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00 LA LEYENDA DE KALIMAN


PERSONAJESEditar

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar

  • Kalimantán, Katmandú, India
  • selvas del norte de la India
  • montañas del norte de la India
  • Janil Bará, India
  • estepas de Mongolia
  • estepas de Tartaria
  • montañas del Tíbet
  • monasterio de Pul-Jol, Tíbet
  • río Brahmaputra, Tíbet, India y Bangladesh
  • Océano Índico
  • Zanzíbar, Tanzania
  • África

Nota: Ni Kalimantán ni Katmandú están localizados en la India en la vida real; Kalimantan es la parte indonesia de la isla de Borneo y Katmandú la capital de Nepal. Janil Bará y Pul-Jol son nombres ficticios. En la vida real Tartaria es una de las repúblicas que constituyen la Federación Rusa; más comúnmente es llamada Tatarstán. El río Brahmaputra también existe en el mundo real, y sigue el curso que se presenta en la historieta.

ARGUMENTOEditar

En el poblado de Kalimantán del norte de la India, el bondadoso dueño de la zona, el rajá Abul Pashá se lamenta ante su esposa, la princesa Amejrá Pushim, de que no tiene un hijo para que ocupe su lugar cuando él muera. Pashá se preocupa además de que a su muerte el reino pasará a manos del gran visir Sarak, quien tiene fama de ser ambicioso y perverso. La princesa Amejrá le sugiere a su marido que mande a llamar un santón famoso que vive en lo alto de las montañas, ella cree que el anciano quizá puede darles un consejo. A su llegada a la corte el santón consulta sus oráculos y revela al rajá y a su esposa que antes de la quinta luna la felicidad llegará a su hogar, proviniente de las montañas. El malvado visir Sarak escucha la profecía escondido tras gruesos cortinajes, y decide hacer vigilar las montañas para que nadie pueda echar por tierra sus planes de reinar cuando Abul Pashá muera.

Cuando llega la primavera, un grupo de pescadores rescata de las aguas de un río que baja de las montañas una cesta de mimbre que contiene un niño recién nacido. El visir Sarak se entera, y diciendo que el niño está enfermo y podría causar una epidemia en la comarca decide arrojarlo de vuelta al río, pero el rajá Abul Pashá interviene para impedirlo. Contra las objeciones de Sarak, Abel Pashá y su esposa adoptan al niño, aunque no sin antes indagar por todo su territorio y en reinos vecinos si hay alguien que lo eche de menos. El santón reaparece y anuncia que el niño posee un cerebro prodigioso y que está predestinado a reinar entre los hombres. En una gran celebración el bebé es llamado Kali, y Abel Pashá, emocionado, cuelga un collar con el símbolo de su dinastía en el cuello del niño. Sarak, cada vez más contrariado, decide eliminar el niño y pone una cobra venenosa en su cuna, pero Kali tranquiliza con sus caricias a la serpiente, quien se queda dormida a su lado. Esa noche, Sarak rapta a Kali de su cuna y lo lanza de vuelta al río.

El pequeño Kali cae sobre un matorral que flota sobre el torrente y así se salva de morir ahogado. Un águila imperial lo descubre y lo atrapa con sus garras para llevarlo como alimento a sus crías, pero es atravesada de un flechazo por dos cazadores de la selva que la descubren llevando una carga tan peculiar. A la muerte del águila, el pequeño Kali cae en la selva y es recogido por los dos cazadores, Krisna y su hijo Alí, quienes adoptan al pequeño como si fuera de su propia familia. El pequeño Kali pasa los primeros años de su vida con el cazador Krisna y su hijo Alí, quienes le enseñan los secretos de la selva. El niño pronto da muestras de tener una inteligencia asombrosa y de tener la habilidad de hacerse entender de los animales. Cuando Kali tiene ocho años, Alí muere en la selva en una noche de tormenta: un rayo cae sobre un árbol que se desploma sobre él. Poco tiempo después el viejo Krisna se convierte en la víctima de un tigre, y Kali se queda solo en la selva india. Un lobo amigo le ofrece al niño refugio en su guarida en las montañas, y Kali aprende de él y de otros muchos animales más secretos acerca de la vida. El tigre que mató a Krisna descubre que le gusta la carne humana y sigue el rastro de Kali fuera de la selva, hacia las montañas. Kali no le guarda rencor al tigre a pesar de saber que devoró a su padre adoptivo, sabe que el animal simplemente caza para sobrevivir. Sin embargo tampoco está dispuesto a dejarse devorar él mismo o a dejar que su amigo el lobo muera por defenderlo. Kali termina enfrentándose al tigre asesino y hace que lo persiga en una gran carrera; saltando a un árbol lo hace caer en un pantano. Viéndose en peligro de muerte, el tigre acepta la amistad de Kali y es rescatado; desde ese momento una gran amistad une al niño con el tigre.

Mientras tanto, en Kalimantán, el rajá Abul Pashá y su esposa han pasado ocho años buscando el paradero de su hijo adoptivo. Abul Pashá decide ir a un famoso mercado de esclavos en el norte del reino a buscar al pequeño Kali allí, y deja su reino y a su esposa a cargo del visir Sarak.

Un día Kali y su amigo el tigre descubren un campamento de cazadores en el borde de la selva. Kali tiene curiosidad de conocer más miembros de la raza humana y se presenta ante ellos ofreciéndoles su amistad. Los cazadores, sin embargo, son hombres peligrosos y quieren obligar a Kali a ayudarlos a obtener animales por la fuerza para después venderlos. Kali se rehusa a ayudarlos en esas circunstancias. Los cazadores atacan a Kali, pero el tigre amigo interviene y los dos amigos logran escapar. Los cazadores descubren que el niño habla con los animales, y previendo grandes ganancias deciden atraer al muchacho, capturarlo, y después capturar al tigre cuando venga a rescatar a su amigo. El plan es puesto en marcha, y efectivamente los cazadores capturan al tigre, pero Kali logra escapar. Al día siguiente los cazadores abandonan el campamento seguidos de cerca por Kali, quien en un momento de descuido salta a la carroza que lleva a su amigo el tigre y logra liberarlo. Sin embargo él mismo es hecho prisionero y es llevado a un mercado de esclavos en la ciudad de Janil Bará, donde es vendido a un grupo de guerreros mongoles.

El rajá Abul Pashá también está en Janil Bará, y se entera de que un niño de ocho años está siendo vendido por dos mercaderes de esclavos turcos, uno de ellos llamado Saref. Desafortunadamente llega demasiado tarde al sitio donde Kali ha sido vendido, y aunque paga una bolsa de oro a los mercaderes por información acerca del paradero del niño, no logra dar con él, los compradores mongoles ya han salido de la ciudad. Abul Pashá intenta darles alcance, pero Saref y su aliado deciden tenderle una emboscada a la caravana de Pashá, se han dado cuenta de que se trata de un hombre muy rico y quieren robarle sus pertenencias. La emboscada tiene éxito, y el rajá Abul Pashá y sus hombres son asesinados por los hombres de Saref.

Kali es llevado a tierras de Sang-Tié, el poderoso rey de Mongolia, quien como Abul Pashá se lamenta de no tener un heredero para sus dominios. Sang-Tié considera la posibilidad de adoptar a Kali, pero antes tiene que demostrar su fuerza y valor en una serie de pruebas físicas extremadamente duras. Kali pasa dos años en Mongolia, durante los cuales aprende a pelear, montar y lanzar flechas como los rudos guerreros mongoles bajo el mando de Sang-Tié. Sin embargo Kali no es feliz entre los bárbaros de las estepas, y una noche escapa del campamento, recuperando así su libertad. Cabalga por muchos días, hasta que su montura muere de frío, siempre dirigiéndose hacia las heladas cumbres del Tíbet. Eventualmente el frío y el hambre lo hacen desfallecer y queda a merced de los elementos.

Kali hubiera muerto entonces si no es encontrado por el santón que años antes anunciara su llegada al rajá Abul Pashá y a su esposa Amejrá. El santón reconoce al niño inmediatamente al ver el collar que Pashá colgara en su cuello, y después de salvar al niño de morir congelado le explica la verdad acerca de su origen. También le dice que un hombre malvado y cruel, el gran visir Sarak, esclaviza al pueblo de su padre adoptivo y usurpa un trono que en realidad le pertenece a Kali. Kali decide regresar para enfrentarse a Sarak y recuperar el trono que le pertenece, pero el santón se rehusa a ayudarlo; dice que Kali es todavía débil y pequeño, y que tiene mucho que aprender antes de enfrentarse a un enemigo tan poderoso como lo es Sarak. Antes de despedirse, el santón le revela al niño que está predestinado a hacer grandes cosas, y lo llama por un nuevo nombre, Kalimán, que según él quiere decir inteligencia, fuerza y justicia.

Kalimán decide seguir los consejos del santón y no regresar inmediatamente a la India; en vez de eso se encamina a Mongolia, a las tierras de Sang-Tié. El rey mongol, ofendido por el comportamiento de su esclavo, decreta que solo lo recibirá si sobrevive a un feroz tormento mongol, y así Kalimán es enterrado hasta la cintura y abandonado a su suerte por tres días. Durante su tormento, Kalimán tiene vívidas alucinaciones de personificaciones de la muerte y de la vida. Sobrevive el tormento, y Sang-Tié vuelve a recibirlo ya no como su esclavo sino como su hijo adoptivo y heredero al trono de Mongolia. Kalimán pasa varios años entre los mongoles, haciéndose cada vez más fuerte y convirtiéndose en un líder del pueblo mongol.

Cuando Kalimán cumple quince años el joven Kalimán guía a los mongoles en sus luchas ancestrales contra el pueblo tártaro. Decidiendo que la guerra tiene que terminar, Kalimán sugiere un encuentro entre Sang-Tié y el rey tártaro Aga-Rabam para pactar la paz. La reunión se lleva a cabo, pero surgen desavenencias acerca de dónde se instalarán cada uno de los dos pueblos, si en las llanuras o en las montañas. Para sanjar el conflicto Kalimán sugiere que el conflicto se decida en un desafío: un guerrero de cada bando y el que gane escogerá el terreno donde vivirá su pueblo. Sang-Tié no duda un instante y escoge a Kalimán como campeón de los mongoles. El rey tártaro escoge un gigante que todos piensan destrozará a Kalimán. El desafío se lleva a cabo, y Kalimán, clavando su espada en un ojo del gigante, resulta vencedor; su contrincante muere despeñándose por un precipicio. Aga-Rabam es forzado a firmar el tratado y a establecerse en las montañas, pero no perdonará a Kalimán su humillación.

Una noche, un grupo de guerreros tártaros se escabullen al campamento mongol y secuestran a Kalimán, quien duerme. En el campamento tártaro, Kalimán es sometido a feroces tormentos ideados por el rey Aga-Rabam, quien está empeñado en que Kalimán implore misericordia. Kalimán no lo hace y logra sobrevivir su primer día de tormento. Esa noche, la hija de Aga Rabam, una hermosa mujer tártara que esta encaprichada de Kalimán se acerca al prisionero y lo desata, permitiéndole huir.

La noche es fría y oscura, y pronto se desata una tormenta de nieve. Kalimán se interna por las montañas sin saber exactamente hacia dónde se dirige, y pronto termina perdiéndose. Camina varios días, pero semidesnudo y debilitado por el tormento pronto desfallece. En medio de su delirio descubre un ciervo que lo guía hacia donde crecen extraños frutos que le devuelven parte de su fuerza. Luego, el ciervo lo lleva hacia un fértil valle escondido en las montañas, y ante un Kalimán estupefacto se transforma en un anciano que dice ser un lama tibetano llamado Ralma, quien le repite a Kalimán la historia que ya le contara el viejo santón acerca de su origen. Kalimán decide seguirlo, y Ralma lo guía primero a las fuentes del río Ganges, donde Kalimán se baña en aguas que le quitan por siempre la sensación de frío, y luego al monasterio de Pul-Jol.

En el monasterio Kalimán empieza su educación formal, estudiando ciencias, lenguas, matemáticas, etc., y pasando largas horas dedicado a la meditación. Durante sus primeras semanas de estadía, Kalimán descubre que a pesar de conocer todas las técnicas de lucha mano a mano de los guerreros mongoles puede ser vencido fácilmente por aún los estudiantes más débiles del monasterio, pues ellos conocen secretos de karate, judo y jiujitsu que Kalimán desconoce. Ésto lo motiva grandemente, y se dedica a estudiar con ahínco esas modalidades de lucha. Se convierte así en un estudiante sobresaliente que despierta la admiración de sus profesores pero también la envidia de algunos de sus compañeros de estudio. Uno en particular, un joven llamado Ramba Kaba desarrolla una intensa antipatía por Kalimán cuando este es llevado a visitar al Dalai Lama, jefe máximo del monasterio. Durante un ejercicio en el que los estudiantes del monasterio son atados a gigantescas cometas para enseñarles a "volar", Ramba Kaba desata la soga que amarra la cometa en la que Kalimán vuela al suelo. El viento es muy fuerte, y Kalimán, atado a su cometa, se aleja rápidamente del monasterio sin poder controlar su destino. Eventualmente el viento amaina y Kalimán cae en las aguas del río Brahmaputra.

Sin tener otra opción, Kalimán se aferra a un tronco que encuentra y es transportado río abajo por muchos cientos de kilómetros hasta las costas del Océano Índico. Ya en el mar es rescatado por un barco que resulta estar tripulado por piratas chinos, quienes quedan muy impresionados por las habilidades de luchador de Kalimán. El capitán del barco pirata logra engañar a Kalimán diciéndole que roban el botín de piratas malayos para devolvérselos a sus legítimos dueños. La rivalidad entre los piratas chinos y los malayos ciertamente es verdadera, pero el capitán del barco pirata chino nunca tiene más objetivo que enriquecerse él mismo. Kalimán pasa un año como tripulante del barco pirata chino, hasta que eventualmente se da cuenta que los botines que obtienen nunca se reparten entre las víctimas de los asaltos. Confronta al capitán acerca de eso, pero no tiene tiempo de tomar más cartas en el asunto; de repente el barco pirata chino se ve atacado por la marina de un país occidental. El barco pirata eventualmente es hundido, el capitán naufraga con sus tesoros, y Kalimán, único sobreviviente del naufragio, queda abandonado a la deriva sobre un pedazo de madera del barco hundido.

Días respués es rescatado por un velero de placer que surca las aguas del Océano Índico. Está tripulado por Sir Thomas Drake, el gobernador británico de la isla de Zanzíbar, en la costa oriental del África, y su hija Brenda. La muchacha desde un principio queda vivamente impresionada por la gallardía de Kalimán, pero inicialmente Sir Thomas desconfía. Kalimán les confiesa que efectivamente fue un pirata ese año pasado, pero les explica que fue engañado por su capitán. Para cuando los Drake llegan a puerto en Zanzíbar Kalimán ya se ha convertido en un amigo, y esta amistad se afianza cuando Kalimán impide el asesinato de Sir Thomas a manos de los hombres de un criminal llamado Abel Zalim. Durante las semanas posteriores la relación de Kalimán con los Drake se afianza, y eventualmente él y Brenda inician un cálido romance bajo la mirada beneplácita de Sir Thomas.

Una noche, los hombres de Abel Zalim secuestran a Brenda Drake, el malhechor pretende canjear a la muchacha por los hombres que Kalimán capturó cuando se disponían a asesinar a sir Thomas. Kalimán se da cuenta del secuestro y se lanza tras los malhechores, encontrándolos en la bodega abandonada de un antiguo templo árabe. Kalimán llama por teléfono a sir Thomas para que avise a la policía, y pronto las patrullas irrumpen en el lugar. Abel Zalim se enfurece y decide asesinar a Brenda, pero Kalimán interfiere y temporalmente logra detenerlo. Sin embargo, en un momento de descuido Kalimán da la espalda a Zalim y este le lanza un puñal; Brenda se interpone y es herida de muerte. Mientras Kalimán ve morir a su amada, Abel Zalim escapa. Ante la tumba de Brenda, Kalimán le jura a sir Thomas Drake que atrapará a Abel Zalim.

El malhechor ha escapado hacia la tierra firme africana, y Kalimán lo sigue hasta allí. Del puerto de Tanga Kalimán sigue el rastro de Zalim hacia el norte, hacia las tierras de la tribu de los zulúes. Allí es capturado por hombres de esa tribu, y después de pasar la "prueba del león" en la que es perseguido como si fuera este animal tiene oportunidad de salvar a la esposa y el hijo del jefe zulú de ser devorados por un león verdadero. Con esto se gana la confianza del jefe y del resto de la tribu zulú, y así averigua que Abel Zalim y sus hombres están sembrando el terror y la muerte en las aldeas de la región buscando esclavizar pueblos enteros. Eventualmente Kalimán encuentra a Zalim, pero en la pelea que sobreviene el malhechor vuelve a escapar. Kalimán lo sigue y lo encuentra fungiendo de jefe de una aldea de pigmeos, aunque es atrapado por los hombrecillos. Zalim se ha convertido en aliado de los pigmeos, y ordena matar a Kalimán. Por primera vez Kalimán hace uso de sus poderes mentales para salvarse de una situación difícil e hipnotiza a los guerreros pigmeos haciéndoles creer que sus flechas se han convertido en serpientes. Creyendo que Kalimán es un dios, los pigmeos se tornan contra Zalim y lo asesinan de un golpe de lanza. Luego Kalimán es puesto en libertad.

Kalimán se queda en África por tres años más, y recorre el continente de una costa hasta la otra. En las selvas centroafricanas descubre una planta llamada "kamala" de la que extrae un potente narcótico; impregna dardos con esa sustancia y así se hace con lo que se convertirá en su única arma: una cerbatana de dardos somníferos. En una aldea watussi pasa varios días velando por la salud del hijo del jefe de la tribu. Logra devolverle la salud, y los watussis en agradecimiento le regalan una gigantesca esmeralda que procede de las míticas minas del rey Salomón. Pacifica tribus y zanja conflictos, pero pasados tres años decide que debe retornar a su India natal y enfrentar al usurpador del trono de Kalimantán, el malvado visir Sarak.

Allí, en Kalimantán, Sarak consulta a un astrólogo y descubre que Kalimán se encuentra en camino y que está dispuesto a arrebatarle el trono. Aterrorizado ordena cerrar todos los caminos hacia su reino, pero sus esfuerzos son infructuosos, y un día Kalimán se presenta ante la que fuera su madre adoptiva, la princesa Amejrá Pushim, quien ahora se ha convertido en una anciana que todos los días va al río a rezar y a lanzar flores en memoria de su pequeño bebé. Kalimán le muestra a Amejrá el medallón que lleva al cuello e inmediatamente es reconocido, y la princesa anuncia al reino el retorno del verdadero heredero al trono de su esposo. Sarak hace lo posible por desprestigiar a Kalimán, pero el santón que tantos años antes anunciara la aparición del niño interfiere y reconoce a Kalimán como quien se perdió hace tantos años. Sarak no tiene más remedio que aceptar la verdad y reconocer a Kalimán como su soberano, pero en secreto jura darle muerte.

La ceremonia de coronación del nuevo soberano de Kalimantán es fastuosa, y Kalimán viste por primera vez su clásico atuendo blanco. Su madre adoptiva lo corona con un turbante en el que luce la gigantesca esmeralda que le dieran los watusis en África. A partir de entonces, Kalimán se convierte en el soberano de Kalimantán, y reina con temperancia y sabiduría. Pero Sarak no ha cesado en sus intentos de recuperar su trono perdido, y un día atenta contra la vida de Kalimán llevándole una serpiente venenosa en un cesto que dice es un regalo de tierras lejanas. Kalimán pronto descubre el atentado, y hablando con la cobra impide su ataque. Sarak, furioso, desenvaina su daga y se lanza contra un Kalimán que le ha dado la espalda. La princesa Amejrá Pushim se da cuenta de lo que sucede y con su cuerpo escuda a Kalimán. La daga se clava en el pecho de Amejrá, quien muere en los brazos de Kalimán. Sarak, mientras tanto tastabillea, y no se percata que la serpiente venenosa que él mismo trajo está cerca. Es mordido en un brazo por el peligroso animal, y muere también entre terribles dolores.

Con el corazón destrozado al perder a su madre adoptiva, Kalimán decide repartir su fortuna y su reino entre los habitantes de Kalimantán, convertir el palacio real en un templo en honor de Amejrá y emigrar lejos de odios, envidias y traiciones hacia el sitio en el que pasó los mejores años de su juventud, el monasterio tibetano de Pul-Jol. En las fronteras del Tíbet se encuentra con un viejo amigo, Ralma, quien dice que lo esperaba y lo guía de vuelta al monasterio. Kalimán, sediento de sabiduría, se entrega por cuatro años de lleno a los estudios en el monasterio, y pronto es iniciado al colegio de la magia donde aprende los secretos de la telepatía, la telequinesis y el actus mortis. Muchos secretos le son revelados, pero uno no, el secreto de su nacimiento; Abul Pashá y Amejrá Pushim son los padres adoptivos de Kalimán, pero él nada sabe acerca de sus padres naturales. Cuando interroga a Ralma, éste le dice que ese es un secreto que Kalimán aún no puede conocer, que algún día se enterará de la verdad, pero que antes de ese momento tiene una misión que cumplir en la vida: ayudar al débil y combatir la maldad, desafortunadamente todo eso lejos del monasterio. Sin embargo le promete que pasados muchos años podrá regresar al monasterio, y que entonces se le revelarán los misterios de su origen. Kalimán acepta su destino y abandona el monasterio para empezar a cumplir su misión.

CREADORESEditar

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