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28 LA SEPTIMA MUERTE.jpg

PERSONAJESEditar

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar

  • Lhasa, Tíbet
  • El Cairo, Egipto
  • Karachi, Pakistán
  • Delhi, India
  • Ramanduk, India
  • un poblado chino no lejos de la frontera tibetana
  • Abú Karam
  • un poblado indio no lejos de la frontera tibetana
  • Isla de los Gatos

Además se menciona Karmandum, una aldea de la tribu kellene en un país de África que no es nombrado. En la vida real no existen sitios llamados Ramanduk, Karmandum, Abú Karam o la Isla de los Gatos.

ARGUMENTOEditar

En un monasterio tibetano un antiguo maestro de Kalimán, el lama Lua-King, descubre que está por cumplirse el séptimo mes del séptimo año de la séptima década desde la última, la séptima reencarnación de Kalimán, y un peligro inmenso lo amenaza, algo que Lua-King llama la séptima muerte. Decide entonces prevenir a su antiguo discípulo del peligro, así que se pone en contacto telepático con él y le dice que para averiguar más detalles acerca de la llamada "séptima muerte" deberá transladarse al Tíbet e indagar la cuestión con él.

Kalimán y Solín se encuentran visitando el museo arqueológico de El Cairo, Egipto, cuando reciben el mensaje, y Kalimán decide iniciar el viaje inmediatamente. Sin embargo a la salida del museo una serie de hechos extraños empiezan a suceder: un auto por poco los atropella a él y a Solín, e instantes después Kalimán tiene que intervenir para salvar a una joven amenazada por una serpiente cobra. Un extraño hombre con la cara oculta por un turbante es testigo de lo que sucede y persigue a Kalimán cuando éste se aleja por las callejuelas de El Cairo, y en un callejón estrecho trepa a una de las casuchas y deja caer una pesada roca sobre Kalimán. Éste sobrevive el ataque, y luego de buscar a su agresor infructuosamente decide regresar a su hotel.

Varias horas más tarde el hombre del turbante, que evidentemente conoce el sitio donde se hospeda Kalimán, se instala en los jardines del hotel y empieza a tocar una canción que él llama la Canción de los Muertos con una flauta construída con los restos de un fémur humano. Desde su habitación Kalimán escucha la extraña melodía y recuerda una ocasión muchos años antes en la que el brujo de una tribu africana estuvo a punto de enloquecerlo tocando esa misma canción. Poco a poco Kalimán pierde el control sobre sí mismo y acude como hipnotizado al llamado de la flauta, mientras que el hombre del turbante deja libre una serpiente cobra que lleva en un cesto. Solín mientras tanto también acude a investigar el origen de la misteriosa melodía, y cuando ve a Kalimán actuando como un zombie lo despierta con un grito. Kalimán logra recuperar el control sobre sí mismo, elude la cobra y se lanza sobre el flautista, quien amenazado pronto revela que su nombre es Zeto y es el criado de una mujer llamada Karla que le ordenó atacarlo. Kalimán destruye la flauta y le ordena a Zeto llevarlo ante la mujer, una orden que el criado obedece sin rechistar.

La misteriosa Karla resulta ser una hermosísima mujer de rasgos mulatos y con la cabeza completamente rasurada. Cuando Kalimán le pregunta acerca de las razones de sus repetidos ataques, Karla responde que aunque lo ha estado siguiendo desde muchos meses atrás necesitaba estar segura de que él en realidad era Kalimán; si esa era su identidad real, su criado nunca hubiera logrado matarlo. Kalimán se enfada muchísimo por el cinismo de la mujer, quien pronto revela ser la hija de un cazador blanco y una aldeana de la tribu kellene en África; siendo niña presenció el ataque con la Canción de los Muertos que Kalimán sobrevivió y quedó tan impresionada con la fortaleza física y espiritual de éste que se decidió a contactarlo cuando lo necesitara. Según ella ese momento ha llegado pues se ha hecho con un plano que que muestra la localización de las Minas del Rey Salomón, un tesoro fabuloso escondido en lo más profundo del África negra que ahora invita a Kalimán a compartir con ella a cambio de que la acompañe y la proteja. Kalimán, muy molesto ante la actitud de Karla y además preocupado por el mensaje del maestro lama se rehusa a acompañar a la mujer en su viaje, y ésta lo deja marchar sin intentar detenerlo. Sin embargo una vez Kalimán se ha marchado Karla le revela a su criado Zeto su intención de hacer todo lo que esté en su poder para convencer a Kalimán de que la acompañe, aún utilizar magia negra africana que dice conocer.

Cuando Kalimán sale de la casa de Karla y se adentra por las callejuelas de El Cairo, se detiene sorprendido al descubrir escondido entre las sombras a un hombre con facciones idénticas a las suyas y vestido con un traje de corte hindú muy parecido al suyo propio, pero negro. Estupefacto, Kalimán intenta seguirlo, pero el hombre de negro se escabulle entre las sombras. Conociendo la urgencia del llamado de Lua-King Kalimán no tiene tiempo de investigar el enigma del hombre de negro y al día siguiente acude al aeropuerto de El Cairo con la intención de volar a Nueva Delhi, en la India, la primera etapa de su viaje al Tíbet. El hombre de negro espera a Kalimán en el aeropuerto, y aunque no se embarca con él, sí averigua su destinación y se promete esperar a Kalimán a su llegada en Nueva Delhi. Kalimán tiene la impresión de verlo, pero no tiene tiempo de perseguirlo. También Karla y su criado Zeto están allí, y ellos sí se embarcan en el mismo avión de Kalimán y Solín.

El vuelo en el que viajan Kalimán, Solín, Karla y Zeto resulta ser víctima de un atentado terrorista: un empleado del aeropuerto de El Cairo esconde una bomba entre los asientos que se activa en pleno vuelo y que Kalimán apenas logra desactivar a tiempo. Después del incidente el avión aterriza sin novedad en una escala programada de pocos minutos en Karachi, Pakistán, pero Karla, dueña de una gigantesca mansión en esa ciudad, decide hacer secuestrar a Solín para obligar a Kalimán a perder su vuelo y quedarse. El plan funciona perfectamente: Solín es secuestrado en el aeropuerto por un agente de Karla, y Kalimán es obligado a acompañarla a ella y a Zeto a su mansión de Karachi, donde Kalimán encuentra a Solín narcotizado en el fondo de un baúl. Para entonces su vuelo a la India ya ha partido, y Kalimán no tiene otra opción que aceptar la hospitalidad de Karla, quien intenta de nuevo convencerlo de que la acompañe al África ofreciéndole de regalo un gigantesco rubí de inmenso valor. Kalimán vuelve a rehusarse, pero pronto se da cuenta de que ha sido narcotizado por la mujer.

Varias horas más tarde recupera el conocimiento, pero para su sorpresa descubre a su lado un cadáver apuñalado y a un grupo de policías que lo acusan de asesinato. Karla está con ellos, y aunque inicialmente le ofrece a Kalimán sacarlo del problema diciendo que se trata de un error, cuando éste se vuelve a rehusar a acompañarla al África ella le dice a los policías que Kalimán y Solín son los asesinos. El inspector de policía de Karachi termina llevándoselos presos a los dos, y los encarcela en una celda de la que Kalimán pronto se escapa hipnotizando a un guardia y haciéndole creer que se ha empequeñecido tanto que puede pasar a través de los barrotes; cuando el guardia abre la celda para investigar, Kalimán y Solín salen sin ser vistos. Para su sorpresa encuentran a Karla y a Zeto esperándolos no lejos de la jefatura de policía, y la mujer les dice que sabía que escaparían de la policía, por eso estaba esperándolos. Karla se ofrece a ayudarlos a salir de la ciudad, Kalimán acepta y se deja conducir por ella a la estación de ferrocarril donde los cuatro abordan un tren con destino a Nueva Delhi, en la India.

En el Tíbet, mientras tanto, Lua-King utiliza sus poderes adivinatorios para averiguar más acerca de los peligros que se ciernen sobre Kalimán, descubriendo que las personas que quieren hacerle daño a su amigo tienen la letra "K" en sus nombres. Inmediatamente se pone en contacto telepático con Kalimán, y este decide separarse de Karla y sentarse en otro vagón del tren. Karla sin embargo envía a Zeto a que los vigile a él y a Solín.

Uno de los viajeros en el tren reconoce a Kalimán, y muy interesado se acerca a él y le solicita una entrevista; dice llamarse Faruk y ser periodista, y asegura que sus lectores estarían muy interesados en saber más acerca del llamado "Hombre Increíble". Kalimán descubre una pequeña estrella azul tatuada en el dorso de la mano del hombre, y rehusándose a efectuar la entrevista decide regresar junto a Karla. En el camino de regreso le explica a Solín lo sucedido: la estrella azul marca a Faruk como un asesino profesional miembro de una conocida organización terrorista turca, y Kalimán teme por la vida de Karla y quiere protegerla. Zeto pronto regresa también al compartimiento de Karla, y así los cuatro continúan el viaje juntos.

En medio de la noche el asesino Faruk se acerca al compartimiento donde viajan Kalimán y sus amigos y llama a la puerta. No es Kalimán, sino Zeto quien abre, y el asesino, sin alcanzar a darse cuenta que ataca a la víctima equivocada, clava un filoso estilete que lleva oculto en su bastón en el pecho del criado. Luego, furioso por su fracaso, se lanza a la fuga seguido de cerca por Kalimán quien lo persigue a lo largo del tren. Termina alcanzándolo, pero luego de una corta lucha Faruk logra escabullírsele y salta por una de las puertas fuera del tren. Kalimán decide no perseguirlo, y Faruk sobrevive el salto y promete que ese ha sido sólo el principio: su organización está decidida a acabar con él.

Cuando Kalimán regresa a su compartimiento descubre que un policía se ha hecho cargo de la investigación del asesinato. Inicialmente colabora con él y le dice todo lo que sabe acerca de Faruk, pero más tarde, en medio de la noche y ya en territorio de la India, decide hipnotizar a Karla y hacerla dormir profundamente y abandonar el tren sin ser visto para no tener que perder el tiempo dando más cuentas a la policía. Cuando Karla despierta y descubre que ha llegado sola a Nueva Delhi se enfurece, pero conociendo el destino final de Kalimán, el Tíbet, decide continuar persiguiéndolo.

Kalimán y Solín llegan días más tarde a Nueva Delhi utilizando medios de transporte diversos, y Kalimán decide visitar una mezquita para encontrar un lugar tranquilo y poderse poner en contacto telepático con el maestro Lua-King. Sin embargo una vez allí siente emanaciones extrañas, muy parecidas a las suyas propias pero con un signo negativo. Intrigado busca entre los fieles, y eventualmente logra descubrir al extraño hombre de negro que ya viera en El Cairo. Luego de una corta persecución, el hombre de negro decide dejarse ver a través de una reja, y le revela a Kalimán que su nombre es Namilak y que es su más poderoso y temible enemigo, porque esencialmente es él mismo, un reflejo con signo negativo de su propio yo. Cada vez más sorprendido Kalimán intenta seguirlo, pero Namilak logra desaparecer sin dejar rastro. Cuando regresa a la mezquita, un pesado candelabro se desprende del techo y Kalimán apenas puede eludirlo. Solín sospecha que Namilak pudiera estar intentando asesinarlos, pero Kalimán responde que lo que sucede es que la muerte está cerca de él amenazándolo constantemente. Cuando Kalimán logra por fin ponerse en contacto telepático con el maestro Lua-King, éste corrobora sus sospechas y le recuerda que cree que sus más acérrimos enemigos llevarán la letra K en sus nombres.

Namilak se ha quedado vigilando fuera de la mezquita, y cuando ve salir a Kalimán y a Solín decide seguirlos y darles una demostración de su poder. En una de las callejas de la ciudad encuentra a un anciano y sin mucho esfuerzo logra hipnotizarlo. El anciano se acerca entonces a Kalimán, y diciendo textualmente lo que Namilak le transmite telepáticamente asegura conocerlo y luego lo invita a su casa, donde le muestra una fotografía de su hijo Saik afirmando que Kalimán lo asesinó. Mientras Kalimán está distraído estudiando la fotografía, Namilak le ordena al anciano abalanzarse contra él armado de un cuchillo e intentar apuñalarlo. Un grito de Solín logra avisar a Kalimán del ataque y el anciano es desarmado sin mayores dificultades. El golpe rompe su estado hipnótico, y cuando reacciona Kalimán se da cuenta de lo sucedido y se lanza en persecución de Namilak, quien logra escapar no sin antes de ser identificado. Una vez librado del dominio hipnótico de Namilak el anciano vuelve a sus cabales, y aunque no comprende exactamente lo que sucedió, le dice a Kalimán que su hijo está perfectamente sano y estudia en la universidad. Kalimán decide no perseguir a Namilak sino encaminarse al Tíbet, pues está convencido de que Namilak lo seguirá donde quiera que vaya así que prefiere esperar su próximo ataque para atraparlo.

Karla mientras tanto ha desplegado a un ejército de espías e informantes en las agencias de viaje, aeropuertos y estaciones de Nueva Delhi intentando encontrar a Kalimán. Uno de esos espías, un hombre llamado Amín, identifica a Kalimán en una agencia de viajes cuando éste intenta comprar boletos de avión hacia el Tíbet. Por ser temporada de lluvias los vuelos al Tíbet resultan estar suspendidos y Kalimán fracasa en su intento, así que decide alquilar un avión particular para realizar el viaje. Siempre seguido por Amín, Kalimán se encamina al aeropuerto, y en una cantina en su interior busca a un antiguo amigo suyo, un hombre rudo y fuerte llamado Hassam que espera acceda a ayudarlo. Hassam resulta estar muy interesado en pruebas de fuerza y recuerda a Kalimán como el único hombre que jamás ha llegado a vencerlo, y cuando descubre a su amigo lo reta para otro encuentro diciendo que ahora está más fuerte de lo que era antes. Kalimán accede y vuelve a derrotar a Hassam, quien se pone a reír y accede ayudar a Kalimán en lo que pueda. Lo que Kalimán busca es comprar una avioneta, y la paga con dos gigantescos rubíes que dejan a Hassam extremadamente contento; según los planes el viaje se realizará al otro día. Escondido entre las sombras Amín ha sido testigo de la transacción e inmediatamente informa a Karla de lo sucedido.

Esa noche Namilak visita la habitación de hotel de Solín mientras Kalimán está dándose un baño, y a pesar de la resistencia del niño logra hipnotizarlo: en el momento en el que Solín escuche en su cerebro una palabra clave, "kanak", perderá el dominio sobre sí mismo y actuará siguiendo las órdenes de Namilak. Antes de que llegue ese momento sin embargo Namilak le ordena a Solín aparentar hallarse en un estado normal, y así cuando Kalimán sale del baño no se da cuenta de que algo malo ha sucedido. Al otro día temprano en la mañana Namilak decide poner a prueba su dominio hipnótico sobre Solín, y durante el viaje en carro que él y Kalimán hacen del hotel al aeropuerto le transmite telepáticamente la palabra clave al niño y le ordena tirar sorpresivamente del volante del carro; antes de que Kalimán pueda reaccionar el vehículo se estrella estrepitosamente contra los enseres de un grupo de vendedores ambulantes. Los daños causados no son graves y Kalimán inmediatamente les paga a los dueños, pero queda muy preocupado por la actitud de Solín, quien para entonces ha olvidado lo sucedido.

El carro solo sufre daños leves, y Kalimán y Solín logran usarlo para llegar al aeropuerto. Hassam tiene para entonces preparada la avioneta, que está siendo inspeccionada por un grupo de mecánicos entre los que se ha mezclado el espía Amín. Hassam le entrega a Kalimán mapas de la India y el Tíbet y le pide tener cuidado, pues seguramente habrá mal tiempo. Poco después Kalimán y Solín remontan el vuelo mientras Hassam y Amín los miran desde tierra.

Pasadas varias horas Solín escucha un ruido en la parte de atrás de la avioneta, y para su sorpresa descubre a Cero, el gato de Karla. Segundos después encuentra también a la mujer, quien con ayuda de Amín se ha escondido entre el equipaje y ahora surge armada de un revólver. Le ordena a Kalimán regresar a Nueva Delhi, pero éste hace dar un giro violento a la avioneta y con eso hace caer a la mujer, desarmándola. Solín se hace con el revólver, y Kalimán le informa a Karla que no piensa regresar sino continuar su viaje al Tíbet. Además la informa de que sus signos astrales son muy negativos en ese momento, la séptima muerte ronda alrededor de él y cualquier persona que esté con él está en peligro de muerte. Poco después sus temores parecen realizarse: una feroz tormenta se cierne sobre ellos y amenaza hacerlos caer.

Mientras tanto en Ramanduk, un poblado cercano a la frontera de la India con el Tíbet, un anciano agorero llamado Kardo profetiza la llegada de días aciagos para el poblado, guerra, sangre y muerte que llegarán a ellos a través de un hombre de blanco que aparecerá entre ellos entre truenos y relámpagos. Kalimán en ese momento lucha contra la tormenta, pero cuando la avioneta está cerca del poblado Kalimán termina perdiendo el control sobre ella y no consigue evitar que se estrelle. Kardo y los habitantes de la aldea son testigos de lo sucedido, e inmediatamente se dirigen al sitio del accidente para buscar sobrevivientes. Milagrosamente Kalimán, Solín y Karla sobreviven el accidente y solo Cero, el gato de la mujer, termina perdiendo la vida. Después de ayudar a sus amigos Kalimán encuentra a los aldeanos y estos le ofrecen comida y alojamiento, pero desde un principio Kalimán se da cuenta del recelo que le tienen y lee en la mente de Kardo planes homicidas. Esa noche los aldeanos intentan asesinar a sus huéspedes mientras duermen, pero terminan atacando figuras de trapo en las camas mientras Kalimán y sus amigos se apoderan de tres caballos y se lanzan a la fuga.

Perseguidos por Kardo y sus hombres Kalimán y sus amigos llegan a las primeras estribaciones de las montañas, donde son descubiertos por un grupo de guerreros mongoles, acérrimos enemigos de los hombres de Kardo. Sin conocer aquellos parajes Kalimán se interna por un cañón que resulta no tener salida y se ve obligado a tornar en redondo y enfrentarse a sus perseguidores. Nunca logra hacerlo, porque los guerreros mongoles vigilando desde las alturas se dan cuenta de que sus enemigos kurdos están también atrapados en el cañón, y aprovechando lo que ven como una magnífica oportunidad les dan muerte causando una avalancha y sepultándolos bajo la tierra. Kalimán y sus amigos son testigos de la matanza pero no pueden intervenir. Cuando se disponen a intentar salir del cañón el jefe mongol, un hombre llamado Gogol, se da a conocer a Kalimán y le ordena trepar hacia ellos usando unas escaleras de lianas que dejan caer desde arriba. Kalimán decide aceptar temiendo ser sepultado también bajo toneladas de piedra, pero cuando llega a lo alto de la montaña se da cuenta de que la razón por la que Gogol les pidió subir hasta ellos es que está interesado en Karla. Kalimán se rehusa a entregarle a la mujer, así que Gogol se lanza sobre él armado con su cimitarra e intentando matarlo. Kalimán se defiende con un pase hipnótico que les hace creer a los mongoles que sus armas se han convertido en serpientes, que Karla es en realidad una cabra y que Kalimán mismo ha escapado del acantilado volando. Mientras los mongoles están distraídos, Karla, Solín y eventualmente el mismo Kalimán empiezan a descender de nuevo usando las escaleras de liana. Karla y Solín logran llegar abajo sin más problemas, pero antes de que Kalimán logre reunirse con ellos Gogol despierta de su trance hipnótico y troza la escalera con su cimitarra. Kalimán se precipita al vacío, pero logra agarrarse a una saliente de la roca y continúa el descenso por la pared del acantilado. Gogol, furioso, le ordena a sus hombres lanzar piedras sobre los fugitivos y matarlos de la misma manera como hizo con los kurdos, pero Kalimán se reúne con sus amigos dando un salto prodigioso, se apodera de los caballos que dejaran ahí antes, y se lanza a la fuga con sus amigos. Logra salir del peligroso cañón, pero Gogol decide perseguirlo y lanza a sus hombres tras Kalimán, quien ha herido su orgullo. Comprendiendo que Gogol solo está interesado en él, Kalimán se separa de sus amigos y atrae a los jinetes de Gogol sobre sí mismo. Recordando una grieta que viera antes sobre el camino dirige su caballo hacia allí y logra cruzarla dando un salto prodigioso sobre su caballo. Gogol, que ya casi lo ha alcanzado, intenta hacer lo mismo, pero tanto él como muchos de sus hombres caen en la grieta y pierden la vida. Kalimán pronto vuelve a encontrarse con Solín y Karla, quienes atraviesan la grieta por un puente natural.

Los tres viajeros continúan su camino hacia el norte, el Tíbet, y esa noche encuentran una caravana. Cansados y hambrientos deciden pedir alojamiento y comida por esa noche, sin saber que coincidencialmente también Namilak está ahí. Cuando Kalimán solicita una entrevista con el jefe de la caravana es separado de Solín y de Karla, y la mujer es objeto de extremada atención por parte de los hombres presentes. El jefe de la caravana resulta ser un hombre rudo llamado Zorba, quien inicialmente le rehusa a Kalimán cualquier ayuda pero luego cambia de opinión cuando es informado de la presencia y de la belleza de Karla. Cuando Kalimán regresa con sus amigos descubre que uno de los miembros de la caravana, un hombre llamado Kebe se está sobrepasando con Karla y la tiene entre sus brazos, amenazándola con un cuchillo. Kalimán le aplica una llave tibetana al brazo de Kebe, con lo que el hombre suelta el cuchillo y cae al suelo retorciéndose por el dolor. Kalimán decide entonces que la lección ha sido suficiente y vuelve a presionar un nervio en el brazo del hombre, que retorna inmediatamente a la normalidad, y luego tanto él como Solín y Karla se retiran a la tienda que les ha sido asignada.

Mientras tanto Zorba se entrevista con Namilak, quien le advierte de la extremada peligrosidad de Kalimán y le ofrece su ayuda para acabar con él. Esa noche mientras todos duermen Namilak despierta telepáticamente a Solín utilizando la palabra mágica, "kanak", y cuando el muchacho cae bajo su dominio hipnótico le ordena ir con él. Solín obedece y Namilak le entrega una caja metálica que el niño coloca junto a Kalimán, quien duerme profundamente. Luego Solín regresa a su lugar y continúa durmiendo sin recordar sus acciones. Namilak utiliza poderes de telekinesis para abrir la tapa de la caja metálica y de su interior sale un venenosísimo escorpión que inmediatamente trepa al brazo de Kalimán. Este se despierta y logra matar al animal con su daga antes de ser atacado, y luego descubre la caja metálica y deduce que alguien ha intentado asesinarlo.

Kalimán decide no perder tiempo en investigaciones, separarse de la caravana y partir inmediatamente, así que sale de la tienda a preparar los caballos. Namilak vigila desde el exterior, y cuando ve salir a Kalimán vuelve a ponerse en contacto telepático con Solín y le ordena ir donde él está para entregarle un polvillo que deberá vertir en una bebida de Kalimán a la primera oportunidad. Karla, extrañada, ha visto la extraña actitud del niño, pero no sabe qué está sucediendo. Cuando Kalimán regresa a la tienda, los hombres de Zorba le ofrecen a los viajeros un té antes de la partida. Kalimán lo inspecciona y decide que no es problema tomarlo, pero en un momento de distracción Solín vierte el polvo que le diera Namilak y Kalimán termina bebiendo la droga, un potente narcótico. Zorba mientras tanto solicita la presencia de los viajeros para exigir el pago por su ayuda, pero muy ante la sorpresa de Kalimán su precio es Karla, a quien quiere convertir en esclava. Kalimán se rehusa a entregársela y es atacado por Zorba, pero para entonces el narcótico empieza a hacer efecto y el malhechor lo derrota fácilmente. Karla y Solín son hechos prisioneros, y Namilak revela su presencia y le dice a Kalimán que aunque lo tiene a su merced ha decidido no matarlo inmediatamente sino hacerle sufrir una lenta agonía. Kalimán es atado a cuatro estacas empotradas en la tierra y es dejado a la intemperie para que muera de sed bajo el calor del sol, mientras la caravana levanta las tiendas y continúa su camino; el plan de Zorba es vender a Solín a la primera oportunidad y quedarse con Karla.

Kalimán pasa el resto del día bajo los efectos del narcótico mientras la caravana se aleja, pero al atardecer del segundo día logra zafarse de las estacas de madera y hacer huir a un grupo de buitres que empezaba a darlo por muerto; luego se lanza en busca de sus amigos andando a marchas forzadas tras las huellas de la caravana. Lejos de ahí Zorba y sus hombres se preparan para pasar la noche, y Zorba, considerando a Namilak un rival que podría arrebatarle el liderazgo sobre la caravana, decide eliminarlo utilizando los servicios de Kebe, su hombre de confianza y además un experto asesino. Namilak sin embargo puede leer en la mente de Zorba sus intenciones asesinas y está prevenido, aunque no preocupado; utiliza su tiempo libre para por ejemplo hacerle saber a Solín que fue él mismo quien hipnotizado traicionó a Kalimán y virtió en su bebida el narcótico que terminó por vencerlo en batalla.

Zorba y sus hombres se pasan el resto de la noche haciendo bailar a Karla y divirtiéndose con ella, mientras Solín funge como esclavo y distribuye comida y bebida. Namilak se retira a dormir temprano, pero es despertado por Kebe, quien le dice que su jefe Zorba ha descubierto un tesoro y quiere hablar de ese asunto con él. Namilak accede a acompañarlo perfectamente consciente de que se dirige a una trampa, y en un lugar bastante alejado del campamento Kebe y cuatro de sus secuaces desenvainan sus espadas y atacan a Namilak. Este solamente sonríe, y haciendo un pase hipnótico les hace creer a los asesinos que se ha convertido en serpiente. Kebe y sus hombres huyen, y Namilak decide regresar al campamento y darle una lección a Zorba.

Poco antes del amanecer Kalimán logra dar alcance a la caravana, y luego de entrevistarse con Solín deja libres los caballos de Zorba, Namilak y sus hombres, aunque no los suyos propios. Luego se dirige a la tienda de Zorba para liberar a Karla, y cuando llega allí golpea ferozmente al malhechor y le rompe los huesos de sus dos muñecas, dejándolo efectivamente lisiado. Antes de partir definitivamente intenta ajustar cuentas también con Namilak, pero no lo encuentra, y sabiendo que Solín pudiera estar en peligro si algún miembro de la caravana lo encuentra decide reunirse con él y posponer su encuentro con Namilak para otra ocasión. Cuando Kalimán, Solín y Karla parten a todo galope hacia el norte, Zorba y sus hombres descubren que no tienen caballos con que perseguirlos ni con que continuar su propio viaje. Desde lo alto de una montaña también Namilak los ve partir y decide perseguirlos en vez de tomar venganza de Zorba. Sin embargo tampoco él dispone de un caballo, y debe continuar a pie.

Kalimán, Solín y Karla cruzan poco después la frontera de la India con el Tíbet, y ante la amenaza de una avalancha terminan refugiándose en una cueva cuya entrada queda poco después taponada por toneladas de rocas y nieve. Kalimán sin embargo percibe una corriente de aire e insta a sus amigos a internarse más en la cueva en busca de otra salida ignorando que el lugar está habitado por decenas de hombrecillos de cabellos hirsutos cuyo único interés es hacerse con comida. Consideran a los tres viajeros y a sus caballos como exactamente eso, comida, y a la primera oportunidad se lanzan contra ellos intentando devorarlos. Kalimán logra defenderse y defender a sus amigos, pero sus caballos son destazados por los pequeños hombrecillos. Eventualmente Kalimán descubre una salida por el techo de la cueva y logra llevar a sus amigos hasta ahí, cerrando la entrada con una pesada roca para evitar ser perseguido. Luego, los tres viajeros continúan su viaje a pie.

Tras una larga caminata, Kalimán, Solín y Karla avistan la casa de un pastor tibetano, y Kalimán decide pedirle alojamiento esa noche. El pastor accede, pero al otro día mucha es la sorpresa de Karla al descubrir que Kalimán y Solín la han dejado abandonada y han continuado su viaje solos. El pastor le entrega a Karla una nota que le ha dejado Kalimán en la que explica que los lamasterios tibetanos no aceptan mujeres y que le ha pagado al pastor para que la conduzca a un poblado cercano, desde donde podrá regresar a donde ella quiera. Karla, furiosa, insiste en perseguir a Kalimán y le paga al pastor con una valiosa joya para que la lleve al monasterio, ya ella se las arreglará para entrar.

Días después Kalimán y Solín llegan al Potala, el monasterio tibetano donde los espera Lua-King. Luego de realizar con éxito una serie de pruebas con las que los monjes verifican su identidad, Kalimán se entrevista por fin con su anciano maestro. Inicialmente éste solamente puede repetir su afirmación de que los enemigos de Kalimán llevarán la letra K en sus nombres, pero durante la conversación Solín menciona a Namilak, y Lua-King comprende de pronto la naturaleza de la Séptima Muerte: se trata de Namilak mismo, una creación mágica e involuntaria del propio Kalimán al separar sus cualidades positivas de las negativas. Kalimán decide meditar acerca de lo que ha averiguado, mientras que Solín aprovecha para explorar el monasterio.

Mientras tanto tanto Karla y su guía como Namilak han logrado llegar al monasterio por vías separadas. Karla logra introducirse al monasterio disfrazada y llevando ropajes que su guía le robó a un monje; después de esto el guía regresa a su casa. Namilak ha tardado en dar alcance a Kalimán por andar a pie, pero sabiendo que su enemigo se dirigía al monasterio decide enfrentarse de una vez por todas con él para terminar su duelo. No tiene problema para entrar al monasterio utilizando un viejo truco, y una vez allí decide anunciarle su presencia a Kalimán hipnotizando a uno de los monjes y ordenándole atacar a su enemigo a la primera oportunidad. Kalimán no tiene problemas en vencer al monje, y es así como se entera de la presencia de su enemigo en el monasterio.

Namilak mientras tanto logra capturar a Solín, y llevándolo consigo decide internarse hasta las catacumbas, un lugar prohibido escondido en lo más profundo del monasterio. Desde allí se comunica telepáticamente con Kalimán y le revela su escondite, sabiendo que este no dudará en buscarlo para salvar a Solín. Kalimán hace exactamente lo que Namilak espera, y sin dudarlo se dirige a las catacumbas, aún si haciendo eso contraviene las reglas del monasterio. En su camino hacia allí es descubierto por Karla, quien decide seguirlo. Las catacumbas del monasterio sólo tienen una entrada, y cuando Kalimán cruza el umbral, Namilak lo aturde con el sonido de una flauta mágica, lanzándose luego sobre él para tirarlo a un pudridero de cadáveres donde ya yace Solín. Luego sale de las catacumbas, teniendo buen cuidado de cerrar la única entrada y dejando así a Kalimán y a Solín encerrados. Karla observa todo lo que sucede desde un escondite a la salida de las catacumbas.

El lama Lua-King eventualmente descubre la desaparición de Kalimán y Solín, y utilizando sus poderes mentales logra localizarlos. Sin embargo Namilak se ha quedado vigilando la entrada a las catacumbas, y cuando Lua-King intenta abrir la puerta para dejar salir a Kalimán, el asesino se lanza sobre el anciano para impedírselo. Sobreviene una feroz lucha entre los dos hombres, pero Lua-King lleva las de perder y eventualmente es derrotado y asesinado. Creyendo que ahora nadie encontrará a Kalimán, Namilak considera a su enemigo vencido definitivamente y luego de robar una valiosa esmeralda de las habitaciones de Lua-King y asesinar a decenas de monjes que se cruzan en su camino decide abandonar el monasterio e iniciar una vida dedicada a la maldad. Sin embargo nunca descubre la presencia de Karla escondida entre las sombras. Cuando Namilak se aleja, Karla sale de su escondite y abre la puerta de las catacumbas, dejando salir a Kalimán y a Solín. Descubriendo el cadáver de su maestro asesinado, Kalimán jura hacer justicia.

Mientras los monjes del monasterio entierran a sus muertos, Namilak roba un caballo y se dirige a todo galope hacia la China. En una población china cercana a la frontera visita la casa de un señor feudal local llamado Chao-Li, y utilizando la esmeralda de los lamas como símbolo de autoridad le exige que le entregue su mayor tesoro, el llamado Libro de la Magia y el Misterio, un compendio prohibido de la magia tibetana. Inicialmente Chao-Li se niega a entrgar el libro, pero eventualmente es forzado a acceder y llama a su criado para que entregue el libro. Desde una habitación contigua, Mai-Po, la hija de Chao-Li, observa lo que sucede, y tanto ella como el criado saben que algo extremadamente extraño sucede, Chao-Li nunca entrgaría el Libro de la Magia y el Misterio así. El criado decide actuar por su propia cuenta, y armado de una espada ataca a Namilak para matarlo, pero este se defiende sin mayores problemas y termina atravesando a su atacante con su propia espada. También Mai-Po intenta defender a su padre, pero Namilak decide hipnotizarla y quitarle el poder del habla para que no pueda decir a nadie lo que vio. También hipnotiza a Chao-Li, y le ordena decir que él mismo mató a su criado para castigar una desobediencia, y que a partir de entonces Namilak tomará su lugar como máxima autoridad en el poblado.

Kalimán mientras tanto descubre que puede percibir las vibraciones negativas de Namilak a través de su percepción extrasensorial, y así descubre hacia dónde huyó su enemigo. Cuando días después llega al poblado chino acompañado de Karla y Solín, se encuentra con un río de gente intentando abandonar el lugar, y cuando los lugareños lo ven huyen aterrados pensando que dada su apariencia tiene que ser un aliado de Namilak.

En la mansión de Chao-Li, Mai-Po se ha dado a escribir en secreto una crónica de lo que ha sucedido y Namilak ha empezado a estudiar el Libro de la Magia y el Misterio, aprendiendo a cambiar las facciones de su cara. Chao-Li continúa hipnotizado, viendo pasar los días completamente impávido. Kalimán decide atacar a su contrincante de frente, y simplemente se presenta en la mansión de Chao-Li solicitando una audiencia. Inicialmente es Mai-Po quien lo recibe, y presintiendo que este es un hombre que podría ayudarla intenta entregarle su crónica. Sin embargo Kalimán no tiene tiempo de leerla, porque Namilak se presenta ante ellos disfrazado y con sus facciones modificadas y hace salir a la mujer del recinto. Kalimán sin embargo termina reconociéndolo, y se lanza sobre él en una pelea furiosa que termina ganando. Sin embargo para entonces Namilak ha logrado hipnotizar también a los guardias de la mansión, quienes se lanzan contra Kalimán y lo vencen a garrotazos. También Karla y Solín son capturados, y los tres son llevados a una sala de torturas en las catacumbas de la mansión.

Mientras Karla es atada a un potro que amenaza desprenderle brazos y piernas, Solín es colocado bajo una cuchilla sostenida por Kalimán, quien atado al suelo por fuertes grilletes no puede moverse sin poner en peligro la vida de su amigo. Mientras tanto Namilak procede a desvalijar la mansión ante la muda desesperación de Mai-Po y la indiferencia de Chao-Li. Creyéndose completamente invulnerable, Namilak revela entonces sus planes a Mai-Po: piensa asesinarla a ella y a Chao-Li, para luego prender fuego al poblado. Esta revelación hace comprender a Mai-Po que no tiene nada que perder ayudando a Kalimán, y esa noche, luego de que Kalimán ha utilizado sus poderes mentales para inmovilizar completamente su brazo y evitar dejar caer la cuchilla, se acerca a Solín y corta sus ligaduras. Kalimán puede entonces dejar caer la cuchilla, y con los dos brazos libres logra romper los grilletes que lo atan al piso y liberar a la desfallecida Karla. Mai-Po le entrega entonces su crónica, y leyéndola Kalimán se entera de lo sucedido. Decide empezar el contraataque liberando tanto a Chao-Li como a la misma Mai-Po del poder hipnótico de Namilak, algo que logra sin mayores dificultades utilizando sus poderes mentales.

Luego se presenta ante Namilak dispuesto a capturarlo. Durante la feroz pelea que sobreviene, Namilak intenta vencer a Kalimán del mismo modo que en su encuentro anterior, pero esta vez sus planes no dan resultado porque los guardias de la mansión ahora obedecen a Chao-Li, no a él. Kalimán empieza a imponerse, y Namilak decide huir. Kalimán, sin embargo, no está dispuesto a dejar escapar a su enemigo, y lo persigue tan de cerca que Namilak decide utilizar lo que considera el punto débil de su enemigo: su preocupación por el bienestar de sus amigos, así que da media vuelta y regresa a la mansión, donde Mai-Po es la primera persona que encuentra. Sin pensarlo mucho, Namilak se lanza sobre la muchacha y la apuñala en la espalda, y luego utiliza el tiempo que gana cuando Kalimán descubre lo sucedido para incapacitar a Karla y apoderarse de Solín. Mientras Mai-Po muere en los brazos de Kalimán, Namilak sube a la azotea de la mansión y cuelga a Solín por los pies de un balcón; cuando Kalimán lo encuentra e intenta capturarlo, Namilak amenaza hacer caer al muchacho al vacío. Kalimán logra impedirlo utilizando telequinesis, y luego se lanza sobre Namilak, quien viéndose perdido decide huir y salta al vacío, cayendo sobre un techo de lona que amortigua su caída; luego hipnotiza a guardias que se interponen en su camino, roba un caballo y se aleja a todo galope. Kalimán no tiene otra opción que escalar los muros de la casa, lo que toma más tiempo, y cuando llega abajo ya Namilak se ha ido. Preocupado por la salud de Solín y Karla, Kalimán decide no perseguirlo y en vez de eso atender a sus amigos. Chao-Li retoma el control de su comarca, y durante el velorio de Mai-Po le pide encarecidamente a Kalimán que recupere el Libro de la Magia y el Misterio, que Namilak ha logrado llevarse consigo.

Namilak huye hacia el sur, hacia la India, y después de pasar varios días ayudando a Chao-Li, Kalimán se lanza en su persecución percibiendo como en otras ocasiones sus emanaciones astrales. Éstas lo llevan hacia el poblado indio de Abú Karam, y al llegar allí Kalimán, Solín y Karla deciden hospedarse en un hostal para iniciar sus investigaciones. Un misterioso jorobado llamado Aba-Dar reconoce a Kalimán desde el momento mismo en el que llega al poblado y se dedica a espiarlo. El hospedero del hostal pronto descubre al espía, pero cuando confronta a Aba-Dar éste revela que es un miembro de la peligrosa secta de la Media Luna; el hospedero lo deja entonces hacer lo que quiera.

Esa noche Karla decide tomar un baño en el hamam del local, y una extraña mujer rubia se le acerca y le advierte que está en peligro. Cuando Karla intenta averiguar más, la mujer le dice que en ese momento no puede hablar más, pero que más tarde hablará con ella en sus habitaciones. Karla informa a Kalimán inmediatamente de lo sucedido, y éste le sugiere no rehuir la entrevista con la mujer, él estará vigilando. Esa noche, la mujer rubia efectivamente visita a Karla y le dice que están amenazados por los miembros de una secta criminal llamada la secta de la Media Luna; además le entrega un cuchillo que dice podrá utilizar para defenderse. Luego, desaparece en la noche.

Mientras Kalimán vigila a Karla, uno de los miembros de la secta de la Media Luna lanza un paquete a la habitación de Solín. El muchacho no puede contenerse y lo abre, y de su interior sale una serpiente venenosa. De regreso de la habitación de Karla, Kalimán descubre al agresor y logra capturarlo, pero éste decide no revelar nada y causar su propia muerte mordiendo una cápsula de cianuro. Kalimán descubre entonces que Solín está en peligro y logra salvarlo, pero mientras él está ocupado otros miembros de la secta entran a la habitación de Karla y la secuestran. El hospedero se da cuenta e intenta advertir a Kalimán, pero es apuñalado por la espalda. En la habitación de Karla Kalimán y Solín descubren una nota en la que los miembros de la secta les ordenan ir a la mezquita de Salam si quieren volver a ver viva a la mujer.

La mezquita de Salam resulta ser un lugar lleno de vericuetos y un nido de sectarios de la secta de la Media Luna. Buscando a Karla, Kalimán se enfrenta en varias ocasiones no solo a grupos más y más importantes de sectarios, sino también a una estatua de la diosa Kali que resulta ser un peligroso robot. Logra vencer todos estos peligros, pero en un momento de descuido Solín es secuestrado por miembros de la secta. Poco después Kalimán llega al corazón de la mezquita, donde lo espera el jorobado Aba-Dar. Kalimán lo reconoce inmediatamente, se trata de un amigo fraternal al que conociera muchos años atrás. Cuando Kalimán le pregunta las razones de su extraña actitud, Aba-Dar le responde que tenía que estar seguro de que en realidad se las estaba viendo con Kalimán; desde varios días atrás un hombre con las mismas facciones que Kalimán se ha apoderado del palacio y los tesoros locales y ha jurado destruir a la secta de la Media Luna, a la que considera su rival. Con esto Kalimán se entera del sitio donde encontrará a Namilak, y una vez que Aba-Dar libera a Karla y Solín decide capturar a su enemigo esa misma noche.

Uno de los miembros de la secta guía a Kalimán al palacio local, mientras Karla y Solín se quedan escondidos en la mezquita. Aba-Dar se adentra por las callejuelas de la ciudad, y tiene la mala suerte de encontrarse con Namilak, quien ha jurado matarlo. El anciano Aba-Dar es vencido fácilmente por Namilak, quien por medio de la tortura averigua que Kalimán ha llegado al poblado y lo busca. También Namilak está interesado en terminar de una vez por todas su duelo contra Kalimán, así que luego de apuñalar a Aba-Dar se dirige a su palacio, donde espera encontrarse con su enemigo.

Cuando Kalimán llega por fin al palacio de la ciudad de Abú-Karam, no tiene ninguna dificultad en encontrar a Namilak, quien intencionalmente se ha apostado en un lugar visible. Namilak espera un ataque físico de Kalimán y está preparado para pelear, pero esta vez Kalimán no le da ninguna oportunidad de defenderse sino que lo ataca con uno de sus dardos somníferos. Namilak no tiene tiempo de reaccionar, y cae vencido a los pies de Kalimán, quien procede a arrebatarle la esmeralda de Lua-King y el Libro de la Magia y el Misterio y a meter el cuerpo de su enemigo en un ataúd.

Kalimán, Solín y Karla abandonan Abú-Karam en una carreta, llevando a Namilak en el ataúd y haciéndose pasar por un cortejo fúnebre. Kalimán quiere llevar a Namilak de regreso al monasterio del Potala, en el Tíbet, para que allí sea juzgado, pero cuando varias horas después la carreta llega a las cumbres tibetanas, se desata una feroz tormenta de nieve que termina por hacer que una de las ruedas de la carreta se rompa en un rescollo y la carreta se vuelque, haciendo caer el cuerpo de Namilak a un acantilado. Kalimán, Solín y Karla no tienen más opción que buscar un refugio, pero para cuando regresan a buscar a Namilak ya este ha despertado y ha escapado.

Cuando la tormenta amaina, Kalimán busca rastros de su enemigo mientras Namilak, ya lejos, asesina a un jinete solitario, roba su caballo y regresa a las tierras bajas de la India. Kalimán encuentra el cadáver del jinete varias horas después y así retoma la pista de su enemigo, quien pronto llega a un pequeño poblado y decide esperar ahí a Kalimán. Cuando eventualmente Kalimán y sus amigos llegan al pequeño poblado son descubiertos inmediatamente por Namilak, quien los sigue y así se entera del lugar donde se hospedan.

Kalimán decide que no es prudente llevar la esmeralda de Lua-King y el Libro de la Magia y el Misterio consigo mientras enfrenta a Namilak, así que los esconde en un lugar seguro. Esa noche Namilak decide atacar utilizando la palabra que pone a Solín bajo su dominio y ordenándole lanzar una lámpara de aceite contra la puerta de madera de la habitación de Kalimán. La hospedería entera arde en llamas, y el sorprendido Kalimán apenas tiene tiempo de rescatar a sus amigos y saltar por una ventana. Sin embargo eso es exactamente lo que Namilak esperaba, y atacando a Kalimán por sorpresa logra ponerlo fuera de combate antes de que este pueda defenderse. Inicialmente Namilak quiere matar a Kalimán ahí mismo, pero cuando se da cuenta que este no lleva consigo el libro y la esmeralda decide llevárselo prisionero; a Solín vuelve a ponerlo bajo su dominio hipnótico y le ordena seguirlo, y a Karla la amenaza de muerte si no sigue sus órdenes.

Namilak lleva a sus prisioneros a los sótanos de un templo abandonado y allí ata a Kalimán a un potro de tormentos donde espera torturarlo para averiguar el sitio donde escondió el libro y la esmeralda. El método como quiere torturar a Kalimán es utilizando a Solín, a quien entrega una daga calentada al rojo blanco con la que le ordena cegar a su amigo. Cuando Solín se acerca a Kalimán para efectuar la orden, Kalimán desata sus poderes mentales contra su amigo, intentando romper el dominio que Namilak tiene sobre él. Se desata una lucha de poderes mentales por el dominio de Solín, pero aunque los poderes de Kalimán y Namilak son equivalentes, la voluntad de Solín mismo hace la diferencia, y en vez de cegar a Kalimán corta las cuerdas que lo atan al potro. Kalimán inmediatamente se lanza contra Namilak, y entabla una feroz lucha, pero Namilak, perdiendo su ventaja, decide amenazar de muerte a Karla y así obligar a Kalimán a dejarlo escapar llevándose a la mujer con él.

Namilak inmediatamente se pierde entre los habitantes del poblado, y aunque Kalimán lo persigue, un incidente en el que Solín termina siendo mordido por una serpiente que resulta no ser venenosa finalmente hace que le pierda la pista. Namilak sin embargo conoce el poblado y ya tiene un plan, así que se deja ver y deja que Solín vea que Karla, inconsciente, está siendo embarcada en un barco que espera en los muelles. Solín avisa inmediatamente a Kalimán, y este ordena esconderse en cestos de mimbre para cereales que están siendo embarcados. Con esto Kalimán y Solín zarpan con el resto de la tripulación, sin saber que Namilak los ha vigilado desde un principio y todo es parte de su plan.

Desde su escondite en el cesto Kalimán logra ver a Namilak, pero decide hacer un viaje astral para averiguar el paradero de Karla y comprobar que sigue viva. La encuentra narcotizada en un camarote, así que decidiendo que por el momento nada puede hacer por ella decide investigar la habitación de su enemigo, donde descubre un ídolo en forma de gato del que percibe vibraciones muy negativas. Luego visita la sala de mando, y allí sí descubre a Namilak inclinado sobre un mapa que le revela a Kalimán su destino: un lugar llamado la Isla de los Gatos. Namilak percibe la presencia de la forma astral de Kalimán, y deduciendo que el cuerpo real de su enemigo está completamente desvalido decide ordenarle a la tripulación investigar los cestos donde sabe que Kalimán está escondido para matarlo de una vez por todas.

Solín mientras tanto ha estado observando la tripulación desde el interior del cesto, y ha descubierto que parte de ella es completamente apática, casi muda, y la otra parte está constituída por marinos que temen la reputación de la Isla de los Gatos, porque dicen que la mayoría de los marinos que van allá nunca regresan. Sus reflexiones son interrumpidas por Kalimán, quien regresa a su cuerpo e inmediatamente le ordena a su amigo salir del cesto y acompañarlo mientras trepa por el exterior del barco hasta la cadena de la que cuelga el ancla. Los marineros nunca los descubren, y Namilak le pierde el rastro a sus enemigos.

Cuando el barco llega horas después a la Isla de los Gatos y suelta el ancla, Kalimán y Solín son lanzados al mar, desde donde nadan hasta la cercana playa. La isla resulta hacer honor a su nombre y estar poblada por centenares de gatos silvestres muy agresivos. Namilak les ordena a los marinos desembarcar, y cargados con víveres caminar hacia el centro de la isla, hacia una caverna cuya entrada semeja una calavera. Karla, completamente hipnotizada, los sigue de cerca. Cuando los gatos se dan cuenta de la identidad del recién llegado, reaccionan con una mezcla de furia y temor, y si bien no atacan, persiguen a los recién llegados hasta la caverna. Kalimán y Solín no han dejado de vigilar a Namilak y lo observan entrar a la gruta, pero antes de que puedan seguirlo son atacados por centenares de gatos. Kalimán intenta huir hacia las cavernas, y descubre sorprendido que los gatos se niegan a entrar allí y los dejan en paz. Sin comprender lo que sucede, Kalimán y Solín se internan por lo que resulta ser un amplio laberinto de grutas subterráneas.

Mientras tanto Namilak, Karla y los marinos han llegado a otra sección de la cueva, donde Namilak se aparta un poco y enciende una hoguera que produce un humo espeso y aromático. Los marinos pronto se sienten asfixiar, y Namilak, haciendo pases mágicos, los convierte a todos en gatos; ese es el misterio de la Isla de los Gatos! Ya solo con Karla, Namilak concentra su atención en Kalimán, y utilizando una extraña flauta enfurece a los millares de murciélagos que habitan en la cueva y los lanza contra Kalimán. Los enfurecidos animales parecen 'guiar' a Kalimán y Solín a una sección especial de la cueva donde Kalimán, armado de una tea, parece lograr espantarlos. Sin embargo poco después las paredes mismas de la cueva parecen cobrar vida e intentar atrapar a Kalimán y Solín, quienes apenas logran escapar.

Mientras Kalimán y Solín llegan al sitio de la transformación de los marinos y los descubren convertidos en gatos, Namilak hace uno de sus asombrosos experimentos y toma la forma de Karla. Luego grita desesperado simulando estar en peligro, y cuando Kalimán se acerca intentando rescatar a quien piensa es Karla, Namilak recobra su forma verdadera y lo ataca ferozmente. Sin embargo esta vez no logra sorprender a Kalimán, porque instantes antes del ataque Kalimán logró ver en la cara de la falsa Karla los ojos de su enemigo. Una vez más Namilak pierde su ventaja, y en vez de continuar la pelea decide escapar y hacer que Kalimán lo siga hasta una extraña cueva con rocas que parecen gigantescos tambores. Namilak las golpea con un mazo gigantesco, y el sonido que producen hace estremecer la cueva entera, que empieza a derrumbarse. Namilak conoce bien las grutas y logra escabullirse, mientras Kalimán y Solín encuentran refugio bajo una saliente.

El gigantesco derrumbe tapa la entrada a la cueva y cambia su topografía completamente. Una gigantesca serpiente que antes habitaba en una caverna anexa se ve de pronto lanzada a la misma caverna donde están Kalimán y Solín, y asustada los ataca y se enreda alrededor de Kalimán. Namilak, que no se pierde detalle, aparece para raptar a Solín en un momento en el que Kalimán no lo puede defender, y para cuando Kalimán logra darle muerte a la serpiente, ya Namilak ha escapado con el niño.

Namilak reune a Solín con Karla y despierta a la mujer de su dominio hipnótico, pues quiere que ambos estén plenamente conscientes del destino que les quiere dar: servirán como alimento a los centenares de gatos que han quedado atrapados en las cuevas. Los animales acuden lentamente al llamado de Namilak, pero cuando Kalimán se presenta y rescata a sus amigos, los centenares de gatos se revuelven furiosos contra Namilak, quien aunque conoce todos los vericuetos de las cavernas apenas tiene tiempo de salir al exterior. Kalimán y sus amigos lo persiguen y así logran salir también antes de que Namilak coloque una pesada piedra en la entrada de la cueva y deje atrapados a la mayoría de los gatos.

Kalimán ataca entonces a Namilak esperando terminar de una vez con él. Se ensañan en una feroz lucha, y Namilak decide atacar a su enemigo produciendo una bola de fuego a su alrededor. Kalimán domina su cuerpo por medio de concentración mental y logra soportar el calor, y agarrando fuertemente a Namilak por el pecho, salta con él por un acantilado hasta el mar. El agua apaga la bola de fuego de Namilak, quien muy debilitado se ve obligado a cambiar de forma una vez más para escapar de Kalimán: esta vez se convierte en una serpiente marina de dos cabezas que huye hacia las profundidades del mar, hacia donde Kalimán no puede perseguirlo.

Cuando Kalimán regresa con sus amigos descubre sorprendido que los gatos, liberados del poder mágico de Namilak han recuperado su forma humana. El regreso a tierra firme se lleva a cabo sin incidentes en el mismo barco en que llegaron. En el pueblo indio Kalimán saca de su escondite la esmeralda de Lua-King y el Libro de la Magia y el Misterio, y de regreso al poblado chino le devuelve al viejo Chao-Li su viejo libro ancestral. Luego, Kalimán, Solín y Karla regresan al Potala, donde devuelven la esmeralda sagrada; con la derrota de Namilak el espíritu de Lua-King podrá encontrar la paz eterna. Por último, Kalimán conduce a Karla de vuelta a la civilización, con lo que concluye la aventura.

EPISODIOSEditar

  • 880-944 en México (1982)
  • 870-934 en Colombia (1992)

CREADORESEditar

  • Original de
    • Rafael Navarro Huerta
    • Modesto Vázquez González
  • Guionista
    • Héctor González Dueñas (Víctor Fox)
  • Dibujo
    • René del Valle

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