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Kaliman, el hombre increible

El Dragón Rojo: la Historieta

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22 EL DRAGON ROJO

PERSONAJESEditar sección

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar sección

  • Monasterio de Lonsang-Kan, Tíbet
  • Akra-Far, Tíbet
  • Darjee, India

EPISODIOSEditar sección

  • 513-572 en México (1975)
  • 503-562 en Colombia (1985)
  • 1-55 en México (reedición Lo Mejor de Kalimán en Kalicolor, 1987)
  • 130-189 en México (reedición, 2001)

ARGUMENTOEditar sección

Kalimán y Solín viajan a caballo en el Tíbet, pasando por la cordillera de los Montes Himalaya en busca de un monasterio lama donde se formara el hombre increíble. En el trayecto, deben cruzar por un puente quebradizo, el cual cede rápidamente antes de que Kalimán termine de recorrerlo, pero logra aferrarse al risco a tiempo. Kalimán indica a Solín que deben buscar donde resguardarse de la tormenta de nieve y esperar a que amaine para buscar otro camino.

Mientras aguardan, aparece un viejo amigo de Kalimán, el maestro Shang, usando la proyección astral, saludándolos y guiándolos hacia el monasterio. Ahí, Kalimán es observado con recelo por un monje de ojos brillantes, reconociendo como su “rival”.

Kalimán y Solín son llevados hacia el maestro Shang, reafirmando su posición como el séptimo hombre de la dinastía de la diosa Kali, lo que le ha predispuesto un gran honor. El maestro Shang le avisa que se le permitirá entrevistarse con el Dalai-Lama, y que en vista de que es el Año del Dragón, también tendrá la oportunidad de obtener el grado de “Dragón Rojo” el más alto después del Dalai-Lama, otorgándole el derecho de poseer el Libro Blanco de la Sabiduría, una antigua reliquia. Para ello, deberá pasar una serie de pruebas en las que competirá con otro aspirante, el monje llamado Karma, un hombre formando mental y físicamente casi al igual que Kalimán.

En otra parte del monasterio, Karma reflexiona sobre su rival, considerándolo digno de su respeto al plantear los logros y hazañas que ha alcanzado en su vida, rechazando pensamientos negativos que le impidan convertirse en Dragón Rojo.

Esa noche, Kalimán tiene una pesadilla en que es atacado por un hombre-ave que nunca ha visto en su vida (Karma), al que al final atraviesa con una espada. Despierta, sobresaltando a Solín, deduciendo que pudo haberse tratado de una premonición.

Suenan las campanas en el monasterio, anunciando la cercanía de la ceremonia. Kalimán debe mantenerse en ayuno antes de verse con el Dalai-Lama y tiene que estar solo para purificar su cuerpo y meditar.

Solín se entretiene contemplando el entrenamiento de los jóvenes monjes, cuando Karma le llama la atención. Solín queda impresionado y Karma lo intimida leyendo sus pensamientos, dejándolo desconcertado, teniendo un mal presentimiento sobre ese hombre.

Finalmente, la meditación de Kalimán termina y se le invita a pasar a los aposentos del Dalai Lama, quien replantea la razón de su llegada para renovar sus votos junto con la oportunidad de ascender a Dragón Rojo. Kalimán acepta de antemano el resultando, esperando noblemente que sea Karma quien lo consiga.

Mientras, Solín ha ido a espiar a Karma, y lo descubre con un cuchillo sagrado en mano, escondiéndolo entre sus ropas. Supone que pretende usarlo para matar a Kalimán, y decide ir a avisarle.

Comienza la ceremonia de renovación de los votos de Kalimán para seguir con su vida dedicada a la justicia con la solemne promesa de no matar nunca, todo ante los ojos del Dalai-Lama, reconociéndolo como un predestinado. Una vez concluida, le permite volver y prepararse para el momento de la prueba.

Al salir, Kalimán encuentra a Solín. El niño empieza a contarle lo que vio, pero Kalimán no le deja terminar, reprendiéndolo por andar espiando, algo que considera un acto de cobardía. Solín se disculpa y Kalimán le informa sobre lo que significa convertirse en Dragón Rojo y recibir el Libro Blanco de la Sabiduría, que contiene muchos secretos para forjar a un autentico “súper-hombre”.

Kalimán pasa el resto del día realizando actividades de relajación. Karma lo observa a distancia mientras medita, esforzándose nuevamente por desechar pensamientos negativos. Inesperadamente, un buitre ataca a un desprevenido Kalimán, pero aparece el maestro Shang para avisarle, y elude la embestía del ave de rapiña a tiempo. Al considerar la irregularidad de ver una ave de ese tipo en esos parajes, el maestro Shang sugiere que es producto de un pensamiento maligno de alguien que quiere matarlo y debe tener cuidado.

La hora de la prueba llega y finalmente, Kalimán y Karma están frente a frente, portando capuchas para ocultar sus rostros. El maestro Shang supervisará todo y guía ambos al templo donde se realizará. Solín lo ve irse, acordándose que no pudo advertirle sobre el cuchillo que llevaba Karma.

Dentro del templo, cuyas puertas no se abrirán hasta después de la prueba, el maestro Shang indica que serán juzgados por Buda que todo lo ve y será su juicio el que decida quien de los dos merece ser Dragón Rojo. Los lleva hacia una puertas que guían diferentes caminos que cada uno debe elegir, donde deben conseguir una llave para pasar a la siguiente prueba. Se les permite despojarse de las capuchas y entre los dos, enfrentan diferentes dificultades a superar. Karma debe caminar por una cuerda podrida para obtener la llave del otro lado, evitando caer sobre una serie de picos que indican una muerte seguro. La cuerda se rompe, pero logra llegar al otro lado y salvarlos de nuevo con un gran saltando, ya con la llave en mano. Mientras, Kalimán enfrente una reina cobra, a la que logra inmovilizar para hacerse con la llave.

Karma y Kalimán vuelven con el maestro Shang, quien los felicita por triunfar al mismo tiempo y les advierte que la siguiente prueba será más peligrosa. Con llave, cada uno abre una puerta para enfrentar una dificultad mayor, con el objetivo de obtener una flor de loto. A Kalimán le toca entrar a un cuarto repleto de campanas, que se activan en cuanto toma la flor, y los ensordecedores tañidos amenazan con provocarle un derrame cerebral. A su vez, Karma debe salvar arenas movedizas, pero en cuanto toma la flor, todo el cuarto se hunde. Usando la telequinésis, consigue levitar y ponerse a salvo. Kalimán utiliza el “actus mortis” que le permite terminar de salir del cuarto de las campanas sin que le afecten más.

El maestro Shang los felicita por haber pasado exitosamente la prueba, indicándolos que en la siguiente, tendrán que luchar, usando únicamente sus habilidades físicas. Antes de comenzar, Karma saca el cuchillo sagrado que tenia escondido, pero su intención no es agredir a Kalimán con éste, sino emplearlo para hacer un pacto de sangre con el que garantizará la aceptación de su victoria si el resulta ser el perdedor. Kalimán lo acepta y después inicia el combate. Kalimán y Karma emplean sus mejores movimientos en la lucha, demostrando estar igualados.

Afuera, Solín espera que Kalimán gane. El Dalai-Lama aparece repentinamente para hacerle ver que es un deseo egoísta, siendo que Karma también merece ganar. Hablándole sobre el destino y la importancia de la humildad, desaparece, confundiendo a Solín sobre sí realmente estuvo ahí o lo imaginó.

El maestro Shang pone fin al combate, desciendo que en fuerza y destreza están empatados. Anuncia la siguiente y ultima prueba, la del espíritu y la paciencia, que es la más difícil de todas. Ambos deben tomar una vela encendida y sentarse el uno frente al otro sobre un simbolismo en el suelo, procediendo a concentrarse mentalmente. Su pensamiento se proyectará en la flama de cada vela, reflejando la tranquilidad de su espíritu, por lo que la que se consuma más rápido, será la del que pierda. Kalimán y Karma lo hacen así, dejando sus mentes en blanco.

Afuera, Solín trata de usar la telepatía para comunicarse con Kalimán y saber como se encuentra. El maestro Shang lo detiene, usando la proyección astral, advirtiendo que no debe distraerlo en ese momento. Solín tiene que resignarse hasta que la prueba termine.

Kalimán y Karma dejan su mente volar en reflexiones conforme sus velas siguen encendidas, difiriendo notablemente. Mientras que Kalimán alaba a la creación en todas sus formas, Karma tiene pensamientos egoístas y ambiciosos donde se ve a si mismo alguien admirado y respetado, alegando que merece ser el Dragón Rojo puesto que Kalimán ya ha tenido suficientes triunfos. Su vela empieza a consumirse rápidamente, lo que no pasa desapercibido para el maestro Shang. Karma se da cuenta e intenta concentrarse de nuevo pero es inútil. El maestro Shang da por terminada la prueba, anunciando a Kalimán como el ganador. Karma se rebela ante esto y estalla, maldiciendo a su rival, jurando que nunca se convertirá en Dragón Rojo. El maestro Shang intenta calmarlo, pero Karma lo golpea, olvidando por completo sus principios de monje. Kalimán interviene y Karma lo derriba con una doble patada voladora, para después salir al exterior, profiriendo juramentos de venganza. Kalimán se repone y ayuda al maestro Shang, quien expresa que Karma ha sucumbido ante las bajas pasiones, perdiendo la razón irreversiblemente. A pesar de las advertencias, Kalimán se dispone a detenerlo.

Karma sale del templo, enloquecido por la ambición. Solín trata de interrogarlo sobre lo sucedido con Kalimán, pero responde golpeándolo y soltando amenazas. Sigue su camino, dando indicaciones de su intención de apoderarse por la fuerza del Libro Blanco de la Sabiduría. Solín repite sus palabras a Kalimán y éste se dirige presuroso a la Caverna de la Sabiduría.

Karma llega a la entrada, mata de un golpe a los guardias custodios y destroza las puertas para pasar. Kalimán descubre los cuerpos y se interna en la caverna, siguiendo su rastro. Usando la Percepción Extrasensorial, Karma busca el salón sagrado donde se encuentra el libro y presiente a Kalimán.

Mientras tanto, el maestro Shang consulta con el Dalai-Lama. Éste sugiere que dejen a Karma seguir su camino, sin dejar de admitir que con los secretos del libro, se convertirá en un criminal invencible. El maestro Shang sugiere detenerlo, pero el Dalai-Lama insiste en dejarlo ser apuntando que recibiré castigo acorde a sus acciones, tarde o temprano. No obstante, aprueba la iniciativa de Kalimán, que es libre de intentar detener a Karma, a su propio riesgo.

Kalimán prosigue la persecución en la caverna, reflexionando sobre los secretos del Libro Blanco de la Sabiduría, que fueron legados por seres de otros mundos que existieron hace miles de años y que ningún ser humano merece conocer, mucho menos Karma.

Karma llega al salón sagrado, encontrando el medallón del Dragón Rojo y El Libro Blanco de la Sabiduría bajo los pies de la estatua gigante de Buda. Colocándose el medallón al cuello, se declara a si mismo Dragón Rojo y se apodera del libro. Al sentir la cercanía de Kalimán, se esconde detrás de la estatua, y desde ésta, lo ataca arrojándole una estalactita. Kalimán la esquiva y le da la oportunidad de arrepentirse y devolver lo que ha tomado. Karma se burla y provoca que la estatua de Buda caiga sobre Kalimán, aprisionando sus piernas, dejando completamente inmovilizado. Kalimán le grita que se detenga, exigiéndole retractarse o después será demasiado tarde, pero es inútil, y Karma se aleja riendo, seguro de que el hombre increíble morirá.

Solín mira a Karma escapar y entra a la caverna para ayudar a Kalimán.

Afuera, el maestro Shang informa a los demás monjes sobre la decadencia de Karma, justamente cuando éste ha salido. Le ofrece otra oportunidad para devolver lo robado, pero Karma lo amenaza y lo rechaza fácilmente. Los demás monjes se lanzan para atacarlo, pero el maestro Shang exige que se detengan, dejándolo ir.

Solín encuentra a Kalimán aplastado, haciendo grandes esfuerzos por liberarse. El daño en su cuerpo es grave y siente que la muerte se acerca.

Karma está a punto de abandonar el monasterio, cuando escucha la voz del Dalai-Lama, pidiéndole nuevamente que devuelva el libro y se arrepienta mientras pueda, advirtiéndole que esos secretos que ha tomado lo destruirán. Karma desdeña sus palabras, profiriendo el futuro que le aguarda como un semi-dios. El Dalai-Lama se da por vencido, sólo recordándole que los ojos de Buda no dejarán de vigilarlo. Rompiendo las puertas, Karma sale al exterior, advirtiendo que no pasará mucho para que llegue a sus oídos cuando su nombre sea reconocido. Los monjes lamentan haberlo perdido para siempre y el Dalai-Lama adivina el futuro de Karma, lleno de ambición y ruindad en que se convertirá en la encarnación de la maldad.

Solín pide ayuda al maestro Shang y los monjes para Kalimán, logrando retirar los escombros que lo aprisionan. A pesar de todo, el daño sobre sus piernas es grave, implicando hemorragias internas y fracturas múltiples. Lo llevan con los médicos para tratarlo de inmediato. El maestro Shang pide a Solín salir mientras lo operan, aconsejándole rezar por su curación, que es lo único que puede hacer. El niño obedece, recordando los consejos de Kalimán.

Lejos del monasterio, Karma consigue usar su titulo de Dragón Rojo exigiendo a un viajero que le de su caballo. Tomándolo por un personaje importante, el hombre acepta sin dudarlo, ignorando que Karma lo hubiera matado de negarse.

Los monjes en el monasterio unen su pensamiento en que Kalimán vencerá a la muerte. El maestro Shang le advierte a Kalimán que debe ahuyentar el dolor físico por si mismo mientras lo operan, ya que no usan anestesia. Ellos proceden y Kalimán decide seguir mentalmente a Karma para averiguar donde se encuentra. La operación inicia y un monje indica a Solín que ésta no terminará hasta que deje de sonar la campa. El niño pregunta si se salvará y le hace ver que si hay una esperanza es creyendo que así será.

Karma detiene al caballo en un riachuelo. Descubre el rostro de Kalimán en el agua, advirtiéndole que no lo dejará en paz. Lanza una roca al agua y ahora el rostro del hombre increíble se proyecta en el aire. Karma amenaza con usar su fuerza mental para acelerar su muerte. Kalimán insiste en darle una oportunidad de encontrar la redención, pero la respuesta de Karma sigue siendo una rotunda negativa. Usando la telequinésis, Kalimán golpea a Karma, lanzando su desafío para luego retirarse. Karma se concentra a su vez para averiguar su estado, tranquilizándose al oír a los médicos comentar que aun si sobrevive habrá altas posibilidad de que quede lisiado. Continúa su camino, confiado en que nadie podrá detenerlo.

La operación de Kalimán continúa al grado de que la proximidad de la muerte se torna literal. Fiel a su lema sobre el dominio de la mente que domina todo, Kalimán usa su pensamiento para luchar contra la muerte misma, insistente en llevárselo a su reino de sombras. La lucha desesperada termina con la victoria de Kalimán, a la vez que los médicos controlan la infección, augurando la necesidad de amputarle las piernas.

Solín comprende que la operación terminó y el maestro Shang sale para informarle que Kalimán vive, pero que no debe verlo todavía porque necesita descanso tras ese gran esfuerzo. El maestro Shang advierte que será muy difícil que vuelva a ser el mismo, indicando que existen posibilidades de que no vuelva a caminar. Solín decide quedarse ahí por si acaso, hasta que pueda volver a verlo.

Karma descansa en el interior de una cueva, contemplando el Libro Blanco de la Sabiduría. El recuerdo de Kalimán le impide estar tranquilo para absorber su contenido, y con su pensamiento, descubre que sobrevivió a la operación. Decidido a acabar con su existencia, envía su espíritu al monasterio, posesionándose del cuerpo de un joven monje. Apoderándose de un cuchillo, se dirige a donde está el convaleciente hombre increíble, pero Solín alcanza a divisarlo. Karma se dispone a matar Kalimán, repeliendo el primer intento de Solín por detenerlo. Animado por el recuerdo de los consejos de su maestro y amigo, Solín persiste y le muerde el brazo. Karma va a matarlo cuando interviene el maestro Shang, expulsándolo del cuerpo del monje con una patada. El monje no recuerda nada de lo ocurrido durante la posesión y lo ponen al tanto. El maestro Shang advierte que es posible que intente matarlo de nuevo, por lo que Solín considere más la urgencia porque se recupere para poder defenderse.

El espíritu de Karma regresa a su cuerpo y lo envuelve la frustración, pero espera tener otra oportunidad.

Al día siguiente, el maestro Shang avisa a Solín que ha colocado campanitas contra los malos espíritus que avisaran si Karma realiza otro atentado Solín sigue preocupado sobre si Kalimán recuperara el uso de sus piernas.

Karma llega a una aldea, donde lo reconocen como un personaje importante al ver su medallón. Acude a una humilde posada para descansar y es tratado con respeto por el dueño. Un empleado intenta llevar sus cosas y Karma lo mata de un golpe por su atrevimiento de tocar el libro. A pesar de su actitud, los aldeanos insisten en que por ser un Dragón Rojo está bien todo lo que haga y no pueden oponerse. Sólo la hija del posadero, Ling, no se deja engañar, considerándolo un asesino y nada más.

Dentro de la posada, Karma ordena la retirada de los demás clientes, exigiendo que le sirvan vino. El padre de Ling la decomisa para servirle, advirtiéndole tener cuidado con desobedecerlo. A regañadientes, Ling le sirve el vino y es victima de las atenciones de Karma, halagándola por su belleza y ofreciéndole acompañarlo, pero ella lo desdeña. Leyendo su pensamiento, sabe que ella lo considera un asesino, amenazándola con tener cuidada o la convertirá en un animal por el resto de su vida. Karma bebe hasta quedar inconciente y el posadero lo despierta, invitándolo a quedarse. Karma prefiere partir enseguida, pero no sin llevarse a su hija. El posadero le suplica que no le quite lo más valioso que tiene y lo mate a cambio de dejarla en paz. Karma le rompe la espalda, matándolo al instante, e insiste en llevarse a Ling. Los aldeanos atestiguan el asesinato, decidiendo que no puede quedar impune y atacan para salvar a Ling, pero Karma vuelve a hacer gala de su fuerza, masacrándolos a todos. Ling es hipnotizada y la monta en el caballo para acompañarlo fácilmente.

El maestro Shang lleva a Solín con Kalimán, que anda en muletas con las piernas entablilladas. El maestro Shang informa sobre las noticias de los recientes crímenes de Karma, por lo que Kalimán decide ejercitarse para recuperarse pronto e ir en su busca. Solín teme que nunca vuelva a ser el mismo. Kalimán se dirige al altar de la diosa Kali, jurando ante su estatua que tomará la responsabilidad de derrotar a Karma, aceptando renunciar a sus poderes mentales de no conseguirlo.

Karma, con su cautiva Ling, llega a la ciudad de Akra-Far, cerca de la frontera de Nepal. Internándose en el mercado de esclavos, Karma se entera de que su gobernante, príncipe Raga-Ban, se encuentra gravemente enfermo de leucemia y su muerte está próxima. Trasladándose a la plaza de magos y fakires, Karma pone en práctica su estrategia para llamar la atención y aprovecharse de la situación. Presenta un espectáculo para exhibir sus poderes superiores como Dragón Rojo, utilizando a Ling, fingiendo matarla al atravesarla con una espada, para revivirla inmediatamente después, pero todo es hipnosis colectiva. El truco funciona y llama la atención de Zibar, el consejero de Raga-Ban, quien inquiere si sus poderes también pueden aliviar a los enfermos. Karma se lo asegura y Zibar le advierte que acudirá a él muy pronto.

En el palacio, el convaleciente Raga-Ban sabe que su mal es incurable y no hay esperanzas, lamentando más el dejar su reino sin gobernante, ya que no tiene herederos. Zibar le informa sobre lo que atestiguó en la plaza, consiguiendo su autorización para traer a Karma ante él con el propósito de curarlo.

En una casa alquilada, Karma hace que Ling le sirve sin olvidar ordenarle comer para mantenerla con vida. Recordando a Kalimán, envía su espíritu a las afueras del monasterio donde éste se encuentra. Kalimán se dispone a sumergirse en las aguas del río sagrado que podrían ayudar con la curación de sus piernas. Solín no piensa que sea seguro, cuando de repente son atacados por un buitre con intenciones asesinas. Kalimán se percata de que es el espíritu de Karma transfigurado y recibe los picotazos del ave de rapiña. Solín intenta defenderlo arrojando una piedra contra el buitre, lográndose que concentre su atención en él. Kalimán exige que deje en paz a Solín y Karma obedece, atacándolo de nuevo. Kalimán está en peligro de caer por el risco, pero se sostiene. El espíritu de Karma insiste en hacerlo caer, picoteando sus manos para que se suelte y caiga. El maestro Shang interviene, haciendo sonar las campanitas que alejan los malos espíritus, logrando ahuyentar a Karma. Con Solín, ayudan a Kalimán para regresar al monasterio.

Karma resiente el nuevo fracaso, pero jura que no dejara de intentarlo hasta que Kalimán muera. Decide despertar a Ling del trance, reiterando que ahora le pertenece y debe acatar su voluntad, volviendo a amenazarla con convertirla en animal si no lo desobedece. Ella se compromete a seguirlo por temor a sus poderes, pero en el fondo desea vengar algún día el asesinato de su padre.

Zibar se presenta en la residencia de Karma. Pretendiendo estar en meditación, Karma lo recibe, anticipándose a lo que piensa pedirle, algo que ya había calculado de antemano. Acepta curar a Raga-Ban, sin pedir nada a cambio, conforme con hacer el bien a sus semejantes, pero todo sigue siendo parte de su plan. Promete a Ling que esa noche dormirán en el palacio y los dos se trasladan con el consejero para ver al soberano convaleciente.

Las piernas de Kalimán presentan mejoría y comienza a hacer ejercicios para recuperar la movilidad.

Karma es llevado ante Raga-Ban, diagnosticando que su muerte es inminente e incurable. Con el uso de la hipnosis, logra hacer que el soberano crea y sienta que está completamente curado cuando en realidad sigue enfermo, llegando a levantarse de la cama. Le da beber una medicina especial para terminar de hacer convincente su engaño y declina el recibimiento de cualquier recompensa por haberlo “curado”. Anuncia su retiro de esa ciudad para nunca regresar, consiguiendo que Raga-Ban le insista que se quede por un tiempo, temeroso de volver a caer enfermo. Zibar se une a la petición del príncipe, y Karma acepta, disimulando en sus adentros que esa era su plan desde el principio. Le revela la verdad a Ling y que él acabará gobernando Akra-Far cuando Raga-Ban muera.

Karma se entrega a una vida de excesos en el palacio, lo que a Zibar no le parece apropiado en alguien que dice ser un Dragón Rojo, comenzando a desconfiar de él.

Kalimán va recuperando la fuerza de sus piernas y decide averiguar la localización de Karma con un viaje astral. El maestro Shang intenta detenerlo, advirtiéndole que está muy débil y Karma podría destruirlo, pero es muy tarde y el espíritu de Kalimán ya ha partido. Solín inquiere sobre una forma de ayudarlo, pero el maestro Shang admite que no la hay y tendrán que esperar que regrese a tiempo, de lo contrario el cuerpo morirá y su espíritu se perderá.

Con la Percepción Extrasensorial, Kalimán encuentra a Karma en el palacio. Éste se dispone a utilizar el Libro Blanco de la Sabiduría, pero se detiene al presentir a Kalimán. Le da la bienvenida, invitándolo a acercarse, haciéndolo hablar para que su espíritu lo siga y camine frente al espejo. Una vez que se ha reflejado en éste, Karma emplea su fuerza mental para dejarlo prisionero ahí.

Desde el monasterio, Solín y el maestro Shang advierten que el cuerpo de Kalimán está sudando copiosamente, indicando su desesperación.

Con gran esfuerzo y soportando las burlas de Karma, el espíritu de Kalimán logra hacer pedazos su prisión, y escapa, sosteniendo su reto ante Karma. Consigue volver a su cuerpo a tiempo, e informa sobre el nuevo estilo de vida de Karma, lo que indica que trama algo terrible en ese lugar. El maestro Shang le advierte que debe descansar más recuperar su fuerza, pero Kalimán no tiene tiempo que perder y se dispone a seguir ejercitándose.

Karma invita a Ling a que lo acompañe en una incursión no autorizada al salón de los tesoros. Los guardias le prohíben la entrada, pero Karma se abre paso con la fuerza bruta y pronto, él y Ling están apoderándose de todo el ojo y joyas que pueden. Zibar es alertado por los guardias del atrevimiento de Karma, y entra para advertirle del sacrilegio que comete, justo cuando tomaba un invaluable diamante en una estatua de buda. Zibar le exige que devuelva todo, pero Karma se rehúsa y decide darle una lección, usando sus poderes para dar vida a la estatua de oro de un gato sagrado. Zibar retrocede, aterrorizado y opta por salir de ahí. Karma obsequia el gato metálico animado a Ling y ella empieza a sentir admiración autentica por sus poderes.

Zibar informa al príncipe sobre el saqueo cometido por Karma, pero éste no quiere tomar medidas en su contra para no verse como un ingrato. Aun así, pide hablar con Karma, diciéndole que está abusando de la libertad que le dado. Karma alega que podría marcharse, pero en cuanto lo hago, enfermará de nuevo y morirá. Raga-Ban ruega porque se quede y acepta obedecerlo en todo lo que diga, lo que él aprovecha para indicarle que convoque al consejo real para nombrarlo como su sucesor al trono.

Zibar escucha todo y decide tomar medidas. Esa noche, se entrevista con Kin-Go, un campeón de kung-fú, asesino experto, ofreciéndole una bolsa de oro por matar a Karma. Kin-Go acepta, y Zibar le hace advertencias sobre sus poderes y las “limitaciones” que el asesino tiene, puesto que es ciego. Kin-Go le da una demostración de sus habilidades mortíferas, obtenidas al desarrollar más sus otros sentidos, clavándole con increíble puntería un cuchillo a un ave que iba pasando.

Kalimán continúa ejercitando sus piernas ante el regocijo del maestro Shang y Solín. Decide realiza la prueba Wang-Ha para comprobar que ha recuperado del todo su fuerza, la cual consiste en dar un alto salto con volteretas en el aire y un aterrizaje perfecto flexionando las piernas. Lo realiza exitosamente, confirmando que está más que preparado para ir detrás de Karma.

En el palacio, Raga-Ban ha predispuesto todo para que Karma sea nombrado su heredero. Ninguno de sus ministros está de acuerdo, pero se ven obligados a dar su aprobación. Raga-Ban siente cansancio y Karma refuerza su influjo hipnótico para mantener la ilusión de sanidad. Se reúne con Ling, quien ha olvidado por completo su temor y rencor hacia él, cambiándolos por admiración y respeto. La invita a acompañarlo a sus aposentos, cuando el gato de oro reacciona extrañamente, detectando la presencia de Kin-Go. Karma se da cuenta y descubre el asesino, posicionado en el techo para atacar. Al estar ciego, Kin-Go confía en que no puede hipnotizarlo, pero aun así, las habilidades de lucha de Karma son superiores a las suyas y utiliza una llave para paralizarlo, amenazándolo con dejarlo así el resto de su vida. Kin-Go pide clemencia, excusando que sólo obedecía las órdenes del consejero real, ofreciendo convertirse en su esclavo a cambio. Karma acepta tenerlo bajo su servicio y le ordena matar a Zibar, para después ser felicitado por Ling. Su única preocupación sigue siendo Kalimán.

Zibar se pregunta si Kin-Go ya habrá matado a Karma, cuando el asesino aparece ante él, devolviéndole las monedas que le dio, alegando que la vida del Dragón Rojo es mucho más valiosa. Percatandose de sus intenciones, Zibar intenta pedir ayuda, pero Kin-Go actúa deprisa. Para cuando los guardias acuden, encuentran al anciano desmembrado horriblemente.

Raga-Ban es informado del asesinato de su consejero. Karma se presente, admitiendo abiertamente que fue él quien ordene su muerte, justificándose con que Zibar era desobediente e inútil. Por la dependencia de los servicios de Karma, Raga-Ban no puede objetar, pero se va dando cuenta de su maldad.

Kalimán y Solín se alistan para partir. Antes de irse, Kalimán consulta con el Dalai-Lama. Éste le da recomendaciones y advertencias, haciendo notar que aun con sus poderes incrementados por el Libro Blanco de la Sabiduría, Kalimán tiene la razón y la verdad, que son mayores. Kalimán y Solín se despiden del maestro Shang, quien obsequia al niño una campanita de plata que llamará a su espíritu para ayudarle cuando lo necesite.

Viajando hacia el sur, Kalimán y Solín emprenden su camino rumbo a Akra-Far. Kalimán le advierte a su pequeño amigo que están a su merced ya que puede percibirlos mucho antes de que lleguen y en algún momento serán victimas de un ataque.

En el palacio, Raga-Ban sufre las dolencias de su mal, pero Karma lo “alivia” de nuevo con la hipnosis. Después, le pide la llave que abre el santuario del buda de oro, pero el príncipe que ese sólo puede abrirse en la celebración del nacimiento de Buda. Karma lo deja insinuando que con su muerte podrá penetrar en el santuario. Raga-Ban se arrepiente de haberlo nombrado su heredero y teme por su vida.

Karma se reúne con Ling y Kin-Go, quienes ya se han convertido en sus más fieles sirvientes, anunciando que Raga-Ban morirá esa noche, pero no asesinado, sino por su enfermedad, y después se apoderará del buda de oro. Ordena a Ling traerle el libro de oro, despertando la curiosidad de Kin-Go, y exige que ambos lo dejen solo.

Karma finalmente comienza a leer el libro, cuya introducción lo invita a recordar sus brutales acciones del pasado, que inician desde que su envidia hacia Kalimán despertó. Recordando su odiado enemigo, utiliza su poder mental para visualizarlo, descubriendo que se dirige hacia él. Deduciendo sus intenciones, deciden atacar, convocando una fuerte ventisca acompañada con su risa escalofriante. Kalimán y Solín son sorprendidos por su intensidad. Solín se desespera y cree haber visto un puente para escapar, pero es una ilusión hipnótica y Kalimán lo detiene antes de que caiga por un precipicio. Se resguardan en una cueva, pero siguen escuchando la risa de Karma. Kalimán invita a su pequeño amigo a repetir con el una letanía de frases llenas de sabiduría para repeler a Karma, quien decide suspender el ataque. Kalimán confirma que el peligro ha pasado e indica que deben quedarse a descansar ahí esa noche, aunque oculta a Solín el hecho de que todavía Karma es capaz de atacarlos en cualquier momento.

Karma se dispone a descubrir los secretos del libro para incrementar sus poderes, pero es interrumpido por un guardia, que anuncia que Raga-Ban está moribundo. El príncipe, a causa de la hipnosis, no se percata de lo cerca que está de morir, cuando todos a su alrededor pueden percibirlo. Suplica a Karma decirles que le quedan muchos años por vivir gracias a que él lo curó, pero el villano no tiene reparos en confesar que todo el tiempo uso la hipnosis para hacerle sentirse curado, cuando en realidad seguía muriéndose. Raga-Ban exige que vengan sus consejeros para cambiar su testamento, pero es muy tarde y muere sin remedio, con Karma jactándose de su triunfo, convertido en el nuevo soberano de Akra-Far. Los guardias, habiendo oído todo, empiezan a conspiran contra él

Karma encomiendo a Kin-Go prepararse para matar a Kalimán en cuanto entre a la ciudad, dándole instrucciones de llevarle la esmeralda que adorna su turbante como prueba. El asesino también se compromete a traerle su corazón. El cuerpo de Raga-Ban es quemado y Karma tiene el honor de encender las llamas. Los guardias se preparan para matarlo por la espalda, pero gracias a su poder para leer la mente, Karma adivina sus intenciones, y reacciona rápidamente, dando cuenta de todos. Ante esta muestra de sus habilidades, los consejeros no se atreven a impedirle llegar al buda de oro. En compañía de Ling, procede a saquear el santuario, sin encontrar más oposiciones. En cuanto Karma es coronado como rey, proclama las nuevas leyes que impondrá, que consiste en que toda posesión material y de terreno, será únicamente para él, y quienes no lo acepten serán ahorcados. Los aldeanos y los consejeros temen por igual que la voracidad de su nuevo soberano traiga una maldición sobre ellos.

Kalimán y Solín ya han arribado a Akra-Far. Kalimán repara en la gran cantidad de gente que abandona la ciudad, y al preguntar, comprende que todo es por culpa de Karma. Al adentrarse, la presencia de los recién llegados es presentida por Kin-Go, y los acecha sigilosamente. Kalimán busca una posada, encontrando la misma en que estuvo Karma al llegar. El dueño los mira con recelo al comprender que son del norte, igual que el usurpador.

El hijo del dueño lleva a los caballos para limpiarlos, y Kin-Go lo sorprende, exigiendo saber donde está la habitación del hombre del turbante, y éste se la indica sin titubear. El asesino procede a escalar para cumplir su cometido.

El posadero lleva a Kalimán y Solín a su habitación, inquiriendo si tienen que ver con Karma. Kalimán afirma que así es y lo supone un criminal también, en especial cuando le paga con oro. Kalimán ha escogido una habitación desde la que puede verse el palacio real, para mantener la vigilancia sobre Karma y estar preparados. Decide hacer un viaje astral para comenzar.

Mientras, Kin-Go se confunde de habitación donde se encuentra un hindú realizando cánticos a Ala. Kin-Go supone que es Kalimán y lo encara sin hacer preguntas, dándole la “ventaje” de que está ciego, haciendo que el hindú se confíe, pero no tarda en romperle el brazo. Le arrebata la joya de su turbante y le abre el pecho para extraer su corazón.

Los gritos del hindú son escuchados por Kalimán y Solín, acudiendo de inmediato. Descubren el cadáver y Kalimán identifica esa técnica como parte del estilo kung-fú. El posadero irrumpe y supone que ellos han asesinado a ese hombre, por lo que se decide a llamar a las autoridades. Kalimán supone que no pueden perder el tiempo dando explicaciones y utiliza sus poderes mentales para ver el rostro del asesino chino reflejado en los ojos de su victima. Los guardias aparecen para arrestarlos, pero Kalimán logra burlarlos usando la hipnosis para que crean que se ha convertido en un feroz tigre de bengala. Después, escapa con Solín por la ventana, decidido a capturar primero al verdadero asesino. El hijo del posadero los encuentra al bajar, advirtiéndoles del chino que estaba buscándolos. Kalimán deduce que fue enviado por Karma y apremia a Solín a continuar con huida para encontrar un lugar para descansar y pensar.

El posadero encuentra a los guardias para confirmar que Kalimán ha escapado y da todas las señas posibles para capturarlos. Su hijo aparece para indicar por donde se fueron y los guardias se disponen a capturarlos.

Kalimán y Solín encuentran un templo abandonado en el que se instalan. Kalimán no pierde tiempo y emprende el viaje astral.

Kin-Go entrega a Karma la joya y el corazón de quien supone era Kalimán, pero pronto le hacen ver su error. Repentinamente, la fuerza mental de Kalimán sacude el cuarto, sobresaltando a los dos criminales. Reitera su juramento de ajusticiarlo y recuperar lo que robó, pero Karma no se deja amedrentar, aunque admite su gran habilidad en telequinésis. Pone a Kin-Go encargado de vigilar el palacio para recibir a Kalimán en cuando éste se atreva a venir.

El espíritu de Kalimán regresa su cuerpo, aclarando a Solín que pretende atacarlo de frente en condiciones justas y no por sorpresa ni con ventajas. Presienten la cercanía de los guardias que los buscan pero logran eludirlos, siguiendo un complicado camino que los lleva al mercado magos y fakires, donde se confunde fácilmente, encontrando un refugio seguro para reponerse hasta que llegue el momento de entrar al palacio real.

Usando el Libro Blanco de la Sabiduría, Karma descubre lo que necesitaba: la clave para desarrollar el “circulo blanco del cerebro”, el cual le dará acceso a nuevos poderes sobrenaturales que van desde emitir energía destructiva de los ojos, encender fuego y volverse invisible. Para ello necesitara mantenerse aislado y en completo ayuno por tres días. Ling intenta distraerlo con su presencia, pero Karma no está de humor, despreciando sus atenciones, logrando que lo deje en paz para proceder con la activación del círculo blanco de su cerebro. Deja al gato de oro en la entrada, encargando de asegurarse de que nadie lo interrumpa. Ling siente curiosidad e intenta abrir la puerta, pero el gato de oro la amenaza, y desiste.

La noche llega y Kalimán anuncia a Solín que deben seguir con la incursión en el palacio. Usando la hipnosis, Kalimán utiliza una cuerda para que los guardias la vean como una cobra, asustándolos para que les dejen pasar, asegurándose de que pierdan la memoria al suspender el acto. Los guardias cierran las puertas sin recordar nada.

Kin-Go percibe a los intrusos, y los reconoce al oír sus voces. Fingiendo ser un sirviente del palacio, usa su ceguera para engañarlos, despertando su compasión, para que lo ayuden a llevar a sus habitaciones, conduciéndolos por un pasadizo secreto. Kalimán y Solín no sospechan nada, siguiendo a Kin-Go hacia donde está el supuesto pasadizo, al que se accede removiendo un bloque falso. Ambos la empujan sin poder moverla y Kin-Go aprovecha para atacar sorpresivamente, lanzando una doble patada contra Kalimán, revelando sus intenciones. Kalimán finalmente lo reconoce como el asesino del hindú e intenta defenderse, pero Kin-Go se impone, propinándole golpes brutales. Logra dejarlo tendida y se prepara para arrancarle el corazón. Kalimán alcanza a tomar su cerbatana de dardos somníferos, dándole a Kin-Go en la frente, haciéndolo caer inconciente. Debilitado, Kalimán indica a Solín que deben salir de ahí, pero el daño recibo por el asesino es tal que desfallece.

Karma continúa concentrando su presión sanguínea para activar el círculo blanco, con Ling esperando afuera y el gato de oro vigilando.

Pasa un rato para que Kalimán recupere la conciencia, pero todavía resiente el daño y debe cerciorarse de no tener lesiones internas. Indica a Solín dejar al inconciente Kin-Go, rehusándose a matarlo por sus principios. Encuentran un cuarto que en realidad es una tumba en que se conservan los cadáveres de antiguos reyes. Kalimán decide quedarse ahí para descansar y poder revisar después el estado de su cuerpo.

Los cantos de unos monjes despiertan a Kalimán y Solín. Han venido a rezar por última vez al rey Tiang-Pao y su esposa y para clausurar la tumba, por órdenes de Karma. Proceden a colocar ladrillos sobre la puerta. Kalimán indica a Solín que guarde silencio, pese a que quedarán atrapados.

Mientras, Kin-Go despierta y busca a Kalimán para la revancha. Se topa con los monjes que le explican la razón de su presencia y aseguran no haber visto a nadie cuando les pregunta por Kalimán y su compañero. Kin-Go teme por la furia de Karma al enterarlo de su fracaso y sigue indignado por todo el palacio, pero acaba por darse por vencido. Busca a Karma pero Ling le informa que tiene órdenes de no ser interrumpido. Kin-Go se pone insistente y se acerca a la puerta, siendo amenazado por el gato de oro. No le queda otra opción que esperar a que salga junto con ella.

Kalimán realiza ejercicios de yoga para comenzar a recuperarse, indicando a Solín que tendrán que quedarse ahí hasta la mañana siguiente.

Kin-Go acaba por perder la paciencia. Al contarle Ling que el experimento que realiza tiene que ver con el libro que guarda celosamente, siente curiosidad y se propone tomarlo. Antes de que pueda abrir el armario donde se oculta, el gato de oro lo ataca, y Ling lo convence de desistir. Kin-Go espera tener otra oportunidad y jura destruir al gato de oro.

Kalimán se ha repuesto lo suficiente y usa la telepatía para atraer a Kin-Go, despertándolo de su sueño y provocándolo con sus palabras. Guiado hacia la tumba sellada, Kin-Go retira los ladrillos y entra, descubriendo a Solín en un ataúd. Deduce que Kalimán se encuentra en el otro y lo rompe de un golpe, pero el hombre increíble ya estaba preparado y acepta luchar sin usar los dardos somníferos esta vez. La pelea es encarnizada, pero Kalimán toma la ventaja y derrota a Kin-Go, quien le advierte que lo mate o él lo matará la próxima vez. Kalimán se rehúsa y lo deja para buscar a Karma.

Kalimán y Solín llegan al salón real. Ling los recibe y les indica donde se encuentra Karma, pero deberán pasar por el gato de oro para llegar a él. Kalimán percibe la magia negra actuando en la estatua reanimada y lucha contra ella. Sus golpes no tienen efecto sobre la piel metálica del gato de oro, por lo que opta usando la hipnosis para ponerlo a dormir.

Karma percibe lo que sucede del otro lado de la puerta. Aun le faltaba una noche para terminar el experimento, pero siente que ha conseguido acumular suficiente fuerza mental.

Kalimán exige a Ling que se aparte y ella corre a llamar a los guardias. Kalimán rompe la puerta, encontrando a Karma en posición de meditación y con los ojos cerrados, perfectamente inmóvil. Karma proyecta su voz, fanfarroneando sobre sus poderes incrementados y lo invita a atacarlo sin que él se defienda. Kalimán lo golpea, lastimándose la mano, ya que el poder del circulo blanco de su cerebro le permite incrementar el peso de su cuerpo, haciéndolo inmune al daño físico e imposible de mover. Lo único que puede hacer es matarlo y le da la oportunidad, ofreciéndole tomar una de las espadas en las paredes. Kalimán lo hace, pero rompe la espada en vez de golpearlo con ella, firme en su juramento de no matar jamás. Karma se burla de que ha perdido una oportunidad excelente de eliminarlo que no se repetirá. Con todo, Kalimán apunta que el esfuerzo por mantenerse pesado e invulnerable es demasiado y no tardará en volver a la normalidad. Karma no resiste y Kalimán lo reta a pelear cuerpo a cuerpo. Los guardias convocados por Ling irrumpen para defender a su soberano. Kalimán los enfrenta, teniendo la ventaja, pero Karma sujeta a Solín, amenazando con desmembrarlo, logrando que de detenga para que los guardias arremetan contra él hasta hacerle perder el sentido.

El gato de otro despierta y Karma le encarga mantener a Solín cercado en un rincón, en lo que él se lleva el cuerpo de Kalimán. Solín siente que no tienen salvación.

Karma lleva a Kalimán a la horca. La soga aprieta su cuello a la vez que recupera la conciencia y siente la cercanía de la muerte. Karma arroja un cuchillo para cortar la soga y verifica que Kalimán sigue vivo, aunque pierde la conciencia de nuevo. Karma no quiere dejarlo morir tan fácil, siendo eso tan sólo el principio de lo que le tiene preparado. Ordena a los guardias que lo llevan a la sala de los tormentos.

Solín está conciente de que el gato de oro lo atacará si intenta moverse. Acordándose de la campanita de plata que le regaló el maestro Shang, se arriesga para sacarla de sus ropas y hacerla sonar, esperando que pueda ayudarles. En viaje astral, el maestro acude, aconsejándole confiar en la destreza de Kalimán, pero acepta darle algo que puede serle útil ante su problema actual: un pequeño ratón. Una vez que el maestro se despide, Solín libera al ratón y el gato de oro sale corriendo en pos de éste, lo que él aprovecha para escapar.

Karma ha ordenado que apliquen a Kalimán el tormento de los guerreros tártaros, el cual consiste en tener sobre fuego lento para quemarlo lentamente. Kalimán despierta y comprende su precaria situación, sin dejarse amedrentar por la amenaza de una muerte lenta y horrible. Karma se retira, dejando a los guardias encargados de que el tormento proceda. Éstos se burlan de Kalimán y amenazan con golpearlo en la cabeza si intenta liberarse de sus ataduras.

Solín recorre el palacio y alcanza escuchar de parte de unos guardias lo que sucede con Kalimán y en donde se encuentra.

Mientras, Karma se enfurece por el fracaso de Kin-Go al matar a Kalimán, quien estuvo a punto de destruirlo. Kin-Go suplica que le deje tener la revancha pero Karma prefiere dejarlo en el tormento tártaro. Karma pretende celebrar la derrota de su enemigo y descubre que Solín ha escapado y dirige su furia contra el gato de oro. Ordena a Kin-Go encontrar y matar al muchacho. Al retirarse el asesino, Karma cuenta a Ling sobre sus planes de abandonar la ciudad, llevándose todos los tesoros y quemándola hasta sus cenizas, dejando su marca como Dragón Rojo, para después emigrar a otras más grandes y prosperas donde extienda su conquista.

El tormento sobre Kalimán continua y los guardias insiste en provocarlo, pero él ha aprendido a ahuyentar el dolor, mas eso no evitará que arda hasta morir.

Solín es encontrado por Kin-Go, pero consigue burlarlo al ocultarse detrás de una estatua.

Karma convoca a los consejeros para dar instrucciones de preparar carretas donde transportara las joyas y tesoros, incluyendo el buda de oro. Ellos no pueden admitir tal sacrilegio y uno amenaza a Karma con un cuchillo. Usando su fuerza mental, Karma dobla la hoja, logrando aterrorizar a todos. Le anuncia a Ling que partirán al amanecer.

Las órdenes de Karma son obedecidas y desde su escondite, Solín es testigo, preguntándose cual será su objetivo. Karma encuentra a Kin-Go, quien se disculpa por no haber podido dar con el muchacho, pero a él ya no le interesa y le indique que se prepara para partir, no sin antes incendiar la ciudad.

Kalimán sigue soportando el intenso calor. Karma entra para burlarse de él por ultima vez, exponiendo su petición de luchar justamente, considerándolo indigno. Ordena que aviven el fuego aun más antes de irse.

Después, Karma y Kin-Go prenden fuego a distintas partes del palacio, sin que nadie se atreva a detenerlos. Abordando su transporte, junto con Ling, abandonan la ciudad, en la que el fuego se ha extendido dejando un rastro de destrucción, con consejeros y aldeanos maldiciendo el nombre de Karma.

Solín consigue entrar al calabozo, encontrando a Kalimán en peligro de morir quemado. Detectando la presencia de su pequeño amigo, Kalimán se comunica telepáticamente, dándole instrucciones para liberarlo, sin que los guardias lo descubran.

Karma y sus cómplices ya han dejado atrás Akra-Far. Las intenciones de Karma son invadir las ciudades más ricas que se encuentra en la India. Ling le recuerda sobre Kalimán, pero Karma está seguro de que no sobrevivirá.

Solín consigue mover la palanca que indica Kalimán en el momento justo, provocando un derrumbe de carbón, creando la distracción que él necesitaba para liberarse, aprovechando que los grilletes están blandos por el calor. Da cuenta de los guardias antes de que lastimen a Solín y se apresuran a salir. Descubren el gran incendio que se extiende por la ciudad. Kalimán comprende más que nunca el alcance de la maldad de Karma, comprometiéndose más que nunca a ser fiel a su juramento de derrotarlo.

Kalimán y Solín se alejan de la ciudad y descansan, pero el hombre increíble es atormentado por la culpa que siente al no haber matado a Karma cuando puedo. El espíritu del maestro Shang acude para decirle que hizo lo correcto al no faltar a su palabra de no matar, reiterándose que debe mantenerse así sin importar lo que suceda. Kalimán entiende que es lo que debe hacer, haciéndole una demostración a Solín con un escorpión que se mata al clavarse su propio aguijón, lo mismo que pasará con Karma, destruido por sus propios poderes. Grita por las montañas que seguirá persiguiendo a Karma sin descanso.

La voz de Kalimán llega hacia donde Karma y sus seguidores se han detenido. Karma usa sus poderes, captando la desesperada lucha de Kalimán que le permitía salvarse del tormento tártaro. Kin-Go pide que le permita emboscarlo y matarlo, pero Karma decide que él mismo se encargará del próximo ataque.

Kalimán y Solín siguen su camino, entrando al valle de “Las almas perdidas”. Cuenta que ese lugar se conoce por ese nombre debido al castigo divino que recibió el príncipe Jazil por usurpar el trono, siendo atacados él y su comitiva por una tormenta de arena que duró treinta días y treinta noches, convirtiendo a todos en estatuas de piedra. Solín titubea sobre pasar por ese lugar, pero Kalimán insiste en que es necesaria para conseguir agua. De pronto, Kalimán siente la presencia de Karma y descubren a una figura encapuchada que los saluda entre las estatuas de piedra.

El encapuchado se presenta como alguien que ha vivido mucho tiempo en ese lugar, pero su actitud sospechosa pone en alerta a Kalimán e insiste en que revele su rostro para ver si trata de Karma. Al retirar su capucha, descubre un rostro anciano y horrible, pero Kalimán sigue sin fiarse de él e intenta leer su pensamiento. El anciano demuestra tener sus propias capacidades mentales, impidiéndoselo y pasa delirar sobre su vida entre las estatuas, desconcertando a Kalimán y haciendo que Solín lo tome por un loco. El anciano se hace llamar Amrak y continúa profiriendo frases delirantes. Kalimán y Solín lo ignoran y se disponen a beber agua. Amrak les advierte que está envenenada y les indica de donde pueden beber. Kalimán distingue a una salamandra venenosa e impide que Solín viva de ahí. Después, invita a su amigo a descansar, ignorando de nuevo a Amrak. Mientras descansa, Kalimán deduce que Amrak en realidad es Karma, que se ha transfigurado en anciana usando los secretos del Libro Blanco de la Sabiduría. Busca a Solín, pero éste se ha retirado, engañado por “Amrak” que lo pone a merced de un derrumbe de rocas al invitarlo a tomar el “tesoro” del príncipe Jazil. Kalimán logra apartar a Solín a tiempo y encara a “Amrak”. Karma, en la forma de anciano, lo provoca para que lo ataque, pero antes de que Kalimán pueda tocarla, se convierte en relámpago. Kalimán es derribado, pero se levanto para enfrentarlo de nuevo, esta vez en forma de cobra. Logra eludir sus ataques e inmovilizarla con la cabeza, intentando destrozarla contra el suelo. Karma se escabulle entre las rocas y Kalimán advierte a Solín que se preparan para la siguiente arremetida. Pasan unos minutos sin que Karma haga nada, cuando de repente sucede un temblor y las figuras de piedra vuelven a su forma original. El príncipe Jazil ordena a sus hombres matar a los intrusos que han profanado el valle. Kalimán supone que todo es una ilusión creada por Karma y se lo dice a Solín para no temerles a sus atacantes. Las armas de los hombres de Jazil y elefante que amenaza con aplastarlos, no les hacen ningún daño y se traslucen, demostrando que la deducción de Kalimán era correcta. Las rocas siguen en sus lugares, pero Kalimán no se confía. Karma los taca nuevamente, empleando fuerza magnética para invocar una tormenta de vientos huracanados. Kalimán protege a Solín como puede, pero la lluvia de rocas levantadas termina por subyugarlo.

Dando por vencido a Kalimán, el espíritu de Karma regresa a su cuerpo, anunciando su victoria. Después, les indica cual será su próximo destino: la ciudad hindú Darjeé, una de las más ricas que hay, deducido a tomarla por su derecho de Dragón Rojo. Ellos aceptan su voluntad y reanuda su viaje.

La tormenta de arena ha terminado y Solín sale, cubierto de tierra. Al no ver a Kalimán, lo supone convertido en estatus de piedra, pero pronto divisa su mano saliendo de entre la tierra que lo ha apasionado. Solín logra sacarlo a medio cuerpo y trae agua para reanimarlo. Kalimán recupera la conciencia y se da cuenta que ha quedado ciego, a causa de la arena y las rocas. Solín siente pena por él, pero Kalimán se hace un improvisado vendaje sin dejar que eso le afecte. Solín sugiere pedir ayudar al maestro Shang, no creyendo que pueda seguir adelante en ese estado, pero Kalimán considera que seria una cobardía y debe cumplir su mision por si mismo.

Reanudan su camino cuando Kalimán utiliza la percepción extrasensorial para detectar la cercanía de un grupo de jinetes a caballo. Solín le describe el aspecto de los jinetes y sugiere huir, pero el hombre increíble siente que no tiene caso y deben confrontarlos sin temor. El líder de los jinetes se presenta como Hato, el lobo del desierto, y exige saber quienes son. Kalimán da sus nombres y por su vestimenta, lo suponen un príncipe. Kalimán indica a Solín que no deben revelar el hecho de que está ciego, pero Hato se da cuenta de inmediato. Intenta arrebatarle la esmeralda de su turbante pero Kalimán lo intercepta y lucha contra él, derrotándolo. Uno de los hombres de Hato es el siguiente en desafiarlo arremetiendo junto con su cabello, y Kalimán lo esquiva, haciéndolo caer. El resto titubea sobre atacarlo. Kalimán intenta convencerlos de dejar a un lado la violencia, lo que Hato aprovecha para sujetar a Solín, amenazando con degollarlo si no se rinde. Con telepatía, Kalimán da indicaciones a Solín para que él solo se libere, pisando fuertemente el pie de Hato para que lo suelte. Solín obedece y Kalimán lanza una patada para derribar a Hato. Inmediatamente después, toman el caballo de Hato para escapar y los jinetes se lanzan en su persecución.

En su huida desesperada, Kalimán pregunta a Solín sobre el tipo de terreno para encontrar un refugio, ya que no logran poner suficiente distancia entre los jinetes. Solín no divisa nada que les sirve y las se complican al caer en arenas movedizas, hundiéndose rápidamente con todo y caballo. Kalimán advierte a Solín limitar sus movimientos para no hundirse del todo, y luego lo anima a estirarse para tomar su mano, logrando sujetar su cuerpo y lanzarlo a la zona de menor hundimiento, donde se encuentra los restos de un caballo y su cargamento. Solín debía juntar las correas para ayudar a Kalimán, pero no tiene tiempo y los jinetes lo detienen. Hato decide que Kalimán le será útil vivo para venderlo como esclavo, por lo que ordena que lo saquen de la trampa mortal, ignorando sus advertencias de que escapará a la primera oportunidad. Sujetándolo con una correa, someten al hombre increíble, que se resigna a seguirlos hasta que encuentre como liberarse.

Los jinetes siguen su camino con los dos prisioneros. Para desquitarse con Kalimán, Hato decide traerlo sin darle agua ni alimento, pero su asistencia legendaria le permite soportarlo. Solín intenta compartir su ración de agua con él, pero uno de los jinetes lo descubre y lo amenaza para alejarse de Kalimán. A sabiendas de que los conducen a la ciudad de Darjeé para venderlos, justo a donde se dirige Karma, Kalimán decide que no hay necesidad de escapar por el momento.

Más tarde, Solín piensa utilizar su campanita de plata para pedir ayuda al maestro Shang, pero es descubierto por Hato y se la arrebata, haciendo que lamente su suerte más que nunca. Mientras, Kalimán usa sus poderes mentales para averiguar lo que está haciendo Karma y sus cómplices, enterando de sus planes en Darjeé que implican el “desatar la furia de los animales”. Kalimán lo considera un atentado contra el equilibro natural.

Al día siguiente, Hato y sus hombres despiertan no encuentran a su prisionero donde lo habían dejado. Solín teme que se haya ido sin él y es amenazado por Hato, creyendo que lo ayudó a escapar. La voz de Kalimán lo detiene y lo divisan sentado sobre una cornisa, donde practicaba ejercicios mentales, alegando que no pensaba escapar y sigue siendo su prisionero. Kalimán baja y le hace ver a Hato que recuperó la esmeralda de turbante que él le había quitado mientras dormía, insinuando que pudo matarlo fácilmente sin que se diera cuenta. Hato se asusta y decide venderlos cuanto antes para no correr más riesgos. Le ponen de nuevo la correa a Kalimán y Solín camina a su lado conforme siguen su camino. Kalimán le explica que decidió no escapar para que entraran a Darjeé como parte de la mercancía de esclavos, ya que de ese modo pasarán desapercibidos ante Karma, para tener la ventaja de la sorpresa e impedir que haga de la ciudad otra zona perjudicada por su maldad.

En Darjeé, Karma se ha instalado en una mansión junto con Ling y Kin-Go. Les cuenta sobre su plan de atacar con la furia de los animales. Kin-Go comenta que los animales no pueden vencer a los humanos y Karma decide darle una demostración, a través del gato de oro. Le ordena atacar a Kin-Go, librándose una lucha mortal donde el felino controlado por Karma tiene la ventaja. Karma detiene al felino metálico antes de que mate a Kin-Go, satisfecho de haber probado su teoría. Informa que Darjeé tiene un anciano gobernante sin herederos y su plan será conseguir que lo convierta en su sucesor al trono. Los invita a acompañarlo durante el desfile del soberano por la ciudad, donde pondrá en marcha la primera parte de su estrategia.

Ese día se celebra el cumpleaños del monarca de Darjeé, Abel Rajham, a quien llaman “El Justiciero”, denotando el respeto y amor que le tienen sus súbditos. Se produce el desfile con el pueblo aclamando a Abel Rajham montado en su elegante, cuando Karma entra en acción. Con sus poderes, controla al elefante, logrando que se enloquezca y haga caer a Abel Rajham, amenazando con aplastarlo entre sus patas. Los guardias intentan detenerlo, pero el paquidermo los repele con inaudita furia. Karma le ordena matarlos, para luego enfocarse en el soberano, atrapándolo con su trompa. Antes de que lo triture, Karma interviene, aparentando detenerlo con su autoritaria voz, cuando en realidad lo vuelve a tranquilizar con su poder mental. Abel Rajham agradece su ayuda y Karma se identifica como un Dragón Rojo. Asegura que el elefanta se ha calmado para que pueda volver a montarlo, despertando admiración entre los súbditos que agradecen que haya salvado la vida de su rey. Ling atestiguó todo y fue informando a Kin-Go, deleitándose al percibir que el plan de Karma de apoderarse de la ciudad pronto dará frutos. Karma decide que es hora de regresar, preparándose para lo siguiente. Jura que Darjeé caerá en sus manos.

Esa noche, los jinetes y sus dos prisioneros llegan a la ciudad de Darjeé. Solín inquiere si Kalimán podrá recuperar la vista, pero él asegura conocer métodos de curación que pondrá en práctica en cuanto estén en un lugar seguro contando con suficiente tiempo. Hato los dirige directamente al mercado de esclavos para venderlos de una vez.

El espíritu de Karma abandona su cuerpo para visitar a Abel Rajham. Viéndolo desvalido, Kin-Go considera que es una oportunidad para matarlo y luego apoderarse del misterioso libro, ignorando las advertencias de Ling. El gato de oro se interpone y Kin-Go decide desistir, aunque jura de nuevo que eventualmente destruirá a esa criatura.

Mientras tanto, el espíritu de Karma se introduce al palacio, penetrando en los aposentos del soberano. Utilizando una estatua de Buda, saca a Abel Rajham de su sueño, reprochándole por no tener a alguien que lo suceda en el trono cuando muera. Le ordena que es su voluntad que el extranjero que lo salvó ese día sea nombrado su nuevo heredero. Abel Rajham objeta que ningún extranjero puede gobernar Darjeé, pero no puede oponerse a los deseos de “Buda”, quien le promete el paraíso al morir. Regocijado por haber engañado al soberano, el espíritu de Karma regresa a su cuerpo, comunicando a sus cómplices de que todo está hecho y nada impedirá que tome posesión de Darjeé.

En el mercado de esclavos, Kalimán critica abiertamente esa clase de negocios. Hato le advierte que no haga ninguno de sus trucos o lo matará por la espalda. Kalimán le susurra a Solín que se prepare, puesto que ellos mismos escogerán a su comprador. Hato empieza a llamar la atención de los clientes para anunciar la venta de Kalimán en compañía de Solín. La oferta de un esclavo fuerte para realizar labores pesadas con la garantía de que su ceguera le impedirá profanar harem alguno. Empiezan las ofertas, aumentando más y más la puja para regocijo de Hato. Kalimán decomisa a Solín buscar entre los compradores alguna persona que refleje bondad. Solín divisa a una joven de aspecto amable y se lo comunica a Kalimán, quien decide confiar en su instinto. Uno de los compradores ha dado quinientas monedas de oro que Hato acepta de buena gano, dejándole examinar la “mercancía”. Kalimán utiliza su influjo hipnótico para que el hombre crea que tiene lepra, y corre la voz. Arrebata su dinero a Hato y echa a correr junto con los demás compradores, ignorando su aclaración de que todo es una mentira. Irritado, Hato amenaza a Kalimán con su cuchillo, pero él lo sujeta por el cuello. Hato le recuerda que prometió venderse y Kalimán se dispone a cumplir, dirigiéndose a la joven, siendo la única persona que se quedó, y pidiéndole que se acerque, ofreciéndole su venta. Ella sólo tiene dos monedas de cobre y Kalimán obliga a Hato a aceptarlas. Antes de que se retire, Kalimán se asegura de recuperar la campanita de plata que le dieron a Solín, usando sugestión hipnótica para que queme a Hato y la deje caer.

Después de que Hato se ha ido corriendo, Kalimán le aclara a la joven que no tiene lepra, y junto con Solín, se entregan a ella como sus esclavos, pidiendo únicamente a cambio que no diga a nadie su nombre ni su presencia en Darjeé. La joven, llamada Lina, se emociona por tener a un personaje tan impresionante como esclavo y acepta sus condiciones, conduciéndolos a una colina, lejos de la ciudad, donde vive con su padre, Jaba. Ellos son campesinos que tienen problemas para levantar la cosecha tras la muerte de sus hermanos y para ello requerían de esclavos. Kalimán y Solín se comprometen a ayudarles, aunque Jaba insiste en interrogarlos, recibiendo vagas respuestas. También duda que pueda con el trabajo estando ciego, pero al igual que Lina, reconoce la buena voluntad de su nuevo esclavo. Lina les indica lo que deben hacer mientras Kalimán da advertencia a Solín para que no bajen la guardia ante un próximo ataque de Karma.

Karma finalmente recibe a un emisario de Abel Rajham en su casa, sin disimular que sabe de antemano que es convocado al palacio para nombrarlo el sucesor del trono, acordando la hora en que acudirá. Kin-Go y Ling le recuerdan que todavía está el problema de Kalimán, pero Karma no tiene tiempo de confirmar si sobrevivió a la tormenta de arena, preparándose para ir hacia el palacio real.

Abel Rajham recibe a Karma, comunicándole su intención de cumplir con el mandato de Buda de nombrarlo su heredero pese a ser extranjero. Sin embargo, queda un requisito, que es parte de la tradición que le permitirá ser rey de Darjeé, la cual consiste en sacar una espada sagrada aprisionada en un bloque de granito. A pesar de su gran fuerza, Karma no consigue sacarle y Abel Rajham le hace saber que según la leyenda, el elegido debe tener un brazo fuerte y corazón noble, siendo evidente que Karma carece de lo último. Consumido por su orgullo e indignación, Karma insiste en intentar extraer la espada, concentrando sus poderes al multiplicar la fuerza en brazos y torso, pero es inútil y la espada no cede. Ling y Kin-Go se asombran ante su fracaso. Karma se rinde y Abel Rajham le anuncia que en visto de ello, no podrá heredar el trono, sin importar el deseo de Buda, ya que esa es la ley. Karma explota en maldiciones y amenazas, jurando que él se convertirá en el rey de Darjeé y nadie lo impedirá. Los guardias se lanzar a proteger a su soberano, pero Karma los derrota con facilidad. Vuelve a jurar que se adueñará de Darjeé y emprende la retirada, seguido por sus cómplices. Abel Rajham impide a sus guardias seguirlo e intentar aprenderlo, ya que al ser Dragón Rojo, sus habilidades lo harán imposible, y sólo pueden proteger el palacio para impedirle volver a entrar.

Kalimán trabaja arduamente en el campo y se dan indicios de Lina se ha enamorado de él, temiendo que al recuperar la vista, la abandone. Solín los interrumpe para comunicar la noticia que corre en el pueblo sobre la amenaza de Karma al rey. Kalimán le ordena que no vaya a la ciudad para evitar ser visto por sus enemigos. Solín le recuerda que también puede descubrirlos con el pensamiento, pero Kalimán tiene medidas preparadas.

De vuelta en su residencia, Karma se encuentra irritado por el fallo de su plan. Empeñado en gobernar Darjeé tras eliminar a Abel Rajham, envía al gato de oro para que se haga cargo del soberano. Kin-Go le recuerda nuevamente que Kalimán puede estar al acecho. Karma decide que es el momento de comprobar si sigue con vida y siente su presencia cerca de Darjeé. Envía su espíritu para localizarlo, lo que Kin-Go aprovecha a su favor, ya que sin el gato de oro cerca, ve su oportunidad de hacerse con el misterioso libro.

Kalimán siente la presencia de Karma y erige una barrera mental, que le impide percibirlos a él y Solín. Desconcertado al haberlo perdido, el espíritu de Karma regresa a su cuerpo, justo a tiempo para descubrir a Kin-Go, hurgando en el armario donde guardaba el libro. Kin-Go toma el libro, pero por su ceguera no puede comprender el lenguaje, planeando obligar a Ling a descifrarlo para él. Al ser descubierto, suplica el perdón de Karma, y es disciplinado severamente por sus descargas magnéticos, azotándolo contra las paredes hasta dejarlo tendido.

Mientras tanto, el gato de oro ataca a Abel Rajham en sus aposentos, con intenciones asesinas. Los guardias acuden para defenderlo, mas sus espadas no tienen efecto sobre la piel metálica del animal. A pesar de todo, consiguen hacerlo huir para luego atender las heridas de su soberano, quien sabe que eso ha sido obra de Karma.

Después que Kin-Go ha recobrado la conciencia, Karma le encomienda que, en compañía de Ling, recorran toda la ciudad hasta encontrar a Kalimán, conciente de que debió usar una barrera mental para ocultar su presencia. Les ordena retirarse y recibe al gato de oro, que tiene rastros de sangre en sus garras y colmillos. Karma comprende en el reflejo de sus ojos que sólo pudo herir al rey y sigue vivo, golpeando al gato y planeando un nuevo ataque en el que contará con la asistencia de otros animales.

Kalimán ha construido un molino de agua para beneficiar al campo de Jaba, quien se lo agradece. Al preguntar el hombre increíble por Lina, le informa que fue de compras a la ciudad en compañía de Solín. Kalimán teme que sea descubierto por haberlo desobedecido.

Ling y Kin-Go divisan a Solín entre la multitud de compradores y él también alcanza a verlos. Apura a Lina para que vuelvan a la casa corriendo, esperando despistarlos, pero ellos les siguen el paso y no les pierden el rastro. Logran llegar a la casa, anunciando que los han perseguido. Kalimán reprende a Solín y con sus sentidos agudizados, siente la cercanía de los dos cómplices de Karma. Entran a la casa y Kalimán advierte a Jaba que no digan nada que los delate pero que tampoco arriesguen su vida. Lina les indica que se escondan en el sótano. Ling y Kin-Go llegan a la puerta y exigen saber en donde se encuentra el hombre del turbante. Jaba y Lina no pueden detenerlos y pasan a un lado de ellos. Kin-Go está ansioso por enfrentarlo de nuevo, y al no encontrarlo dentro de la casa, sigue el consejo de Ling de inspeccionar el sótano. Ahí, descubren a Solín, llorando ante el cuerpo de Kalimán, que utiliza el actus mortis para fingir su muerte. Ling y Kin-Go creen que se trata de un engaño, pero todo indica que no le queda nada de vida y Solín respalda su suposición, mencionando que quedó enfermo tras la tormenta de arena y acabó teniendo un infarto. Kin-Go golpea su cuerpo para asegurarse, y se da por vencido, decepcionado por no haber podido tener la revancha contra Kalimán. Los dos se retiran, llevándose a Solín para servir de prueba ante Karma. Kalimán espera hasta que se han alejado para suspender la muerte fingida, impresionando a Jaba y a Lina. Anuncia que rescatará a Solín, pero antes pondrá en marcha el proceso para recuperar la visión.

Karma extiende su poder de control mental sobre un gran número de aves, dominándolas con el grito de su nombre, incluyendo a una cobra, convirtiéndolos en su nuevo ejercito de aliados. Ling y Kin-Go regresan trayendo a Solín y Karma se aproxima a él, usando su poder mental para confirmar si Kalimán murió de verdad, no pudiendo fiarse del testimonio de sus cómplices. Comprende que utilizó el actus mortis. Ling sugiera volver allá, pero Karma supone que para ese momento, ha de haberse trasladado a ese lugar. Kin-Go amenaza a Solín para hacerlo hablar, pero Karma lo detiene, desciendo utilizarlo como carnada, seguro de que Kalimán vendrá a rescatarlo. Karma pone a la cobra, llamándola Lucifer, a cargo de vigilarlo, con la orden de clavarle los colmillos a Solín si intenta escapar. Karma abandona la residencia, en busca de animales más fuertes que se unan a su sequito de muerte.

Abel Rajham se repone de sus heridas. Sus consejeros insisten en preparar una orden para aprender a Karma, pero el rey insiste en que no servirá de nada ante el poder superior de un Dragón Rojo, aunque acaba cediendo ante la presión.

Kalimán pide a Lina y a Jaba que lo dejen solo en el sótano, donde realizará los ejercicios físico-mentales que le ayudarán a recuperar la vista. Para ello, debe incrementar la presión sanguínea en su cabeza y canalizarla hacia los nervios ópticos, con el peligro de sufrir un derrame cerebral.

Karma consigue a sus nuevos reclutas. Un tigre de bengala que se encarga de localizar, es sometido por su poder telequinético para quedar bajo su control, poniéndole el nombre de “Espíritu”, reflejando su propia esencia de fuerza y maldad. Después, irrumpe en el territorio de un príncipe para exigir la posesión de su pantera favorita, controlándola para que se vuelva contra su amo. La llama “Alma” al ser un refleja de su propia alma negra, y se retira, dejando testigos aterrorizados por sus diabólicos poderes. El grupo de guardias decomisado para aprenderlo lo embosca, pero Espíritu y Alma dan cuenta de ellos, para regocijo de Karma al haber conseguido excelentes adiciones.

Abel Rajham es avisado de la masacre de los guardias y decide que el único que podrá detener a Karma será el hombre que pueda portar la espada sagrada.

Solín considera su situación, atrapado en el invernadero de Karma, con Lucifer custodiándolo y la gran cantidad de aves recolectadas. Ling le trae comida para mantenerlo con vida, recordándole que servirá de carnada para capturar a Kalimán. El niño se pregunta que tendrá preparado Karma contra Kalimán.

La estrategia de Karma es adiestrar a Espíritu y a Alma para que ataquen a Kalimán en cuanto escuchen su nombre. Todo esto es elaborado desde que los alimenta con carne cruda colocado sobre un muñeco con la forma de Kalimán, gritando su nombre, como una señal de comida que los activará en el momento indicado. Ling y Kin-Go admiran su pérfida maniobra.

Abel Rajham sabe que no existe ninguna protección sobre su persona y que Karma puede matarlo en cualquier momento. Encomienda a sus emisarios que busquen por todas partes a los candidatos que puedan sacar la espada sagrada.

Jaba y Lina esperan afuera porque Kalimán termine con sus ejercicios físico-mentales. Ella admite abiertamente que se ha enamorado de él y teme que Kalimán nunca lo sepa cuando recupere la vista y se vaya.

Karma ha puesto a Ling encargado de alimentas a las fieras al grito de “¡Kalimán!”, de acuerdo a su idea de darle a su enemigo el recibimiento que merece. Se dirige hacia donde está Solín para burlarse de él y sus amenazas de que Kalimán lo rescatará y lo derrotará. Con el grito de su propio nombre, Karma invoca a las aves, dispuesto a lanzarlas en un ataque contra Abel Rajham.

Mientras sus emisarios hacen correr la voz, el soberano descansa en sus aposentos, cuando los numerosos pájaros irrumpen y lo atacan despicadamente. Sus guardias intentan defenderlo y son picoteados por las aves del mismo modo, pero el soberano consigue resguardarse. Las aves se retiran, volviendo con su amo, quien sólo pretendía darle un susto al rey.

Kalimán da por terminado el experimento, conciente de que no puede forzarlo más, pero todavía no debe abrir los ojos, considerando el descansar tras tanto esfuerzo mental.

Karma confirma que Espíritu y Alma ya se enardecen con tan solo oír el nombre de Kalimán. Kin-Go está cansado de los insultos y la subestimación de la que Karma lo hace victima, esperando una oportunidad para vengarse.

El maestro Shang, mediante el viaje astral, visita a Kalimán, que sigue con los ojos cerrados, en espera del momento en que pueda ver el resultado del experimento. El maestro Shang le aconseja tener fe en que recuperará la vista, recordándole su determinación de proseguir con la tarea que se ha echado encima.

Solín finge dormir, esperando que Lucifer haga lo mismo. Aprovecha para sacar de entre sus ropas la campanita de plata, con la que acude el espíritu del maestro Shang, pidiéndole ayuda y noticias de Kalimán. El maestro Shang le da una flauta antes de retirarse, dándole una idea a Solín. Recordando sus días como encantador de serpientes en El Cairo, toca una melodía para hacer bailar a la serpiente, adormeciéndola poco a poco. De ese modo, logra distraerla para escullirse y cerrar la cerca una vez que ha cruzado al otro lado. Lucifer insiste en seguirlo, buscando otra salida.

Solín echa a correr y se topa con Alma y Espíritu, pero éstos están enjaulados, mas sus rugidos ponen en alerta a Karma y a sus cómplices. Kin-Go, empeñado en probar su valor por encima de los animales, descubre que Solín ha escapado e informa a Karma. Escondido entre las plantas, Solín no ve que Lucifer acecha.

Al amanecer, Kalimán demuestra haber recobrado la vista cuando Lina abre la puerta y la luz hiere sus ojos. Consigue enfocarla a ella, y da gracias por su curación. Admira la belleza de Lina, quien expresa su amor en sus pensamientos. Kalimán cierra los ojos, ya que todavía necesita acostumbrarse a la iluminación después de pasar tanto tiempo en tinieblas. En cuanto lo haya logrado, irá a cumplir su cita con Karma.

Karma libera a Espíritu y Alma para que encuentren a Solín. Kin-Go también está en su busca, así como Ling. Solín logra eludir a Lucifer para después pasar por Ling, pero las fieras le cierran el paso. Viéndose acorralado, tiene que poner en marcha lo que ha aprendido, dando un ágil salto por encima de Alma y Espíritu. Antes de que llegue a la reja que le permitirá salir al exterior, Kin-Go lo sorprende y lo sujeta, dispuesto a desmembrarlo vivo. Karma lo hace detenerse, recordándole que el muchacho es el cebo para Kalimán y no debe ser lastimado todavía. Karma castiga a Solín pisoteando y burlándose nuevamente de sus amenazas. Ordena a Kin-Go dejarlo encerrado en sus habitaciones para más adelante utilizarlo en la trampa que ha ideado. Karma confía en tener todos los medios a su alcance para recibir a Kalimán, asegurando su muerte y su futuro reconocimiento como el nuevo hombre increíble.

Kalimán realiza reflexiones para preparar su alma cuando llegue el momento de confrontar a su enemigo, anteponiéndose a todas sus argucias. Finalmente, se dispone a partir.

Abel Rajham perdió un ojo tras el ataque de los pájaros y recibe a los aspirantes al trono. De inmediato, cada uno hace la prueba de sacar la espada del bloque de granito, pero no ha pasado del segundo en fracasar para que el anciano siente que ninguno de ellos será el elegido.

Solín es amordazado y amarrado al tronco de un árbol, con Lucifer cerca para sorprender a Kalimán, y ese es solo el principio de las trampas que ha preparado Karma.

Lina descubre que Kalimán se ha ido y al preguntarle a su padre, éste le informe que ya ha partido, tras despedirse de él. Ella corre para alcanzarlo, pidiéndole que la deje acompañarlo, pero Kalimán se niega y la envía de regreso. Lina se lamenta con su padre de que Kalimán esté tan inmerso en su mision de cumplir la justicia que no repara en el amor que le profesa y él le sugiera que lo siga a pesar de todo, asegurando que estará tranquila sabiéndola a un lado de un hombre como él. Lina se despide de su padre y sigue a distancia a Kalimán, rumbo a Darjeé.

Karma utiliza los secretos del libro para mejorar su poder de transformación. Llama a Kin-Go y a Ling para demostrárselos, y ellos no lo reconocen al asumir aspecto de anciano. Aunque Kin-Go siente que es su misma voz, Ling lo anima a que mate al “impostor y el chino obedece. Karma se defiende y vuelve a asumir su forma real, dejando que le pidan disculpas, para luego dar otra demostración, transformándose en una mesa china y en una espada. Satisfecho, ordena que Kin-Go se retire mientras reposa en compañía de Ling. Karma está ansioso por terminar con Kalimán.

Kin-Go sale irritado, harto de que Karma lo trate como basura y se desquita burlándose de Solín al recordarle que Kalimán morirá sin remedio cuando Lucifer lo muerda y haciéndole ver que a él lo dejarán morir de hambre.

En el palacio de Abel Rajham, los aspirantes al trono siguen tratando inútilmente de retirar la espada. El anciano teme que nadie lo logrará.

Kalimán se prepara para entrar a la mansión de Karma. Antes de que pueda hacerlo, guardias del rey aparecen y lo confunden con Karma. Tratan de arrestarlo, pero Kalimán se defiende haciendo gala de su destreza y pronunciando su nombra para dejar en claro que no es el que buscan. Los guardias huyen y Kalimán sigue su camino, sin sospechar que Lina va detrás de él. Intenta contactar a Solín con telepatía, pero él se encuentra dormido y no responde.

El último de los aspirantes fracasa en el intento de sacar la espada. Abel Rajham se da por vencido, perdiendo esperanza en que alguien pueda detener a Karma de asesinarlo y apoderarse de Darjeé.

Kalimán entra a la casa y antes de que Lina pueda ver por donde se metió, es emboscada por Kin-Go. Al presentirla como una mujer bonita, decide hacerla su esclava y se la lleva para consultarlo con Karma después. La deja atada en un árbol, con las fieras cercas para devorarla si trata de escapar. El asesino menciona el nombre de Karma, haciéndole a Lina comprender que no debe pronunciar el nombre de Kalimán para no complicar las cosas, lamentando su suerte.

Kalimán recorre el interior de la mansión en busca de Solín. Rompe un hilo apenas visible que hace sonar unas campanas. Karma alcanza a escuchar el sonido, reconociendo como la señal de un intruso en los jardines. Con su poder mental, percibe a Kalimán, verificando que ha recuperado la vista. Kin-Go interrumpe para avisar que capturó a una mujer que merodeaba y Karma le anuncia que Kalimán ha irrumpido. Confiado en sus trampas, invita a sus cómplices a que contemplen con él la muerte de su enemigo.

Kalimán pasa por donde está Lina y ella grita su nombre para que la ayude, ignorando que esa señal activa de inmediato a las fieras. Solín despierta desde donde está, preocupado porque luego Kalimán caiga en la trampa de Lucifer.

Kalimán libera a Lina, manteniéndola cerca en lo que sigue buscando a Solín.

Karma grita el nombre de Kalimán, enardeciendo aun más a Espíritu y a Alma. Finalmente, se lanzan sobre Kalimán. El hombre increíble libra una tremenda lucha contra los felinos, pero se impone y los derrota, obligándolos a respetarlo y alejarse. Karma prosigue provocando a Kalimán, proyectando su voz en una estatua que él destruye de un golpe. Después provoca el derrumbe de un árbol, que Kalimán y Lina apenas logran esquivar. Kalimán acusa a Karma de ser un cobarde pero Karma insiste en provocarlo, moviendo mentalmente una campana, invitándolo a que lo encuentre. Kalimán y Lina lo siguen, a punto de quedar en medio del súbito cierre de una cerca. Karma habla a través de una mascara diabólica para seguir con sus juegos, alegando que convirtió a Solín en un animal. Kalimán la destruye para enfrentar una lluvia de ladrillos y sigue la voz de Karma, ahora en una fuente. Kalimán exige saber donde tiene cautivo a su pequeño amigo, y al final opta por localizarlo con la Percepción Extrasensorial. Solín se alegra de verlo, pero al estar amordazado, no puede advertirle a Kalimán que la serpiente acecha. Lucifer lo muerte en el brazo.

Karma se regocija al presentir todo, seguro que de que esta vez ha triunfado y el veneno matará rápidamente a Kalimán. Ordena a Kin-Go ir a los jardines para traerle a Kalimán y poder verlo morir.

Solín se libera de las cuerdas que Kalimán logró aflojar antes de que Lucifer lo mordiera y se une a Lina para llorar por su suerte. Sin embargo, el hombre increíble sigue lucido y pide a Solín su ayuda, dándole oportunidad de extraer el veneno mientras realiza el actus mortis. Solín obedece y espera haber sacado todo el veneno, pero al no ver a Kalimán reaccionar, se preocupa junto con Lina, incapaces de saber si sigue en el actus mortis o no. Kin-Go aparece inesperadamente, desconcertado al ver que Kalimán ha muerto. Golpea su cuerpo para que reaccione, furioso porque otra vez no tuvo oportunidad de volverlo a enfrentar. Se dispone a llevarse su cuerpo para que Karma se encargue de él, pero Kalimán suspende el actus mortis, tomándolo por sorpresa, y mandándolo contra el árbol.

Karma detecta que Kalimán vive y va a enfrentarse a Kin-Go. Admite ante Ling que le alegre que esté vivo para poder matarlo él mismo.

Kalimán lucha contra Kin-Go, derrotándolo una vez más. Le advierte a Solín y a Lina que Karma puede volver a atacar, pidiéndoles que se vayan para enfrentarlo él solo. Después, sujeta a Kin-Go, obligándolo a ir enfrente para abrirse paso. Espíritu y Alma les salen el encuentro, pero no se atreven a volver a atacar a Kalimán, reconociendo su superioridad. Karma intenta amedrentar a Kalimán con suertes telequinéticas, pero él esquiva todo lo que intenta arrojarle encima.

Solín y Lina han llegado a la salida, pero se devuelven cuando el muchacho siente que debió advertirle a Kalimán de las demás trampas de Karma.

Kalimán llega al cuarto donde se encuentra Karma y rompe la puerta. Encuentra al gato de oro, que ha retornado a ser una simple estatua inmóvil y sin vida. Suelta a Kin-Go, advirtiéndole que no intente escapar, procediendo a abrir las cortinas tras las cuales está Karma, esperándolo. Karma se encuentra en pose de meditación, admitiendo su derrota y culpabilidad en las atrocidades que ha cometido, dejando que Ling le prenda fuego con una antorcha para morir y así pagar por sus pecados. Kalimán no puede detenerla y contempla a Karma arder, comprobando que es fuego de verdad y no un truco mental. Kin-Go no se atreve a quedarse ahí para que lo aprendan ahora que Karma se ha ido y rompe una ventana para escapar. Kalimán promete atraparlo más tarde y dirige su atención a las cenizas que han quedado de Karma. Ling tiene instrucciones de esparcirlas a los cuatro vientos y Kalimán se lo permite, aunque después tendrá que entregarla a las autoridades. Con sus poderes mentales, Kalimán comprueba que no hay rastros de la presencia de Karma, pero aun no puede asegurar que haya muerto.

En su intento de escapar, Kin-Go encuentra a Solín y a Lina. Se vuelve hacia ellos, noqueando a Solín para llevárselo en brazos, advirtiéndole a Lina que le diga a Kalimán que deje de perseguirlo o lo matará.

Kalimán inspecciona los restos de las cenizas, distinguiendo que sólo son tela, aserrín y cuero. Exige a Ling que le deje ver el resto de las cenizas y ella se las echa en la cara. La risa de Karma se hace escuchar, y el malvado Dragón Rojo aparece ante Kalimán, revelando que su muerte fue un truco y estuvo oculto bajo una barrera mental todo el tiempo. Kalimán lo reta a pelear y se lanza contra él, pero sólo era su imagen en un espejo. Karma provoca que le caiga encima candelabro, para después echarse a correr. Decidido, Kalimán lo persigue y Karma lo guía hacia una pagoda, la cual cubre de llamaradas. Karma se aleja, habiendo dejado a Kalimán atrapado entre el fuego, vanagloriándose con Ling de su victoria sobre él. Kalimán se asfixia por el humo y busca una salida desesperadamente, pero no encuentra ninguna y la pagoda incendiada acaba derrumbándose. Seguro de que esta vez lo ha matado, Karma se declara el nuevo hombre increíble. Karma y Ling se retiran, ignorando que Kalimán aun vive entre los escombros, permaneciendo inconciente.

Ling informa a Karma que Kin-Go escapó. Decide encargarse de encontrarlo para castigar su cobardía más tarde, tomando como prioridad el atentado contra Abel Rajham, planeando llegar a él transfigurándose para que no sospeche nada y pueda pasar por los guardias.

Lina descubre la pagoda incendiada, temiendo que Kalimán haya muerto.

El capitán de guardias pone al tanto a Abel Rajham sobre su encuentro con el hombre que tomaron por Karma, indicándole que podría ser justo a quien necesita para lidiar con el ambicioso villano. Da órdenes de que encuentren a Kalimán y lo traigan ante su presencia.

Karma ordena a Ling buscar a Kin-Go mientras él se dirige al palacio para matar al rey.

Kin-Go se esconde cerca del barrio de mercaderes. Cuando Solín recobra la conciencia, le hace ver que es su esclavo, fingiendo ser su lazarillo para pedir limosna.

Lina llora por la muerte de Kalimán, pero el hombre increíble no tarda en emerger de entre los escombros. Lo pone al tanto de que Karma y Ling se han ido y que Kin-Go capturó a Solín. Kalimán usa su Percepción Extrasensorial para averiguar lo que hace Karma, encontrándolo cercas del palacio.

Antes de que unos guardias lo descubran, Karma toma la forma de un anciano monje. Trata de convencerlos de que es uno de los maestros de Karma y ha venido a ayudarlos contra él, teniendo necesidad de hablar con el rey que ha sido amenazado de muerte por éste.

Kalimán ha deducido la estrategia de Karma, pero primero va con Lina para encontrar a Solín en el mercado de esclavos.

Abel Rajham se encuentra elaborando su testamento de antemano en caso de su muerte próxima. Los guardias dejan a Karma disfrazado afuera, esperando hasta que el rey pueda recibirlo.

Solín se ve obligado a pedir limosna para Kin-Go, quien se hace pasar por su padre ciego. Mientras, Ling ha divisado a Kalimán entre el gentío y lo sigue a discreción. Solín consigue que le den una moneda de oro, despertando la ambición en Kin-Go para que implore caridad con mayor lastima. Kalimán aparece ante él y trata de disimular ante Kin-Go, hasta que el hombre increíble lo toma por sorpresa. Unos guardias intentan detenerlo, tomándolo como un abuso contra un ciego indefenso y Kin-Go aprovecha para escapar. El capitán de guardias reconoce a Kalimán y solicita su presencia en el palacio de Abel Rajham. Kalimán acepta ir, indicándoles a Solín y a Lina que vuelvan a la casa en las colinas y no lo desobedezcan otra vez. Ellos se resignan y Kalimán acompaña a los guardias.

Ling encuentra a Kin-Go, haciéndole ver que Karma vive y deben volver a su lado.

Bajo el disfraz de monje, Karma se impaciente y se transforma en cobra, escurriéndose debajo de la puerta en donde Abel Rajham sigue predisponiendo su testamento. Karma ataca, pero uno de los consejeros es quien recibe su mordida letal al interponerse. Llaman a los guardias y Karma huye, volviendo a donde estaba para tomar la forma del monje de nuevo. Abel Rajham siente estar en peligro más que nunca y al ser informando sobre el susodicho maestro de Karma, exige que lo traigan ante él. Disfrazado, Karma le indica que él sabe como derrotar a su enemigo, pero que es necesario que estén a solas. Abel Rajham no quiere estar lejos de sus consejeros, pero como el monje amenaza con irse y dejarlo a merced de Karma, ordena a todos retirarse. Habiendo conseguido lo que quería, Karma lo sume en un trance hipnótico, haciéndole escribir un documento en que lo nombra como su sucesor al trono. Únicamente falta que firme cuando tocan a la puerta y Abel Rajham despierta, sin haberse dado cuenta de nada. El capitán de guardias anuncia que ha traído a Kalimán, que el “monje” no puede creer, suponiéndolo muerto. Lo dejan entrar y confirma que su enemigo sigue con vida y tiene que disimular para que no lo identifique, poniendo una barrera mental. Viéndose con dos excelentes apoyos para enfrentar a Karma, el rey no sabe a cual recurrir primero, pero el “monje”, usando el falso nombre de Kao-Pei, le sugiere empezar con Kalimán. Karma sospecha de la veracidad de la historia del monje, pero atiende a Abel Rajham, que le hace saber el último atentado de Karma contra su vida. El rey lo guía hacia donde está la espada sagrada, que podría ser el arma ideal contra el Dragón Rojo si logra empuñarla.

Karma vuelve a su forma real y envía su espíritu hacia donde están Ling y Kin-Go, encomendándoles la captura de Solín y Lina para preparar otra trampa.

Abel Rajham presenta la espada sagrada aprisionada en el bloque de granito. Kalimán logra sacarla sin problemas, asombrando a todos. Abel Rajham lo reconoce como el futuro rey de Darjeé, mas el hombre increíble se niega a tomar el trono, pero considera portar la espada para enfrentar a Karma.

Desde donde está, Karma envía un ataque de destructiva fuerza teléquinetica. Kalimán evita que Abel Rajham sea aplastado y sale con la espada en mano para encontrar a Karma.

Lina y Solín esperan a Kalimán en la casa, cuando en la puerta aparecen Kin-Go y Ling. El padre de Lina interviene, pero Kin-Go lo deja tendido de una patada. Los dos criminales salen corriendo llevando a sus cautivos.

Kalimán percibe la presencia de Karma, llegando hasta una sala de armaduras en las que éste juega con él usando la ventriloquia. Lo deja inconciente con un golpe en la cabeza, y vuelve a transfigurarse en el anciano monje. Regresa con Abel Rajham, convenciéndolo nuevamente de que deben estar solos para tratar el asunto de Karma. Kalimán recobra la conciencia y acude, pero demasiado tarde. Karma abandona el disfraz e hipnotiza a Abel Rajham para que firme el documento elaborado anteriormente. Una vez hecho esto, le rompe la nuca, matándolo. Karma encara a Kalimán, pero lo considera indino de luchar contra él, pretendiendo usar la autoridad de su nuevo titulo para que los guardias lo apresen, pero los guardias no piensan seguir las órdenes de un asesino. Karma decide convencerlos con una demostración de su poder, y emplea la teléquinesis proyectada para atacar a Kalimán. Con la espada, él hombre increíble repele la fuerza mental del Dragón Rojo, haciéndolo desistir y probar otra táctica. Karma se vuelve invisible, pero antes de que pueda intentar escapar, Kalimán arroja vino rojo para tenerlo a la vista, y prosigue dando estocadas, provocándolo para que pelee mano a mano. Karma acepta el desafío, exigiéndole tirar la espada y Kalimán la deja clavada en la pared. Finalmente, los dos rivales miden fuerzas, aunque Karma no deja de incrementar la suya. Acaba apoderándose de la espada pero Kalimán logra arrebatársela. Karma usa su mirada hipnótica sobre Kalimán, tratando de enloquecerlo. La respuesta de Kalimán es resistirse y golpearlo directamente en el círculo blanco en la parte de atrás de su cabeza. Karma está aturdido pero logra transformarse en buitre, atacando a Kalimán para desconcertarlo y aprovechar para escapar. Kalimán va tras él, declinando usar la espada sagrada, prefiriendo enfrentarlo con sus propias manos.

Karma piensa utilizar el Libro Blanco de la Sabiduría para encontrar algo que le sirva contra Kalimán. Recupera su figura ante Kin-Go y Ling para anunciarles que dispongan todo para tenderle la trampa a Kalimán en cuanto venga, utilizando a sus dos prisioneros.

El padre de Lina sale al encuentro de Kalimán cuando se dirigía a la residencia de Karma, informándole del secuestro de su hija y Solín. Kalimán se apresura.

A través del libro, Karma halla la clave para vencer a la muerte, considerando la medida para asegurarse de volver a la vida cuando le toque morir. Ling y Kin-Go anuncian que han dejado a los prisioneros como él les ha pedido. Karma encarga a Kin-Go enfrentar a Kalimán nuevamente mientras Ling lo asiste en su próxima jugada.

Kalimán materializa su pensamiento en un ave para observar el interior sin ser visto, localizando a Lina y a Solín, que han sido atados precariamente sobre un mar de serpientes venenosas, además de detectar una trampa cercana.

En el invernadero donde se encuentran los pájaros asesinos, Karma muestra a Ling un ataúd en el que aseguro que pronto estará Kalimán. Al sentir la presencia de su enemigo, manda a Alma y a Espíritu para que se enfrenten a él, dispuesto a lanzarle todo lo que pueda para que al final le toque rematarlo.

Kalimán entra en acción, eludiendo la cuchilla en el camino, llegando con sus amigos. Con hipnosis, domina a las serpientes, justo cuando las cuerdas que mantenían suspendidos a Solín y a Lina se rompen. El efecto hipnótico termina antes de que Solín logre pasar entre las serpientes y Kalimán tiene que usar la fuerza para apartarlas, salvando al muchacho y cerrando la puerta para impedirles seguir atacando. Les indica a los dos que no se separen de él y son sorprendidos por Kin-Go, que ahora se dispone a atacar con cuchillos. Utilizando la ventriloquia, Kalimán logra desconcertarlo para poder despojarlo de sus armas y vencerlo a golpes, una vez más.

Karma percibe la derrota de Kin-Go, pero a distancia se encarga de enardecer a las fieras para que su ataque sea implacable.

Kalimán localiza la presencia de Karma en el invernadero y se dirigen hacia allá. Espíritu y Alma se interponen en su camino. Lina se asusta y trata de correr, provocando que Espíritu la siga, pero Kalimán lo detiene en seco con un dardo somnífero. Alma lo ataca a él a su vez y derrota a la fiera del mismo modo.

Karma no contaba con que Kalimán usara ese recurso. Ling sugiere que huyan, pero él todavía tiene confianza en su trampa con los pájaros y el ataúd.

Kalimán penetra al invernadero, indicando a sus compañeros que lo esperen afuera. Al ver el ataúd, descubre que en su interior contiene un cadáver de si mismo, reconociéndolo como un truco mental para intimidarlo. Karma aparece para amenazarlo con que pronto estará dentro de ese ataúd y Kalimán lo ataca, viendo que no es más que una ilusión de su enemigo. Lo busca por el invernadero, mientras Karma permanece escondido con Ling, provocándole para que se acerque más a la trampa. Kalimán finalmente llega al punto en que se encuentran los pájaros, que animados por Karma, lo atacan furiosamente sin darle oportunidad alguna de defenderse.

Afuera, Solín y Lina se dan cuenta del peligro que corre Kalimán. Solín se lamenta por no haberle advertido a tiempo sobre los pájaros.

Conciente de que las aves no cesarán hasta destrozarlo, Kalimán llega hasta el ataúd, metiéndose en éste para ponerse a salvo. Karma ahuyenta a los pájaros, burlándose de Kalimán por haber hecho exactamente lo que esperaba. El ataúd se ha cerrado herméticamente y es a prueba de fugas, por lo que la muerte por asfixia es inminente y ningún truco mental podrá salvarlo. Karma se queda a esperar, diciéndole a Ling que a lo mucho resistirá tres horas antes de morir.

Kin-Go encuentra a Solín y a Lina, capturándolos y trayéndolos ante Karma, quien ordena que los dejen atados a un árbol para que presencien también la muerte de Kalimán. Desde el interior del ataúd, Kalimán envía su espíritu, desafiando a Karma a un enfrentamiento mental. Karma acepta el reto. Los espíritus de ambos emprenden una intensa batalla, pero nuevamente, Kalimán se impone ante la supuesta fuerza superior de Karma, orillando a su espíritu a volver a su cuerpo, propiciándole un fuerte dolor de cabeza. Karma corre en busca del Libro Blanco de la Sabiduría para conocer otro secreto que pueda servirle contra su enemigo.

Creyendo que Kalimán estará debilitado por la asfixia, Kin-Go abre el ataúd para rematarlo. Kalimán contaba con eso y lo derriba de un golpe. Libera a sus amigos y va tras de Karma.

Ling le informa a Karma que Kin-Go planeaba rematar a Kalimán, y él comprende de inmediato que sin duda aprovechará para escapar. Utilizando el libro, decide hacer el experimento físico mental más difícil de todos, en el que tendrá que morir para escapar de Kalimán con la posibilidad de revivir más tarde. Karma da instrucciones a Ling de que cuando muera, debe conservar su cuerpo en el ataúd del invernadero y pasados siete días, deberá golpear tres veces el gong dándole la señal para revivir. El secreto es que aunque su cuerpo muera, su espíritu y mente permanecerán ocultos para retornar a su cuerpo pasado ese tiempo.

Kalimán irrumpe y Karma lo recibe, alegando que no pienso oponer más resistencia, habiendo llegado a sus límites, pero no le permitirá capturarlo. Clavándose una daga en el pecho, se suicida, burlándose de que logró eludirlo hasta el final. Kalimán confirma que está muerto y cuando Kin-Go aparece, se lo hace ver. Amenazando con romperle los huesos, fuerza al asesino a permanecer quieto para más adelante entregarlo a las autoridades.

Más tarde, las autoridades se presenten y Kalimán les asegura que la amenaza de Karma ha concluido. Vuelven a ofrecerle que gobierne Darjeéé, pero Kalimán se rehúsa debido a sus principios, aconsejándoles buscar entre ellos quien pueda asumir esa responsabilidad. Les entrega a Kin-Go para que lo juzguen, mientras él se compromete a llevar a Ling de regreso a su pueblo para que allá también la castiguen como se merece por su complicidad con Karma. Ling finge resignación, implorando que no cremen el cuerpo de Karma, ya que su ultima voluntad era dejarlo en el invernadero con los pájaros. Kalimán accede a su petición y lleva el cuerpo de Karma ahí, pero no deja de presentir que su espíritu permanece cerca. Después de cerrar el ataúd, salen de ahí, sintiendo que es peligro estar entre los pájaros, furiosos y hambrientos. Despidiendo a las autoridades, Kalimán anuncia que se quedará unos días más ahí, explicando más tarde a sus compañeros que deben durar siete días porque es el tiempo máximo en que un espíritu puede estar cerca de un cadáver. Le encarga a Solín vigilar de cerca de Ling, quien se da cuenta de que sospechan del plan de Karma para regresar a la vida.

Los días pasan y Kalimán sigue detectando al espíritu de Karma. Al llegar a la ultima noche, se dan cuenta que Ling ha desaparecido. Ella logra cumplir su cometido, haciendo sonar el gong para que Karma reviva, antes de que Kalimán pueda detenerla. Karma revive inmediatamente, abriendo el ataúd. Kalimán le advierte a Ling sobre su error, ya que los pájaros enloquecidos atacarán sin dudar. Los cuatro se dirigen con rapidez al invernadero, encontrándose con que los pájaros, que se precipitan sobre Karma, destrozándolo y devorándolo con feroces picotazos. Ling se atreve a entrar para auxiliarlo y corre la misma suerte. Kalimán confirma que ese es el resultado de atentar contra el equilibro de la naturaleza.

Kalimán se despide de Lina, dejándola de nuevo a donde pertenece, con su padre. Ella pregunta si volverán a verse algún día y Kalimán sólo puede decir que es cosa del destino pero que nunca la olvidará.

Días después, Kalimán y Solín han regresado al monasterio, informando tanto al maestro Shang como al Dalai-Lama sobre la muerte de Karma. Kalimán devuelve el Libro Blanco de la Sabiduría, que permanecerá guardado celosamente ya que nadie está preparado todavía para conocer sus secretos milenarios. El Dalai-Lama les presenta el halcón en el que ha reencarnado el espíritu de Karma, que habrá de hacerlo siete veces más hasta volver a nacer como humano, en castigo por sus pecados.

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