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Kaliman, el hombre increible

La Reina de los Gorilas: la Radionovela

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R07 LA REINA DE LOS GORILAS


PERSONAJESEditar sección

Antonio Muñoz Ledo

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar sección

  • Zanzíbar, Tanzania
  • Dar as Salam, Tanzania
  • Arusha, Tanzania
  • Wasi, Tanzania
  • desierto de Salim Haram, Tanzania
  • territorio watusi, Tanzania
  • territorio kijali, tierras bajas del monte Kilimanjaro, Tanzania
  • Lago Alberto
  • territorio suk, Tanzania
  • Lago Victoria, Tanzania y Uganda
  • territorio pigmeo, Uganda
  • río Ikijaní, Uganda
  • cataratas de Victoria
  • cataratas Murchison, Uganda
  • territorio yinga, Uganda
  • río Nyanza, Uganda
  • territorio masai, Uganda
  • territorio mau-mau, Uganda
  • montes Ruwenzori, Uganda y Congo
  • selvas del Congo
  • desierto de Taru
  • selvas centroafricanas
  • territorio zulú, monte Mosambi, República Centroafricana
  • territorio busimi, República Centroafricana
  • territorio kalúa, República Centroafricana
  • macizo de los Bongos, República Centroafricana

Hay muchos errores geográficos en esta aventura. Zanzíbar, Dar as Salam y Arusha son sitios reales en Tanzania, pero Wasi y el desierto de Salim Haram son ficticios. Arusha está situada a los pies del monte Kilimanjaro, no a muchos días de camino a través de selvas y desiertos como se describe en la aventura. Los watusis (actualmente se prefiere la designación de tutsi) tienden a vivir en Ruanda, Burundi y el Congo, no son numerosos en Tanzania. Kigali es la capital de Ruanda, pero ni la tribu kijali ni la suk, la busimi o la kalúa existen en la vida real. En la radionovela, Uganda es una ciudad en una ruta alternativa a la que los expedicionarios toman. En la vida real Uganda es un país que contiene muchos de los lugares que se visitan en la aventura, como el lago Victoria, las cataratas Murchison y los montes Ruwenzori. El lago Alberto también está parcialmente en Uganda, pero no en el sitio en el que se menciona en la radionovela (los expedicionarios llegan al lago Alberto antes de llegar al lago Victoria, algo que viniendo de Tanzania implicaría dar un rodeo). Las cataratas de Victoria también son visitadas a pesar de que en realidad están localizadas en la frontera entre Zambia y Zimbabwe, muchos kilómetros al sur del sitio donde se desarrolla la aventura (quizás el autor se refería a las cataratas de Ripón, actualmente sumergidas por una represa, el sitio de desague del lago Victoria que se considera como fuente del río Nilo, pero esto es imposible afirmarlo). No hay muchas tribus pigmeas en Uganda, pero sí las hay en el Congo y la República Centroafricana, territorios ambos que son visitados en esta aventura. El monte Mosambi y los ríos Ikijaní y Nyanza son ficticios; de hecho la palabra "nyanza" quiere decir "lago" en muchas lenguas bantúes africanas. Por ejemplo, en muchas partes de Uganda, Kenia y Tanzania se habla de "Victoria Nyanza" o "Albert Nyanza", una mezcla linguística de nombres europeos y africanos. La tribu yinga no existe, y los masai habitan en los linderos entre Kenia y Tanzania a los pies del monte Kilimanjaro y en el Serengueti, no a los pies de los montes Ruwenzori. Los zulú tampoco habitan el sitio en el que se los sitúa en la aventura sino en Suráfrica, a muchos kilómetros al sur de allí. Los mau-mau no son una étnia real, sino campesinos kenianos que se rebelaron contra la colonia británica de Kenia en los años 50's. El desierto de Taru existe, pero en un lugar de Kenia muy al este de donde se mueven los expedicionarios; hoy está dentro del Parque Nacional Tsavo de ese país. El macizo de los Bongos es un sitio real localizado en la República Centroafricana.

ARGUMENTOEditar sección

Kalimán y Solín llegan en un transatlántico a la isla africana de Zanzíbar, donde Kalimán quiere cumplir su promesa de visitar a un antiguo amigo, Omar ben-Ají, un hombre ya de edad muy avanzada al que conoció durante una visita previa a la isla muchos años atrás. En el puerto Kalimán se sorprende al descubrir que a pesar de que él no había informado a nadie de su llegada a la isla alguien lo espera, un árabe llamado Alí Faraf, quien a pesar de no revelar para quién trabaja les explica que han sido invitados a hospedarse en una magnífica mansión en las afueras de la ciudad. Ante la sorpresa de Solín, Kalimán acepta la invitación y ambos son conducidos por Alí Faraf a la mansión de su misterioso anfitrión. Son recibidos por una hermosísima mujer de largos cabellos negros, quien pronto da muestras de ser una experta en el manejo de armas de fuego y de tener una excelente puntería. Poco después se descubre el secreto de la identidad de su anfitrión; se trata del coronel Charles Finlay, un antiguo profesor de química de Kalimán de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, especialista en uranio y antiguo miembro del ejército inglés. Cora Finlay, la muchacha que recibiera a Kalimán, es su hija.

La muchacha decide darse un baño en la piscina de la mansión, y pide a Kalimán que la acompañe. Kalimán accede, pero cuando está cerca de ella una bala pasa muy cerca de él. La ha disparado el prometido de Cora, un experto cazador alemán llamado Erich von Strick. Desde el primer momento nace una intensa antipatía entre Kalimán y von Strick, entre otras razones porque Kalimán desprecia a la gente que se vale de armas de fuego para hacerse respetar, y von Strick no puede entender cómo Kalimán puede vivir con una filosofía que le impide matar. Von Strick decide entonces obligar a Kalimán a matar algún animal salvaje para demostrarle a Cora que es un charlatán.

Esa noche Charles Finlay revela las razones por las que cuando se enteró que Kalimán venía a Zanzíbar decidió invitarlo a su mansión. Junto a von Strick planea una expedición al centro del África en la que también participará Cora. A pesar de las vehementes protestas de von Strick, Finlay ha decidido invitar a Kalimán a venir también, pues sabe que su audacia y valor les serán extremadamente útiles (muchos años atrás Kalimán salvó la vida de Finlay durante una expedición al Canadá en la que Finlay fue atacado por un gigantesco oso). El objetivo de la expedición tiene que ver con un descubrimiento de von Strick: algunos meses antes, durante una de sus muchas expediciones de cacería al centro de África dice haber descubierto un grupo de gigantescos gorilas. Temiendo por su vida le disparó a uno de ellos y lo hirió, y logró traer una muestra de su sangre a la civilización. Cuando esta sangre fue examinada se descubrió que se trataba de sangre humana, no de gorilas, y ahora Finlay y von Strick quieren regresar al sitio donde ocurrió el incidente para averiguar más acerca de la posibilidad de que existan gorilas humanos. Kalimán responde que necesitará tiempo para decidir si se quiere unir o no a la expedición.

Poco después se oye a Solín gritar desde los jardines. Kalimán, sus anfitriones y von Strick corren hasta ahí y descubren que el niño, asustado, señala hacia un grupo de arbustos donde un gigantesco nativo jorobado y armado de un machete los mira furioso. Solín acusa al nativo de haber querido matarlo. Von Strick explica entonces que se trata de Wani, a quien él llama Caracol, su criado, un miembro de la tribu de los mau-mau a quien von Strick salvó de un violento ataque de un gorila salvaje que lo dejó jorobado y quien desde entonces es su mozo fiel. Kalimán advierte que los mau-mau tienen un odio ancestral por el hombre blanco, y le sugiere a von Strick que desconfíe.

Esa noche, Kalimán y Cora Finlay pasean por los jardines de la mansión, y Cora, para hacerle una broma a Kalimán lo lleva muy cerca de una jaula donde hay un tigre de Bengala llamado Charlie, un regalo de un rajá de la India a Charles Finlay. Von Strick vigila oculto, y celoso por la simpatía que Cora empieza a desarrollar hacia Kalimán decide impedir que él se una a la expedición. Ordena a Caracol liberar a Charlie y llevarlo cerca a la habitación de Kalimán, quien en la madrugada se despierta amenazado por el tigre. Cora Finlay se despierta con los rugidos y pronto se encuentra con Erich von Strick que se aproxima armado de su rifle, aunque no disparará a no ser que Kalimán se lo pida. Kalimán, sin embargo, no necesita de la ayuda de von Strick, y hablando el lenguaje de las fieras convence a Charlie que regrese a su jaula mansamente. Cora Finlay y especialmente von Strick miran la hazaña estupefactos.

Al otro día, Kalimán decide visitar a su amigo Omar ben-Ají, un hombre que durante muchos años recorrió el África negra. Kalimán le pregunta si durante sus exploraciones alguna vez encontró gorilas-humanos, y ben-Ají responde que aunque oyó hablar de ellos y por muchos años los buscó, nunca llegó a encontrarlos. Luego Kalimán le explica que ha sido invitado a tomar parte en la expedición de Finlay, y ben-Ají le recomienda que piense muy bien su decisión de aceptar o no.

Mientras tanto, Solín juega en los jardines de la mansión de Finlay, pero súbitamente cae al suelo presa de fiebres e intensos dolores. Cora Finlay y Alí Faraf piensan que se trata de la picadura de una serpiente, y desesperadamente buscan señas de la mordedura, pero sin éxito. A pesar de sus cuidados, Solín empeora con el pasar de las horas, y cuando Kalimán regresa de su cita con ben-Ají encuentra al niño moribundo. Kalimán tampoco encuentra una picadura de serpiente en el cuerpo de Solín, pero sí la espina de una planta venenosa llamada kukuy clavada en la suela de su pie derecho. Con su daga hiere el pie y ambos antebrazos de Solín provocando una intensa hemorragia, la única manera de sacar el veneno del cuerpo del niño, y le da un brebaje hecho de hierbas curativas que saca de su equipaje. Mientras Solín se recupera, Kalimán explica a Cora que la planta kukuy es una de las armas favoritas de los nativos mau-mau de Mozambique. De pronto advierte la presencia de alguien escondido entre los arbustos del jardín, se lanza contra él y descubre que se trata de Caracol. Kalimán decide hipnotizar a Caracol para que les revele si fue él quien puso la espina de kukuy en el jardín, pero antes de que pueda hacerlo Erich von Strick interviene y lo impide, diciendo que cientos de mau-maus viven en Zanzíbar, no pueden estar seguros de que el atentado haya sido hecho por Caracol.

Solín pronto empieza a dar señas de mejoría. Los ataques de Charlie y de la espina venenosa han convencido a Kalimán que Caracol y tal vez también Erich von Strick son hombres peligrosos. No quiere dejar a los Finlay en sus manos, así que esa tarde accede a tomar parte en la expedición.

Al otro día, mientras von Strick hace cargar docenas de pesadas cajas al barco que los llevará a tierra firme, Kalimán conversa con Cora Finlay mirando el mar. Solín llega trayendo un mensaje de una misteriosa mujer árabe que resulta servir al amigo de Kalimán, Omar ben-Ají: el anciano quiere ver a Kalimán y la ha mandado en su busca. En una casucha del puerto, ben-Ají se entrevista con Kalimán y le sugiere que se entreviste en el puerto de Dar as Salam con Ruga Arashim, el hijo de un famoso cazador de esclavos de tiempos pasados, Tippu Tip. Ben-Ají piensa que Ruga Arashim podrá darle informes útiles a Kalimán. Sin embargo sabe que Arashim es un hombre violento, y para que sea bien recibido le entrega a Kalimán un anillo de oro con una calavera de jade, el símbolo de Tippu Tip, que lo identificará como amigo. Luego, los dos amigos se despiden fraternalmente, Kalimán sabe que es muy poco probable que vuelva a ver con vida al ya anciano Omar ben-Ají.

Kalimán logra abordar el barco en el último minuto, disfrazado de un viejo insolente para hacerle una broma a Cora en revancha por el asunto del tigre de Bengala. Zarpan de Zanzíbar con dirección a Dar as Salam, la mayor ciudad de Tanzania. Algunas horas más tarde, cuando Kalimán y Solín se encuentran en su camarote, alguien lanza un puñal a través de la ventana. Kalimán descubre que lleva un mensaje que le pide que baje a las bodegas del barco, allí se enterará de algo que le interesará. El mensaje resulta ser una trampa, y cuando Kalimán y Solín llegan a las bodegas una pesada caja cae desde lo alto sobre ellos. Kalimán y Solín logran saltar a un lado, pero examinando la cuerda con la que la caja estaba atada descubren que ha sido cortada con un cuchillo. Además descubren el contenido de la caja, decenas de rifles de alto calibre y mucha munición. En ese momento Kalimán descubre a Erich von Strick en la bodega y le pregunta qué va a hacer con tantísimos rifles. Von Strick le responde que se propone armar a todos los porteadores de la expedición, al menos 50 hombres, y que Charles Finlay está al corriente de esto. Kalimán está muy en contra de esa idea, dice que tantos rifles solo servirán para desatar violencia, a lo que von Strick responde que él solo es un invitado, y que si no le gustan las condiciones de la expedición está en todo su derecho de abandonarla. Kalimán decide hablar acerca de esto con Charles Finlay y le presenta un ultimatum: si no reducen el número de rifles por lo menos a la mitad, Kalimán se retirará de la expedición. Finlay promete discutir el asunto con von Strick.

A su llegada a Dar as Salam, Kalimán y Solín deciden buscar a Ruga Arashim mientras el resto de la expedición descansa en su hotel. En las calles de la ciudad encuentran un muchacho, Roco, quien accede a llevarlos a la casa de Arashim. Pero el muchacho los traiciona, y cuando llegan a una casa devencijada, nada más cruzar el umbral son atacados por un grupo de hombres que dejan tanto a Kalimán como a Solín sin sentido. En el interior de la casucha, un anciano vestido en andrajos, Ruga Arashim, ordena a Roco robarles a Kalimán y a Solín todas sus pertenencias y luego matarlos. Están a punto de hacerlo cuando descubre en la mano de Kalimán el anillo con la calavera de jade que le diera Omar ben-Ají. La actitud de Arashim cambia inmediatamente, y ordena a Roco poner vino en los labios de Kalimán para despertarlo. Una vez Kalimán recupera el sentido le explica a Arashim la procedencia del anillo, y este se declara su amigo. Kalimán le pregunta si ha oído hablar de los gorilas humanos, y Arashim le responde que su padre Tipu-Tip los vio durante sus últimas expediciones al interior de África; entonces entrega una pequeña tortuga de oro a Kalimán y le dice que ese símbolo le servirá para cruzar las tierras watusis cercanas al monte Kilimanjaro. Arashim se despide de Kalimán y le ordena a Roco que guíe a su nuevo amigo a través de los laberintos de la ciudad. Un grupo de feroces asaltantes y asesinos los descubre en una de las callejuelas, pero Roco guía a Kalimán y Solín por los techos de la ciudad y los lleva a salvo hasta su hotel. Sin embargo Caracol vigila, y una vez que Kalimán y Solín han entrado a su hotel se lanza contra Roco, y luego de obligarlo a revelar el sitio donde estuvo Kalimán y la existencia de la tortuga de oro mata al muchacho de un machetazo.

Mientras tanto, Finlay discute con von Strick el asunto de los cincuenta rifles. El alemán no está dispuesto a ceder a la exigencia de Kalimán, y así cuando este regresa de su aventura en la ciudad es obligado por la situación a desistir de participar en la expedición, algo que alegra intensamente a von Strick. Sin embargo Kalimán no está dispuesto a dejar las cosas así, pues sabe que von Strick armado con tantos rifles causará violencia y muerte en el África, y él no está dispuesto a permitirlo. Esa noche vigila desde su ventana la entrada del hotel, y cuando von Strick y Caracol van a los muelles a dirigir el desembarco del equipo que llevarán a la expedición, Kalimán entra a la habitación de von Strick y le roba algunas de sus ropas. Luego va a los muelles, donde von Strick ha dejado a Caracol a cargo de vigilar las cajas que contienen los rifles. Kalimán se pone las ropas de Erich von Strick y cambia la fisonomía de su cara para parecerse a él, y asumiendo la identidad del cazador ordena a Caracol que tire todas las cajas con los rifles a las aguas del puerto. El verdadero von Strick regresa cuando la última caja ha sido tirada al agua, y furioso le reclama a Caracol, quien no entiende que ha pasado. Kalimán pronto se presenta ante ellos, y declara que como ahora solamente viajarán con tres rifles (el de von Strick, el de Cora y el del coronel Finlay) él está dispuesto a continuar en la expedición. Luego se retira a su hotel, dejando tras de sí a un Erich von Strick que hierve de ira, pues sospecha que no puede haber sido otro que Kalimán quien estuvo detrás de lo sucedido. Sus sospechas se confirman cuando Caracol encuentra las ropas de von Strick en el sitio de donde surgiera Kalimán.

Cuando Kalimán y Solín regresan al hotel ya es tarde, y Kalimán decide esperar hasta el otro día antes de informar a los Finlay de su regreso a la expedición. Erich von Strick está ahora más empeñado que nunca en impedir que Kalimán los acompañe y ordena a Caracol que haga desaparecer a Kalimán y Solín esa noche. En la madrugada, un grupo de hombres comandados por Caracol entra a la habitación de Kalimán y los golpean a él y a Solín, dejándolos sin sentido y llevándoselos con rumbo desconocido. Por la mañana, mientras von Strick dice al coronel que los rifles han sido robados Cora Finlay descubre la desaparición de Kalimán. Von Strick afirma que no deben preocuparse, dice haberlo visto a él y al muchacho esa mañana cuando ofendidos por haber sido obligados a desistir de participar en la expedición se dirigían al puerto para zarpar de vuelta a Zanzíbar. Los Finlay inicialmente no pueden creer que Kalimán se haya ido sin despedirse, pero terminan creyendo las palabras de von Strick y se ponen en camino hacia Arusha, la primera etapa del viaje.

Kalimán y Solín despiertan a media mañana en las bodegas de un barco carguero anclado en el puerto de Dar as Salam. El capitán del barco pronto se presenta ante ellos y les informa que el barco zarpará hacia ultramar, pero ellos serán asesinados y tirados por la borda en unas pocas horas, cuando se hayan alejado lo suficiente del puerto. Kalimán pasa el resto del día mordiendo las ataduras de Solín, y esa noche, justo cuando el barco empieza a alejarse del puerto, logra desatarlo. Solín libera a Kalimán, y luego los dos amigos se escabullen hasta cubierta desde donde se tiran al mar. Logran burlar la persecución de los marineros, y regresan a nado al puerto de Dar as Salam.

En la entrada a sus habitaciones de hotel Kalimán descubre la presencia de un policía quien luego de interrogarlo intensamente lo acusa del asesinato de Roco. Kalimán se entera por el comisario de policía que Arashim es uno de los principales contrabandistas de marfil del África, y así no tiene inconveniente en mostrar a la policía su guarida. Sin embargo, para cuando Kalimán y la policía llegan a la casucha donde Kalimán había estado secuestrado, Arashim ha escapado ya. Kalimán es encarcelado junto con Solín. Sabiendo que la expedición de los Finlay se aleja más y más de ellos, Kalimán sabe que no tiene tiempo para probar su inocencia ante la intransigencia de la policía y decide escapar. Arranca la pata metálica del camastro de la prisión y con ella empieza a horadar la pared de su celda, la cual con la humedad se ha reblandecido. Después de varias horas de trabajo logra hacer un agujero lo suficientemente grande como para escapar por ahí. Cuando la policía se entera de su fuga cierra todas las salidas de Dar as Salam.

En un callejón oscuro de la ciudad Kalimán y Solín se encuentran con un grupo de hombres que resultan ser Ruga Arashim y sus aliados. El viejo interroga firmemente a Kalimán acerca de la muerte de Roco y las razones que lo llevaron a revelar la localización de su refugio a la policía (Kalimán dice que lo hizo porque ya sabía que Arashim habría escapado). Ruga Arashim acepta las explicaciones de Kalimán y lo ayuda a escapar de la ciudad añadiéndolos a él y a Solín a un cortejo fúnebre que se dispone a enterrar un cadáver en una aldea en las afueras de la ciudad. El cortejo es inspeccionado por la policía, pero Arashim tiene papeles falsos, Solín va escondido en una tinaja y Kalimán se ha disfrazado de mujer árabe. Cuando ya están a salvo, Arashim le ofrece a Kalimán dos caballos que le serán entregados en Arusha y le dice que si alguna vez se encuentra en el desierto de Salim Haram, en un lugar donde dos rocas se levantan solas en medio del desierto encontrará un oasis.

Mientras tanto, en Arusha Erich von Strick contrata a un grupo de 50 asaltantes y asesinos que han accedido a convertirse en porteadores por muy buen dinero. Charles Finlay está intranquilo ante la decisión de von Strick de contratar a ese tipo de hombres, pero el cazador arguye que necesitarán de hombres muy rudos para vencer los peligros de las selvas africanas. Además él y Caracol vigilarán que no haya problemas. A la mañana siguiente la expedición continúa su viaje hacia un poblado llamado Wasi, al borde del desierto de Salim Haram, mismo que von Strick insiste que deberán cruzar. Al mismo tiempo Kalimán y Solín llegan a Arusha a bordo de un camión que los ha transportado desde Dar as Salam, y allí, usando el respetado nombre de Ruga Arashim obtienen los dos briosos caballos que este les regalara e inician la ruta rumbo a Wasi.

La expedición se interna por el desierto de Salim Haram. Cuando ya han avanzado muchos kilómetros, una tormenta de arena se abate sobre ellos con resultados catastróficos: la arena hiere salvajemente los ojos del coronel Finlay dejándolo ciego, y además se filtra por los motores de los vehículos, inmovilizándolos y obligando a la expedición a detenerse. Además esa noche uno de los porteadores tumba accidentalmente el barril que lleva el agua de la expedición, dejando a todos sin agua y a merced de los elementos. Más tarde una manada de cientos de hienas empieza a amenazar el campamento. Inicialmente Erich von Strick las puede mantener a raya por medio de disparos y hogueras, y cuando el material combustible se empieza a agotar con gasolina que usa para hacer un círculo de fuego. Sin embargo eventualmente el combustible se termina y las hienas avanzan hacia ellos. Dos de los porteadores son atacados y muertos por la jauría, que se retira a alimentarse por algunas horas, y esto da una idea a Erich von Strick: sacrificará a más de sus porteadores para que las hienas los dejen en paz.

La situación parece desesperada cuando Cora Finlay descubre en el horizonte la silueta de Kalimán y Solín que se acercan para ayudarlos. Kalimán lanza su caballo en medio de la jauría de hienas y dispara cientos de dardos somníferos contra ellas; las que no caen fulminadas huyen espantadas. Cuando llega al campamento, Kalimán le explica a Cora Finlay lo sucedido en Dar as Salam y se apresta a ayudar a Charles Finlay, quien ciego se debate en medio de la fiebre. Kalimán lo trata con sus medicinas tibetanas, que causan un efecto benéfico inmediato. Erich von Strick no puede creer que las hienas estén aletargadas y no muertas, y repetidamente llama a Kalimán mentiroso. Para probar que tiene razón, le ordena a Caracol lanzarse contra Kalimán para matarlo, si los dardos son venenosos Kalimán no los utilizará contra un ser humano. Kalimán no tiene reparos en utilizar un dardo somnífero contra Caracol, quien al igual que las hienas queda aletargado por seis horas.

Mientras von Strick continúa tratando de reparar los motores de los vehículos, Kalimán decide buscar agua en el sitio que le indicara Ruga Arashim; él y los Finlay acuerdan que una vez los vehículos estén reparados la expedición continuará su marcha, ya Kalimán los encontrará. La búsqueda del oasis indicado por Arashim resulta más dificultosa de lo que Kalimán y Solín esperaban, pero eventualmente encuentran un manantial en el interior de una de dos rocas que se levantan solas en medio del desierto, tal y como se los indicara el viejo Ruga. Cuando terminan de beber y de llenar las cantimploras que les llevarán a los miembros de la expedición, Kalimán y Solín son atacados por un hombre que les dispara. Kalimán espera a que haya gastado sus balas, y cuando el hombre se apresta a recargar su arma se lanza sobre él. Se trata de un hombre blanco vestido de harapos, con la piel curtida por el sol y cabellos canos enmarañados. Una vez que Kalimán le da de beber, el hombre recupera el sentido, y en medio de la confusión causada por su intensa fiebre revela que su nombre es Fred Mulligan, un explorador inglés de 35 años al que la gente de su patria cree muerto desde cinco años atrás. Sin embargo Mulligan no murió, sino que fue capturado por una extraña mujer rubia que gobierna un grupo de gorilas. Por cinco años sufrió las vejaciones de la esclavitud en tierras de Sandra, la Reina de los Gorilas, hasta que un día logró escapar. Caminó por meses hasta Tanzania, pero en el desierto de Salim Haram su cuerpo finalmente flaqueó, y ahora está a punto de morir. Kalimán intenta curarlo, pero sus esfuerzos son infructuosos y Fred Mulligan muere, aunque no sin antes revelar a Kalimán la localización del reino de Sandra: el macizo de los Bongos, en el corazón del África Central.

Los vehículos donde van von Strick y los Finlay terminan recalentándose ante el incesante calor del desierto, y no teniendo agua para hacerlos funcionar la expedición es obligada a detenerse. Muchos de los porteadores previniendo la muerte deciden intentar salir del desierto por su propia cuenta, y a pesar de los esfuerzos de von Strick por impedirlo 10 de los 50 porteadores deciden escapar. Pasan muchas horas detenidos sintiendo el tormento de la sed, pero son salvados por Kalimán, quien regresa con las cantimploras llenas de agua.

Von Strick escoge el sitio donde levantarán campamento en una sabana no lejos del borde del desierto, aún si Kalimán advierte que el sitio que ha escogido es un cruce de elefantes. Esa noche, Kalimán, von Strick, Cora y Charles Finlay, quien por fin ha recuperado completamente la vista, discuten los acontecimientos ocurridos algunos días antes en Dar as Salam. Von Strick sugiere que quizá los hombres de Ruga Arashim sean quienes secuestraron a Kalimán y lo llevaron al barco donde por poco es asesinado, pero Kalimán observa que él nunca ha revelado haberse entrevistado con Ruga Arashim, y le pregunta cómo se enteró de eso. Von Strick se ve obligado a confesar que ordenó a Caracol seguir a Kalimán esa noche, aunque dice que lo hizo para proteger a Kalimán de los peligros del barrio árabe de Dar as Salam. Kalimán revela entonces que un hombre fue asesinado esa noche y hace traer a Caracol para interrogarlo. Kalimán utiliza su fuerza mental para obligar a Caracol a hablar, y el salvaje confiesa el asesinato de Roco y se ve obligado a devolver la tortuga de oro que Ruga Arashim le regalara a Kalimán. Luego, Kalimán le informa a él y a von Strick que tan pronto le sea posible entregará a Caracol a las autoridades, el salvaje deberá responder por su crimen. Más tarde esa noche, Caracol y von Strick comentan la amenaza de Kalimán, y Caracol decide robarle a la primera oportunidad los dardos somníferos a su enemigo, piensa que sin su arma favorita será más fácil matarlo; Caracol no está dispuesto a dejar vivir a Kalimán hasta el final de la aventura pues no piensa permitir que él lo entregue a la justicia.

En la madrugada, tal y como lo presagiara Kalimán, el campamento es despertado por una manada de cientos de elefantes que se lanzan sobre ellos. Von Strick intenta ahuyentar los animales con su rifle, pero su estrategia no funciona. Kalimán en cambio da teas encendidas a los 40 nativos, quienes se organizan alrededor del campamento. Los elefantes, asustados por el fuego, no osan atacarlos.

Al otro día los expedicionarios cruzan un caudaloso río, el lindero de las tierras watusis, en balsas gigantescas que ellos mismos construyen. Se internan en las selvas avanzando muy lentamente, y por todas partes descubren señales que les indican que los watusis están en guerra con el hombre blanco, pero von Strick decide ignorarlas pues retroceder significaría tener que hacer un rodeo de varias semanas. Una noche Caracol se introduce en la tienda de Kalimán mientras él y Solín duermen y le roba la cerbatana de dardos somníferos. Kalimán descubre el robo al otro día, además de un colmillo de tigre como los que lleva Caracol en su collar. Sin embargo muchos de los porteadores llevan también collares de ese tipo, y Kalimán decide no insistir en su acusación. La selva se vuelve cada vez más espesa, hasta que en un paraje los camiones se atascan en el lodo. Los expedicionarios bajan a desatascarlos, y en ese momento son atacados con la 'muerte roja', un humo narcotizante muy espeso que los watusis obtienen de ciertas plantas. Todos los expedicionarios y los porteadores son víctimas del humo y caen a tierra sin sentido, y los caballos que Ruga Arashim regalara a Kalimán escapan hacia la selva. Un grupo de guerreros watusis recoge a los prisioneros y los lleva a su aldea, donde todos los blancos de la expedición a excepción de Kalimán son atados a postes en la esplanada central. Cuando Kalimán despierta descubre que se le considera el jefe de la expedición y es llevado ante el jefe de la tribu, quien le explica que hace varias semanas un grupo de hombres blancos vino a cazar elefantes. Los watusis accedieron a ayudarlos, pero los blancos antes de irse robaron diamantes de la aldea y le amputaron las manos a los guerreros que los habían ayudado. Desde entonces los watusis están en pie de guerra con los blancos, y Kalimán y sus amigos van a morir. Kalimán muestra entonces la tortuga de oro de Ruga Arashim y le explica al jefe watusi su procedencia. El nativo duda un momento, y luego se retira a conferenciar con su brujo, pues duda si la tortuga llegó a sus manos por medios legítimos o si fue robada. Luego los dos hombres llegan a una decisión: Kalimán deberá pelear contra un grupo de cinco guerreros watusis para demostrar su inocencia. Kalimán accede, pero en vez de pelear decide hipnotizar a sus adversarios haciéndoles creer que se multiplica. El truco da resultado y los watusis, incluidos el jefe y el brujo, deciden que Kalimán es un mago poderoso a quien es mejor tener como amigo. El resto de los expedicionarios son puestos en libertad, y los watusis les ofrecen una opípara cena.

El jefe watusi, impresionado por la magia de Kalimán le da acceso a los sitios más secretos de la tribu, incluído el sitio donde guardan sus joyas, los míticos tesoros del rey Salomón. Kalimán, quien cada vez se siente más atraído hacia Cora Finlay, decide mostrarle a la muchacha ese tesoro sabiendo que es un espectáculo que ella no olvidará jamás, y así con la anuencia de los watusis se dirige con ella hacia una cueva secreta detrás de una cascada del río Watusi. Sin embargo Erich von Strick y Caracol han estado escuchando la conversación de Kalimán con Cora y deciden perseguirlos. Cuando descubren la cueva secreta donde los watusis guardan sus tesoros esperan a que Kalimán y Cora salgan, atacan al guardián, entran a la cueva y saquean el tesoro. Luego regresan a la aldea sin ser vistos.

A pesar de que von Strick deja un diamante de los que robó a la entrada de la choza de Kalimán para inmiscuírlo en el robo, el jefe watusi decide confiar en Kalimán y junto con él desarrolla un plan para atrapar al culpable. El jefe watusi les presenta a Kalimán, los Finlay, Erich von Strick y Caracol una pequeña cesta de mimbre donde dice hay tres serpientes venenosas que solo atacarán al culpable del robo. Empezando por Kalimán, uno tras otro son obligados a meter las manos en el cesto, y las serpientes no muerden a nadie, incluido Erich von Strick, quien logra vencer su miedo. Sin embargo Caracol no está dispuesto a pasar la Prueba de la Serpiente, pues está convencido que si lo hace morirá envenenado, y prefiere confesar su culpabilidad y decir donde están escondidas las joyas robadas. Los expedicionarios son puestos en libertad, las joyas son recuperadas, y Caracol es atado a un poste donde hormigas carnívoras lo devorarán; a pesar de las protestas de von Strick, Kalimán rehusa intervenir para salvarlo. Poco después, Solín examina la cesta donde supuestamente habían estado las serpientes y descubre que todo fue un truco: en el cesto solo hay ramas secas, y Kalimán, con la anuencia del jefe watusi, se valió de hipnotismo colectivo para descubrir al culpable. Horas más tarde, von Strick se desliza hasta el sitio donde Caracol está prisionero y lo libera, y el salvaje se pierde en la selva.

A pesar de la fuga de Caracol los watusis están dispuestos a dejar ir la expedición y les ayudan a desempantanar los vehículos. Los caballos árabes de Ruga Arashim han reaparecido y Kalimán se los regala al jefe watusi, quien a cambio le da a Kalimán uno de los gigantescos diamantes en bruto que este pronto regala a Cora. Luego, los expedicionarios prosiguen su camino, Kalimán conduciendo el camión que antes guiara Caracol. Durante el viaje, Kalimán nota que el camión está demasiado pesado para llevar solamente víveres y tiendas de campaña, y se propone investigar más a fondo el cargamento que lleva a la primera oportunidad.

La expedición llega a las tierras bajas del monte Kilimanjaro, las tierras de los kijalis, una tribu que en el pasado fue caníbal; nadie sabe si aún lo son. Una tarde después de una larga jornada Solín decide ponerse a tocar una flauta que ha construido con un pedazo de bambú. El sonido destemplado que produce irrita a todos los miembros del campamento, incluido Kalimán, pero Solín se rehusa a dejar de tocar. Pronto atrae a una cobra venenosa, a la que Solín puede mantener a raya utilizando sus habilidades de encantador de serpientes. Sin embargo Kalimán decide darle una lección a su amigo y no hace nada por ayudarlo, y Solín es obligado a tocar por horas enteras pues cuando deja de tocar la cobra se enfurece. Eventualmente el niño, exhausto, tiene que dejar de tocar y solo entonces Kalimán interviene impidiendo que la cobra ataque. Esa noche Solín descubre a la cobra junto a él, y después de 'hablar' con ella, Kalimán le informa a Solín que la cobra ha decidido convertirse en su amiga. Así la serpiente se convierte en la mascota de Solín, Sherezada, y el niño decide transportarla en una pequella cesta de junco.

Kalimán intenta revisar el contenido de los camiones esa noche, pero la falta de luz se lo impide. Erich von Strick lo descubre e intenta prohibirle que investigue, pero Kalimán le advierte que al otro día cuando haya más luz nada impedirá que él examine el contenido del cargamento que llevan. Nunca llega a llevar a cabo sus planes: al otro día los miembros de la expedición se despiertan con la noticia de que 30 de sus 40 porteadores se han ido llevándose los dos camiones, a los expedicionarios sólo les queda un jeep. Kalimán intenta descubrir su rastro pero no lo logra, aunque entre la maleza descubre un colmillo de tigre del collar de Caracol, con lo que asume que el salvaje ha estado ahí. La pérdida de los camiones y de la mayoría de los víveres es un golpe severo para la expedición, y Kalimán propone encaminarse hacia Nairobi, Kenia, esperar a que pasen los tres meses de la época de lluvia y luego regresar con camiones nuevos. Pero von Strick se opone vehementemente a esa idea, dice que esperar tres meses es demasiado tiempo e insiste continuar la expedición hacia el Lago Victoria. Eventualmente logra convencer a los Finlay, y la expedición continúa llevando solamente el jeep y 10 porteadores que llevan víveres y tiendas de campaña sobre sus cabezas. Un día Caracol aparece para sorpresa de todos en un recodo del camino. Kalimán accede a llevarlo en la expedición, pero advierte que a la primera oportunidad lo entregará a las autoridades. Esa noche, en un lugar apartado del campamento Caracol informa a von Strick que los camiones van en camino hacia donde él ya sabe, y que los treinta porteadores a los que despidió van de regreso a la costa.

La expedición encuentra una aldea desde donde se escucha el sonido lúgubre de un tambor solitario. Kalimán y von Strick quieren investigar, pues están en tierras kijalis y tienen que saber si los caníbales están cerca, y así ellos dos se dirigen a la aldea dejando a los Finlay y a Solín escondidos en la selva. En la aldea encuentran a un anciano tocando el tambor quien les informa que la noche anterior un grupo de kijalis atacó la aldea y se llevó a todos sus habitantes excepto a él. Buitres en el cielo le indican a Kalimán que hay cadáveres cerca, los habitantes de la aldea seguramente fueron asesinados. Kalimán le ofrece al anciano llevarlo con él hasta otra aldea, pero el anciano rehusa, prefiere morir con los suyos.

Mientras tanto, Sherezada se escapa de la cesta de juncos y Solín se interna en la selva para buscarla. Termina perdiéndose, y cuando Kalimán y von Strick regresan, Solín no está por ningún lado. Kalimán sabe que deben alejarse de ahí lo más rápidamente posible pues los kijalis acechan, pero no piensa dejar abandonado a Solín. Le sugiere entonces a los Finlay y a von Strick separarse: ellos se llevarán el jeep y avanzarán ocultos por la selva hacia el norte, hacia el Lago Alberto, un sitio sagrado para los kijalis donde ellos no se atreverán a ir, mientras que Kalimán busca a Solín. Esa noche se encontrarán a orillas del lago.

Para von Strick esta es una excelente oportunidad de deshacerse de Kalimán, y conduce a los Finlay y al resto de la expedición no hacia el lago Alberto por donde la selva los protege, sino por campo abierto hacia el oeste, pensando que podrá avanzar más rápido en el jeep. El coronel Finlay se resiste a cambiar el rumbo y a abandonar a Kalimán, y von Strick le responde golpeándolo en la cabeza ante una Cora que mira horrorizada. No llegan muy lejos: los kijalis descubren el jeep y se lanzan tras ellos. No logran avanzar a velocidad suficiente para perderlos, y eventualmente se encuentran con otro grupo de guerreros que viene de otra dirección. Entre dos fuegos, los expedicionarios son obligados a pelear, y pronto sucumben ante la superioridad numérica de los kijalis. Cinco porteadores logran escapar y se pierden en la selva, y los otros cinco, al igual que von Strick, Caracol, Cora y Charles Finlay son llevados a la aldea kijali. Los prisioneros blancos y Caracol son atados a postes en el centro de la aldea, e inmediatamente después los kijalis proceden a asesinar, desmembrar y devorar a los cinco porteadores capturados. Los Finlay, von Strick y Caracol miran horrorizados, sabiendo que pronto les llegará el turno a ellos.

Solín, mientras tanto, logra encontrar a Sherezada, y Kalimán pronto lo encuentra a él. Ocultándose entre la selva logran burlar a un grupo de kijalis, y cuando un guerrero los descubre termina siendo atacado por Sherezada, que así defiende a Solín. Cuando los kijalis atacan el vehículo de los Finlay, Kalimán escucha los disparos de von Strick y así se entera que este no siguió sus indicaciones. Para cuando llegan a donde está el jeep, ya sus ocupantes han sido capturados, y Kalimán y Solín siguen las huellas que descubren hasta la aldea kijali, donde Kalimán explica a Solín que ellos no atacarán a sus prisioneros blancos hasta llegada la noche, pues los kijalis creen que el hombre blanco tiene un espíritu maligno en su interior que solo puede ser neutralizado en la noche.

Kalimán y Solín regresan hasta donde está el jeep, y Kalimán lo cubre de ramas y lo conduce hasta un sitio cerca a la aldea. Luego ordena a Solín formar una gran hilera con ramas secas, que luego procede a rociar con gasolina. Lo mismo hace con las ramas secas que cubren el jeep. Enciende fuego y entrega una antorcha a Solín, quien deberá esperar escondido, y luego monta al jeep y prende fuego a las ramas secas que lo cubren, corvintiéndolo en una gigantesca bola de fuego que lanza contra la aldea de los kijalis. Los salvajes miran aterrados como el fuego empieza a devorar sus chozas, y en la confusión Kalimán libera a los prisioneros. Von Strick y Caracol van en busca de sus rifles, y luego todos corren hacia el lugar donde se encuentra Solín. Los kijalis se dan cuenta de la maniobra y se lanzan en su persecución. A una señal de Kalimán, Solín deja caer su antorcha en la hilera de ramas secas que habían preparado, y de repente una gigantesca muralla de fuego se alza entre ellos y sus perseguidores. Logran esconderse en la selva, y caminando lenta y cuidadosamente llegar hasta las orillas del lago Alberto. Kalimán quiere continuar de ahí al lago Victoria y luego ir a Uganda a entregar a Caracol a las autoridades y a obtener víveres y material para proseguir la expedición. Von Strick está de acuerdo en ir al lago Victoria, pero llegando allí convence a Charles Finlay que ante la insistencia de Kalimán de entregar a Caracol a las autoridades deberán separarse de Kalimán, pues necesitarán de Caracol para que los guíe al macizo de los Bongos.

A su llegada al lago Victoria Kalimán descubre que hay una señal de guerra en la aldea suk que querían visitar para aprovisionarse de víveres, descansar, etc. Investigando descubre que han habido una serie de epidemias, y ahora los suk, quienes antes se mostraban hospitalarios, ahora temen la presencia de extranjeros. Kalimán insiste en que quiere ser su amigo, y los suk lo someten a la "Prueba del Fuego de la Maldad", con la que según los suk se puede averiguar si forasteros son de confiar o no: Kalimán debe de caminar diez metros sobre carbones al rojo blanco. Una vez superada la prueba, los suk se convierten en valiosos aliados de los expedicionarios que acceden a llevarlos en sus botes a través del lago, ahorrándoles muchos días de penosa marcha.

Al norte del lago Victoria, Kalimán descubre la presencia de pigmeos escondidos entre los árboles. Los sabe hostiles, y así ordena a los Finlay, Caracol y von Strick que se enscondan en un carrizal cercano; él mismo y Solín intentarán distraer a sus perseguidores. Solín saca a su cobra mascota, Sherezada, y se la enreda entre sus brazos y cuellos, y Kalimán, por medio de hipnotismo colectivo, les hace creer a los pigmeos que él y Solín se multiplican. El resultado es que los pigmeos creen que ellos son dioses, y los dejan libres. Sin embargo en el carrizal una serpiente ataca a von Strick, quien se defiende disparando su rifle. Con esto logra atraer la atención de los pigmeos, quienes terminan atrapando a los expedicionarios con intenciones de matarlos con dardos envenenados. Kalimán también es atacado, esta vez por un gigantesco elefante. Hablando en su lenguaje, Kalimán descubre que se llama Górok, y logra convencerlo que conduzca a su manada hacia la aldea pigmea para ayudarlo así a rescatar a sus amigos. Górok accede pues los pigmeos son sus enemigos ancestrales (los pigmeos se alimentan de carne de elefante), y así Kalimán y Solín irrumpen en la aldea pigmea montados en elefantes que pronto recogen con sus trompas al resto de los expedicionarios. Luego los llevan a orillas del río Ikijaní, la próxima etapa de su viaje, desde donde prosiguen a las majestuosas cataratas que dan origen al río Nilo a su salida del gigantesco lago Victoria, y desde ahí hacia las cataratas Murchison más al norte.

Esa noche, Kalimán oye una conversación entre von Strick y Charles Finlay y se entera de los planes de estos de proseguir su marcha al macizo de los Bongos sin ir a la capital de Uganda. A pesar de estar en desacuerdo con la decisión, Kalimán decide acompañarlos. Mientras tanto Caracol amenaza la serpiente amaestrada de Solín, cree que es un espíritu de la muerte y amenaza con matarla.

Al día siguiente, algo al norte de las cataratas Murchison, encuentran una aldea abandonada, y una vez entran allí descubren que está llena de cadáveres aparentemente en consecuencia de alguna epidemia. Cuando se disponen a continuar su camino, Cora Finlay descubre a un grupo de nativos que Kalimán identifica como los yingas, una tribu extremadamente supersticiosa que les prohibe salir de la aldea por haber sido esta declarada sagrada a causa de la cantidad de muertes que ocurrieron allí. Kalimán decide esperar hasta la noche y enciende fuego a una de las chozas; en la confusión que se forma escapa con sus amigos hacia la selva. Sin embargo los yingas se percatan de la fuga y se lanzan en su persecución. Sorprendentemente poco después los yinga dejan de perseguirlos, y Kalimán inicialmente se pregunta por qué. La respuesta pronto surge ante sus ojos: están siendo amenazados por la muerte roja, la marabunta, un ejército de millones y millones de hormigas que se desplazan por la selva por tierra y aire devorándolo todo. Los expedicionarios se lanzan en una loca carrera hacia el río Nyanza para huir de la marabunta, pero no tienen éxito y pronto son cercados por las hormigas. Kalimán prende entonces fuego a la sabana, pero pronto queda aparentemente atrapado entre el incendio que creó y el ejército de hormigas. Kalimán salta entonces sobre las lenguas de fuego seguido por sus amigos, y así logran llegar al río Nyanza, donde aferrados a un tronco flotan río abajo, alejándose de la ruta trazada originalmente hacia el África Central.

Llegan a tierras masais, donde von Strick se aleja junto a Caracol para cazar. Un grupo de guerreros masai espanta la presa que von Strick tenía en la mira, y éste, enfadado, dispara sobre sus cabezas. Los guerreros escapan hacia la selva, y poco después tambores anuncian a toda la tribu que un grupo de hombres blancos armados y hostiles ha ingresado en su territorio. Atemorizados los expedicionarios continúan su camino con la esperanza de no ser atacados. Encuentran un segundo grupo de masais, éstos cazadores que se enfrentan a un león. Uno de los cazadores, a pesar de que pelea valientemente, es herido gravemente por el león y sus compañeros lo abandonan a su suerte. Kalimán no está dispuesto a dejar morir al guerrero masai y se lanza contra el león, al que vence con un dardo somnífero. Luego cura al joven masai y decide llevarlo a su aldea, ante las vehementes protestas de von Strick. Sin embargo Kalimán sabe que si intentaran continuar su travesía por tierras masai serían atacados y seguramente muertos. En la aldea masai, Kalimán relata que el joven se batió bravíamente. El jefe masai resulta ser el padre del joven, y agradeciendo a Kalimán le perdona la vida. Eventualmente Kalimán lo convence de que perdone también a sus compañeros, aunque el jefe masai insiste en pedir un tributo: Cora Finlay. Kalimán le dice entonces que un demonio blanco vive en la muchacha, y que se alegra de salir de ella. Ante esto, Cora Finlay es devuelta al grupo de expedicionarios, a quienes se les permite continuar su camino. Esa noche los expedicionarios descubren las primeras huellas de lo que ellos creen son gorilas humanos.

Para llegar a los montes Ruwenzori, los expedicionarios tienen que atravesar una zona pantanosa donde los principales peligros son la malaria y los cocodrilos. Una noche, Caracol se aleja del campamento de los expedicionarios, pero es descubierto por Kalimán y Solín, quienes lo siguen y descubren que hace señales sonoras y de luz a alguien. Al otro día Kalimán interroga al salvaje, pero este se niega a decir qué es lo que ha hecho, aunque poco después le revela a von Strick que ha hecho contacto con los otros miembros de su tribu, los mau-maus. Durante el siguiente día de expedición Caracol, siempre bajo las órdenes de von Strick, se separa del grupo y regresa acompañado de otros miembros de su tribu; dice que ha logrado convencerlos de no atacar a condición de que todos beban una bebida repugnante hecha de sangre de buey mezclada con leche de cabra. Sin embargo todo es una trampa, von Strick ha decidido acabar de una vez por todas con Kalimán y esa noche cuando todos duermen en el campamento, Caracol y los mau-mau atacan a lo que ellos creen son Kalimán y Solín a golpes de alfanje. Kalimán y Solín, presintiendo el peligro, no habían dormido ahí y así sobreviven el ataque. Von Strick necesita que Kalimán confíe en los mau-maus para que puedan traicionarlo y por fin matarlo, y así ordena a Caracol hacer asesinar a 20 mau-maus y colgarlos de árboles situados sobre la ruta de los expedicionarios. Caracol le dice a Kalimán que estos son quienes lo atacaron esa noche y que han sido ajusticiados por la tribu, pero Kalimán no le cree; observando los cadáveres descubre que son enfermos de lepra y no guerreros. Sin embargo aparenta aceptar las explicaciones de Caracol y acepta que un grupo de guerreros mau-maus los guíe a través de los montes Ruwenzori hacia las selvas del Congo. Estos los guían hacia un pantano de tierras movedizas, pero Kalimán se da cuenta del engaño a tiempo e impide que sus amigos caigan en la trampa. Viéndose descubiertos, el pequeño grupo de mau-maus que hacían de guías se lanza contra Kalimán para matarlo, pero son vencidos en lucha cuerpo a cuerpo. Caracol asegura que a él también lo traicionaron y que no sabía del engaño, y los Finlay deciden creerle, entre otras cosas porque von Strick asegura necesitarlo para que los guíe por las selvas hacia el macizo de los Bongos. Kalimán decide continuar aceptando la presencia de Caracol entre ellos a pesar de estar convencido de que miente, y así poco después terminan de atravesar los montes Ruwenzori y se adentran por las selvas congolesas.

Von Strick decide cazar una gacela, y a pesar de que Kalimán le ordena a Solín no aproximarse el muchacho desobedece y va a mirar la gacela muerta. Un rinoceronte lo descubre, y Kalimán se ve obligado a luchar contra él para salvar la vida de Solín. Termina venciéndolo encegueciendo temporalmente al animal, y cuando menos lo piensa Kalimán se encuentra siendo atendido por los amorosos brazos de Cora Finlay, quien cada vez se siente más atraída hacia él y más desilusionada de las actitudes traicioneras y cobardes de Erich von Strick.

Esa tarde, Cora Finlay se encuentra sorpresivamente con un grupo de gorilas humanos. Mientras von Strick y Caracol ponen trampas en los alrededores de la cueva que han escogido para guarecerse esa noche, Kalimán decide investigar y es sorprendido por un gorila humano que lo ataca a traición y lo deja sin sentido. Poco después el grupo de gorilas humanos ataca el campamento de los expedicionarios y logra capturar primero a Cora Finlay y luego a su padre, el coronel Charles Finlay cuando este intenta rescatarla. Solín se escabulle del grupo y va a buscar a Kalimán, a quien encuentra y logra reanimar mientras se escuchan los disparos de von Strick. Los gorilas humanos huyen hacia la selva llevando a sus dos prisioneros, y Kalimán se lanza tras ellos, pero cae en una de las trampas de Caracol y tiene que esperar a que von Strick y Caracol lo liberen mientras los gorilas humanos se alejan. En la batalla von Strick dice haber gastado todas sus municiones, y ahora desarmado quiere dar por fracasada la expedición y regresar hacia Kenia. Kalimán no quiere ni hablar de esto, y se lanza con Solín a una persecución a marchas forzadas tras los gorilas humanos que secuestraron a los Finlay; von Strick y Caracol terminan acompañándolos. Luego de muchas horas de persecución y en un momento en el que Kalimán está a punto de confrontar a los secuestradores encuentran a Cora Finlay que ha sido abandonada; la muchacha está en estado de shock y Kalimán y sus amigos se ven obligados a detenerse para cuidarla mientras que los gorilas que se llevan a Charles Finlay se alejan más y más.

Las huellas de los gorilas humanos se dirigen hacia el desierto de Taru, y a pesar de las protestas de von Strick quien sólo quiere regresar a Nairobi, Kalimán, Solín y Cora Finlay dedican el resto del día a recoger víveres y almacenar agua para preparar su travesía por el desierto. Al atardecer los expedicionarios se adentran por el desierto y caminan toda la noche y la mañana del día siguiente. Al mediodía, durante las horas más calientes del día deciden descansar por unas horas, pero al atardecer cuando despiertan descubren que von Strick y Caracol los han abandonado llevándose todos los víveres y el agua. Kalimán, Solín y Cora Finlay no tienen más alternativa que intentar terminar de cruzar el interminable desierto sin agua o comida. Resisten dos días de caminata a marchas forzadas, pero al tercer día tanto Solín como Cora desfallecen. Kalimán tiene que impedir por todos los medios que sus amigos dejen de caminar, y así los hipnotiza y les ordena olvidarse de tener hambre o sed y simplemente seguir caminando. Esta estrategia da resultado por algún tiempo más, pero mantener hipnotizados a sus amigos mina las fuerzas de Kalimán, quien ya muy cerca de las selvas centroafricanas termina perdiendo el sentido. Cuando esto sucede, tanto Solín como Cora Finlay, liberados súbitamente del dominio hipnótico, también se desploman en un estado cercano a la muerte.

Un gigantesco gorila es testigo de lo que sucede, y guía a su reina, una hermosa mujer de cabellos rubios, hasta donde están los expedicionarios desfallecidos. La reina de los gorilas decide ayudarlos y ordena al gorila, Gorko, recogerlos y llevarlos hasta las selvas donde les da de beber. Luego se aleja, no sin antes dejar al alcance de los expedicionarios frutos silvestres y agua en el interior de cocos recién partidos. Kalimán, en medio de su delirio, alcanza a ver a la misteriosa mujer y a su gorila, y así cuando despierta muchas horas más tarde en un claro de la selva medio recuerda lo que ha pasado. Solín y Cora también se recuperan, aunque siempre vigilados desde las sombras por Sandra, la reina de los gorilas. Inicialmente Sandra no sabe qué pensar acerca de los expedicionarios, pero cuando Kalimán pone una trampa alrededor de su campamento en la que la misma Sandra cae, teniéndose que liberar trozando una liana con sus dientes, la mujer empieza a notar la peligrosidad de los expedicionarios y decide impedirles llegar hasta su aldea. Mientras Kalimán y Cora se dan un baño en las aguas de un río, Sandra roba las ropas de Kalimán, y con ellas su cerbatana de dardos somníferos. Luego ordena a Gorko que traiga a Marana, una gigantesca boa, para que mate a los expedicionarios. Marana ataca primero a Solín, pero el niño logra escapar ante la intervención de Kalimán. Desde un escondite Sandra presencia la lucha de Kalimán contra Marana y queda muy impresionada por su valentía; a partir de ese momento Sandra empieza a sentirse fuertemente atraída por la gallardía de Kalimán. Kalimán, sabiéndose vigilado, finge desfallecer después del ataque de Marana, y cuando Sandra se acerca a mirarlo más de cerca él la atrapa de un pie. La mujer se debate salvajemente, y Kalimán logra hacer que se tranquilice besándola en la boca. Luego los dos vuelven al río, y Kalimán logra convencer a Sandra de que es un amigo.

Gorko, mientras tanto, ha secuestrado a Solín y a Cora. Solín manda a su cobra Sherezada a buscar a Kalimán, y cuando esta lo encuentra Kalimán regresa en busca de sus amigos. No tiene necesidad de actuar, para entonces Sandra ha regresado con Gorko y le ha ordenado dejar libres a los prisioneros. Sin embargo una vez reunidos, los expedicionarios se ven rodeados de un grupo de cientos de gorilas: Sandra siente celos de Cora Finlay y le ha ordenado a Gorko matarla. Kalimán reta a Gorko a pelear por la vida de la mujer y logra imponerse en su lucha ganándose el respeto de Gorko y del resto de los gorilas que presenciaron la pelea. Luego, Kalimán, Solín y Cora Finlay son llevados a una aldea construida por los gorilas donde son considerados huéspedes. Sandra vive también allí, donde reina sobre un grupo de gorilas a los que ha enseñado muchas costumbres humanas.

Esa noche Gorko muestra a Kalimán un libro de notas que Kalimán reconoce inmediatamente como el de Charles Finlay. Kalimán y Cora van al otro día a investigar el sitio donde Gorko lo encontró y encuentran el cadáver de un hombre blanco que pronto identifican como Thomas Connelly, no Charles Finlay por medio de una placa metálica que lleva colgada en su cuello. Sandra se reúne con ellos y le revela a Kalimán que pocos días antes vio pasar un grupo de gorilas humanos que llevaba a un hombre blanco viejo prisionero. Esta revelación decide a Kalimán a acortar su estadía en las tierras de Sandra y continuar su camino a las tierras de los gorilas humanos. Inicialmente Sandra no quiere dejar partir a Kalimán, pero este termina convenciéndola, y durante una ceremonia ritual de los gorilas Kalimán y sus amigos parten hacia el norte dejando atrás a una Sandra que los mira entristecida.

Los caminantes llegan a la orilla de un desfiladero, y allí son atacados por cientos de guerreros zulúes que los hacen sus prisioneros. Los zulúes son un grupo de salvajes que adoran a los gorilas humanos, han esculpido por ejemplo la estatua de un gigantesco gorila en la pared de desfiladero donde habitan. Atan a sus prisioneros a postes en frente de la estatua y luego llaman con tambores a gorilas humanos para que vengan a llevárselos. Un grupo de gorilas acude a sus llamados, y mientras los zulúes huyen a sus cuevas para no ser atacados, los gorilas alzan a los tres prisioneros en vilo y se los llevan a través de un túnel que se abre a los pies de la estatua del gorila gigante. A medio camino, los gorilas dejan caer a los prisioneros al suelo, y se descubren como Gorko y varios otros gorilas aliados de Sandra. La mujer salvaje también está ahí y ofrece a Kalimán acompañarlo a las tierras de los gorilas humanos, pero este rehusa su ofrecimiento pues no quiere exponerla a los peligros que seguramente encontrarán. Ante esto Sandra, Gorko y los gorilas regresan a su aldea en la selva mientras que Kalimán, Solín y Cora Finlay continúan su camino.

Varias horas más tarde los expedicionarios encuentran otro desfiladero, en el fondo del cual descubren una aldea que a excepción de un anciano está abandonada. El anciano les revela que la aldea es de la tribu busimi, los hombres-buitre, llamados así por su preferencia de comer carroña en vez de carne fresca, y que esa misma mañana un grupo de gorilas humanos llegó a la aldea y se llevó prisioneros a todos sus habitantes. Luego, el anciano escapa atemorizado y Kalimán decide seguir las huellas de los hombres gorila con la esperanza de que lo lleven a su refugio. En el camino prepara una nueva dotación de dardos somníferos que construye utilizando bambúes y plantas que encuentra en la selva. En el fondo del desfiladero, Kalimán y sus amigos se ven enfrentados a una estampida de animales salvajes, pero logran sortear el peligro trepando a gigantescos árboles. Solín, sin embargo, desobedece a Kalimán y por buscar a Sherezada quien se ha escapado de su cesto por poco muere aplastado. Es salvado por Kalimán, y poco después encuentra a su cobra que se había escondido en una hoquedad.

Para proseguir su camino Kalimán obtiene la ayuda de una cebra a la que convence para que lleve a Solín y a Cora. Cabalgan toda la noche, y al amanecer llegan a otra aldea de africanos, esta vez de la tribu kalúa. Escondidos entre los pastos, Kalimán y sus amigos descubren a un grupo de gorilas humanos a quienes los kalúa rinden pleitesía. Kalimán decide investigar si quizás el coronel Finlay está allí y deja a sus amigos solos por unos momentos, pero tiene que regresar cuando descubre que un gorila humano ha descubierto a Cora y Solín. La cobra de Solín intenta atacar al monstruo, pero pronto es vencida, y Solín es golpeado y dejado sin sentido. Kalimán llega en ese momento y ataca al gorila humano con un dardo somnífero, pero descubre que estos no tienen ningún efecto sobre los gorilas humanos. En la pelea que sobreviene Kalimán a duras penas logra vencer al monstruo gigantesco utilizando el fuego, pero esto ocasiona un incendio que pronto se extiende hacia la aldea. Sherezada le muestra a Kalimán dónde yace Solín, y así todos logran huir del incendio. Mientras tanto, el grupo de gorilas humanos se ha levantado contra los aldeanos kalúas y destruye su aldea, llevándose luego a todos los aldeanos como prisioneros. Escondidos, Kalimán y sus amigos deciden seguirlos.

Llegan a lo alto de una cascada, donde los gorilas humanos obligan a los kalúas a bajar colgados de lianas hasta el río que corre debajo. Una vez que los gorilas humanos se han ido, Kalimán y sus amigos deciden seguirlos por el mismo camino, pero son descubiertos por un gorila humano que se había quedado rezagado. El monstruo sacude la liana de donde pende Solín, y Kalimán, llevando a Cora Finlay en su espalda, tiene que agarrarlo de una pierna para impedir que caiga al vacío. El gorila humano procede a morder la liana de donde pende Kalimán y logra trozarla. Kalimán lanza a sus amigos hacia el río que corre debajo, y él mismo logra también contorsionar su cuerpo de manera que cae también en el río. En lo alto del acantilado el gorila humano da un traspiés y cae al vacío estrellándose en las rocas.

El grupo de gorilas humanos continúa su camino y llega al frente de un gigantesco murallón de piedra. Kalimán, Solín y Cora Finlay pasan toda la noche escondidos, viendo llegar a más y más grupos de gorilas humanos trayendo a cientos de prisioneros africanos. En medio de la noche los gorilas humanos accionan un mecanismo secreto que abre una puerta en la pared de piedra y conducen a sus prisioneros por un túnel que se abre detrás. Kalimán logra descubrir ese mecanismo, y así entra al túnel iluminado por cientos de antorchas. Al otro lado hay una aldea, la aldea de los gorilas humanos, en el centro de la cual se alza la estatua de un gigantesco gorila de piedra.

Mientras observan como los gorilas humanos guían a sus prisioneros nativos hacia el centro de la aldea, Kalimán descubre una sombra que se dirige hacia ellos. Resulta ser Erich von Strick, y Kalimán decide mostrarse ante él. El cazador está estupefacto de encontrar a Kalimán, Solín y Cora Finlay vivos, y los insta a seguirlo hacia una casucha donde dice podrán esconderse de los gorilas humanos. Poco después, Caracol, quien también está vivo, se reúne con ellos. Von Strick se disculpa por haberlos abandonado en el desierto, dice que eso efectivamente fue una traición y que él y Caracol tenían intenciones de huir hacia Nairobi, algo que seguramente Kalimán no le habría permitido hacer. Relata además que él y Caracol fueron capturados por los gorilas humanos el mismo día en el que los abandonó, e inmediatamente fue llevado a la aldea donde se encuentran actualmente, donde encontró a Charles Finlay, quien poco después fue muerto por los gorilas humanos. Dice que él y Caracol son prisioneros de los gorilas humanos, aún si se les permite caminar libremente por los alrededores de la aldea. Cora Finlay no queda demasiado convencida con la historia, y se lo hace saber a von Strick, a quien desde la traición de Taru ya no considera como su prometido. Kalimán calla.

Von Strick insiste que Kalimán y sus amigos deben irse, si bien él mismo y Caracol son prisioneros de los gorilas humanos y no pueden irse, Kalimán y sus amigos sí pueden regresar a la civilización. Kalimán sin embargo está decidido a ayudar a los nativos prisioneros, y observando que grupos de nativos entran al templo del gorila sin volver a salir decide ir con Solín a investigar, dejando a von Strick y Caracol en la casucha protegiendo a una Cora Finlay que exhausta se acuesta a dormir. Sin embargo tan pronto Kalimán y Solín se alejan, Erich von Strick y Caracol abandonan a la muchacha y se dirigen hacia la aldea. Poco después un gorila humano entra a la casucha, captura a Cora Finlay y la lleva al centro de la aldea, donde la ata a un poste alrededor del cual un grupo de gorilas humanos entonan cantos en lenguas nativas centroafricanas.

Kalimán y Solín mientras tanto se mezclan entre los prisioneros nativos y logran entrar al templo del gorila, un sitio oscuro y vacío donde pronto encuentran una gigantesca puerta de plomo; los prisioneros nativos son llevados a través de la puerta y por ahí desaparecen, y a pesar de los esfuerzos de Kalimán y Solín no logran seguirlos. Tienen problemas para salir del templo, y en un momento crucial son ayudados por Erich von Strick, quien los ayuda a salir de la aldea subidos a las copas de árboles. Kalimán descubre así que Cora ha sido hecha prisionera; Caracol le dice que él la defendió pero que fue vencido por los atacantes.

De vuelta en la casucha von Strick implora a Kalimán que se vaya; él, Caracol y Cora Finlay están condenados a muerte, pero Kalimán y Solín aún pueden salvarse. Kalimán rehusa. Poco después un gorila humano se acerca a la casucha, y Erich von Strick decide entregarse sin hacer resistencia para dejar que Kalimán y Solín escapen. El gorila humano no tiene ningún interés en Caracol. Von Strick es llevado junto a Cora y atado a un poste al lado de ella, los gorilas cantarán y bailarán todo el día y la noche siguiente antes de matarlos al amanecer. Kalimán y Solín escapan hacia la selva.

Solín, exhausto por no haber dormido en los últimos días, se duerme, pero es despertado por una gigantesca tarántula que camina sobre sus piernas. Sherezada se lanza contra la araña y la mata con su veneno. Kalimán decide entonces ir a las cuevas de las tarántulas, dice que allí encontrará telas de araña que le serán muy útiles para sus planes. Luego, Kalimán encuentra a Caracol, quien dice querer escapar de la aldea de los gorilas humanos. Kalimán, asqueado por su cobardía lo impide y lo obliga a ayudarlo; quiere volver a entrar al templo del gorila y esta vez sí averiguar que hay detrás de la puerta de plomo. Caracol termina accediendo a acompañarlo a regañadientes. La estatua del gorila está vigilada, y Kalimán y Caracol deciden trepar por su exterior. Eventualmente encuentran un agujero en lo alto de la estatua, y el plan de Kalimán es utilizar la cuerda de la tela de araña para descolgarse a su interior. Sin embargo cuando baja por la cuerda Caracol corta la telaraña, y Kalimán cae más de 50 metros hacia el interior del templo del gorila. Pierde el sentido al golpearse contra el suelo.

Solín se queda con su cobra esperando en un claro de la selva, pero poco después la cobra vuelve a escaparse de su cesto y Solín se lanza a perseguirla. Hace así un importante descubrimiento: los camiones que Erich von Strick tenía al inicio de la aventura que dijo habían sido robados en tierras kijalis conteniendo lo que parece ser equipo de laboratorio. Inmediatamente Solín decide informar a Kalimán de su descubrimiento, pero antes de que logre hacerlo es descubierto por un gorila humano. Sherezada intenta defenderlo, pero es muerta por el monstruo de un manotazo. El gorila humano alza entonces a Solín en vilo y lo lleva al mismo sitio donde están Cora Finlay y Erich von Strick.

Horas mas tarde los prisioneros son desatados de los postes donde están amarrados y conducidos al interior del templo; los gorilas humanos no descubren a Kalimán, quien yace en un rincón sombrío. Luego los gorilas humanos abren las puertas de plomo y los prisioneros son llevados a través de ellas por corredores cubiertos con capas de metal e impregnados con fósforo que brilla en la oscuridad. Eventualmente llegan a una estancia redonda, y mientras los gorilas humanos se hacen a un lado una campana de vidrio cae del techo aprisionando a los prisioneros. Poco después un gorila humano entra a la campana y se lleva a Erich von Strick; Cora y Solín quedan convencidos de que va a ser asesinado.

Cuando Kalimán despierta encuentra la puerta de plomo abierta y se adentra por los pasadizos para investigar. Pronto se da cuenta que pisa una alarma, y un grupo de gorilas humanos pasa frente a él mientras él se esconde en las sombras. Cuando llega a la entrada del sitio donde están sus amigos descubre a un gorila humano que ha sido dejado como vigilante, salta sobre él y de un golpe dempoledor lo deja sin sentido. Luego entra a la cámara donde está la campana de cristal, y aunque puede ver a Solín y a Cora que vociferan desesperados, no los logra libertar. De pronto una puerta secreta se abre, y Kalimán, aún sabiendo que seguramente se dirige a una trampa decide cruzar por ella.

Se encuentra en un pasadizo descendente, impregnado como los otros con fósforo luminescente. En una bifurcación del corredor encuentra un recinto gigantesco en el que cientos de nativos están asinados, todos ellos lucen cadavéricos, casi como momias, y en sus pieles pueden verse espantosas quemaduras. Por doquier hay además cadáveres que no han sido recogidos. Kalimán no logra liberarlos, y decide continuar por el otro corredor, por donde llega a una puerta que se abre ante su paso. Atraviesa por ella y se ve de pronto en un moderno laboratorio donde un hombre trabaja febrilmente. La sorpresa de Kalimán es infinita cuando descubre que se trata del coronel Charles Finlay. Inicialmente Kalimán piensa que Finlay es el cerebro creador de todo lo que ve, pero Finlay pronto lo convence de que no es así, él también es un prisionero que fue llevado como esclavo a ese laboratorio después de ser secuestrado por los gorilas humanos.

Kalimán le pregunta a Finlay quién entonces es el creador de lo que ven, y antes de que el científico pueda responder se escucha una risa diabólica, la risa de Erich von Strick, quien se deja ver protegido por una pared de grueso cristal. Erich von Strick revela que muchos años antes descubrió un gigantesco yacimiento de uranio en esta zona del macizo de los Bongos y que se decidió a explotarlo. Los nativos que los gorilas humanos secuestran son la mano de obra para trabajar en la mina, pero desafortunadamente mueren demasiado rápido a causa de quemaduras radioactivas, así que tienen que ser reemplazados constantemente. A pesar de lo bien que funcionaba la mina von Strick descubrió que necesitaría de un científico conocedor de física nuclear para manejarla sin peligro, y así diseñó un complicado plan para atraer a Charles Finlay al África Central, un plan que incluía convertirse en el prometido de su hija Cora para así ganarse su confianza. Pero hay algo que von Strick no revela a Kalimán: el papel de los gorilas humanos en su plan, y la manera como logra que sigan sus órdenes.

Von Strick decide eliminar de una vez por todas a sus enemigos, y ordena a Caracol sacar a Solín y a Cora de la campana de vidrio y llevarlos a otro recinto donde serán destrozados por un grupo de gorilas humanos. Caracol obedece fingiendo que ha venido a liberar a los dos prisioneros siguiendo órdenes de Kalimán, y cuando llega al nuevo recinto se sienta en el suelo a esperar los acontecimientos. Mientras tanto, von Strick retira la pared de vidrio que lo separa de Kalimán y de Charles Finlay, pero les advierte que él mismo está ahora protegido por un campo de electricidad, si alguno de los dos lo ataca, morirá electrocutado. Así conduce a Kalimán y a Finlay a un recinto vecino a donde están Cora y Solín, donde quedan separados de ellos por un vidrio oscuro: von Strick, Kalimán y Finlay pueden ver a Caracol, Cora y Solín, pero no al contrario; la idea de von Strick es que Kalimán y Finlay presencien la muerte de sus amigos (Caracol estará a salvo, a él no lo atacarán los gorilas humanos). Sin embargo, cuando von Strick está a punto de abrir las puertas que darán paso a los gorilas humanos, Kalimán lo ataca con un dardo somnífero. El alemán cae sin sentido, pero Kalimán no puede capturarlo porque sigue protegido por el campo de electricidad; además descubren que no hay manera de abrir desde dentro la puerta por la que entraron.

Kalimán decide utilizar una gotera que cae del techo para formar un charco de agua cerca a donde yace von Strick. Así hace un corto circuito que termina rompiendo el cristal que los separa de Caracol, Cora y Solín, y los cinco personajes logran reunirse; Cora está estupefacta al descubrir que su padre sigue con vida. Kalimán captura a Caracol y lo ordena guiarlo a la sala de control de los laboratorios, misma que espera destruir. Sin embargo, el salvaje en vez de abrir una de las puertas que deberían cruzar abre una trampa a los pies de los cuatro amigos, y ellos caen a un foso donde los esperan un grupo de gorilas humanos. Sobreviene una breve pero feroz lucha en la que Kalimán y sus amigos son vencidos y golpeados hasta perder el sentido.

Muchas horas más tarde, Kalimán, Solín y los Finlay despiertan atados a gruesos postes en el centro de la aldea de los gorilas, fuera de la mina. Von Strick ha recuperado el sentido y se encuentra ante ellos, mientras un grupo de gorilas humanos tocan tambores anunciando su próxima muerte. En las selvas del sur, Gorko escucha preocupado los tambores y anuncia lo que sucede a Sandra, la Reina de los Gorilas. Mientras tanto, atado a su poste Kalimán decide enviar un mensaje a Sandra por medio de un dikirá, un pequeño pájaro negro con el que no tiene dificultad en comunicarse. Los animales de la selva pasan el mensaje de Kalimán de uno a otro, y eventualmente llega a oídos de Sandra, quien se decide a intervenir y organiza un gigantesco ejército de animales salvajes para atacar y destruir de una vez por todas la guarida de los gorilas humanos.

Mientras tanto von Strick ha decidido cumplir la sentencia que dictara horas antes y se apresta a ordenar a un gorila humano asesinar a Cora de la peor manera posible con el único propósito de horrorizar al máximo a Kalimán y a Charles Finlay. Ata a la muchacha a una piedra circular, pero cuando ordena a los gorilas humanos atacarla descubre que estos no quieren acercarse a la muchacha: Kalimán los ha hipnotizado, y ellos creen que lenguas de fuego surgen del cuerpo de Cora. Von Strick deduce que el causante de todo es Kalimán, y decide cegarlo con un hierro para que jamás vuelva a hipnotizar a nadie. Nunca llega a hacerlo, en ese momento el ejército animal de Sandra irrumpe por el túnel que atraviesa la montaña.

Sobreviene una lucha generalizada en la que los animales de Sandra, principalmente elefantes y gorilas pero también diversos pájaros, coyotes, etc. atacan sin misericordia a los gorilas humanos de von Strick. El alemán ordena a Caracol buscar los rifles y organizar la defensa, pero antes quiere acabar de una vez por todas con Kalimán, ya que lo tiene a su merced. Agarra el alfanje de Caracol y se prepara para asestarle un golpe mortal a Kalimán, cuando es atacado por Gorko, el gorila de Sandra, quien pronto lo desarma. Sin embargo Caracol está cerca y dispara su rifle contra Gorko, quien cae al suelo mal herido.

Kalimán logra romper sus ataduras y libera a sus amigos que corren hacia la selva. Von Strick descubre que sus gorilas humanos están siendo vencidos y corre hacia la mina desde donde escapará por una salida secreta, pero Kalimán se lanza tras él. Sin embargo es atacado a traición por Caracol quien logra golpearlo en la cabeza, y Kalimán cae al suelo atontado. Caracol se dispone a cortar la cabeza de Kalimán con su alfanje cuando Sandra, montada en un gigantesco elefante, lo impide: el elefante atrapa a Caracol con su trompa y lo golpea repetidas veces contra el suelo, matándolo, y luego aplasta su cadáver caminando sobre él. Von Strick mientras tanto logra llegar hasta el templo del gorila, pero Sandra le ordena a un grupo de elefantes que derrumben el templo. La construcción no resiste el embiste de cientos de elefantes y se derrumba sobre la cabeza de Erich von Strick, quien muere sepultado por muchas toneladas de escombros. El derrumbe se extiende hasta la entrada de la mina, y los infelices esclavos que trabajan en ella también mueren sepultados.

Los animales de Sandra terminan imponiéndose sobre los gorilas humanos, y es entonces cuando Kalimán revela el último secreto de Erich von Strick: sus gorilas humanos no son reales, son simplemente nativos disfrazados con complicados trajes, quienes en la oscuridad y de lejos pueden pasar por gorilas humanos. Cuando la pelea cesa por fin, Charles Finlay explica que los trabajadores de las minas nunca hubieran tenido ninguna posibilidad de sobrevivir, la radiación de las minas los hubiera matado de todas maneras. Luego, Kalimán cura las heridas de Gorko, quien logra sobrevivir, y anuncia a Sandra sus intenciones de regresar a la civilización. Sandra le pide que la lleve con él, pero Kalimán rehusa, pues sabe que Sandra nunca se adaptaría a la vida en la civilización. Poco después Kalimán, Solín y los Finlay inician el largo camino hacia la civilización, mientras que Sandra, Gorko y los demás gorilas los despiden con toques de tambor.

CREADORESEditar sección

  • Original de
    • lucia lapiedra
    • tupenetehuelemuchoabacalao
    • nacho vidal
    • kiko matamoros
    • marujita diaz
    • dinio
    • y el gemelo

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