuelve a Estela su propia voluntad, y ella sin saber que ya ha hablado continúa negándose a ayudar a Kalimán, quien finalmente abandona la habitación no sin antes decirle a Estela que tiene pensado dirigirse a Machu Pichu. Kalimán y Solín se dirigen entonces a las oficinas del doctor Mendoza, donde se encuentran con él y con el inspector Ramírez. Kalimán responde todas las preguntas de Ramírez con la verdad, y entre otras cosas reconoce que acaba de entrevistarse con Estela Capac a pesar de los esfuerzos de los otros dos hombres por impedirlo. Ramírez sospecha cada vez más que Kalimán está involucrado en el robo del pectoral inca en Bogotá pero sin tener pruebas no puede capturarlo. Eventualmente Kalimán y Solín, cansados del interrogatorio, se despiden de Mendoza y Ramírez informándoles que tienen pensado dirigirse a Machu-Pichu.

Para llegar allí Kalimán y Solín alquilan un par de caballos. En el camino el caballo de Solín se asusta al ver un haz de luz azulada que cruza el cielo hacia la antigua ciudad inca y tumba al niño, quien cae a tierra sin hacerse daño. A excepción de esto no tienen más contratiempos y llegan a su destino, el sitio donde Kalimán espera encontrar a la persona que tiene la tercera página del libro sabio del Tíbet. Por medio de cálculos matemáticos de gran precisión para localizar la tercera punta de la 'estrella de oriente' Kalimán descubre una tumba secreta en las ruinas de Machu-Pichu, y en ella un sarcófago que contiene no solo la momia de un sacerdote inca, sino en sus manos también la tercera página del libro sagrado. Pero los emisarios de los Hijos del Sol los han estado vigilando, y en ese momento se presentan ante Kalimán y Solín, quienes apenas pueden salir de la tumba y correr por la ciudad hasta que tienen que detenerse al borde de un abismo. Los emisarios sacan de entre sus ropas una pequeña esfera metálica y con ella producen una potente descarga magnética en el preciso instante en el que Kalimán, llevando a Solín en brazos se lanza hacia atrás hacia el abismo. Los dos amigos caen muchos metros más abajo, y el cuerpo de Kalimán protege al de Solín, quien está temporalmente enceguecido como consecuencia de la descarga magnética. Además Kalimán descubre que la frágil tercera página del libro sabio que tenía en sus manos ha sido convertida en cenizas por efectos de la descarga; nunca podrá leerla. Los emisarios de los Hijos del Sol no están convencidos de que Kalimán y Solín hayan sido muertos, y convertidos en haces de luz descienden por el acantilado buscando a sus víctimas. Inicialmente Kalimán intenta esconderse, pero pronto descubre que sus enemigos captan las emanaciones de sus cuerpos vivos y están usando ésto para localizarlos. En consecuencia decide aplicarle a Solín una llave de judo que lo dejará prácticamente muerto, y él mismo efectúa un experimento de actus mortis. Los emisarios terminan descubriéndolos, pero creyéndolos muertos proceden a enterrarlos bajo toneladas de escombros que hacen caer del acantilado utilizando sus extrañas armas; luego se alejan convertidos de nuevo en haces de luz. Kalimán suspende su experimento y despierta a Solín, y luego con gran dificultad logra abrirse camino entre los escombros y subir por el acantilado hasta Machu-Pichu.

La única opción que Kalimán tiene entonces es regresar al Cuzco y volver a hablar con Estela Capac, quizás ella tenga alguna información más que pueda servir a sus propósitos. Estela, en su habitación de hospital también ha cambiado de opinión con respecto a Kalimán: se da cuenta ahora de que él es la única persona en la que puede confiar, y quizás él le ayude a encontrar a su padre. Kalimán regresa al Cuzco y rescata a Estela del hospital, regresando luego a Machu-Pichu para buscar al profesor Capac. Allí Kalimán constata sorprendido que el maestro tibetano Sang-Yu realiza un viaje astral desde el lejano Tíbet para comunicarse con él, darle consejo y entregarle una información importante: durante sus viajes astrales, Sang-Yu ha visto en numerosas ocasiones entrar y salir haces de luz del lago Titicaca en la frontera entre Perú y Bolivia, y sugiere que quizá valga la pena buscar a los Hijos del Sol allí. Estela le revela entonces a Kalimán que Oscar Capac había estado investigando una serie de muertes masivas de animales acuáticos en el lago Titicaca, investigar eso fue el motivo que lo llevó a viajar de Colombia a Bolivia al principio de la aventura. Kalimán, convencido de que debe continuar su investigación en el Titicaca decide dirigirse hacia allá.

No alcanza a llevar a cabo sus propósitos. Los emisarios de los Hijos del Sol, convencidos de que Estela Capac entorpecerá sus planes deciden quitarla de enmedio, y después de borrar la inscripción tallada en el pectoral inca robado en Bogotá colocan el objeto entre las pertenencias de la mujer en el hospital del Cuzco. Cuando Ramírez se entera de esto, emite una orden de arresto contra Kalimán, Solín y Estela Capac, y los tres terminan siendo capturados por la policía en Machu-Pichu. Los tres prisioneros son llevados a la comandancia de la policía en Cuzco y encerrados en celdas de alta seguridad que Kalimán pronto descubre son inexpugnables. Sin embargo no está dispuesto a permanecer ahí por mucho tiempo, y para escapar decide clavarse un dardo somnífero en la mano: con eso permanecerá en un estado similar a la muerte por seis horas y será llevado a la morgue, de donde le será más fácil escapar. Lleva a cabo sus planes, pero el comandante Ramírez, extrañado por la muerte súbita de su prisionero llama al doctor Mendoza y le pide hacerle la autopsia al cadáver para descubrir la causa de su muerte. Solín y Estela escuchan horrorizados la orden de Ramírez, y Estela decide cortarse las venas de ambas muñecas simulando un intento de suicidio, con esto espera desviar la atención del doctor Mendoza temporalmente y darle tiempo a Kalimán para que se recupere. El plan da resultado, y mientras Estela es atendida por Mendoza, Kalimán recupera el sentido en la morgue, desde donde le es fácil atacar a los guardias de la prisión y liberar a Solín. Cuando Ramírez y Mendoza se enteran de la "resurrección" de Kalimán se lanzan en su búsqueda mientras Kalimán entra a la habitación de Estela, quien yace inconciente, sedada para que no intente hacerse daño de nuevo. Llevándola en brazos y usando trozos de sábanas de su cama Kalimán y Solín se descuelgan por la ventana de la habitación hasta el suelo y luego corren por callejuelas oscuras del Cuzco hacia los límites de la ciudad. Se dirigen hacia el sureste, hacia la ciudad de Puno, puerto peruano sobre el lago Titicaca.

Eventualmente Estela recupera el sentido y se sorprende al encontrarse al aire libre y en medio de las montañas. Cuando ya se siente a salvo de sus perseguidores Kalimán cumple su promesa de curar a Estela no solo de las heridas en sus muñecas sino también de las quemaduras que le hicieron los emisarios de los Hijos del Sol. Para esto hipnotiza a la muchacha y le ordena a los tejidos de su cuerpo sanar. Estela, muy impresionada con las hazañas de Kalimán empieza a enamorarse de él. Días después, Kalimán, Solín y Estela llegan a Puno, donde Kalimán compra tres boletos de avión para viajar a La Paz, Bolivia. Un oficial del servicio de inmigración peruano se da cuenta de la transacción e informa al comandante Ramírez, quien no duda en volar hasta allí desde el Cuzco para preparar una nutrida escuadra policial que estará esperándolos cuando los fugitivos intenten abordar su avión. Sin embargo Kalimán nunca ha tenido intenciones de continuar su viaje en avión, la compra de los billetes fue una estratagema para burlar a sus perseguidores, y mientras la fuerza policial de Puno se concentra en el aeropuerto, él y sus amigos obtienen pasaje en un barco de pescadores que se dirige a la parte boliviana del lago.

Mientras tanto, en el extremo sureste del lago Titicaca, cerca a la población de Cocoimá, un pescador y su hija miran asombrados cómo una extraña luz azulada semejante a un cometa aparentemente se precipita hacia las profundidades del lago. No es la primera vez que esto ocurre, y el viejo pescador decide ir a investigar dejando a su hija María esperando en la orilla. El pescador se interna hacia el sitio donde vio desaparecer la luz, y de pronto descubre horrorizado que un gigantesco platillo volador emerge de las profundidades del Titicaca. El intenso oleaje que esto produce destruye la frágil embarcación lacustre del pescador, quien pierde la razón y queda muy mal herido, agarrándose con sus últimas fuerzas a los restos de su barco.

Durante el trayecto de Perú a Bolivia a través del lago Titicaca, Kalimán y Estela Capac inician un tórrido romance. Esa noche Kalimán descubre un haz de luz azulosa en el cielo, y sorprendido descubre que el capitán del barco pesquero que los transporta ya ha visto este tipo de luces con alguna frecuencia: según él se trata de emisarios del dios sol. Kalimán, interesado, empieza a sonsacarle más información, y el capitán revela que desde un año atrás ese tipo de luces azuladas han estado entrando y saliendo del lago. Dice además que pocas semanas antes rescató a un grupo de pescadores que se atrevió a dirigirse a Cocoimá, en la zona prohibida del sureste del lago. Antes de morir en sus manos horriblemente quemados, los pescadores dijeron que el haz de luz se convirtió en un disco metálico al contacto con el agua, y que de él emergieron tres figuras humanas con cráneos rasurados y vestidos con trajes negros que les dispararon con rayos que los quemaron horriblemente y destruyeron su embarcación. Días después el capitán los rescató moribundos de las aguas del lago, donde habían logrado sobrevivir aferrados a restos de su embarcación, pero después de contarle su historia murieron en medio de horribles dolores.

Algunas horas después Kalimán y sus amigos llegan a Cancaicú, en tierras bolivianas, pero solo pueden ingresar al país hipnotizando al guardia fronterizo que pretende revisar su documentación. Luego, Kalimán busca entre los habitantes de la población a alguien que esté dispuesto a llevarlos más al sur, hacia Cocoimá, pero inicialmente sus esfuerzos son infructuosos. Eventualmente descubre en el bar de una posada a un individuo malencarado que tiene una embarcación propia y lo contrata para que los lleve a Cocoimá. El precio que tiene que pagar es altísimo, la daga incrustada de piedras preciosas que siempre lleva consigo. Sin embargo al pagar ese precio Kalimán sólo consigue despertar la codicia del marino, quien resulta ser un malhechor: Kalimán es evidentemente inmensamente rico, y si el marino lo ataca durante el viaje podrá apoderarse de todas sus riquezas sin tener que aproximarse a la zona peligrosa del lago. Durante el viaje el marino intenta atacar a traición a Kalimán y tirarlo por la borda, pero Kalimán se percata a tiempo y logra evadir el ataque. El barco entra entonces primero en un banco de niebla y luego en una zona cargada de energía magnética donde una serie de descargas eléctricas se abaten sobre él averiando las velas, el mástil principal y el timón, con lo que queda sin dirección y flotando a la deriva. El capitán conoce las corrientes de la zona y afirma que serán llevados hacia el centro del lago. Kalimán propone utilizar el bote salvavidas para escapar cuando la niebla se levante, pero el capitán decide huir solo y en un descuido de Kalimán se aleja en el bote salvavidas llevándose todos los víveres y dejando a Kalimán, Solín y Estela Capac abandonados a su suerte.

Al amanecer el banco de niebla termina por levantarse y Kalimán descubre sorprendido que el bote salvavidas en el que el capitán escapó sólo se ha alejado una centena de metros de ellos. La corriente lo acerca al barco, y Solín descubre horrorizado que el capitán está muerto, su cuerpo ennegrecido aferrado a los remos: aparentemente fue alcanzado por los rayos de los emisarios de los Hijos del Sol, quienes por alguna razón no se percataron de la presencia del barco principal cerca de ellos. Ensimismados en estas reflexiones Kalimán y sus amigos no se dan cuenta de que su barco es arrastrado por la corriente contra una serie de rocas sumergidas. Cuando se percatan de lo que sucede es demasiado tarde, y la embarcación se hace añicos al golpearse contra las rocas. Kalimán, Solín y Estela se hunden en las frías aguas del lago, pero pronto Kalimán logra rescatar a sus dos amigos y llevando a Solín aferrado a su espalda y a Estela en una mano empieza a nadar hacia la orilla. Varias horas después, exhaustos y tiritando los tres amigos llegas a las orillas del lago, desde donde continúan caminando hacia Cocoimá.

Llegan a una población que parece extrañamente subyugada: los habitantes están ahí, pero todos se mantienen en sus casas y se rehusan a salir. De pronto una bala pasa silbando junto a la cabeza de Kalimán. Solín y Estela corren a esconderse mientras Kalimán intenta acercarse al agresor quien vuelve a disparar sobre él. Kalimán finge haber sido alcanzado, y cuando el agresor se acerca a darle el tiro de gracia Kalimán logra capturarlo. Resulta ser una chiquilla, María, la hija del viejo pescador que días antes fue atacado por los seres extraterrestres. Kalimán se entrevista con ella y descubre que los confunde con los extraterrestres. Después de haber clarificado el malentendido, María, apenada, les ofrece alojamiento a los tres exhaustos caminantes. En su humilde casa Kalimán pronto descubre a otra persona, el viejo pescador, quien aunque sobrevivió el ataque de los seres extraterrestres ahora está paralítico y enloquecido por el terror. Esa noche Kalimán decide intentar curar al viejo pescador, y por medio de la hipnosis le ayuda a calmarse y a reparar su parálisis, que resulta ser un problema psicosomático. El viejo pescador, mucho más recuperado pero aún furioso por lo que los seres extraterrestres le han hecho accede a llevar a Kalimán al sitio donde vio el haz de luz desaparecer bajo las aguas del lago. Inicialmente quieren dejar a Estela y a Solín acompañando a María en Cocoimá, pero ellos dos insisten tanto en acompañar a Kalimán a su aventura que éste no puede sino acceder a llevarlos consigo.

Algún tiempo después de zarpar, la niebla vuelve a levantarse alrededor de la embarcación, a pesar de que más temprano esa mañana hacía viento y la mañana era absolutamente límpida. Cuando el pescador llega al sitio donde fue atacado, Kalimán descubre miles de peces muertos flotando sobre la superficie del lago y toma esto como una señal de que han llegado al sitio indicado. Procede entonces a lanzarse al agua, y se sumerge a más de treinta metros de profundidad. Eventualmente descubre un punto de luz que parece emanar de los más hondo del lago, y cuando se dirige hacia allí descubre una gigantesca construcción esférica, el escondite de los Hijos del Sol en la Tierra. Para entonces han pasado más de ocho minutos desde que se sumergió y tiene que regresar a la superficie para respirar, a donde llega casi diez minutos después de haberse sumergido. El viejo pescador estaba a punto de levar anclas y regresar a Cocoimá, pero consigue rescatar a Kalimán y como Estela y Solín se asombra muchísimo al escuchar su relato.

No tienen tiempo de regresar a tierra y preparar su ataque: los mecanismos defensivos de los emisarios de los Hijos del Sol los descubren, y una extraña bola de fuego se acerca a ellos a alta velocidad. Kalimán les ordena a todos esconderse, pero el pescador, lleno de furia y miedo dispara su viejo revólver contra la bola de luz. Ésta responde con un rayo magnético que fulmina al pescador ante la mirada atónita de Kalimán, Solín y Estela. Luego, con otro rayo la extraña luz desintegra el bote pesquero y Kalimán y sus amigos caen al agua. Kalimán insiste en esconderse, primero entre los escombros de la embarcación y luego sumergiéndose y sumergiendo a sus amigos por largos minutos. La bola de luz nunca descubre que habían más personas que el viejo pescador en la embarcación y termina alejándose. Kalimán, Solín y Estela no tienen otra alternativa que intentar llegar a nado a la orilla del lago, y una vez allí, volver a pie al poblado de Cocoimá donde María los recibe y se entristece mucho ante la noticia de la muerte de su padre.

Mientras tanto, en el refugio subacuático de los Hijos del Sol dos de los emisarios se dedican a investigar la fisiología humana en una serie de prisioneros: hombres, mujeres y niños que mantienen atados a planchas de metal y que han sometido a horribles experimentos y operaciones. Entre ellos está Oscar Capac, quien se entera de que los Hijos del Sol consideran a los humanos indignos de dominar la Tierra porque según ellos no aprovecharon las enseñanzas que ellos les dieron siglos atrás; en consecuencia quieren acabar con la raza humana para permitir que algún animal tome su lugar. Después de escuchar estas declaraciones, Oscar Capac es anestesiado y llevado a una sala de operaciones donde se le abrirá el cráneo para investigar directamente su cerebro.

Kalimán decide hacer un viaje astral al refugio de los Hijos del Sol y le entrega una campanilla que ha traído desde el Tíbet a Solín: si el niño nota que las manos de Kalimán se crispan deberá hacerla sonar y Kalimán utilizará su sonido para guiarse durante el retorno a su cuerpo. La forma astral de Kalimán llega sin dificultad al refugio de los Hijos del Sol, y allí descubre un lugar lleno de aparatos, computadoras y máquinas de función desconocida. Horrorizado descubre también las decenas de hombres, mujeres y niños que yacen en planchas de operación con cicatrices obvias de operaciones recientes, y en otro laboratorio también a Oscar Capac, quien inmobilizado en un armazón metálico se ha dado cuenta que tiene la masa encefálica al descubierto. Sin embargo no ha perdido el sentido y Kalimán decide hablar con él produciendo sonido con mucho esfuerzo mental. Kalimán se da a conocer a Capac, quien ya ha oído hablar de él a los emisarios, y le informa que Estela está viva, lo que sube los ánimos y la voluntad de lucha del maltrecho profesor. Capac por su parte le dice a Kalimán todo lo que sabe acerca de los planes de sus captores. Sin embargo las máquinas del refugio logran captar la voz de Kalimán, y extrañados los dos emisarios van al laboratorio. Capac no niega la presencia de Kalimán en el recinto, pero ninguna de las máquinas de los extraterrestres logra encontrarlo. Kalimán hace oir entonces su risa, que se expande por todo el recinto ante la sorpresa de los emisarios. Luego continúa investigando el refugio, y justo cuando el tiempo que Kalimán tiene para estar fuera de su cuerpo está a punto de terminarse encuentra unos extraños contenedores semejantes a tanques de combustible. Intrigado por lo que puedan contener entra en ellos, y de pronto se encuentra en un sitio misteriosísimo y completamente ajeno a cualquier cosa que ha experimentado antes, un vacío absoluto que apaga todos sus pensamientos. A pesar de esto capta vida en el interior de los contenedores. Justo antes de perder su orientación y desvanecerse en el éter Kalimán logra crispar sus manos en el lejano villorrio a orillas del lago, y Solín hace sonar inmediatamente la campanilla. Con esto Kalimán logra retornar a su cuerpo y muy debilitado relata a sus amigos lo que vio, aunque a Estela le oculta el estado en el que encontró al profesor Capac.

Esa noche Kalimán habla con María y la insta a que le ayude a convencer al resto de los habitantes de Cocoimá a que abandonen el pueblo: sabe que durante su conversación con el profesor Capac reveló que su cuerpo estaba en el poblado, y como fue escuchado por los seres extraterrestres teme que éstos vayan a tomar represalias. El éxodo del pueblo ocurrre más fácilmente de lo que Kalimán esperaba, y los habitantes se dirigen a escondidas a las montañas, algo que desde hace tiempo planeaban hacer de todas maneras. El ataque de los platillos voladores ocurre al amanecer, y mientras Estela, Kalimán y Solín observan desde una montaña cercana el pueblo es destruído completamente. María y el resto de los habitantes de Cocoimá sobreviven el ataque.

En el refugio subacuático los emisarios de los Hijos del Sol intentan alimentar al maltrecho cuerpo del profesor Capac con energía solar, y sorprendentemente lo logran y él recupera algunas de sus fuerzas. Luego efectúan el experimento para el que han estado preparándolo durante todo el tiempo que ha estado allí: uno de los dos emisarios se convierte en haz de luz y entra en su cuerpo, apoderándose por completo de su voluntad. El otro procede a cerrarle el cráneo con un procedimiento quirúrgico extremadamente avanzado, y poco después Oscar Capac es liberado, ahora conteniendo uno de los emisarios de los Hijos del Sol dentro de sí.

Kalimán, Solín y Estela regresan a las ruinas de Cocoimá, donde Kalimán se da a la tarea de observar los astros y hacer cálculos matemáticos que le revelan que la invasión de los Hijos del Sol tendrá lugar en cinco días. Tiene muy pocas opciones para atacar, pero aún así decide construir una canoa de totora como las de los habitantes indígenas del Titicaca para acercarse al refugio del enemigo. No ha encontrado ninguna manera de entrar allí, así que decide hacerse capturar, una estrategia altamente peligrosa porque los Hijos del Sol podrían fácilmente decidir matarlo en vez de capturarlo, y si eso ocurre él no tendría ninguna manera de defenderse. A Solín y a Estela les ordena dirigirse a La Paz, no quiere exponerlos a un peligro tan grande, pero ninguno de los dos quiere hacerle caso, ambos quieren acompañarlo en la peligrosa misión. Un argumento de Estela termina por convencer a Kalimán: ir a La Paz no es ponerse a salvo, la invasión es inminente y están en peligro de muerte tanto si van allá como si se quedan, y la única diferencia es que morirían separados en vez de juntos. Kalimán concede que sus amigos tienen todo el derecho de luchar por sus vidas y accede a que lo acompañen, y los tres se dirigen en el bote de totora al sitio donde está el refugio subacuático.

El segundo emisario de los hijos del sol se pasea por entre los cuerpos de los otros prisioneros humanos buscando uno en el que pueda introducirse, pero todos ellos están tan sumamente debilitados que no hay mucho de donde escoger. Justamente cuando decide hacerse con más prisioneros en el exterior una alarma del refugio revela la presencia de Kalimán y sus amigos en la superficie del lago. Los dos emisarios deciden atraparlos, y con sus máquinas provocan un intenso remolino que se traga la embarcación de Kalimán y a todos sus ocupantes, que pronto pierden el sentido. Cuando despiertan, Kalimán, Solín y Estela se encuentran en un recinto de paredes metálicas sin ninguna salida aparente. Los emisarios necesitan saber si sus nuevos prisioneros, especialmente Kalimán, serán susceptibles a las manipulaciones que quieren hacer de sus mentes, y así por medio de un extraño rayo estimulan el centro en los cerebros de los tres prisioneros que gobierna la sensación de hambre. La manipulación tiene efectos inmediatos en Estela y Solín, quienes experimentando un hambre intensa empiezan a comportarse como animales. Kalimán, sin embargo, se mantiene sereno. Los emisarios introducen un pedazo de carne cruda en el recinto, y Estela y Solín se lanzan sobre él atacándose mutuamente. Ante este espectáculo lamentable Kalimán decide hacer uso de sus últimos dardos somníferos, que dispara contra sus amigos. Cuando Estela y Solín pierden el sentido, los emisarios deciden examinarlos más de cerca y se introducen en el recinto en el que está Kalimán, quien inmediatamente decide atacarlos. Su intento es futil, y uno de los emisarios lo hace perder el sentido por medio de uno de los rayos magnéticos, aunque tiene buen cuidado de no matarlo.

Kalimán despierta 48 horas después sobre una mesa de operación amarrado de pies y manos por grilletes metálicos. Uno de los emisarios se dispone a apoderarse de su cuerpo, y mientras él hace sus preparaciones, Kalimán hábilmente le sonsaca toda la información que puede. La invasión se llevará a cabo en poco menos de dos días. La mayoría de los seres humanos serán exterminados, pero algunos se convertirán en receptáculos de millones de hijos del sol que invadirán sus cuerpos. Muchos otros humanos serán "optimizados" por medio de experimentos biológicos para convertirlos en animales de trabajo que se encargarán de hacer las labores manuales que los hijos del sol no quieren hacer, y para eso se los modificará de diferentes maneras: aletas y branquias para humanos que vayan a trabajar en el mar, pieles gruesas para los que trabajen en climas fríos, cuatro brazos para algunos, etc. Eventualmente el emisario termina con sus preparaciones, y mientras Kalimán es inmovilizado por un rayo magnético que paraliza las órdenes motoras de su cerebro se introduce en el cuerpo de éste. Después de una breve lucha Kalimán queda bajo el dominio del emisario e inmediatamente es desatado de la mesa de operación por su compañero. Estela y Solín para entonces han recuperado el sentido, pero llevan muchas horas sumergidos en unos tanques especiales llenos de una sustancia aceitosa que ambos sienten les está cambiando sus cuerpos, la idea de los emisarios es cambiarles sus extremidades por aletas para que puedan trabajar en el mar. Cuando Kalimán y Oscar Capac se aproximan a los prisioneros y revelan que sus acciones están gobernadas por extraterrestres que viven en ellos Estela y Solín se percatan de que Kalimán ha sido vencido. Nada ya parece que pueda detener los planes de los Hijos del Sol.

Kalimán pasa los dos días siguientes aparentemente dominado por el emisario que habita en él y preparando los pormenores de la invasión que se avecina. Descubre que los Hijos del Sol no llegarán del espacio exterior, sino que están concentrados en forma de energía en el extraño tanque que Kalimán descubriera días antes, un receptáculo llamado termovital que en pocas horas será abierto por una señal eléctrica, después de lo que millones de hijos del sol emergerán y se apoderarán del mismo número de cuerpos humanos. Pocos minutos antes del inicio de la invasión, Kalimán se rebela dentro de su cuerpo, y para sorpresa de ambos emisarios expulsa fácilmente de su cuerpo al extraterrestre que lo tenía dominado: el dominio que él ejercía sobre Kalimán resulta haber sido una treta que Kalimán utilizó para enterarse de los planes de los extraños seres. Primero ataca al cuerpo de Oscar Capac, dejándolo atontado de un puñetazo, y luego conecta una fuente de energía eléctrica al tanque termovital que mata todos los Hijos del Sol que contiene. El emisario que habita en el cuerpo del profesor, fuera de sí de furia, abandona el cuerpo de su prisionero, y junto a su compañero se convierte en un haz de luz que se lanza contra Kalimán para matarlo. Sin embargo para entonces Kalimán se ha enterado de muchos secretos acerca de la física que gobierna los extraños seres y logra defenderse por medio de una célula fotoeléctrica: cuando los emisarios intentan atacar a Kalimán terminan destruyéndose a sí mismos. Kalimán y el profesor, ahora libres de la influencia de los emisarios rescatan a Estela y Solín; deben escapar del refugio lo más rápidamente posible, porque la descarga eléctrica que destruyó el termovital ha generado una reacción en cadena que destruirá el refugio en pocos minutos. Durante el tiempo que Kalimán compartió su mente con el hijo del sol aprendió también cómo volar en platillos voladores, así que para escapar guía a Solín, Estela y al profesor a donde se guarda un platillo volador, mismo que usan para escapar del refugio. Sobreviene una tremenda explosión que destruye la guarida de los Hijos del Sol en la Tierra, y el platillo volador en el que viajan Kalimán y sus amigos recibe la onda de choque que se produce y queda seriamente averiado, aunque logra llegar a la superficie del lago. Kalimán y sus amigos logran salir y llegar a nado hasta la orilla, y mientras el platillo volador se hunde en las aguas del Titicaca, Kalimán reflexiona acerca de lo cerca que estuvo la humanidad de ser destruída por invasores extraterrestres, los Hijos del Sol.

NÚMERO DE EPISODIOSEditar sección

142

CREADORESEditar sección

  • Original de
    • Rafael Navarro Huerta
    • Modesto Vázquez González
  • Libreto
    • Héctor González Dueñas (Víctor Fox)

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