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31 EL BUDA NEGRO.jpg


PERSONAJESEditar

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICAEditar

  • Himalaya
  • Kaliasana, Nepal
  • El Cairo, Egipto
  • Isla de la Muerte, Nepal

Kali Asana es el nombre de una posición en yoga, no es el nombre de algún sitio real en Nepal. La Isla de la Muerte obviamente también es un sitio ficticio.

ARGUMENTOEditar

A pocos días de una fecha auspiciosa, Kalimán y Solín se confunden entre miles de peregrinos que caminan por estrechos senderos del Himalaya en dirección a la ciudad nepalesa de Kaliasana, la ciudad sagrada de la diosa Kali donde Kalimán quiere renovar sus votos de justicia. El camino es peligroso, y cuando una gigantesca roca se desprende de las alturas y amenaza la vida de una mujer y su hija, Kalimán las salva, y su nombre se riega entre los labios de los peregrinos. Uno de ellos, un hombre llamado Ramar, se siente vivamente interesado al oir mencionar el nombre de Kalimán y manda a su ayudante, un jorobado llamado Yago a que investigue al peregrino. Yago confirma la identidad de Kalimán hablando con Solín, y cuando informa a Ramar éste se alegra vivamente porque según él por fin podrá cobrarse su venganza. Ramar explica a su ayudante que odia vivamente a Kalimán, y que aún si éste está protegido por la diosa Kali, Ramar está protegido por Visnur, el dios del mal y de la magia negra, según Ramar mucho más poderoso que Kali. A partir de ese momento la misión principal de ambos, Ramar y Yago, será matar a Kalimán.

Tiempo después Kalimán se siente observado fijamente por un hombre que emana fuertes vibraciones negativas. Confronta a su perseguidor, Ramar, pero el extraño personaje logra alterar sus facciones y se convierte en un anciano que dice no hacer nada malo. Kalimán intenta leer en sus pensamientos, pero no lo consigue porque Ramar pone una poderosa barrera mental. Kalimán observa entonces las manos del supuesto anciano: son jóvenes y fuertes, y en la mano derecha del personaje distingue un anillo con el símbolo de Visnur. Antes de despedirse el falso anciano revela su nombre, Ramar, y Kalimán lo mira sorprendido: el nombre es un palíndromo con fuertes cualidades mágicas. Mientras se aleja, Ramar se despide Kalimán llamándolo por su nombre, pero cuando Kalimán intenta darle alcance para preguntarle cómo lo conoce el misterioso anciano desaparece.

Durante las próximas horas de camino, Ramar rememora su pasado con Kalimán. Muchos años atrás, Ramar, quien entonces no utilizaba su nombre actual, era estudiante en un monasterio de Delhi, India, donde Kalimán había decidido compartir sus conocimientos y convertirse en maestro. El muchacho era inteligente y estudioso, uno de los mejores aprendices del monasterio, y se rumoraba que eventualmente podría llegar a reemplazar a Amel Bayán, uno de los maestros lamas. Pero quien se convertiría en el malvado Ramar no quería esperar la muerte de su maestro, y una noche se introdujo en la celda monástica del anciano y lo asesinó de un golpe de karate. La muerte de Amel Bayán fue llorada en todo el monasterio, y Kalimán inició una investigación para descubrir al asesino. Cerca del cuerpo del maestro lama encontró un botón de Ramar, algo que por si solo no demostraba la culpabilidad de éste ya que en el monasterio existía la costumbre de que alumnos visitaran las celdas de sus maestros para recibir instrucción individual. Sin embargo Kalimán notó su nerviosismo durante los interrogatorios y las cenas comunales: sus manos temblaban y se rehusaba a mirar a los ojos. Aún antes de que Kalimán llegara a acusarlo, el futuro Ramar confesó al monasterio el asesinato. Fue deshonrado y expulsado de monasterio, y con un hierro ardiente se le hizo una marca en el pecho que lo marcó para siempre como criminal. A causa de esto, Ramar desarrolló un intenso odio contra Kalimán, a quien siempre culpó de su expulsión, y juró que llegado el día se vengaría de él.

Aún antes de que los caminantes lleguen a Kaliasana Ramar efectúa su primer atentado contra la vida de Kalimán. Poseído por Visnur y dotado de poderes sobrehumanos, Ramar logra hacer que una espesa niebla caiga sobre las montañas del Himalaya. Luego transforma de nuevo sus facciones y se hace pasar por otro anciano, esta vez en peligro de caer a un abismo. Kalimán intenta ayudarlo, pero Ramar vuelve a transformarse y se convierte en un lobo que salta sobre él. Kalimán tastabillea y termina cayendo al abismo, pero pocos metros más abajo logra aferrarse a una saliente y salvar su vida. Cuando regresa al lado de Solín, entre la bruma se oye un nombre: Ramar; el personaje no quiere dejar la menor duda de que fue él quien realizó el atentado.

Al mismo tiempo, a miles de kilómetros de ahí, en El Cairo, una misteriosa mujer logra introducirse al Museo Egipcio de la ciudad encerrada en un sarcófago, y una vez allí procede a robar uno de los cuchillos que se utilizaban para sacar los corazones a faraones fallecidos. Cuando es descubierta por un guardia del museo no duda en asesinarlo, y luego da muestras de una agilidad asombrosa saltando varios metros por encima de un muro y perdiéndose en las calles de la ciudad. Cuando llega al sitio donde un cómplice la espera se lanza contra él clavándole puñal del faraón en el pecho, y poco después procede a hacer lo mismo con tres hombres más que vienen a investigar diciendo que según su religión por cada muerte que cause ella misma ganará más vida. Al final de la matanza, la mujer, Vanesa, se aleja con el cuchillo en su poder, y poco después llama por teléfono al contacto que la contratara para robarlo, un egipcio llamado Zacha. El árabe decide ahorrarse el dinero que le tendría que pagar a Vanesa por el robo del objeto y envía a dos de sus mejores hombres a que se lo roben, pero Vanesa se da cuenta a tiempo de la traición y logra matarlos fácilmente. Luego vuelve a contactar a Zacha y le informa de lo que ha pasado; ahora el precio para obtener el cuchillo será más alto y Zacha tendrá que venir en persona a recogerlo. Zacha no se da por vencido y de nuevo decide intentar matar a Vanesa para apoderarse del cuchillo: cuando acuda a su cita llevará consigo una caja de madera en la que en vez del dinero ocultará una serpiente venenosa que seguramente acabará con la peligrosa mujer.

Cuando Kalimán y Solín llegan a Kaliasana se dirigen inmediatamente al templo de Kali; falta algo más de una semana para la celebración del séptimo año con siete meses y siete días del calendario tibetano. Para anunciar su llegada tocan una serie de campanas que resuenan como si pronunciaran su nombre, y cuando Ramar las escucha reacciona furioso e intenta destruirlas inutilmente. Los ancianos maestros de Kaliasana, por el contrario, se muestran muy emocionados ante el anuncio. Antes de poder entrar al templo de Kali existe la costumbre entre los fieles de lavarse en una fuente sagrada situada a la entrada del templo. Ramar hace ahí un nuevo intento de acabar con Kalimán, y vierte en el agua de la fuente un poderosísimo veneno, pero cuando Kalimán llega se da cuenta de que un pájaro muere envenenado después de beber. Ramar y Yago vigilan desde las sombras, y viendo que Kalimán sobrevive entran al templo antes que Kalimán y Solín lleguen y se confunden entre los peregrinos. Instantes después Kalimán y Solín entran a su vez, pero en vez de encontrarse con las caras afables de los cientos de maestros lamas que los esperan, se ven de pronto rodeados por monstruos horribles. Kalimán reconoce inmediatamente lo que ocurre por lo que es: un acto de hipnotismo colectivo perpetuado por Ramar, y así se abstiene de atacar a quienes son en realidad el grupo de maestros lamas. Después del suceso, Ramar y Yago deciden perderse entre las calles de la ciudad y esperar una nueva oportunidad para atacar, mientras Kalimán se entrega a una profunda meditación.

Para llegar hasta lo más profundo del templo de la diosa Kali y poder orar frente a ella, Kalimán y Solín tienen que pasar una prueba en la que tienen que demostrar valor: deben atravesar el ancho de un gran salón caminando sobre una degada viga de madera suspendida en el techo sobre centenares de espadas colocadas en el suelo con las puntas hacia arriba; cualquier caída desde la viga sería mortal. Kalimán insiste en que Solín pase también la prueba, y camina detrás del niño sobre la viga. De pronto uno de los monjes hace ruido y causa que Solín pierda la concentración, tropieze y caiga. Kalimán logra atraparlo de un pie e impide que caiga a su muerte, y con él en brazos termina la prueba. Luego bajan al salón y buscan a la persona que hizo el ruido, quien no es otro que Ramar disfrazado. Kalimán consigue encontrarlo y por fin lo reconoce, en esta ocasión Ramar no ha cambiado sus facciones. De un tirón le arranca la casaca; como sospechaba encuentra en el pecho de Ramar la marca que los lamas del monasterio de Delhi quemaran en su piel. Ramar le revela entonces a Kalimán que se ha convertido en discípulo de Visnur y que por eso ha cambiado su nombre, y en ese momento un intenso calor empieza a emanar del cuerpo del extraño personaje, haciendo que Kalimán tenga que soltarlo. Antes de que pueda volver a atraparlo el lama principal del templo, el maestro Amed, llega acompañado de Solín y pregunta lo que ocurre. Este momento de distracción es suficiente para que Ramar vuelva a perderse entre las sombras, y Kalimán decide no perseguirlo porque es más importante para él prepararse para la ceremonia en el santuario de Kali.

En El Cairo, la policía visita la casa de la mercenaria Vanesa, y ella les dice que tuvo que matar en defensa propia a dos malhechores que se introdujeron en su casa para asaltarla. El policía, sin embargo no queda convencido de la inocencia de la mujer aún si los dos muertos tienen antecedentes penales y le ordena a Vanesa no abandonar la ciudad. Pocos minutos después de la partida del policía, Zacha llega a la casa de la mujer llevando una caja con lo que dice son joyas que pagarán por el cuchillo robado. Cuando Vanesa abre la caja una serpiente venenosa salta sobre ella y amenaza con matarla. Sin embargo la mujer logra hacerse con el cuchillo faraónico que está sobre una mesa, y de un golpe decapita la serpiente. Luego se lanza contra Zacha, y harta de los constantes intentos de traición exige que el árabe la lleve ante Ramar, sólo a él le venderá el cuchillo pues sabe que Ramar, habiéndole prometido a Visnur que con él le arrancaría el corazón a Kalimán, estará dispuesto a pagar mucho dinero por el objeto. Zacha intenta rehusarse a obedecer, pero Vanesa lo amenaza de muerte: además de querer vender lo que robó, Vanesa está intrigada tanto por Ramar como por Kalimán y quiere conocerlos a ambos. La orden que tiene de la policía de no salir de El Cairo la tiene sin cuidado.

Kalimán, mientras tanto, decide mostrarle a Solín una de las joyas más sagradas de Kaliasana: el Buda Negro, una reliquia de más de 2500 años de antigüedad tallada en un zafiro de una pieza y extremadamente respetada en todo el centro de Asia. Cuando llegan al templo donde se exhibe la joya, un guardia inicialmente les impide el paso, pero una vez Kalimán se identifica se hace a un lado; aún si el Buda Negro sólo se muestra al público una vez cada siete años, Kalimán sí tiene autorización para verlo. Ramar y Yago vigilan desde el exterior, y cuando Kalimán y Solín se disponen a salir, Ramar hipnotiza al guardia del templo a larga distancia y le ordena atacar a Kalimán. Éste consigue detener el ataque tronando los dedos y rompiendo el dominio hipnótico que Ramar tiene sobre el guardia. Sin embargo queda muy preocupado; aunque ya sabe que Ramar tiene toda la intención de matarlo, no sabe qué venía a hacer Ramar a Kaliasana antes de encontrarse con él en el camino. Por lo que sabe de su enemigo no puede ser nada bueno.

Kalimán está en lo cierto, Ramar planea robar el Buda Negro y por medio de él controlar a los muchos millones de fieles esparcidos por todo el Asia Central para que hagan su voluntad. Mientras Kalimán y Solín se alejan por las calles de Kaliasana rumbo a su hospedaje, Ramar utiliza sus dotes de transformismo e imita en su cara las facciones de Kalimán. Luego se dirige al templo y confronta al guardia, quien le dice que ni siquiera él, Kalimán, puede estar allí tan entrada la noche. Ramar se lanza entonces contra el guardia, lo golpea salvajemente quebrándole un brazo e hiriéndolo gravemente, y luego se apodera de la valiosa reliquia. El guardia queda convencido de que el autor del robo es Kalimán. A la salida del templo Ramar se encuentra con Yago, le entrega el Buda Negro y le ordena que se lo lleve a los Vengadores, un grupo de hombres encapuchados que esperan cerca para esconder la reliquia en un sitio lejano, la Isla de la Muerte. Yago obedece la orden, y poco después un grupo de cuatro hombres envueltos en túnicas se aleja de Kaliasana llevando con ellos la reliquia sagrada. Después de cumplir con su misión Yago se dirige a una magnífica casa en las afueras de Kaliasana, la guarida de Ramar. Allí le informa a su jefe de lo que ha acontecido, y éste le revela el siguiente paso que piensa dar para apoderarse de las voluntades de millones de fieles en el Asia: secuestrará a la Diosa Viviente, una niña que representa a la diosa Kali en vida y que también vive en Kaliasana.

Ya cerca del amanecer el guardia del templo recupera el sentido y con mucho esfuerzo logra dar la voz de alarma. El maestro Amed y los otros maestros lamas de Kaliasana acuden presurosos a investigar lo sucedido, y en el templo encuentran al guardia moribundo que insiste en que fue Kalimán quien robó la reliquia. Inicialmente la mayoría de los lamas se rehusa a creer que su huésped se haya convertido en un ladrón, pero ante la insistencia del guardia no tienen más remedio que ir a donde él se hospeda para detenerlo e interrogarlo. Kalimán, sorprendido e incrédulo ante la acusación, es llevado por los maestros lamas al templo del Buda Negro, y allí confronta a su acusador, el guardián malherido, quien al verlo lo acusa furiosamente. El maestro Amed decide explorar telepáticamente la mente de Kalimán, y descubre que no hay dudas ni secretos en su mente, Kalimán está diciendo la verdad. Luego Amed y Kalimán hacen contacto telepático con el guardia, y lo que descubren en su mente tampoco deja lugar a dudas: fue Kalimán mismo quien lo atacó. La situación se torna bastante incómoda para todos, y así Amed solicita a Kalimán que regrese a sus habitaciones, después le comunicará lo que decida el consejo de lamas. Kalimán hace lo que se le ordena y deduce que el culpable de todo tiene que haber sido Ramar, un maestro del transformismo, como él ya sabe. Intenta iniciar una investigación para encontrarlo, pero pronto se encuentra con que el consejo de lamas ha instalado un guardia en su hospedaje que no le permite salir. Ante esto inicia un experimento de desdoblamiento corporal para encontrar a Ramar, algo que logra sin mucha dificultad. Ramar percibe la presencia del espíritu de Kalimán cerca de él, y burlón le confiesa su culpabilidad y le dice que ahora él, Kalimán, será hecho prisionero por los lamas y Ramar podrá continuar sus planes. Kalimán poco puede hacer en ese momento y regresa a su cuerpo.

Los Vengadores llegan mientras tanto a la Isla de la Muerte, y allí entierran el Buda Negro en un sitio que Ramar conoce. Sin embargo cuando se disponen a abandonar la isla y regresar a Kaliasana son atacados por una jauría de perros furiosos, los guardianes de la Isla de la Muerte. Los perros los persiguen inmisericordemente, y a algunos de los Vengadores logran atraparlos y devorarlos entre sus fauces. Otros, en su loca carrera terminan cayendo en un pantano de arenas movedizas, donde se hunden irremisiblemente. Ramar se percata de la muerte de los Vengadores por medio de la telepatía y sonríe: exactamente ese era su plan.

Los maestros lamas han decidido considerar a Kalimán culpable del robo, y apesadumbrados le comunican que está condenado a muerte, la ley debe aplicarse a todos. La celebración de la diosa Kali tendrá lugar en siete días, pero Kalimán no vivirá para presenciarla pues será ejecutado antes. Kalimán solicita a Amed un favor, quiere pasar sus últimos días en la "Torre del Silencio", una altísima torre de piedra sin entradas o salidas donde prisioneros pasan en completo aislamiento los últimos días de sus vidas. Amed accede, y Kalimán y Solín son conducidos a la base de una torre a la que solo se puede acceder por fuera, a bordo de una canastilla que lleva al prisionero a una ventana situada a más de cien metros de altura. Solín intenta acompañar a Kalimán en su encierro, pero Kalimán insiste en que no lo haga, deberá esperar pacientemente y tener confianza en él. Una vez Kalimán ha sido subido en la canastilla hasta la altísima ventana, Amed corta la cuerda que sostiene la canastilla inutilizando así el único medio para entrar y salir de la torre.

Ramar mientras tanto se dispone a secuestrar a la Diosa Viviente. La niña vive en Kaliasana, cuidada y vigilada por un ejército de doncellas que la miman y la acicalan en todo momento cuidando de que nunca llegue a derramar ni una gota de sangre, pues si esto ocurriera la niña perdería su condición de Diosa Viviente porque no podría ser considerada completamente pura. La jefa de las doncellas es una hermosa mujer llamada Indra quien ha cuidado a la niña desde su nacimiento. Pero Ramar tiene a Indra bajo su dominio: cuando la mujer era joven, accidentalmente causó la muerte de su padre dándole a beber leche en la que una pequeña pero venenosísima serpiente había muerto ahogada; a pesar de todos los esfuerzos de Indra por salvarlo su padre murió envenenado. El incidente se mantuvo en secreto, pero por medios que no han sido revelados Ramar se enteró de lo ocurrido, y desde entonces mantiene a Indra amenazada con delatarla si no le ayuda en sus planes.

La noche siguiente, Kalimán se comunica telepáticamente con Solín: va a escapar de la Torre del Silencio y necesita que el niño esté preparado y esperando su señal para reunirse con él. Terminado el experimento de telepatía Kalimán sale por la ventana de la Torre del Silencio y baja cuidadosamente por la pared aferrándose a las salientes de las piedras que forman la construcción. El descenso es largo y penoso, pero Kalimán llega eventualmente abajo y se dirige inmediatamente hacia donde Solín lo espera. Mientras tanto, Ramar se dispone a iniciar su plan para secuestrar a la Diosa Viviente y hace contacto telepático con Indra, a la que ordena abrir la puerta trasera de la casa de la niña. Yago mientras tanto está comiendo en una taberna del pueblo de Kaliasana, y allí es descubierto por Kalimán y Solín. Kalimán decide utilizar a Yago para encontrar a Ramar, y cubiertos él y Solín con largas túnicas negras se sientan cerca de donde está y empiezan a conversar acerca de que un ladrón les ha ofrecido el Buda Negro en venta. Yago los escucha horrorizado y asume que o alguno de los Vengadores los traiciona, o alguien encontró el Buda Negro en la Isla de la Muerte y lo quiere vender en Kaliasana. Intenta seguir a Kalimán y Solín, pero éstos tienen buen cuidado en perderse entre las sombras de la noche. Yago decide entonces informar a Ramar, y corre entonces hacia la casa de la Diosa Viviente a informarle a su amo de lo que ocurre. Kalimán y Solín lo siguen de cerca.

Yago llega con Ramar antes de que este pueda entrar a la casa de la Diosa Viviente y le informa de sus sospechas. Ramar sabe que los Vengadores murieron en la isla, pero no está seguro si sí escondieron el Buda en el sitio previsto o si alguien más lo encontró, así que decide ir él mismo a la Isla de la Muerte a investigar lo sucedido; Yago deberá acompañarlo. Esto es exactamente lo que quiere Kalimán, quien vigila desde las sombras, y cuando Ramar y Yago utilizan un bote de remos para remar por un lago remoto hasta la Isla de la Muerte, Kalimán y Solín, envueltos en la niebla, los persiguen en otro. Kalimán explica a Solín que la Isla de la Muerte fue antiguamente una prisión y cementerio de ladrones, un sitio pequeño, infértil y lleno de pantanos de arenas movedizas. El lago en el que está situada también es un sitio extremadamente peligroso, de aguas heladas, lleno de corrientes y remolinos y poblado de sanguijuelas gigantescas que se lanzan contra cualquiera que intente nadar en él; quien era llevado a la Isla de la Muerte no podía escapar y allí moría de hambre.

Cuando Ramar y Yago llegan al extraño lugar son atacados por la jauría de perros guardianes que diera muerte a los Vengadores, pero Ramar los domina con su poder mental. Luego, Ramar se aproxima al sitio donde está escondido el Buda Negro y ordena a Yago cavar y sacarlo; el objeto efectivamente está ahí y su viaje a la Isla de la Muerte prueba haber sido innecesario. Kalimán y Solín escogen ese momento para enfrentarse a sus enemigos. En la pelea que sobreviene, Ramar utiliza "el fuego de Visnur", llamas que salen de su cuerpo y desconciertan a Kalimán. Esto da tiempo a Ramar para escabullirse y ordenarle a Yago que se dirija a la playa y destruya el bote en el que vino su enemigo. Ramar vuelve a tornarse contra Kalimán, y lanzando un extraño aullido ordena a la jauría de perros guardianes de la isla que se lanzen contra él y Solín. Estando los perros dominados por Ramar, Kalimán no tiene otra opción que enfrentarse a ellos a puños, pero la superioridad numérica es abrumadora y eventualmente tiene que pensar en escapar. Mientras tanto Yago cumple con la orden de Ramar y destruye el bote de Kalimán, y luego abandona la isla junto a su amo y el Buda Negro en el propio.

En un momento dado los perros deciden devorar los restos de congéneres que han sido golpeados por Kalimán, y éste aprovecha el momento para correr hacia la playa. Alcanza a ver a Ramar y Yago alejarse en su bote, pero cuando quiere perseguirlos descubre que el suyo ha sido hundido. Mientras que Solín otea esperando el retorno de la jauría, Kalimán se hace con las velas del bote hundido y le indica a Solín el camino a seguir a través de los pantanos hacia el interior de la isla. Eventualmente los perros pierden el rastro de sus presas entre las aguas pantanosas y les dan un respiro temporal que les permite llegar hasta la parte más alta de la isla, donde Kalimán procede a construir un gigantesco parapente con las velas del barco hundido y trozos de bambú que encuentra.

Vanesa y Zacha llegan ese día a Nepal luego de un largo viaje desde las tierras de Egipto. El aeropuerto está bastante alejado de Kaliasana, una ciudad a la que solo se puede acceder a pie, y así Zacha contrata a un chofer tibetano para que los acerque a la ciudad, por lo menos donde todavía hayan carreteras. No muy lejos del aeropuerto la carretera termina, y Vanesa, Zacha y el chofer tienen que continuar a pie. Lo que Vanesa ignora es que el chofer tibetano es cómplice de Zacha y ha preparado una emboscada en un recodo del camino donde tres hombres armados con sables se lanzan contra Vanesa dispuestos a matarla y a robarle el cuchillo faraónico. Vanesa, sin embargo, logra defenderse del ataque, y ante los ojos sorprendidos de Zacha y el chofer tibetano da muerte a los tres atacantes después de una breve lucha. Mientras Vanesa está ocupada peleando por su vida, Zacha se apodera del cuchillo faraónico y se lanza a la fuga. Sin embargo Vanesa lo descubre, se apodera de uno de los sables de sus atacantes y lo lanza contra la espalda de Zacha con excelente puntería. El árabe muere atravesado en el acto. Vanesa recoge el cuchillo y se torna contra el chofer tibetano, pero sabiéndose en un país extraño le ofrece dejarlo vivir si él acepta guiarla hasta Kaliasana. El tibetano acepta, y usando los caballos de sus atacantes él y Vanesa continúan el largo camino hacia la ciudad.

Ramar pasa el día descansando en su casa y preparando el secuestro de la Diosa Viviente. Al anochecer deja a Yago cuidando el Buda Negro y vuelve a hacer contacto telepático con Indra, quien como la noche anterior abre una de las puertas traseras de la casa de la niña. Esta vez Ramar sí logra introducirse a la casa, pero durante el día Indra ha decidido que no soportará convertirse en cómplice de Ramar y ha elaborado un plan de defensa: una vez que Ramar le da la espalda para subir por la escalera, Indra se lanza contra él intentando apuñalarlo, ningún tribunal la culparía por matar a un intruso dentro de su propia casa. Sin embargo la telepatía de Ramar lo previene del ataque, y furioso golpea a Indra y la deja sin sentido en la base de la escalera. Luego sube hasta las habitaciones de la Diosa Viviente, y luego de asesinar a sus doncellas se la lleva secuestrada.

Desde la parte más alta de la Isla de la Muerte, Kalimán, llevando a Solín sobre su espalda, se lanza en el parapente intentando cruzar el lago que lo separa de tierra firme volando. Aunque logran atravesar buena parte del lago, el armazón del parapente termina quebrándose ante los embates del viento y los dos amigos caen al agua helada del lago donde inmediatamente son atacados por las voraces sanguijuelas. El golpe y el frío del agua pronto hacen perder el conocimiento a Solín, y Kalimán tiene que llevarlo en brazos mientras nada hacia la orilla. Eventualmente consigue salir del lago, pero pierde mucha sangre y como Solín termina perdiendo el conocimiento. Dos campesinos los descubren sin sentido en medio del campo y deciden llevarlos a su casa para darles abrigo, y es allí donde muchas horas más tarde Kalimán recupera el conocimiento. Solín, sin embargo se encuentra moribundo, ha perdido demasiada sangre por los ataques de las sanguijuelas, y Kalimán tiene que hacer uso de sus poderes mentales para hacerlo reaccionar.

Yago, mientras tanto, se ha quedado solo en la casa de Ramar y lleva a cabo un plan que ha estado planeando por algún tiempo. En los mercados de la India existen copias baratas del Buda Negro hechas de cristal en vez del zafiro del original. Yago tiene una de esas copias, y así decide intercambiar los dos Budas: esconde el original en un sitio secreto debajo de una de las baldosas de la casa, y deja la copia a la vista de Ramar. Más tarde, cuando tenga oportunidad, piensa escapar para alejarse de los malos tratos que le da su amo, y piensa que vendiendo el Buda Negro original podrá ser inmensamente rico. Instantes después Ramar llega a la casa llevando a la Diosa Viviente prisionera. Yago está preocupado de que Ramar tal vez descubra el engaño, pero esto no sucede: Ramar no nota el robo del Buda Negro pues está ocupado con la Diosa Viviente, a la cual hipnotiza y hace introducirse a un ataúd donde la deja en estado catatónico. Luego, muy contento con su obra, Ramar se retira a sus habitaciones a descansar.

Cuando Indra recupera el conocimiento y descubre el asesinato de las otras damas de compañía de la Diosa Viviente da la voz de alarma, pero los maestros lamas encabezados por Amed deciden ocultar el secuestro a la población: saben que si el pueblo de Kaliasana se entera que ha perdido tanto al Buda Negro como a la Diosa Viviente se embarcará en una guerra religiosa fratricida en la que no habrán vencedores. En vez de eso refuerzan la guardia alrededor de la ciudad y ordenan un estricto control de las personas que entran y salen, piensan que solo así encontrarán a los ladrones y secuestradores.

Ramar decide abandonar Kaliasana llevándose consigo a la Diosa Viviente y al Buda Negro, quiere esconderse en la Isla de la Muerte mientras llega el día de la celebración de Kali. Yago, sin embargo, deberá quedarse en Kaliasana esperando la llegada de Zacha, de quien Ramar espera recibir el cuchillo faraónico. Estos planes convienen a Yago, quien tiene todas las intenciones de huir a la menor oportunidad llevándose el verdadero Buda Negro. En una de las salidas de la ciudad Ramar es detenido por uno de los guardias de los maestros lamas, pero Ramar consigue hipnotizarlo y prosigue su camino sin mayores inconvenientes.

A pesar de los esfuerzos de los maestros lamas la noticia de la desaparición de la Diosa Viviente se ha esparcido por la ciudad y la población vive un clima de desasosiego e incertidumbre. Kalimán una vez recuperado paga muy generosamente la ayuda que le prestaron los dos campesinos, y disfrazados él y Solín con largas túnicas negras se internan en la ciudad, donde pronto también ellos se enteran de la noticia. Kalimán decide entrevistarse con el maestro Amed, aunque sin dar a conocer su identidad, y mientras Amed ora a Kali en el templo de la diosa, Kalimán se presenta ante él cubierto por su túnica negra y envuelto en los humos del incienso que le dan un aire aún más misterioso. Aparentando ser una aparición, Kalimán le dice a Amed que anuncie que la Diosa Viviente estará presente el día de las celebraciones de Kali, con eso espera apaciguar los ánimos de la población de Kaliasana. Luego se pierde entre las sombras.

Cuando Yago se dispone a sacar el Buda Negro original de su escondite y a abandonar definitivamente Kaliasana se encuentra sorpresivamente con Vanesa y el chofer tibetano, quienes por fin han llegado a la ciudad. El chofer lo reconoce como un servidor de Ramar, y Vanesa se lanza contra él amenazándolo con el cuchillo y obligándolo a conducirla hacia donde está Ramar. Ante la noticia de que Vanesa asesinó a Zacha, Yago queda muy asustado y no tiene más remedio que buscarse un bote y conducir a la mujer a la Isla de la Muerte, pero en un descuido ataca al chofer tibetano y lo hace caer al agua donde pronto es atacado por las voraces sanguijuelas que le dan muerte. Vanesa mira horrorizada y así descubre que Yago es un enemigo de cuidado.

Indra mientras tanto está teniendo una crisis de conciencia por haber propiciado el secuestro de la Diosa Viviente y atormentada por los remordimientos se dirige a lo alto de un risco con la intención de suicidarse. Es descubierta por Kalimán, quien impide que salte al vacío y hurgando en su mente descubre la verdad acerca del secuestro de la niña sagrada. Habiendo descubierto también los intensos remordimientos de la mujer Kalimán le ofrece una salida a sus problemas: si ella le ayuda a capturar a Ramar, Kalimán abogará por ella cuando sea juzgada. Indra acepta algo más tranquila.

Ramar y la Diosa Viviente llegan a una fortificación en el centro de la Isla de los Muertos, y Ramar corta un mechón de pelo de la cabeza de la niña para enviarlo a los maestros lamas como prueba de que la tiene secuestrada. Luego hipnotiza a un cuervo, ata el mechón junto a un mensaje a una de sus patas y lo envía al maestro Amed. Su plan es convertirse en amo y señor de las tierras del Asia Central, primero obteniendo el control de la ciudad de Kaliasana y luego insitando a una serie de guerras religiosas que enfrentarán miembros de unos pueblos contra los otros.

Yago y Vanesa también desembarcan en la Isla de los Muertos, pero Yago no tiene ninguna intención de llevar a la mujer ante su amo y la guía a propósito hacia el sitio donde están los perros guardianes de la isla. Mientras Yago se pone fuera de su alcance, la jauría ataca ferozmente a Vanesa, quien a pesar de que logra dar muerte a algunos de ellos finalmente cae vencida. Está a punto de ser devorada cuando Ramar interviene y los perros se apartan sumisos ante sus órdenes. Vanesa encuentra a Ramar atractivo e intrigante. Decide no cobrarle por el cuchillo y entregárselo de regalo, mientras Ramar, interesado en la belleza, valentía y audacia de la mujer la invita a quedarse con él en la Isla de los Muertos. Yago observa lo que sucede muy disgustado; él no quiere que Vanesa se convierta en una aliada más de Ramar. Cuando llegan a la fortificación que sirve de refugio a Ramar en el centro de la isla Ramar y Vanesa se conocen mejor: por medio de actos hipnóticos Ramar comprueba que Vanesa es una mujer valerosa, y al mismo tiempo Vanesa comprueba en carne propia el poderío de Ramar. Eventualmente la mujer, exhausta, cae desvanecida.

Kalimán descubre por medio del desdoblamiento corporal que Ramar se esconde en la Isla de la Muerte y con Solín decide dirigirse hacia allí a bordo de una barcaza que compra a un pescador. También le compra su red, y cuando llega a la Isla de los Muertos la lanza contra los perros guardianes, atrapándolos. Mientras que Kalimán y Solín se adentran al interior de la isla, Yago descubre los perros atrapados y así descubre que intrusos han llegado, y cuando le avisa a Ramar éste ordena simplemente esperar a quien no puede ser otro que Kalimán en la fortificación. Kalimán y Solín llegan eventualmente allí y pronto descubren a la Diosa Viviente en un profundo trance hipnótico, pero mientras Kalimán intenta liberarla Ramar secuestra a Solín y lo encierra en un calabozo. Sobreviene una confrontación entre Kalimán y Ramar en la que el malhechor da muestras de poseer un poderío superior al de Kalimán: además del "fuego de Visnur" Ramar pone por ejemplo en un momento dado a la Diosa Viviente fuera del alcance de Kalimán haciéndola levitar hacia el exterior del castillo, donde queda suspendida en el aire a muchos metros de altura. En un momento de la lucha Ramar logra escabullírsele a Kalimán, y mientras este busca desesperadamente a Solín, a quien considera en peligro de muerte, Ramar escribe una segunda carta a los lamas de Kaliasana exigiéndoles ser coronado rey de la ciudad so pena de asesinar a la Diosa Viviente. Luego les manda la misiva por medio de otro cuervo hipnotizado.

Vanesa derpierta y viéndose sola empieza a investigar el castillo. Pronto descubre una habitación que contiene un ataúd, pero mientras lo investiga es atacada por Yago, quien logra sorprenderla y hacerla perder el sentido con un golpe a la cabeza. Luego deposita el cuerpo de la hermosa mujer en el ataúd, el mismo que en su momento contuvo a la Diosa Viviente.

Ramar busca a Kalimán, y lo engaña haciéndole creer que ha decapitado a Solín. Esto enfurece a Kalimán, quien pierde así su serenidad y termina cayendo en una de las trampas de Ramar: un pozo extremadamente profundo, de paredes resbalosas del que aparentemente no hay salida. Ramar considera entonces a Kalimán no solo vencido sino además muerto y decide regresar a Kaliasana para presionar a los maestros lamas para que lo coronen rey de la ciudad. Deja a la Diosa Viviente bajo el cuidado de Yago, quien tiene órdenes de asesinar a la niña si no tiene noticias de él antes del amanecer del próximo día. Solín deberá servir de alimento a los perros asesinos.

Horas más tarde, de regreso en Kaliasana Ramar tiene un encuentro con el maestro Amed en el que le repite su amenaza de asesinar a la Diosa Viviente si no es coronado rey de la ciudad. Además le revela que fue él quien robó el Buda Negro, una confesión que exonera a Kalimán ante Amed y le revela al maestro la injusticia que cometió al insistir que Kalimán fuera encerrado en la Torre del Silencio. Ramar se pierde luego entre las sombras, dejándo a Amed extremadamente preocupado: faltan pocos días para la celebración de Kali, y si el Buda Negro y la Diosa Viviente no son exhibidos ante la población existe una buena posibilidad de que se desaten guerras religiosas en la ciudad.

Kalimán escapa del pozo sumergiéndose y buscando el conducto por el que el agua entra al lugar. Contiene la respiración durante muchos minutos y logra nadar hasta el exterior del castillo, hasta un riachuelo que existe cerca. Luego oye los gritos de Solín, quien está a punto de ser lanzado por Yago a los perros desde un balcón, y antes de que el niño caiga en medio de la jauría para ser devorado lo recibe entre sus brazos. Luego empieza a trepar por la pared del castillo con Solín a cuestas hacia el balcón donde está Yago. El jorobado intenta huir y amenaza la vida de la Diosa Viviente con un sable, pero Kalimán lo hipnotiza haciéndole creer que el sable le quema las manos. Con esto el jorobado es vencido y Kalimán lo cuelga de sus ropas en un garfio de una de las habitaciones del castillo. Procede entonces a liberar a la Diosa Viviente del poderoso dominio hipnótico al que Ramar la tiene sometida, algo que le lleva muchas horas de intensa concentración mental. Una vez la niña ha sido liberada de la influencia mental de Ramar, Kalimán obliga a Yago entregarle el Buda Negro, no sabe que este es una copia y que el original está escondido en la casona de Kaliasana. Con todos sus objetivos cumplidos, Kalimán decide regresar a la ciudad junto con Solín y la Diosa Viviente a bordo de su bote.

Yago logra liberarse del garfio en el que ha sido colgado y arenga a la jauría de perros asesinos contra los fugitivos. Oyendo los ladridos Kalimán ordena a Solín y a la Diosa Viviente abordar el bote en el que él y Solín vinieron y esperar mientras que él pelea a puños con los perros. Yago aprovecha que Kalimán está ocupado e intenta recapturar a los dos niños, así que Solín se ve obligado a desamarrar el bote del muelle de la isla y a golpear a Yago fuertemente con un remo. Escapa así de Yago, pero las fuertes corrientes del lago lo alejan más y más de la orilla. Kalimán vence eventualmente a la jauría, pero cuando se acerca al muelle descubre a sus amigos a la deriva en la lejanía. Yago se lanza contra él y lo ataca con un cuchillo, pero es vencido fácilmente. Kalimán le ordena entregarle otro bote que sabe tiene que existir en la isla, y Yago finge obedecer asustado aunque en realidad lleva a Kalimán hacia otra trampa, la guarida de un gigantesco cíclope llamado Goro. El extraño ser obedece todas las órdenes de Yago y se lanza contra Kalimán, y es tan grande su fortaleza que a punto está de vencer a Kalimán cuando un cuchillo vuela por el aire y se clava en la nuca del gigante, matándolo. El cuchillo ha sido lanzado por Vanesa, quien cuando despertó del golpe de Yago se encontró encerrada en el ataúd en el que la pusiera el jorobado. Logró escapar, pero ofendida por la traición de Yago y el hecho de que Ramar la haya abandonado en la isla decide congraciarse con Kalimán. Mientras tanto, Yago recupera el falso Buda Negro y se escabuye de vuelta a la fortificación: tanto Kalimán como Vanesa le dan miedo, y ahora prefiere no tener que enfrentarse a ellos. La primera impresión que Kalimán recibe de Vanesa ciertamente no es favorable, pues desde el primer instante la mujer se ha revelado como una asesina inmisericorde. Sin embargo Vanesa ofrece mostrarle el lugar donde ella y Yago escondieron la barca en la que llegaron si él acepta llevarla de vuelta a tierra firme. Kalimán acepta la proposición, y los dos se adentran por el lago en busca de Solín y la Diosa Viviente.

En Kaliasana Ramar y los maestros lamas llegan a un acuerdo: Ramar será coronado rey de la ciudad dos días más tarde, durante las celebraciones de Kali, si la vida de la Diosa Viviente es respetada. Indra mientras tanto contempla lo que sucede, y sintiéndose en parte culpable decide asesinar de una vez por todas a Ramar. Sin embargo Ramar presiente el ataque y desarma a la mujer fácilmente. Harto de los constantes intentos de traición de Indra, Ramar decide hipnotizarla y hacerla creer que la ha convertido en serpiente, condenándola a arrastrarse en el suelo por el resto de su vida. Poco después Ramar recibe por medio de su cuervo amaestrado una carta de Yago en la que le informa que Kalimán rescató a la Diosa Viviente y se dirige hacia Kaliasana. Muy sorprendido de que Kalimán esté vivo, Ramar decide preparar el terreno para recibirlo como merece.

Las corrientes del lago alejan cada vez más el bote de Solín y la Diosa Viviente de la orilla pues Solín no tiene manera de controlar hacia dónde va. Eventualmente encallan en un grupo de rocas que destroza el barco y Solín y la Diosa Viviente caen a las frías aguas. Solín, previniendo el ataque de las sanguijielas, logra montarse a uno de los restos de la embarcación y ayudar a la Diosa Viviente, y así flotan a la deriva por cierto tiempo más. Afortunadamente para él su precaria situación no dura mucho tiempo y pronto son rescatados por un barco pescador que los lleva a la orilla. El pescador que los rescata pregunta insistentemente acerca de la identidad de los dos niños, es un hombre honrado y quiere devolverlos a sus padres. Sin embargo Solín impide que la Diosa Viviente revele quién es pues sabe que eso no solo complicaría sus esfuerzos de llevarla sana y salva a la ciudad, sino que además Ramar terminaría por enterarse. En un descuido del pescador los dos niños se escapan de su vigilancia y se lanzan a una loca carrera hacia la ciudad. Solín decide que las ropas de la Diosa Viviente son demasiado vistosas, y las razga y ensucia intencionalmente para hacer que la niña parezca una pordiosera. Disfrazados así los dos niños inician una larga marcha hacia el templo de Kali en el centro de Kaliasana, pero más tarde esa noche, cuando llegan por fin allí, el guardia que vigila la entrada no cree que la niña sea quien dice ser y les impide el paso. Solín no tiene más remedio que volver a internarse por las calles de Kaliasana, ahora buscará una manera de entrevistarse con el maestro Amed.

Kalimán y Vanesa buscan mientras tanto el bote de los dos niños en el lago y solo encuentran restos destrozados; ante esto Kalimán, muy preocupado, no tiene otra opción que dirigirse hacia la orilla. Al llegar a Kaliasana le explica a Vanesa que atacará de frente a Ramar. Ella, previsora y conocedora de la fuerza mental de Ramar, decide no acompañarlo, aunque le dice que aún se considera su aliada y lo ayudará en lo que pueda. Solo, Kalimán se dirige hacia el templo de Kali donde es recibido por Indra, quien lo informa que Ramar está a punto de ser coronado como rey de Kaliasana. La mujer aún está bajo el dominio hipnótico de Ramar y se cree una serpiente humana, y así a la primera oportunidad intenta morder a Kalimán con dientes que Kalimán descubre están envenenados. Sabiéndose descubierta, Indra ataca a Kalimán con una fuerza asombrosa nacida de la dominación de Ramar, mientras Kalimán intenta romper el dominio hipnótico que su enemigo ejerce sobre ella. Eventualmente Kalimán logra su objetivo e Indra retorna a la normalidad. Kalimán le pide entonces que lo ayude a engañar a Ramar diciéndole que el plan dio resultado; mientras tanto Kalimán efectuará un experimento de actus mortis para engañar a su enemigo. Cuando Indra cumple las órdenes de Kalimán, Ramar acude presuroso a examinar el cadáver de su enemigo y encontrándolo muerto lo mete en un ataúd de acero; más tarde le sacará el corazón con el cuchillo egipcio como se lo prometió a su dios Visnur. Esto es algo con lo que Kalimán no contaba, pues de pronto se ve encerrado en un ataúd metálico sin orificios para aire del que difícilmente podrá escapar. Ramar, muy satisfecho con los sucesos del día, se retira tranquilo a descansar.

Kalimán suspende el ejercicio de actus mortis dentro del ataúd y luego forcejea por largos minutos intentando salir. Sus esfuerzos son infructuosos, y el aire empieza a acabársele. Por medio de la telepatía se comunica entonces con Indra, a quien ordena venir y ayudarle a destrozar la cerradura del ataúd. El plan tiene éxito, y Kalimán es por fin liberado. Mientras tanto uno de los guardias del templo que fue testigo de la supuesta muerte de Kalimán informa al maestro Amed de lo ocurrido, y este, muy sorprendido al averiguar que Kalimán no está en la Torre del Silencio decide mirar el cadáver con sus propios ojos. El guardia lo lleva hasta donde está el ataúd, pero tanto ellos como Ramar, quien llega al mismo tiempo, descubren que el cerrojo del ataúd ha sido forzado y el cadáver de Kalimán no está ahí. De pronto una voz se escucha de detrás de los cortinajes: Kalimán aparentemente ha revivido y se lanza a una feroz lucha mano a mano contra Ramar, a quien intenta capturar. La pelea es brutal y Ramar, a quien Kalimán ha logrado sorprender, termina siendo vencido. Atacando a traición a Kalimán el malvado personaje salta por un ventanal y cae muchos metros más abajo, pero Kalimán no está dispuesto a dejarlo escapar de nuevo y le lanza dardos somníferos para detenerlo, Tres dardos son necesarios para agotar la fortaleza de Ramar, quien luego de resistir por varios minutos termina derrumbándose: Kalimán ha vencido, y Ramar es llevado inconsciente a un calabozo en los sótanos del templo.

Yago decide abandonar la Isla de la Muerte, pues ahora que la Diosa Viviente ha escapado no tiene objeto quedarse allí. Llevará consigo los dos objetos que le interesan a Ramar: el (falso) Buda Negro y el cuchillo faraónico. Los perros guardianes, de nuevo hambrientos, lo atacan con fiereza, pero él consigue llegar a su balsa y abandonar la isla sin ser muerto. A su llegada a Kaliasana es descubierto sorpresivamente por Vanesa, quien para tomar venganza de sus ataques previos lo amenaza de muerte. De pronto la peligrosa mujer repara en uno de sus bultos que resulta ser nada menos que el Buda Negro y le ofrece dejarlo vivir a cambio de que le entregue la reliquia. Yago finge dudar un poco para engañar a Vanesa, pero en realidad no tiene problemas en entregarle el pedazo de cristal a cambio de su vida. Con esto Vanesa lo libera y lo deja escapar, y el jorobado parte a toda carrera hacia la casona de Ramar para sacar el verdadero Buda Negro de su escondite y escapar llevándoselo. Además lleva consigo también el cuchillo faraónico que Vanesa no vio en sus ropajes, vendiendo los dos objetos se hará inmensamente rico. Sin embargo al llegar a la casona se encuentra con que ahí lo espera Kalimán, quien logra vencerlo luego de una breve lucha en la que le arrebata el cuchillo faraónico. Kalimán le informa a Yago que Ramar ha sido vencido y está en un calabozo, y luego le exige que devuelva el Buda Negro. Yago responde astutamente que Vanesa se lo robó, y Kalimán parte con él a buscarla.

Solín y la Diosa Viviente han estado caminando por muchas horas en Kaliasana buscando una manera de encontrar al maestro Amed, sin éxito. Aunque Solín es vigoroso, la niña no está acostumbrada a tantos esfuerzos físicos y eventualmente cae desfallecida, no podrá caminar más. Inicialmente Solín se queda junto a ella, pero viendo que la niña parece debilitarse cada vez más no tiene más alternativa que esconderla en un callejón y correr a buscar ayuda. Mientras tanto, el guardia que negara la entrada a Solín y a la Diosa Viviente al templo comenta el suceso en voz alta y es escuchado por el maestro Amed, quien ordena que los dos niños sean buscados por toda la ciudad.

Los dardos somníferos dejan de hacer efecto en Ramar tres horas antes de lo normal, y el siniestro personaje decide escapar inmediatamente aprovechando la ausencia de Kalimán. Utiliza el fuego de Visnur para poner los barrotes de su celda al rojo vivo y así logra doblarlos fácilmente, y luego utilizando su fuerza sobrehumana hace un boquete en el muro de su prisión y escapa hacia el exterior. En un callejón cercano, Kalimán percibe por medio de P.E.S. que algo malo está sucediendo con respecto a Ramar. Yago nota la distracción momentánea de Kalimán y se lanza a la fuga. Kalimán decide que es más importante descubrir lo que pasa con Ramar que recapturar al jorobado, y así corre de vuelta al templo de Kali, donde acompañado por Amed e Indra descubre que su enemigo ha escapado. Decide perseguirlo antes de que pueda causar más daño.

Yago regresa a la casona para sacar al Buda Negro verdadero de su escondite, pero antes de que pueda hacerlo descubre que Ramar ha regresado. Furioso, el malvado personaje lo interroga acerca de lo ocurrido con los tres tesoros que dejara bajo su custodia, la Diosa Viviente, el Buda Negro y el cuchillo faraónico, y Yago tiene que confesar que Kalimán liberó a la Diosa Viviente y le arrebató el cuchillo, y que Vanesa le robó el Buda. La furia de Ramar no tiene límites y está a punto de matar a su sirviente cuando escucha una voz femenina desde detrás de él: Vanesa también está en la casona y le ofrece a Ramar el Buda Negro a cambio de oro, mucho oro. Ramar aparenta aceptar, pero en un momento de descuido se lanza contra ella y utilizando un poder desconocido la transforma en una especie de estatua de oro viviente sin voluntad propia. Kalimán está cerca en ese momento y escucha los gritos de la mujer durante su transformación, y cuando entra a la casona la descubre convertida en estatua de oro. Ramar y Yago acechan desde las sombras, y en ese momento Ramar le da una orden telepática a la estatua para que entre en movimiento y se lance contra Kalimán. La transformación de Vanesa es verdadera, no un caso de hipnotismo como fue la transformación de Indra en serpiente, y la extraña estatua prueba ser un enemigo peligrosísimo: el metal de su cuerpo la proteje de los golpes de Kalimán, y sus manos metálicas tienen una fuerza asombrosa. Además la estatua tiene toda la agilidad que tuviera Vanesa en vida.

Kalimán es derrotado por la extraña estatua, quien lo lanza desde una ventana del segundo piso de la casona hasta el suelo, donde pierde el conocimiento. Ramar se dispone a rematar a Kalimán cuando un nutrido grupo de soldados enviados por el maestro Amed irrumpe en la casona. Ramar, cansado por los esfuerzos mentales que ha debido realizar en las últimas horas decide no hacerles frente sino escapar con Yago y Vanesa hacia la ciudad por un pasadizo secreto que conoce. Vanesa, ahora enteramente bajo el dominio mental de Ramar los guía hasta el sitio donde escondiera el falso Buda Negro, un antiguo templo pagano, y se lo entrega a su amo. Ramar aborda entonces el problema de la Diosa Viviente e interroga a Yago acerca de dónde puede estar. El jorobado sabe que aunque la niña escapó con Solín no ha regresado al templo, así que de estar viva debe estar en alguna parte de la ciudad, y Ramar le ordena buscarla. Yago tiene más suerte en su búsqueda que los soldados de Amed, y es él quien descubre a la Diosa Viviente en el callejón donde la dejara Solín. Vuelve a capturarla y la lleva ante Ramar, quien ante este gran servicio decide perdonarle la vida al jorobado. Luego, Ramar decide cambiar de escondite, ahora se refugiará en el "Templo de los Monos", un edificio en las afueras de la ciudad.

Solín, desesperado, intenta introducirse sin ser visto al templo de Kali para buscar allí al maestro Amed. Es descubierto por el mismo guardia que le impidiera el paso antes, pero esta vez el guardia lo lleva a la presencia del viejo lama. Solín le dice dónde dejó a la Diosa Viviente, pero cuando llegan allí la niña ha desaparecido. Como sus hombres tampoco la han encontrado, Amed y Solín no tienen más remedio que regresar al templo de Kali, donde Solín se alegra mucho al reencontrarse con Kalimán, quien ya ha regresado de su encuentro con Ramar.

Esa noche es la víspera del día de las celebraciones en honor de la diosa Kali, y Ramar sabe que el maestro Amed y los otros lamas deberán mostrar al otro día a la Diosa Viviente o ocurrirá un cataclismo. Aprovechando esta situación les envía otro mensaje por medio de su cuervo mensajero: lo deberán coronar rey de la ciudad esa misma noche o la Diosa Viviente será ejecutada. Cuando recibe el mensaje Amed se muestra partidario de obedecer las exigencias de Ramar, pero Kalimán insiste en que no sea así y promete que traerá de vuelta a la niña antes del amanecer. Para localizar el nuevo refugio de Ramar Kalimán decide perseguir el cuervo mensajero cuando este regresa con su amo, mientras Solín, Amed e Indra se quedan esperando en el templo de Kali.

Ramar percibe sorprendido la presencia de Kalimán cuando éste se acerca al Templo de los Monos y decide atacarlo hipnotizando los centenares de monos que viven allí y ordenándoles que se lanzen contra su enemigo. Inicialmente el ataque tiene éxito y Kalimán se ve abrumado por los muchos monos que lo atacan. Decide lanzarse a correr, y dejando a los monos atrás entra al interior del templo y derriba con su fuerza sobrehumana dos columnas centrales que resultan ser soportes vitales de la estructura. El templo entero se derrumba alrededor de él, y tanto los monos como Ramar y sus cómplices no pueden sino pensar en salvarse. Este es el momento que espera Kalimán, quien ante la distracción de Ramar rescata a la Diosa Viviente y corre hacia la salida. Ramar y Yago también logran escapar, pero Vanesa queda sepultada bajo toneladas de piedra. Sin embargo su cuerpo metálico la salva de morir aplastada, y cuando el derrumbe cesa Ramar y Yago tienen oportunidad de rescatarla. Para entonces ya Kalimán se ha ido llevando consigo a la Diosa Viviente, y pocas horas más tarde la niña ocupa su palanquín tradicional en medio de las celebraciones religiosas de Kaliasana.

Mientras el pueblo celebra eufórico su centenaria tradición, Kalimán cumple su cita con la diosa Kali, el motivo original que lo trajo a Nepal. Ramar, en las ruinas del Templo de los Monos está furioso y decide contraatacar. Primero ordena que Vanesa sea llevada al templo de Kali, y en su calidad de estatua sea entregada como la ofrenda de un creyente. Luego vuelve a poner a los monos del templo bajo su dominio hipnótico y los lanza a atacar a las muchedumbres que celebran felices en Kaliasana. El ataque es certero, y los monos causan estragos entre la población de fieles. En cierto momento los monos matan a los cargadores del palanquín de la Diosa Viviente, pero antes de que puedan atacarla a ella se encuentran con un Kalimán que no duda en hacerles frente. Para paliar la amenaza de los monos, Kalimán hace tañer una gigantesca campana que existe en el templo de Kali y que pocas veces es utilizada; el intenso sonido que produce rompe el estado hipnótico de los monos y le permite a la población contraatacar con éxito.

Ramar, furioso, esclaviza una gigantesca parvada de cuervos que se cierne sobre los infelices habitantes de Kaliasana, quienes no tienen más remedio que encerrarse en sus casas so pena de ser atacados por enjambres enteros de aves furiosas. Durante el desconcierto Vanesa vuelve a la vida, y después de atacar a Indra con su fuerza descomunal vuelve a secuestrar a la Diosa Viviente de sus habitaciones, la saca del templo y se aleja caminando lentamente por la orilla de un río. Kalimán, mientras tanto, vuelve a perseguir al cuervo de Ramar para que lo guíe al nuevo escondite de su amo, y una vez lo localiza lo ataca con todo el poder de su mente. Sobreviene una extraña batalla de poder mental entre los dos personajes en la que cada uno intenta hipnotizar al otro y hacerle creer que se ha convertido en los más fantásticos animales. Kalimán logra imponerse en el duelo y llega a tener a Ramar a su merced, pero Yago decide intervenir y desde un escondite seguro lanza una piedra contra la cabeza de Kalimán que le da de lleno y lo hace perder el sentido. Ramar lo condena a una muerte lenta, y lo entierra de manera que sólo su cabeza salga del nivel del suelo, donde disfruta en golpearlo e insultarlo a su antojo.

Con el pasar de las horas Amed, Indra y especialmente Solín se sienten más y más preocupados acerca de la suerte de Kalimán, hasta que el niño decide hacerle frente a la parvada de cuervos asesinos y sale para buscar a su amigo. Ramar mientras tanto decide lanzar los cuervos contra la cabeza de Kalimán para que la devoren, y cuando los animales abandonan Kaliasana Solín no solo logra salir de la ciudad sin ser atacado, sino que también él persigue a la parvada de animales para que lo guíen hacia donde está Ramar, quien con Yago ha decidido regresar a Kaliasana para ocupar su trono dejando a Kalimán a su suerte. La llegada de Solín a la guarida de Ramar prueba ser providencial, pues con su honda logra espantar a los cuervos que intentan hacerle daño a Kalimán dándole tiempo a él para desatarse bajo tierra y lograr desenterrarse por sus propios medios.

Indra mientras tanto entra al recinto más sagrado del templo de Kali a orarle a la diosa. De pronto surge un rayo de luz de la frente de Kali que apunta hacia una daga que yace en el suelo. Indra toma esto como un portento que le anuncia explícitamente los deseos de Kali, y decide utilizar el arma para matar a Ramar a la primera oportunidad. Esa oportunidad llega antes de lo que ella se imagina: pocos minutos después Ramar irrumpe en el templo de Kali exigiendo ser coronado por los maestros lamas, quienes muy a su pesar acceden a obedecerlo. Indra, decidida a actuar, se acerca arteramente a la espalda de Ramar, y esgrimiendo el cuchillo de Kali se lanza contra él. Sin embargo el astuto personaje logra percatarse del ataque a tiempo, y con un pase hipnótico la somete a su voluntad. Luego comete un acto que horroriza a todos los maestros lamas: teniendo a Indra enteramente bajo su control le ordena clavarse ella misma la daga de Kali en el pecho. Indra muere pocos minutos después a los pies de Ramar.

El asesinato de Indra convence a Amed y al resto de los maestros lamas de que no tienen más remedio que coronar a Ramar rey de Kaliasana, y eso hacen pocos minutos después. El primer acto del nuevo rey es mandar un mensaje telepático a Vanesa y ordenarle asesinar a la Diosa Viviente, desde ese momento Ramar mismo deberá ser considerado el único Dios Viviente en Kaliasana. Vanesa obedece y lanza a la Diosa Viviente a las turbulentas aguas de un río, donde la niña pronto es arrastrada al fondo por la corriente. Sin embargo Kalimán coincidencialmente ha sido testigo de lo que ocurre y se lanza al agua tras la niña logrando rescatarla. Vanesa, mientras tanto, se pone en camino de vuelta a la ciudad.

Al mismo tiempo Amed anuncia al pueblo de Kaliasana que tiene un nuevo rey, y los habitantes de la ciudad no tienen más remedio que rendirle tributo a Ramar pues cualquier intento de rebelión es respondido con la muerte. Kalimán, Solín y la Diosa Viviente regresan a Kaliasana, y Kalimán decide adelantarse para confrontar a su enemigo dejando a la Diosa Viviente a cargo de Solín. En el templo se cubre con un manto negro y se acerca al trono, y cuando Ramar se autoproclama Dios Viviente, Kalimán, disfrazado, le responde que el pueblo de la ciudad sólo creerá en él si hace un juramento de fidelidad ante la estatua de la diosa Kali. Ramar decide que hacer ese juramento no lo perjudicará, y podría valerle la lealtad de los habitantes de Kaliasana, así que decide acercarse a la estatua de la diosa y fingir jurarle fidelidad. Kalimán realiza entonces un experimento de hipnotismo colectivo que sorprende a todos los presentes, incluído Ramar, y les hace creer que la estatua de la diosa ha empezado a moverse y ha cogido entre sus manos al sorprendido Ramar. La estatua parece ahogar a Ramar, quien aterrado no logra obtener la concentración mental necesaria para invocar a Visnur. Sintiendo ahogarse, Ramar es obligado por Kalimán a renunciar públicamente a cualquier pretensión al trono, solo después de que accede a esto ante los representantes del pueblo de Kaliasana la estatua parece dejarlo libre.

Ramar les recuerda entonces a los maestros lamas que la Diosa Viviente ha sido asesinada, y es entonces cuando Solín entra al templo acompañado por ella. Ramar, furioso, le ordena a Yago que tire al Buda Negro al piso y lo destruya. Yago obedece, y Kalimán y los lamas miran consternados como lo que ellos creen es la invaluable estatua se hace añicos. Kalimán se lanza contra Yago y lo captura, entregándolo a un grupo de soldados. Sin embargo cuando quiere atrapar a Ramar se encuentra con que Vanesa ha entrado en el templo y se lanza contra él. Ramar aprovecha la distracción para invocar el fuego de Visnur, y convertido en una tea ardiente captura a Solín y logra escapar del templo. La pelea de Kalimán contra Vanesa es brutal, y Kalimán sólo logra librarse de los feroces ataques de la mujer tirándola desde lo alto del templo a una fuente de agua varios pisos más abajo. Vanesa no se hace daño, pero desde donde ha quedado no le es posible seguir atacando. Por alguna razón la conección mental entre Ramar y ella parece cortarse, y Vanesa queda inmóvil, como una estatua verdadera en el centro de la fuente.

Ramar se esconde en las catacumbas de un templo abandonado, y allí utiliza sus poderes de transformación de cuerpos vivos contra Solín convirtiéndolo en un adolescente de piel oscura y sin ningún vestigio de voluntad propia a quien llama Yori. Luego hace algo parecido con una pantera negra que se pasea por las catacumbas del templo y la transforma en una hermosa mujer negra a la que da el nombre de Gala, los utilizará a ambos para atacar próximamente a Kalimán.

Yago es juzgado por el colegio de maestros lamas y condenado a muerte. Viéndose perdido, el jorobado decide revelar que el objeto que destruyó no es el verdadero Buda Negro, a cambio de clemencia él revelará donde lo tiene escondido. Kalimán acepta el trato y es guiado por Yago hasta la mansión de Ramar, donde el jorobado saca el verdadero Buda Negro de su escondite. Luego, mientras Kalimán observa detenidamente la reliquia para cerciorarse de que es la verdadera, Yago escapa hacia la ciudad. La noticia de que el Buda Negro ha sido recuperado se riega por toda la ciudad, y miles de devotos se vuelcan a las calles a celebrar.

Solín, totalmente bajo el dominio de Ramar y completamente irreconocible llega al templo de la diosa Kali donde le dice a un Kalimán que no lo reconoce que ha traído una ofrenda de lejanas tierras para Kali: la pantera negra Gala, ahora transformada en una hermosa mujer. Inicialmente Kalimán se rehusa a aceptarla diciendo que en el templo no hay lugar para esclavos, pero Gala insiste en que ella quiere estar allí. Desde el primer momento Gala le ofrece amor a Kalimán y le dice que se convertirá en su esclava. Kalimán no es inmune a los encantos de la mujer, pero advierte algo extraño en ella y en el adolescente que la trajo; sin embargo ambos personajes ponen una barrera mental que Kalimán no logra penetrar. Amed invita a Kalimán a tomar parte en las celebraciones, pero Kalimán decide que es tiempo lanzarse al rescate de Solín. Cuando descubre a Yori en el exterior del templo intenta interrogarlo, pero el muchacho se lanza a la fuga. Kalimán, extrañado, le pregunta a Gala dónde encontró al muchacho, y ella le dice que en las Cuevas del Diablo, un lugar prohibido donde se celebran ritos de magia negra. Kalimán sospecha que Ramar debe estar involucrado en lo que ocurre y decide ir allí, Gala accede a guiarlo.

Yori, es decir Solín, causa un derrumbe a la entrada de las cuevas esperando matar a Kalimán, pero es localizado y perseguido por su supuesta víctima. Gala también está cerca, y entre los dos van llevando a Kalimán hasta lo más profundo de la cueva. Él se deja guiar por ellos convencido de que eventualmente encontrará a Ramar y a Solín. Está en lo cierto: Ramar efectivamente acecha entre las sombras. Eventualmente Kalimán descubre que Gala es en realidad una pantera, pero para entonces es demasiado tarde y la mujer lo empuja hacia un profundo abismo. Kalimán logra asirse del borde, pero Yori le hiere las manos con un cuchillo, lo que lo hace soltarse. En ese momento Ramar le retorna a Solín su figura original, y mientras Kalimán cae al vacío puede ver que quien lo hirió es en realidad su amigo. Al fondo del abismo Kalimán se golpea fuertemente en la cabeza y pierde el sentido. Ramar emerge de entre las sombras y ordena a Solín sepultar a Kalimán lanzándole centenares de piedras desde lo alto del risco; luego sale de la cueva seguido de Gala.

Cuando regresa a Kaliasana, Ramar encuentra a Yago vagando en las calles y lo interroga acerca de lo que ha pasado. Cuando se entera de que Yago escondió el verdadero Buda Negro y le hizo creer por semanas enteras que una burda copia de cristal era el objeto sagrado monta en cólera, y en un arrebato de furia desnuca a su aliado, quien cae muerto a sus pies. Ramar se lanza entonces contra el templo de la diosa Kali, y entra asesinando a centenares de fieles que se dedican a la oración. Luego destruye la estatua misma de la diosa, que cae al suelo hecha añicos. La confusión entre los fieles es inmensa, y el maestro Amed, al igual que el resto de los lamas intenta escapar como puede. Ramar lo descubre intentando huir por el patio en el que se encuentra Vanesa en medio de la fuente, y con una orden mental la "reactiva". Vanesa vuelve a ponerse en movimiento, y con la agilidad que la caracteriza no tiene problemas en atrapar al maestro Amed, a quien tritura entre sus brazos. El anciano no muere inmediatamente, pero queda extremadamente herido, y desde donde está no tiene más remedio que observar como Gala se ensaña contra el resto de los maestros lamas del templo. La destrucción es total, y Ramar termina por instalarse en el sitio donde anteriormente estuviera la estatua de Kali, ahora insiste en ser adorado como un dios viviente.

Solín opone intensa resistencia a las órdenes hipnóticas de Ramar, y aunque no logra liberarse del influjo del personaje cae in sentido y deja de atacar a Kalimán, quien poco a poco recupera el sentido y sale de la tumba de rocas en la que lo sepultara su amigo. Logra trepar por las paredes del foso, y cuando está junto a Solín lo libera definitivamente de la influencia de Ramar.

En Kaliasana Ramar decide botar el cuerpo aún vivo del maestro Amed en un pudridero de animales y convertir el templo de la diosa Kali en un lugar dedicado al amor carnal; la Diosa Viviente es sacada de su casa y encerrada en una jaula desde la que se le obliga a presenciar todo lo que ocurre en el templo. Cualquier persona que intente oponerse es asesinada sea por Ramar mismo o por una de las dos mujeres que lo cuidan: Vanesa y Gala. En su camino hacia Kaliasana, Kalimán escucha las débiles quejas de Amed y lo encuentra moribundo. Intenta rescatarlo, pero el lama le dice que ya todo es inútil, pronto morirá. Luego le explica a Kalimán todo lo que ha ocurrido en Kaliasana y muere en los brazos de su amigo.

Ramar decide acabar de una vez por todas con la Diosa Viviente, pero antes de que pueda asesinarla Kalimán se presenta ante él aparentando ser un anciano caminante que le ofrece leer su futuro en las palmas de sus manos. Ramar acepta intrigado, pero una vez que Kalimán lo toma de las manos se las aprieta en sitios especiales que desactivan sus conexiones nerviosas y desaceleran su circulación sanguínea. Con esto Kalimán espera debilitar a su enemigo e impedirle que pueda obtener la concentración mental necesaria para utilizar sus poderes. Los brazos de Ramar quedan completamente paralizados, y él, desesperado, lanza a sus dos guardaespaldas, Vanesa y Gala, contra quien ya sabe es Kalimán. Por medio de intensa concentración mental Kalimán, inmóvil, fortifica su cuerpo al punto de que ninguno de los ataques de las dos mujeres tiene efecto: ni los golpes de Vanesa le hacen daño, ni las garras y colmillos de Gala pueden herir su piel. En un momento dado las dos mujeres se lanzan contra él al mismo tiempo y Kalimán se hace a un lado; las dos mujeres chocan la una contra la otra y quedan sin sentido a los pies de Kalimán.

Ramar mientras tanto se ha recuperado de la parálisis temporal y se lanza contra la salida del templo intentando huir. Kalimán lo persigue y lo obliga a enfrentársele de una vez por todas. Visnur, el dios del mal, se manifiesta de una forma visible sorprendiendo a todos los habitantes de Kaliasana que miran estupefactos. Kalimán decide entonces activar el tercer ojo, el símbolo de la suprema sabiduría que sólo tienen unos pocos iniciados tibetanos. Visnur no puede enfrentarse a ese símbolo, y luego de una lucha titánica es obligado a abandonar el cuerpo de Ramar y a escapar hacia el exterior. Una vez que el espíritu de Visnur sale de Ramar, todas las transformaciones que él había efectuado se deshacen: Gala vuelve a convertirse en una pantera negra y escapa hacia el exterior del templo, y Vanesa recupera su forma humana. Ramar, aunque sigue usando el nombre mágico que le diera Visnur, declara que ahora que está libre de la influencia del espíritu del mal está dispuesto a pagar sus culpas, a reconstruir lo que destruyó y a ayudar a quienes hizo daño. Esto es suficiente para los maestros lamas, quienes aceptan sus promesas. Nada más sabemos acerca de Vanesa, quien aparentemente queda libre de proseguir con su vida. La estatua de la diosa Kali es reconstruida y la paz regresa a Kaliasana ante la mirada benevolente de la Diosa Viviente, y con esto Kalimán y Solín se despiden de los habitantes de Kaliasana y abandonan Nepal.

EPISODIOSEditar

  • 1009-1070 en México (1985)
  • 999-1060 en Colombia (1995)

CREADORESEditar

  • Original de
    • Rafael Navarro Huerta
    • Modesto Vázquez González
  • Guionista
    • Héctor González Dueñas (Víctor Fox)
  • Dibujo
    • René del Valle

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